Cuéntame un cuento...

...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..

martes, mayo 31

¿Una unión europea? cosa fácil...

(Extraído de un texto de Sergio Aguilar en el Heraldo de Aragón del 21 de mayo de 2016)

En 1613 el abate de Saint-Pierre, predecesor del europeismo, públicó su 'Proyecto de tratado para hacer que la paz sea perpetua entre los soberanos cristianos'. Proponía una aproximación al concepto de 'unión europea' a través de una federación compuesta por un Senado y un ejército confederado. Uno de sus críticos más mordaces fue el rey ilustrado, Federico II de Prusia, quien escribió a Voltaire: "el abate de San Pierre me ha enviado un hermoso escrito sobre el modo de restablecer la paz en Europa y de consolidarla para siempre. La cosa es muy practicable... Para hacerla triunfar sólo falta el consentimiento de los europeos y algunas otras bagatelas".

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domingo, mayo 29

Promesas

(Un texto de Encarna Samitier en el Heraldo de Aragón del 14 de mayo de 2016)

Las campañas electorales son viejas casi como el mundo, como muestra el 'Breviario' de consejos que escribió Quinto Tulio Cicerón, hermano pequeño del famoso autor de las 'Catilinarias'. Quinto era mucho más contemporizador y astuto, como corresponde a un asesor político. En su breviario de campaña escrito en el siglo I antes de Cristo, lanza consejos que podría subscribir hoy mismo el encargado de imagen de un candidato. Él era también político, y sabía qué terreno pisaba, de ahí que se muestre convencido de lo que el pueblo espera de un aspirante a un cargo: "que lo conozca por su nombre, lo halague, mantenga un trato asiduo con él, sea generoso, suscite la opinión popular y ofrezca una buena imagen en su actividad pública". Más de dos mil años después, son consejos extrapolables, y lo mismo puede decirse de los anuncios preelectorales. Quinto Tulio Cicerón estaba convencido de que "las promesas quedan en el aire y no tienen plazo". En cambio, decía, las negativas te granjean, indudable e inmediatamente, muchas enemistades. Dos mil cien años después, la sociedad debería haber evolucionado, pero hay cosas que se resisten a cambiar.

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sábado, abril 2

Campanas de Zaragoza



(Leído en un texto de Mariano García en el Heraldo de Aragón del 21 de junio de 2015)

[…] La Torre Nueva de Zaragoza, levantada por la ciudad para situar un reloj visible y una gran campana que pudiera oírse en toda la ciudad, tenía varios instrumentos. Cuando fue derribada en 1892, algunos de sus elementos se reubicaron. La campana que daba las horas, popularmente conocida como ‘de los Sitios’ porque indicaba con sus toques la zona hacia la que bombardeaban los franceses durante la Guerra de la Independencia, estuvo un tiempo en almacenes municipales y acabó recolocándose en El Pilar, donde fue restaurada hace unos años. La campana que daba los cuartos, de 1.100 kilos de peso y popularmente conocida como La Felisa, fundida en 1824, se reubicó en la iglesia de San Felipe (al igual que la esfera y otros elementos del reloj mecánico) […] Esa campana es la que dará las horas a partir de ahora. Otros instrumentos de la parroquia, de 1714 y 60 kilos, uno, y de 1766 y 80 kilos, el otro, se ocuparán de los cuartos.

[…]

La iglesia de San Felipe tiene varias campanas más, pero están rajadas y volver a utilizarlas requeriría una restauración muy costosa y difícil de realizar, porque supondría enviarlas a un taller especializado en el extranjero. Todas –la parroquia llegó a tener incluso un campanero viviendo en la torre- dejaron de sonar en los años 60.

[…]

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viernes, abril 1

Nostalgia

(Leído en un texto de Picos Laguna en el Heraldo de Aragón del 13 de marzo de 2016)

Fue un estudiante de  medicina, Joannes Hofe, quien en 1688 acuñó el término "nostalgia". Unió dos palabras griegas 'nostros' y 'algos' ('regreso a casa' y 'dolor') para describir las inquietudes mostradas por los suizos mercenarios que luchaban fuera de su casa, porque en aquella época se consideraba una enfermedad y la única manera de curarlos era mandándolos de regreso a casa.

Después, en el romanticismo se convirtió en un importante tropo y hasta comienzos del siglo XX se consideró un desorden psiquiátrico, un transtorno de ánimo ligado a la depresión, hasta que los científicos descubrieron y probaron que no es más que un mecanismo del cerebro que nos permite enfrentarnos a momentos difíciles de nuestra vida.

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jueves, marzo 31

Los consejeros de Carlos I



(Un texto de Luis Reyes en la revista Tiempo del 6 de noviembre de 2015)

Europa, 1516-1556. Reinado de Carlos I de España y V de Alemania, hasta su abdicación en Bruselas. Carlos I de España y V de Alemania fue soberano de media Europa, como revelan estos títulos. Su corte itinerante lo mismo estaba en Toledo que en Augsburgo o Bruselas, fue coronado en Aquisgrán y en Bolonia. Si nació en Gante, se retiro a terminar su vida al otro extremo de Europa, a un rincón de Extremadura llamado Yuste. Tuvo además una idea de unidad y de paz entre las naciones europeas, bajo su égida, naturalmente, que algunos consideran un precedente de la Unión Europea.

En consonancia con este paneuropeísmo su gobierno fue tan multinacional como un equipo de fútbol de primer rango. Para la espada confió en un castellano, el duque de Alba, pero confió los asuntos políticos a belgas, holandeses, borgoñones, italianos o judíos conversos españoles.

Sus primeros consejeros cuando llegó a España joven e inexperto eran su ayo Guillaume de Croy, señor de Chièvres, y su maestro Adriano de Utrecht. Carlos depositaba en ellos una confianza total nacida del afecto y el respeto a quienes habían ocupado el lugar de los padres, y de ello se aprovechó Croy para convertirse en un auténtico valido, es decir, un ministro todopoderoso que suplanta la voluntad de un rey débil.

Croy era un político y diplomático fogueado como cortesano del emperador Maximiliano y de Felipe el Hermoso. Sin escrúpulos para aplicar las recetas de Maquiavelo, consiguió por ejemplo la elección de Carlos como emperador a base de sobornar y amenazar a los electores. Por desgracia era también hombre venal y su codicia provocó la revolución de los comuneros de Castilla. Los castellanos decían cuando tenían una moneda de doblón: “Salveos Dios, doblón de a dos, que monsieur de Xevres no topó con vos”. Estuvo a punto de asesinar a Lutero, pero al final los luteranos le envenenaron a él en la Dieta de Worms.

Muy distinto era el otro hombre de confianza del joven Carlos, Adriano de Utrecht. Hijo de un artesano, tenía la honestidad y la sobriedad del burgués, junto a las profundas convicciones del humanista cristiano. Mientras Chièvres medraba pegado a Carlos, Adriano se quedó como regente de Castilla a punto de estallar la revuelta. Sus cualidades humanas le llevaron a la elección papal en 1522. La ruptura de la Reforma protestante se habría evitado si se hubieran seguido sus ideas de austeridad y lucha contra la inmoralidad de la corte papal. pero solo despertó enemistades en Roma y murió antes de poder hacer nada.

Gattinara. El sucesor de Croy sería el italiano Mercurino Arborio, marqués de Gattinara. Sucesor pero no sustituto, pues Carlos había aprendido ya lo suficiente para no dejar que nadie volviese a suplantarle como gobernante todopoderoso. Su aversión a los validos se la transmitiría a su hijo Felipe II, diciéndole que no dejase el gobierno en manos de nadie. Cuando llegó a España en 1518 Gattinara no recibió por tanto el nombramiento que había tenido Croy, gran chambelán, sino simplemente el de canciller.

Gattinara era hombre de principios morales, un gibelino (partidario del emperador frente al Papa en las querellas medievales) fiel a dos ideas, el imperio y el cristianismo, que fundía en un imperialismo católico. El emperador debía estar al frente de una Monarchia Universalis y supervisar que el Papa cumpliese sus obligaciones de jefe espiritual. Durante una década Gattinara orientó la política exterior imperial, empezando por liquidar la política filofrancesa de su antecesor Croy. Sin embargo, esa utopía de Monarchia Universalis, con todas las naciones de Europa en paz y aceptando al emperador por su ejemplaridad, encontró viva oposición en Castilla, que era quien tenía que pagar las facturas.

Aunque siguió en su puesto hasta su muerte en 1530, Gattinara fue perdiendo poco a poco influencia, y en sus últimos tiempos de canciller tenía incluso dificultades para ser recibido por Carlos. Este había optado por el sistema de gobierno a la castellana, perfeccionado por los Reyes Católicos, con una serie de consejos que serían como los actuales ministerios, con unos secretarios de Estado al frente de cada departamento, de forma que la política no quedase en manos de un solo ministro principal. Las Ordenanzas de la Cancillería de 1524 dieron forma legal a este sistema, y en su redacción intervino otra figura clave entre los consejeros de Carlos, Alfonso de Valdés.

De Valdés empezó como simple secretario de Gattinara desde que este llegó a España, el único español frente a 6 secretarios alemanes. Nacido en Cuenca, donde su padre fue regidor perpetuo, Alfonso de Valdés era erasmista y de familia de conversos; a su tío cura lo quemaron en la hoguera por judaizante. A la sombra de Gattinara sus cualidades de humanista y escritor le otorgaron un protagonismo muy superior al de simple secretario, pues a través de sus escritos se convirtió en una especie de jefe de propaganda de Carlos, pasando a ser su “secretario de cartas latinas” (Secretario Cesareo, le llama Gattinara en su testamento).

Su obra más conocida, el Lactancio o Diálogo de las cosas ocurridas en Roma, es un alegato para justificar el terrible Saco de Roma (véase Historias de la Historia: “El Rey Católico humilla al Papa”, en el número 1.307 de Tiempo), en el que las tropas imperiales, alemanas y españolas, cometieron toda clase de tropelías para castigar la alianza del Papa con Francia. “Cada horror del Saco es el castigo preciso, necesario y providencial de una de las vergüenzas que ensucian Roma”, escribe De Valdés, elaborando la imagen de un Papa corrupto que merece el castigo divino y un emperador católico que es instrumento del castigo de Dios.

Para completar el mosaico multinacional de su gobierno, tras la muerte de Gattinara en 1530 Carlos nombró canciller a Nicolas Perrenot de Granvelle, un borgoñón del Franco Condado (hoy día Francia). Ese nombre estaría presente durante 56 años en la alta política española, pues al morir el señor de Granvelle tras 20 años en su puesto, lo heredó su hijo, conocido como el cardenal Granvela, que ya había prestado grandes servicios y continuaría otros 36 años con Carlos y Felipe II, hasta su propia muerte.

El cardenal Granvela era un auténtico señor del Renacimiento, mecenas de artistas, introductor de la arquitectura italiana en el Franco Condado. Fue portavoz de Carlos V en el Concilio de Trento y diplomático activísimo en todos los frentes y grandes proyectos, desde la boda de María Tudor y Felipe II, hasta la elección de este como rey por las Cortes de Portugal, o la creación de la Santa Liga que venció al Turco en Lepanto. Fue también primer ministro en los Países Bajos, donde se opuso con mano dura a la sedición protestante, lo que le ganaría entrar en la Leyenda Negra en pie de igualdad con el duque de Alba.

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jueves, marzo 10

Las Vistas de Bayona



(Un texto de Luis Reyes en la revista Tiempo del 30 de junio de 2015)

Bayona, Francia, 15 de junio-2 de julio de 1565. Las reinas de Francia y España celebran un encuen-tro de alta diplomacia.

“Muy española venís”, le dice Catalina de Medici, reina de Francia, a su hija Isabel de Valois, reina de España, al encontrarse tras seis años de separación. Ese es el plazo transcurrido desde que saliese de París para casarse con Felipe II hasta las llamadas Vistas de Bayona, las negociaciones que las dos reinas mantienen en la ciudad fronteriza sobre los conflictos de religión de Francia. 

Hay diversas explicaciones a la irritada observación de Catalina, para algunos lo que le choca a la soberana francesa es que su hija vista a la española. Es cierto que Isabel lo hace con ese alarde tan propio de la Corte de Madrid de pretender lo que llamaban “sosiego”, la austeridad del vestido negro, pero luciendo joyas o adornos valiosísimos. Lo más curioso es que Isabel siempre presumió mucho en España yendo a la moda francesa. Pero con toda la intención de una maniobra diplomática adopta la moda española cuando entra en Francia, vistiendo así sobre todo en las fiestas que le ofrecen en Bayona, las ocasiones en que la ve más gente.

Otros interpretan que lo que enoja a Catalina es que Isabel mantiene con firmeza los intereses de la monarquía hispánica como fiel embajadora de Felipe II. Es cierto que así lo hace, como sabemos por el testimonio de primera mano del duque de Alba, que la acompaña, y que escribe a Felipe II: “Prometo a Su Majestad que no tiene ministro que con tan buenas y apretadas razones lo hiciera, y siempre guardando el respeto que se debía guardar a su madre”.

Porte de reina. Sin embargo es posible que el retintín de Catalina tenga un fondo más personal, que lo provoque “el porte regio de la reina de España”. Ese empaque resulta especialmente hiriente para la monarquía francesa, pues lo cierto es que los españoles miran por encima del hombro a los soberanos franceses, y con razón. Tanto Felipe II como su padre, Carlos V, han estado en Francia como conquistadores, al frente de ejércitos victoriosos, ganando grandes batallas como la de San Quintín, de la que el monasterio del Escorial es un perpetuo recordatorio.

En cambio los reyes de Francia que han ido a España lo han hecho en el humillante papel de cautivos. Francisco I, suegro de Catalina, fue apresado por soldados españoles en la batalla de Pavía y pasó un año prisionero de Carlos V en Madrid. Y aún tuvo que dejar como rehenes a sus hijos niños, uno de ellos el futuro rey Enrique II, el marido de Catalina y padre de Isabel de Valois.

La reina de España le lleva además a su madre un obsequio que parece un cariñoso recuerdo familiar, pero que es el típico regalo diplomático cargado de intención. Se trata del retrato de cuerpo entero que aparece en estas páginas, obra de su dama de honor y exquisita pintora Sofonisba Anguissola, que la acompaña a Bayona.

Sofonisba (ver Historias de la Historia “La pintora fantasma de Felipe II”, en el número 1.368 de TIEMPO) es una joven de la nobleza patricia de Cremona, con una educación humanística que incluía la pintura y la música. No es pintora de oficio, condición incompatible con su nobleza, sino aficionada, y cuando la conoció el duque de Alba en Milán pensó que con su juventud y educación sería la perfecta compañía para la reinecita que habían traído a España, una alegre niña de 13 años, con quien las severas dueñas castellanas de la corte española tenían poco que ver.

Se hacen efectivamente amigas, y también la aprecia Felipe II, de quien hace el retrato más famoso. A Isabel la pinta al menos en dos ocasiones, al poco de llegar y para las Vistas de Bayona. “Este retrato –señala María Kusche, la gran conocedora de la pintura española de corte– no representa a Isabel como en el primero, el de la adolescente con cierta inconvencional gracia, sino que subraya el porte regio de la reina de España, que ya era una mujer de 19 años”.

El cuadro está lleno de códigos simbólicos, llenos de intención. Para empezar, a diferencia de un retrato francés o italiano, que mostraría un paisaje de fondo para alegrarlo, tiene el fondo oscuro “compenetrado con el espíritu español”, como dice Kusche, que también señala que la gran amplitud del vestido “subraya la majestad de la figura”. Pero el detalle principal es que Isabel muestra ostensiblemente en su mano una miniatura con el retrato de Felipe II. Esto significa que más que embajadora encarna al mismo rey católico en un negocio de alta política.

Al regalarle un retrato así a su madre, Isabel le está diciendo “yo no soy aquella niña de 13 años que sacrificaste a los intereses dinásticos, casándome con un rey 20 años mayor. Yo soy la reina de España, y represento a un poder superior al tuyo”. Y no por símbolos, sino de viva voz, a lo de “muy española venís” Isabel responde con cierto desplante que es verdad que lo está porque tiene “razón para ello”.

La leyenda negra pretende que en esas Vistas se planea la noche de San Bartolomé, la gran matanza de hugonotes en la que murieron 30.000 protestantes, pero no hay ningún indicio de ello y además transcurrieron siete años entre ambos sucesos. Lo que busca Catalina es la venia de Felipe II para transigir con los protestantes, pero su hija no se la da. Isabel le pide en cambio una política de energía frente a la herejía, aunque en realidad no la aprieta demasiado y desde luego no le exige una solución final del problema hugonote. Y esto no es porque se ablande ante su madre, sino porque esa es la línea que le ha marcado Felipe II. Porque para la política española es mejor que no se resuelva el conflicto religioso en Francia, que sea un cáncer perenne que debilite al país vecino.

Si buscamos maquiavelismo en Felipe II no hay ejemplo mejor que la forma en que su joven esposa, Isabel de Valois, le representa en las Vistas de Bayona. 

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viernes, marzo 4

La edad de los descubrimientos (sobre el universo)



(Leído en el XLSemanal del 13 de abril de 2014)

1922
El matemático ruso Aleksandr Friedmann concluye que el universo se expande. Descarta la ‘constante cosmológica’, una magnitud que Einstein introdujo porque no le gustaba que el universo fuese cambiante.

1927
Para el sacerdote belga Georges Lemaître, Friedmann da en el clavo; el universo estaba concentrado en un átomo primigenio, un huevo cósmico, que explotó y originó el universo. Einstein se mofa de él.

1929
El astrónomo estadounidense Edwin Hubble ve que las galaxias se alejan y que, por tanto, el universo se expande y no es inmutable. Einstein se rinde y reconoce que «la constante cosmológica ha sido un gran error».

1948
El físico George Gamow predice la existencia de la radiación de fondo de microondas: la luz que llenaba el universo temprano debería verse hoy, enfriada por la expansión. Su hipótesis cae en el olvido.

1949
En un programa de radio de la BBC, el físico británico Fred Hoyle acuña el término “Big Bang” de manera despectiva para referirse a la incipiente teoría que compite con la suya. Él defiende que el universo es estático.

1964
Amo Penzias y Robert Wilson, al calibrar una radioantena, no pueden eliminar un ruido de fondo. ¡Han captado la radiación de fondo que llena el universo! Es el golpe de gracia para el universo estático de Hoyle.

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