Semana Santa: el lío del primer domingo tras la luna llena
(Un texto de Picos Laguna en el Heraldo de Aragón del 20 de marzo de 2016)
El por qué cada año la Semana Santa cae en una fecha diferente tiene que ver con los astros, los sabios griegos, romanos y un jesuita del XVI.
Fue el astrónomo Christopher Clavius, alemán y jesuita, quien en el siglo XVI arregló el desaguisado que el tiempo en sí mismo creó al intentar encajar el calendario astronómico (el que marca la posición del equinoccio de referencia) con el civil y religioso basado en días completos. Porque el calendario no se rige por criterios comerciales, sino por el movimiento del Sol y la Luna. Solo el Cielo ordena el tiempo y las estaciones. Clavius ajustó el desfase. Porque un año astronómico (año 'trópico') dura 365 días, 5 horas y casi 49 minutos. El problema de relacionar años con días completos lo resolvieron siglos antes en la Roma de Julio César y sus sabios egipcios, hacia el año 50 antes de Cristo, añadiendo el famoso bisiesto.
Las fechas de Pascua se repiten en idéntica sucesión en un periodo de 5.700.000 años y en ese intervalo de tiempo la fecha más frecuente es el 19 de abril, si bien la mayoría de las veces, la Semana Santa cae durante la primera o segunda semana de abril.
CURIOSIDADES. Según la tradición hebrea, la noche en que tuvo lugar la huida de Egipto había luna llena, por lo que los judíos pudieron apagar sus lámparas para no ser descubiertos por los soldados del faraón. Un hecho que lo marca todo, porque sea cual sea el año, entrada la primavera (21 de marzo), la Pascua será el primer domingo tras la luna llena. […]
El cómputo judío se guiaba por la constelación de Aries, adelantándose la fecha sin esperar a la observación del equinoccio (misma duración del día y de la noche). Al inicio del siglo IV había protopasquistas, que prescindían del equinoccio y seguían el cálculo judío, y equinoccialistas; pero incluso dentro de éstos, los romanos tomaban como referencia del equinoccio el 18 de marzo y los alejandrinos el 21. Un lío que intentaron arreglar en los concilios, y que habría que esperar hasta el siglo XVI a que Clavius lo corrigiera al proponer que al jueves 4 de octubre de 1582 (calendario juliano) debería continuar el viernes 15 de octubre de 1582 (calendario gregoriano). También, que los años bisiestos ocurrieran exactamente en los que cuyos dígitos fueran divisibles entre cuatro, con excepción de aquellos en los que su cifra acabara en 00 y que no fueran divisibles entre 400 (eliminando tres años bisiestos cada 400 años). No, no es un galimatías, es una regla que perdura en el tiempo y que ha permitido hacer estable el calendario durante siglos, y que tenga un error estimado de un día cada 3.300 años.
Esta regla se aprobó y hoy en día se sigue aplicando, haciendo que el calendario sea estable durante miles de años.
El escritor y astrofísico español Enrique Joven explica que el cambio de fechas realizado por la precisión astronómica tuvo un curioso impacto según fuera el lugar del mundo y su fecha de aplicación. «Así, es bien conocida la anécdota del tránsito de Santa Teresa, ocurrido justo en la noche referida del 4 de octubre de 1582, por lo que suele decirse que fue enterrada muchos días después de su muerte, aunque su inhumación fuera inmediata. Otro tanto ocurre con los óbitos de Miguel de Cervantes y William Shakespeare que, aunque datados ambos el 23 de abril de 1616, sucedieron con diez días de diferencia, puesto que los ingleses tardaron en aceptar el cambio de calendario de bastante mala gana casi dos siglos después. En cualquier caso, y después de la adopción generalizada en todo el mundo del calendario gregoriano, los años astronómico y civil son en la práctica coincidentes, y las peculiaridades de la fijación de la fecha pascual por parte de la Iglesia no presentan mayores problemas».
FECHA FIJA. Desde Pablo VI se está buscando la unidad de la fecha de la Pascua, lo que supondría una ventaja para todos porque los cuatro días festivos de nuestra Semana Santa son un regalo para el calendario laboral.
No es que sea un problema, pero sí que es cierto, como indicaba hace un tiempo el papa Francisco, que habría que ponerse de acuerdo para celebrar la fiesta más importante de la cristiandad y que coincida con la Iglesia ortodoxa. El Papa recordaba que Bartolomé permitió en Finlandia que los ortodoxos, que son minoría, celebren la Pascua en la fecha de los luteranos, pues si no, según dijo, es «un escándalo: ¿Cuándo resucita tu Cristo? Mi Cristo hoy, el tuyo la semana que viene»...., así que se mostró dispuesto a que la iglesia Católica renuncie «al primer solsticio después de la luna llena de marzo» y celebre la Semana Santa en una fecha fija que podría ser la segunda semana de abril. Pero, al parecer, las grandes iglesias ortodoxas no son muy favorables. Y, como indicó el Papa, si se sigue con la tradición clásica de los monasterios más conservadores ortodoxos -el domingo siguiente a la primera luna llena-, cada año se irá avanzando unos días y unas semanas y «se corre el riesgo de acabar festejando la Pascua en agosto, de aquí a 60 años». Porque ellos no arreglaron el lío que el tiempo crea por sí mismo y que los católicos solucionamos gracias al jesuita Clavius, en el XVI.
Todo esto lo agradecerían también los hijos del XXI, de la globalización, de la inquietud por ver mundo; los que no pueden parar quietos y sienten la obligación de salir por piernas en cuanto hay un par de días libres; los del siglo del todo organizado, de las ventas de viajes cerrados con sus billetes de avión o tren, y el hotel en la playa... y la pulsera del 'todo incluido', o la búsqueda anticipada de alojamiento en el Bajo Aragón o en Sevilla. Y vendría de perlas saber de antemano las fechas.Etiquetas: Culturilla general
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