Cuéntame un cuento...

...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..

lunes, abril 30

Galicia, tierra verde

(Leído en el ejemplar de diciembre de 2011 de la revista Paisajes, de Renfe, en un artículo de Fernando Neira)

"Bien mirado, casi toda Galicia es un inmenso parque natural". Lo dijo en cierta ocasión un consejero de Medio ambiente, Manuel Vázquez, y la frase refleja bien el orgullo gallego por la exhuberancia de sus paisajes. La protección administrativa no corre, sin embargo, del todo pareja a la evidencia de que nos encontramos ante una región privilegiada por los dioses de la naturaleza. Solo un parque nacional (de las islas Atlánticas) y seis parques naturales jalonan las cuatro provincias gallegas. Estos siete espacios suman una discreta superficie total de 41.700 hectáreas, más otras 7.000 de superficie marítima asociada a las Islas Cíes, Ons y Sisargas. Con alguna ausencia clamorosa; sobre todo, la de Los Ancares Lucenses, paraje de aldeas remotas y escarpadas donde familias y ganado compartían hasta hace 30 años unas ancestrales cabañas circulares, las pallozas, con techumbres de centeno.

Algunos gallegos tienen tan interiorizado el color verde que no siempre reparan en la belleza de rincones como la Sierra del Surés, en la Baixa Limia orensana; las dunas coruñesas de Corrubedo; el Monte Aloja, a un paso de Vigo; El Invernadero, en la cuenca del río Sil; la Sierra de Encina de la Lastra, en la comarca orensana de Valdeorras, o las Fragas del Eume, un bosque coruñés en las inmediaciones de Pontedeume con un asombroso monasterio cisterciense abandonado, el de Caaveiro, en su corazón.

Otros imprescindibles: la sierra del Caurel (junto a la provincia de León), Peña Trebinca (el techo de Galicia, a un paso de la Sanabria zamorana) o los paseos fluviales por Mondoñedo, que tanto inspiran a Álvaro Cunqueiro.

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domingo, abril 29

Callos

(Leído en las columnas del XLSemanal del 12 de febrero de 2012 y del 24 de enero de 2010)


Todo tiene su reglamento, y es bueno que así sea para poder experimentar el gozo de saltárselo a la torera. Incluso los callos a la madrileña tienen su norma. El que fue Premio Nacional de Literatura y Cronista de la Villa de Madrid, Juan Sampelayo, dedicó mucho tiempo a marcar la diferencia entre los callos que se guisan y consumen en Madrid, y ‘a la madrileña’, y los que son comunes en otros lugares de España. Así pudo establecer el canon que marca su diferencia. Por cada dos kilos de callos, el guiso debe integrar uno de manos de ternera y medio de morro de vaca. Todo lo demás, chorizo incluido, es capricho y gusto del cocinero de turno.

José Isidro Osorio y Silva, duque de Alburquerque, de Sesto, de Algete y marqués de Alcañices, Cuéllar, Balbases y no sé cuantos lugares más, fue, durante siete años, uno de los mejores alcaldes que Madrid disfrutó en el XIX. Cuando llegó a la plaza de la Villa, [...], la capital era una ciudad sucia y descuidada, pestilente, en la que cada cual desahogaba su cuerpo donde le venía en gana. En uno de sus primeros bandos estableció una multa de 20 pesetas por orinar en la vía pública y los madrileños le respondieron con una coplilla que se cantó por todos los rincones capitalinos: «¿Cuatro duros por mear? / ¡Caramba, qué caro es esto! / ¿Cuánto lleva por cagar / el señor duque de Sesto?».

La higiene de las tabernas fue uno de los objetivos principales del alcalde Osorio. Él implantó las frascas para el vino y las piletas de zinc que, ya en decadencia, le dieron forma al tipismo de «los Madriles» y cauce a los vinos manchegos y a los de Colmenar y Navalcarnero. Le encantaban los callos de Lhardy (carrera de San Jerónimo, 8) y cuando Alfon­­­­so XII, interno en Inglaterra, en la Academia Militar de Sandhurst, le manifestó su deseo de comerlos, hasta allí se los hizo llegar desde tan señalado establecimiento. En nuestros días, posiblemente y sin salir del casticismo, los hubiera encargado en La Tasquita de Enfrente (Ballesta, 6), donde Juanjo López prepara, en versión actualizada, los mejores de Madrid. Tan buenos como los que, al modo clásico, elabora Pilar Navarro en Casa Navarro (Pámanes, Cantabria), una casa de comidas que merece peregrinación.

Los de La Tasquita de Enfrente (Ballesta, 6, Madrid) desmienten lo canalla de su ubicación con una delicada finura, y los de San Mamés (Bravo Murillo, 88, Madrid), más tradicionales, sirven para perpetuar la tradición de que la mejor cocina de ‘los Madriles’ siempre la hicieron los vascos y los gallegos. Quizá no sea accesorio señalar que tanto La Tasquita de Enfrente como San Mamés son viejas casas castizas que ya viven una segunda generación en sus cocinas y en su entendimiento. La tradición es un gran condimento para la modernidad.

sábado, abril 28

British desserts


(Going on with British gastronomy... - read at Expats' Telegraph on April 24th)

Battenberg cake is said to have been invented in 1884, in honour of the marriage of Queen Victoria's granddaughter, Victoria of Hesse-Darmsadt, to the German prince Louis of Battenberg. Like Coronation Chicken, created for our Queen's coronation nearly 70 years later, it was so popular it never went away.

Eton mess, a sickly-sweet mixture of strawberries, meringue and cream dates back to at least the 19th century, and is a traditional feature of Eton College's annual cricket game against Winchester Collge. Supposedly, it was originally equally common to have it with bananas.

The sweet and sticky Chelsea bun is one of Britain's oldest treats, thought to have been invented in the 1700s at the Bun House in Chelsea, a favourite haunt of high society. The house closed in 1839, but the bun lived on.

A rather more modern invention, the banoffee pie was supposedly the brainchild of the Hungry Monk restaurant in Sussex in the 1970s. Today it's often made with a biscuit crumb base, but the original recipe called for pastry.

The wonderfully-named flummery pudding is thought to have been a Welsh dish that was later adopted by the English. Traditionally oatmeal-based, today there are many variations around the world, with the name often referring to a kind of fruit custard or mousse.

The almond-and-jam flavoured Bakewell pudding has been eaten in Britain for at least 200 years. Closely related to the Bakwell tart (which is usually made with shortcrust pastry instead of puff), it is sometimes claimed it was an accidental invention of a maid in Bakewell.

Anyone who grew up in Kent will remember gypsy tart, an unusual dessert made from evaporated milk and muscovado sugar which was once a frequent feature on school dinner menus. The story goes that a Kentish woman invented it when she wanted to make a treat for a local gypsy family, but only had a few ingredients in her kitchen.

The lardy cake, a type of spiced bread filled with currants and raisins, is said to have been invented by the bakery-owning Caswell family in Wiltshire in the 19th century.

The first known recipe for trifle – a wobbling concoction of custard, cream, alcohol-soaked cake or bread and jelly – was published in the 1500s though then it was little more than a flavoured milk cream. In Italy, there's a not dissimilar dessert called zuppa inglese, or "English soup" that trifle probably inspired.

An essential component of afternoon tea, the scone is believed back to date as far back centuries. There's no real certainty on how the word should be pronounced, and as to whether it's best eaten with a layer of clotted cream, then jam or vice versa.
Eccles cakes are, unsurprisingly, named after the town of Eccles in Greater Manchester, where they are thought to have been manufactured from at least the late 1700s. Banbury cakes, which hark from the Oxfordshire town of Banbury, are very similar, but a little more oval in shape.
Christmas or plum pudding is thought to go back as far as the medieval period, though it was not always associated with Christmas time. It is possibly related to plum pottage, a mix of meat, vegetables, dried fruits and sugar which was a way of preserving meat through the winter.

A childhood favourite, the jam roly-poly pudding used to be nicknamed "dead man's arm" or "dead man's leg" because families often steamed and served it wrapped in an old shirt sleeve. Probably a Victorian invention, it's mentioned in Mrs Beeton's famous cookery book.
Famous for prompting generations of schoolchildren to dissolve in fits of giggles, spotted dick is another steamed pudding, this time containing dried fruit such as currants. The "spotted" element is probably a reference to the fruit, while "dick" is likely to be a corruption of the word "pudding", or "dough".

Popular since Tudor times, syllabub is a rich creamy dessert of milk or cream which has been curdled with alcohol. A staple at celebrations for centuries, some believe it was originally more of a punch than a dessert. Where the name comes from has never been confirmed.

viernes, abril 27

¿La manzana de Apple = la manzana de Turing?

(Leído en el XLSemanal del 12 de febrero)

Durante muchos años, algunos apasionados de la informática defendieron que el primer logotipo de Apple (una manzana mordida con los colores de la bandera homosexual- era un tributo de Steve Jobs al gran matemático. Pero tanto el diseñador del logo como el propio Jobs lo negaron recientemente. "No es cierto -dijo Jobs-, pero, Dios, ya me habría gustado que lo fuese".

jueves, abril 26

Alan Turing, el fantasma que inventó la informática

(Un artículo de Esteban Font del XLSemanal del 12 de febrero)

Padre de la inteligencia artificial y la computación moderna, Alan Turing tuvo una vida de película. Espía británico y héroe de la Segunda Guerra Mundial, acabó sus días castrado químicamente a causa de su homosexualidad. Pero ¿quién fue realmente Alan Turing, el genio matemático que `descifró´ a los nazis y que Leonardo DiCaprio encarnará en el cine? Así era el visionario más misterioso del siglo XX.
Encadenaba su taza de café al radiador por miedo a que se la robaran. Y en los malos momentos buscaba consuelo en un osito de peluche. Le gustaba llevar el pijama debajo del abrigo y no dudaba en caminar bajo el sol de la primavera con una máscara antigás para combatir su alergia al polen. Solitario y gran corredor de fondo, afirmaba que su película favorita era Blancanieves y los siete enanitos. Nunca leyó un periódico, se confeccionaba sus propios guantes y muy pronto eligió confiar antes en las máquinas que en las personas. «Las máquinas me sorprenden con mucha frecuencia», decía. También: «Una computadora puede ser llamada `inteligente´ si logra engañar a una persona haciéndole creer que es un humano». Este perfil solo da locos o genios. Alan Turing perteneció a los segundos.

Fue concebido en Chatrapur, la India, pero nació en Londres el 23 de junio de 1912: su padre era un funcionario inglés destinado en el gigante asiático. Allí, Turing pasó los primeros años de su vida y destacó por su inteligencia: aprendió a leer por sí solo en tres semanas y mostró desde muy pequeño un gran interés por los números y los puzles. Desde los seis años deslumbró a todos sus maestros y en 1926, a los 14, ya definitivamente en Gran Bretaña, ingresó, feliz, en el internado de Sherborne, en Dorset. El primer día de clase había huelga general, pero sus ganas de asistir a clase le hicieron recorrer más de 60 millas en bicicleta hasta la escuela, en Southampton, pasando incluso una noche en una posada. La prensa local publicó la hazaña del joven. Con 16 años, Turing ya comprendía los planteamientos de Einstein y, sin estudios de cálculo elemental, resolvía problemas muy complejos para su edad. Pese a ello, sus profesores de Sherborne, más afectos a los clásicos que a los científicos contemporáneos, no mostraban demasiado interés por él. Poco le importó. Su vocación era clara.

En febrero de 1930, a los 17 años, la vida lo golpea por primera vez: su compañero de estudios y primer amor, Christopher Morcom, muere de tuberculosis bovina tras beber leche de una vaca infectada. Turing, destrozado, se hace ateo y empieza a creer que todos los fenómenos, incluyendo el funcionamiento de nuestro cerebro, son enteramente materialistas. A pesar de su talento y de que ansiaba seguir sus estudios en el Trinity College de Londres, debió conformarse con cursarlos en el King`s College, en Cambridge, su segunda opción. Su falta de interés en el estudio de los clásicos lo había hecho suspender los exámenes finales. Eso sí: una vez en Cambridge, en cuatro años ya era profesor.

Y entonces llegó la gloria: un año después, en 1936, con solo 24 años publica su revolucionario estudio Sobre los números computables y sienta las bases teóricas de un cerebro electrónico capaz de ejecutar todas las operaciones matemáticas resolubles: acababa de inventar la idea de un ordenador y, con su Máquina de Turing, de crear el concepto de algoritmo, que es la base del funcionamiento de todos los ordenadores actuales y, aún hoy, tantas décadas después, el objeto central de estudio en la teoría de la computación.

Su vida se acelera y, tras un paréntesis de dos años en Estados Unidos, donde se doctora en la universidad de Princeton y trabaja con el célebre lógico Alfonzo Church, Turing asiste en Cambridge a las clases de Ludwig Wittgenstein, con el que choca intensamente por las discrepancias en torno a la visión de las matemáticas que ambos sostienen.

Con 27 años, los servicios de Inteligencia británicos lo reclutan para integrar el equipo de matemáticos que debían descifrar los códigos secretos de los nazis. Trabajó en Bletchley Park, la célebre instalación militar. Casi en solitario, Turing logró descubrir los misterios de la mítica máquina encriptadora de Hitler, llamada Enigma. Y diseñó la suya propia, denominada Bombe, capaz de romper los códigos de Enigma y permitir a los aliados anticipar los ataques y movimientos militares nazis.

La Bombe de Turing, clave en el espionaje contra el Führer, fue la herramienta principal de los criptógrafos aliados. Estos trabajos de ruptura de códigos de Turing han sido secretos hasta los años 70. Ni sus más íntimos amigos los conocían.

La vida parecía sonreírle. Y, convertido en discreto héroe de guerra, pasó a trabajar en el Laboratorio Nacional de Física hasta ser nombrado director de computación de la universidad de Mánchester, donde desarrolló el software de uno de los primeros ordenadores reales: el Manchester Mark I.

De esa época también son sus planteamientos de una inteligencia artificial, expuestos en su célebre artículo Máquinas de computación e inteligencia, de 1950. En él, Turing propuso incluso un experimento que hoy se conoce como el Test de Turing y que aún hoy es la gran baza de los defensores de la inteligencia artificial, que tanto alimenta el fascinante desarrollo actual de la robótica. El test postula que, si una máquina se comporta en todos los aspectos como inteligente, es inteligente e incluso «sensible» y «sintiente».

El Test de Turing consiste en situar a un juez en una habitación y a un ser humano y a una máquina en otra. El juez hace preguntas y, ante las dos respuestas escritas, debe descubrir cuál es del humano y cuál de la máquina. Persona y ordenador pueden mentir al contestar. Turing defendía que, si ambos jugadores eran hábiles, el juez no podría distinguir quién era quién. Pese a que ninguna máquina ha podido pasar todavía este examen, lo cierto es que el test tiene hoy muchas aplicaciones; entre ellas, detectar el spam -el correo basura-, que, por lo general, es enviado automáticamente por una máquina.

A pesar de sus numerosos hallazgos conocidos, la falta de material sobre su vida privada supone un quebradero de cabeza para los historiadores. Turing vagaba de un lado a otro como un poseso y rara vez aguardaba a la aplicación práctica de sus ideas. Producía novedades sin parar, pero de su vida personal solo quedan un puñado de fotos, donde aparece un muchacho de aire juvenil, mirada tímida y peinado con raya.

Pero lo bueno acabó mal. En 1952, Turing es procesado por su homosexualidad. Su amante Arnold Murray facilitó a un colega el acceso a su casa para robarle y el matemático denunció el caso. Durante la investigación policial, Turing se vio obligado a reconocer su homosexualidad, entonces un delito, y se lo imputó por «indecencia grave y perversión sexual», los mismos por los que habían condenado a Oscar Wilde más de medio siglo atrás. Turing se negó a disculparse por sus gustos sexuales, rechazó defenderse y aceptó una condena. La pena era opcional: un año en prisión o someterse a un tratamiento hormonal de reducción de la libido, que, se creía entonces, `curaba´ la homosexualidad... Turing escogió las inyecciones de estrógenos, que se puso durante un año y las cuales le causaron serias alteraciones físicas. Le salieron pechos, lo dejaron impotente y le hicieron aumentar de peso.

Aunque bromeaba sobre sus pechos, acabó sumido en una profunda depresión. Le preocupaba, además, que los ataques contra su persona hicieran que sus ideas sobre la inteligencia artificial cayeran en el olvido. Él, que había trabajado en Princeton con Alfonzo Church, imaginaba la inequívoca lógica de la sociedad de su tiempo: «Turing cree que las máquinas piensan; Turing yace con hombres. Luego, las máquinas no piensan».

Dos años después, en 1954, un empleado doméstico encontró a Turing muerto en su cama, con espuma saliéndole por las comisuras de los labios... clara señal de envenenamiento por cianuro, al parecer, tras morder una manzana envenenada que no llegó a ingerir del todo. Su muerte, a los 41 años, fue oficialmente considerada como un suicidio, y la mayoría de los historiadores así lo cree. Pese a ello, su madre la atribuyó rotundamente a una ingesta accidental, fruto de la falta de precauciones de su hijo en el almacenamiento de sustancias químicas de laboratorio. Su vida enigmática no podía terminar sin estar envuelta en una nube de misterio, en la que algunos hoy creen ver señales de un posible asesinato.

El 10 de septiembre de 2009 el primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown, pidió públicamente disculpas en nombre del Gobierno inglés por el trato que Alan Turing había recibido.

En junio próximo, este genio habría cumplido cien años. El museo Heinz Nixdorf de Paderborn, en Alemania, le dedica estos días una exposición. Y en Hollywood se habla de una película basada en su vida e interpretada por Leonardo DiCaprio. Material para un buen guion no les va a faltar.

miércoles, abril 25

Some typical British sweets


(Read at expat's Telegraph on March, 26th)

Jelly Babies were first launched by British sweetmakers' Bassett's as "Peace Babies" in 1918, to commemorate the end of the First World War, and were re-launched with a new name in the 1950s. Fans of the Beatles used to apparently pelt the band with them, after it was revealed that they were a favourite snack of George Harrison.

Another Bassett's creation, Liquorice Allsorts are said to have been invented in 1899 when salesman Charlie Thomson accidentally dropped a tray of samples he was showing a client. The client loved the mishmash of colours and shapes, and the sweets soon went into production. Bertie Bassett, the Allsorts' mascot, dates back to 1929.

According to their website, British confectioners Swizzels-Matlow first produced Lovehearts as a novelty Christmas cracker filler in the 1950s. Diana, Princess of Wales, was one of few people to ever be honoured with personalised Lovehearts when she visited the factory in 1990, receiving a pack with royal names including "Prince William" and "Prince Harry" stamped on each sweet.

Although generations of children have been convinced otherwise, wine gums have never actually contained wine. British company Maynard's claims to have invented them in the early 1900s, when Charles Gordon Maynard decided to create a sweet that would appeal specifically to adults, but not upset his teetotal father.

The Drumstick lolly is said to have been invented by accident in the 1950s, when Trevor Matlow, the son of one of Swizzels-Matlow's founders, was experimenting with a new machine and discovered it was possible to create a lollipop with two flavours. Milk and raspberry were chosen, though there have been many variants since, including strawberry and banana and cherry and apple.

A trip to the British seaside just wouldn't be complete without a stick of rock to break your teeth on. Made from pulled sugar, rock took off in the 1800s, though there's serious debate about where lettered rock was first produced. Blackpool usually claims the honour, though nearby Morecambe has also been credited.

Aniseed-flavoured Black Jacks and their sister sweet, Fruit Salads, have long been among Britain's most popular "penny chews" – though today they usually cost at least twice that. For decades, Black Jack labels featured a smiling golliwog, but this packaging was dropped in the Eighties.

The distinctive centre-less Polo mint, went on sale in Britain in 1948. According to Nestlé, who now own the brand, the sweet was intended to be launched in 1939, but the outbreak of war delayed it for nearly a decade. Supposedly, each Polo is shaped under immense pressure – equivalent to two elephants jumping on it.

There are far too many sherbet sweets to mention in this gallery, but one that always provokes pangs of nostalgia is Barratt's Dip Dab, a lollipop and sherbet combination guaranteed to result in mess all over the carpet. Swizzel-Matlow's equivalent is the Double Dip.

In 2008, Spangles were voted the discontinued brand which the British public would most like to see revived. The square boiled sweets were introduced in 1950, when rationing was still in force, and became immensely popular because they required only one token, instead of the two usually needed to buy confectionery.

The pear drop probably dates back to the Victoria era, as do other boiled favourites like sherbet lemons, rhubarb and custards, and aniseed twists. Perhaps unsurprisingly, there's usually no pear involved: the artificial flavour isoamyl acetate is where that distinctive taste comes from.

Another sweetshop staple, the striped, peppermint-flavoured humbug dates from at least the early 1800s, though its provenance is unclear. In Elizabeth Gaskell's 1863 book Sylvia's Lovers, the word is described as a "north-country term for certain lumps of toffy, well-flavoured with peppermint".

Mars' Opal Fruits hit the shelves in the early 1960s, having apparently been named by a competition winner called Peter Pfeffer. In the US, however, they were marketed as Starburst, and in the late Nineties it was decided to adopt that name worldwide. Today, the brand is owned by Wrigley.

The British love affair with fruit pastilles can be dated back to 1881, when the Rowntree family began to manufacture them in Tyneside. The sweets are also popular in Australia, where, since the acquisition of Rowntree by Nestlé in 1988, they've been known as "Wonka fruit pastilles".

Another Swizzel's confection, Parma violets were launched in the 1930s, named after the flower of the same name. Back then, a large roll would set you back about 1/2d.
In 2004 the flying saucer, a kind of rice paper sandwich with sherbet in the middle, was voted Britain's all-time favourite sweet. The confection is believed to have been first produced in the Nineteen Sixties.
Pontefract cakes are thick liquorice discs which were originally manufactured in the Yorkshire town of the same name. Supposedly dating from as early as the 17th century, the cakes are traditionally stamped with an image of Pontefract Castle.

sábado, abril 21

Strange British place names

(A funny list read at Expats' Telegraph on February, 3rd)

You can't blame the residents of Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch in Wales for preferring to call their village Llanfairpwllgwyngyll, or Llanfairpwll. According to expert Adrian Room, this astonishing name (the longest in the UK, and one of the longest in the world) means something along the lines of "St Mary's Church in the hollow of the white hazel near to the rapid whirlpool of Llantysilio of the red cave" or "St Mary's by the white aspen over the whirlpool, and St Tysilio's Church by the red cave".


Fairly high on the list of embarrassing British place names is Crapstone in Devon. For a period it was the home of the young Christopher Hitchens, who wrote as an adult that he "yearned to move so that my school-mates would stop teasing me about it".


Indian Queens, a village in Cornwall, is believed to be named after an old inn which once stood in the area. Some locals like to say that the inn's name referred to Pocahontas, who is rumoured to have visited the area, and whose name has also been given to a street in the village.


Germansweek in Devon owes the first part of its name to the fact the church is dedicated to St Germanus, a fifth century missionary who once visited the south-west of England.


No-one knows how the northern village of Pity Me gained its name, though The Oxford Dictionary of British Place Names reckons it is a "a whimsical name bestowed in the 19th century on a place considered desolate, exposed or difficult to cultivate". Others say it could refer to a local legend about St Cuthbert, who cried "Pity me!" when monks accidentally dropped his coffin at the settlement on the way to Durham; or to a geographical feature, such as a lake.

Rather more cheerful-sounding than Pity Me is Giggleswick, a village in Yorkshire.That's actually a general consensus on the meaning behind this one: it probably means the "home or (dairy) farm of a man called Gikel or Gichel".

Another Yorkshire village, Crackpot might provoke a snigger, but the name actually long predates the use of the word to mean "crazy".

Also in Yorkshire is Blubberhouses, another village name which no-one quite knows the origin of. According to The Oxford Dictionary of British Place Names, however, it probably means "place at the houses by the bubbling spring".


The only English place name with an exclamation mark, Westward Ho! is a seaside village in Devon. The name derives from the 1855 novel of the same name by Charles Kingsley, which was set nearby, and was chosen to try and promote the area as a tourist destination.


There are various stories as to how Christmas Common in Oxfordshire got its name, but The Oxford Dictionary of Place Names says the most likely explanation is that it refers to a place where holly trees (traditionally associated with the festival) grow.


It's hard to think for more suitable names for a pair of sleepy rural villages than "Great Snoring" and "Little Snoring", which can be found in Norfolk. The word "Snoring" probably derives from a former inhabitant called Snear.


The Scottish village of Lost has such an attention-grabbing name that signs bearing its moniker are frequently stolen. At one point, the desperate council tried to change its name to Lost Farm, but the move was opposed by locals.


It may be more famous for scones and fudge, but Devon is also well-known for being the home of beer – well, a village called Beer at any rate. There's some division over where the name comes from, but it's probably linked to the Ango-Saxon beauru ("grove").

jueves, abril 19

Chistes sobre el pueblo de al lado


(Una de esas colecciones de chistes sobre el pueblo de al lado. Cambiar "zaragozano" y similar por el gentilicio que más rabia dé. Ahora está así porque me lo ha mandado un oscense, demostrando esa rivalidad unidireccional que creen que existe -solamente es en un sentido, pero si les divierte, allá ellos...-)

1.- Van dos zaragozanos en un bote pescando en el pantano de La Loteta.
- Co, Pepe ¿Tú sabes porque los buzos se tiran al mar hacia atrás?
- ¡Joder co! ¡Si se tirasen hacia delante caerían dentro del bote!

2.-Dos almendrones se encuentran en un camino. Uno llevaba una bolsa al hombro.
- ¿Qué tienes en la bolsa?, dice el otro.
- Pollos, responde el primero
- Si acierto cuantos llevas ¿puedo quedarme con uno?
- Si aciertas puedes quedarte con los dos.
- Bueno, pues ... ¡cinco!

3.- Juegos olímpicos en Zaragoza. Discurso de inauguración.
- O ... o ... o ... o ... o
- No, señor alcalde, los aros olímpicos no se leen.

4.- Le dice un zaragozano a otro:
- Oye Paco, he comprado un condensador de protones estroboscópicos con fisionador calimastrado y lo he puesto en mi patio.
- ¡EEEEEE! Espera un momento. ¿Qué coño es un patio?

5.- ULTIMAS NOTICIAS
Zaragozano suicida mata a su hermano gemelo por error

6.- CURVA PELIGROSA
Un almendrón conducía por un camino secundario, cuando vio un cartel que  decía: 'Curva peligrosa a la izquierda'. Sin dudar, viró a la derecha.

7.- AGENDA DE TELEFONOS
¿Por qué los zaragozanos usan solamente la letra 'T' en sus agendas de teléfonos?
- Teléfono de Antonio, teléfono de Benito, teléfono de ...

8.- Un zaragozano entra un lunes en una zapatería y después de probarse unos cuantos pares, elige unos italianos muy elegantes. Al entregárselos el empleado le advierte:
- Señor, estos zapatos suelen apretar bastante los cinco primeros días.
- No hay problema, responde, no los voy a usar hasta el próximo domingo

9.- Un zaragozano pregunta a su padre
- Co, papa ¿Puedo salir a ver el eclipse?
- Está bien hijo, pero no te acerques demasiado.

10.- Dos almendrones, amigos de la infancia, se encuentran
- ¿Y tú ahora a que te dedicas?
- Pues tengo una granja con 10.000 palomas
- ¿Mensajeras?
- No, no te ensagero nada.

11.- Se encuentran dos zaragozanos
- Sabes, al final encontré trabajo en Santiago.
- ¿De qué?
- De Compostela

12.- Le contaba un zaragozano a otro
- Ibamos yo y Pepe
- No, íbamos Pepe y yo
- Vale, listo, yo no iba.

13.- Llama un zaragozano por teléfono y le contestan
- ¿Si?
- Doctor, doctor, mi mujer está a punto de dar a luz
- ¿Es su primer hijo?
- No, soy su marido

14.- Le dice un almendrón a otro
- Co Pepe ¿Por qué no regaste el jardín?
- Porque está lloviendo a cantaros
- No seas vago, hombre, aquí tienes un paragüicas.

15.- ¿Cuál es la única flor que no se da en Zaragoza?
El pensamiento.

16.- Se muere un zaragozano y se acerca un amigo al hijo.
- Lo siento.
- No, dejalo acostado, tal como está.

17.- Comienza la música y un almendrón que estaba un poco bebido ve una señora elegantemente vestida de negro. Tambaleante, se acerca a ella y le dice:
- Madame, ¿Me concede el placer de este baile?
- No
- ¿Y por qué no?
- Pues por cuatro motivos:
Primero, porque usted está borracho.
Segundo, porque esto es un velatorio.
Tercero, porque el Ave María no se baila.
Y cuarto porque madame será su madre. ¡Yo soy el cura!

18.- Llega un zaragozano del trabajo y pregunta:
- Co hijo, ¿Con que juegas?
- Con lo que me sale de los huevos.
El padre le pega y el niño corre a decirle a su madre:
- Mamá, ya no quiero mas kinders.

19.- Dos almendrones de conversación
- Anoche me acosté con una tía buenísima, co. ¡qué piernas!, ¡qué pechos!, qué culo!
- ¿Y de cara?
- Ah, eso si, ¡carísima!.

20.- Se juzga a un zaragozano y dice el fiscal al acusado:
- A ver, ¿por qué disparó dos tiros contra su suegra?
- ¡Por qué no tenía mas balas!

21.- Dos de Zaragoza. Uno le pregunta al otro:
- ¿Qué llevas en esa cestica?
- Si lo adivinas, te doy un racimo.
- ¡¡ Croquetas!!

22.- Un zaragozano en el viaje de Colón.
- Almirante, quince carabelas se acercan
- ¿Una flota?
- No, flotan todas.

23.- Se hunde el barco y el capitán, que era de Zaragoza, le dice al contramaestre
- Coja ese pico, rompa la ventanilla y larguémonos de aquí en una barca salvavidas.
- Pero, ... mi capitán, aún hay mujeres a bordo.
- Si hombre, para follar estoy yo ahora.

24.- Llega un niño de Zaragoza a casa
- Mamá, mama en el colegio me llaman imbécil
- Bueno ¿y a mi qué?
- A ti puta.

25.- Dos almendrones se van a los pinares de Venecia en busca de un abeto para navidad.
Después de dos horas dando vueltas, uno le dice al otro:
- Bueno, ¡ya está bien!. El próximo abeto que veamos lo cogemos tenga o no tenga bolas de navidad.

26.- Coge un zaragozano el teléfono
- Hola. ¿Es el nueve, siete, cuatro, ocho seis, siete, nueve, uno, cuatro.
- Si, si, no, si, si, no, si, no, si.

27.- Uno de Zaragoza va por la autovía dirección Formigal, adelantando a todo el mundo, con su flamante coche recién comprado, cuando, de repente, nota algo raro.
Para en el arcén, baja y se da cuenta que una rueda se ha pinchado.
'¡Cagüentolokesemenea!, donde estarán en este coche el puto gato y la rueda de repuesto.'
Mientras mascullaba, cagándose en 'too', se para uno de Huesca al que había adelantado anteriormente, de mala manera, y le dice:
- ¿No sabes que estos coches modernos no tienen ni gato, ni rueda de repuesto?
- No jodas, co, responde el almendrón, ¿y como se arregla esto, pues?
- Solo tienes que soplar fuerte por el tubo de escape y se infla la rueda.
- Ostia co, de cojones. ¡Gracias eh!
El oscense se monta en el coche y se aleja, 'Estos de Zaragoza son unos soplagaitas', piensa.
Mientras el de Zaragoza estaba sopla que te sopla por el tubo de escape del coche.
'Joder con los coches modernos, esto no se infla. A ver si lo estoy haciendo mal.'
Y el tío seguía y seguía soplando y lo único que se inflaba era la vena del cuello, a punto de estallar.
Ya estaba casi extenuado cuando se para otro de Zaragoza.
- Oye co ¿que haces, pues? ...
- Ya ves co. He pinchado y ha parado uno de Huesca, y me ha dicho que en estos coches modernos soplando por el tubo de escape se infla la rueda.
El otro se empieza a reir y dice:
- Ala, tira, co, pero mira que eres gilipollas ... ,¿eh?. ¡Tienes las ventanillas bajadas! ¡¡¡Cojones!!!.

28.- Va un almendrón por el parque grande y se encuentra un espejo de cartera.
Lo abre, se mira y dice: 'Coño, yo a este tío lo conozco ... '. Se lo guarda.
De camino a casa, vuelve a mirarse y repite: ¡Joder! ¿De que conozco yo a este tío?, y se guarda el espejo.
Mientras Pilar le sirve la comida, se vuelve a mirar ¡Leche! Yo a este tío le conozco .. , creo que es el que se corta el pelo enfrente de mi.
Curiosa Pilar, le pregunta: Oye Paco ¿Qué tienes en la mano?. Nada importante. Y lo guarda nuevamente en el bolsillo del pantalón.
Cuando Paco se va a la cama, Pilar intrigada mira en el bolsillo del pantalón y coge el espejo ... , se mira en el mismo y dice: Lo sabía ..
¡Una foto de mujer! ... ¡y que cara de puta tiene!

29.- Entra un almendrón, en pelotas y con zapatillas, en el Copy de Residencial Paraiso para comprar una camiseta de Zapater. Cuando se la prueba y comprueba que le está bien, pregunta el precio y le piden 100 euros; el almendrón entrega 50 y se va. Le llama el dependiente, le dice que le ha pedido 100 y le contesta: 'ya... pero pone un cartel en el escaparate que dice: en pelotas y zapatillas 50% de descuento'

30.- Se encuentran dos zaragozanos, uno de ellos llevando un carro tirado por bueyes.
-¿Donde vas co?
- Pues ya ves, con una carga de fiemo.
- ¿Y para que la llevas?
-Pa las fresas.'
_¿Y no has probao con nata?

miércoles, abril 18

Oda a las cosas

(De Pablo Neruda; Una forma preciosa de expresar el apego a lo material)

AMO las cosas loca,
locamente.
Me gustan las tenazas,
las tijeras,
adoro
las tazas,
las argollas,
las soperas,
sin hablar, por supuesto,
del sombrero.

Amo
todas las cosas,
no sólo
las supremas,
sino
las
infinita-
mente
chicas,
el dedal,
las espuelas,
los platos,
los floreros.

Ay, alma mía,
hermoso
es el planeta,
lleno
de pipas
por la mano
conducidas
en el humo,
de llaves,
de saleros,
en fin,
todo
lo que se hizo
por la mano del hombre, toda cosa:
las curvas del zapato,
el tejido,
el nuevo nacimiento
del oro
sin la sangre,
los anteojos,
los clavos,
las escobas,
los relojes, las brújulas,
las monedas, la suave
suavidad de las sillas.

Ay cuántas
cosas
puras
ha construido
el hombre:
de lana,
de madera,
de cristal,
de cordeles,
mesas
maravillosas,
navíos, escaleras.

Amo
todas
las cosas,
no porque sean
ardientes
o fragantes,
sino porque
no sé,
porque
este océano es el tuyo,
es el mío:
los botones,
las ruedas,
los pequeños
tesoros
olvidados,
los abanicos en
cuyos plumajes
desvaneció el amor
sus azahares,
las copas, los cuchillos,
las tijeras,
todo tiene
en el mango, en el contorno,
la huella
de unos dedos,
de una remota mano
perdida
en lo más olvidado del olvido.

Yo voy por casas,
calles,
ascensores,
tocando cosas,
divisando objetos
que en secreto ambiciono:
uno porque repica,
otro porque
es tan suave
como la suavidad de una cadera,
otro por su color de agua profunda,
otro por su espesor de terciopelo.

Oh río
irrevocable
de las cosas,
no se dirá
que sólo
amé
los peces,
o las plantas de selva y de pradera,
que no sólo
amé
lo que salta, sube, sobrevive, suspira.
No es verdad:
muchas cosas
me lo dijeron todo.
No sólo me tocaron
o las tocó mi mano,
sino que acompañaron
de tal modo
mi existencia
que conmigo existieron
y fueron para mí tan existentes
que vivieron conmigo media vida
y morirán conmigo media muerte

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martes, abril 17

Que valga la pena

(Leído en el XLSemanal del 1 de abril, en la columna de Paulo Coelho)

El joven contemplaba el océano en la cubierta de un navío carguero cuando una ola inesperada lo tiró al mar. Después de mucho esfuerzo, un marinero consiguió rescatarlo y sacarlo a flote.

–Le estoy muy agradecido por haberme salvado la vida –dijo el joven.

–De nada –respondió el marinero–. Pero procure vivirla como algo que valió la pena salvar. 

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lunes, abril 16

El todo en todo


(Leído en el XLSemanal del 1 de abril, en la columna de Paulo Coelho)

Cuando Ketu cumplió 12 años, fue enviado a un maestro, con el cual estudió hasta que cumplió 24. Al terminar su aprendizaje, volvió a su casa lleno de orgullo.

Su padre le dijo: –¿Cómo podemos conocer aquello que no vemos? ¿Cómo podemos saber que Dios, el Todopoderoso, está en todas partes?

El chico comenzó a recitar las Escrituras

Sagradas, pero su padre lo interrumpió: –Esto es muy complicado. ¿No existe una forma más simple de aprender sobre la existencia de Dios? –No, que yo sepa, padre mío. Hoy en día soy un hombre culto y necesito de esa cultura para explicar los misterios de la sabiduría divina. –He perdido mi tiempo y mi dinero enviando a mi hijo al monasterio –se quejó el padre.

Y, cogiendo a Ketu por las manos, lo llevó a la cocina. Allí llenó una vasija con agua y mezcló un poco de sal. Después salieron a pasear.

Cuando volvieron a la casa, el padre pidió a Ketu: –Trae la sal que coloqué en la vasija.

Ketu buscó la sal, pero no la encontró, pues ya se había disuelto en el agua. –Entonces, hijo, ¿ya no ves la sal? –preguntó el padre. –No. La sal se ha vuelto invisible. –Prueba, entonces, un poco de agua de la superficie de la vasija. ¿Cómo está? –Salada. –Prueba un poco del agua del medio. ¿Cómo está? –Tan salada como la de la superficie. –Ahora prueba el agua del fondo de la vasija y dime qué gusto tiene.

Ketu la probó y el gusto era el mismo que antes. –Has estudiado tantos años y no consigues explicar con simplicidad cómo Dios es invisible y está en todas partes –dijo el padre. Usando una vasija de agua y llamando `sal´ a Dios, yo podría hacer entender eso a cualquier campesino. Por favor, hijo mío, olvida la sabiduría que nos aleja de los hombres y vuelve a procurar la inspiración que nos aproxima.

domingo, abril 15

Tigrekán

(Extraído de la carta del director de El Mundo publicada el 8 de abril)

[...] el apodo de Tigrekán II de Mongolia [...] así [...] le llamaban a Fernando VII «los liberales» durante el Trienio Constitucional.

[...]
Fueron los periodistas exaltados Félix Mejías y Benigno Morales, dignos por su brillantez y patriotismo de una causa más viable que la que abrazaron, quienes acuñaron en su sin par publicación El Zurriago una serie de motes con los que pretendían representar a Fernando VII como el sátrapa oriental que siempre hubiera querido ser. Así fueron desfilando por sus páginas Yanki, emperador de la China, Majamut, Bondo-Kina, Tinke-Pak o Tigrekán. Nunca se había hecho mofa y escarnio de un rey en esos términos: el riesgo para sus artífices sólo era equiparable al vértigo transgresor de sus lectores.

Con el solvente y cautivador estudio del profesor Ángel Romera El Zurriago, un periódico revolucionario, editado por el Ayuntamiento de Cádiz, como brújula, y una rara colección de sus 93 números, extraída de entre los tesoros de su cripta por uno de mis amigos del gremio de libreros, como gratificante territorio a la vez de jolgorio y aventura, no me ha sido difícil descubrir el momento exacto de la exaltación de Tigrekán a las cimas de su villanía en esa ignota catedral de la sátira política española.

Sucede en agosto de 1822 cuando El Zurriago incluye en un número doble -el 57 y 58- la «comi-tragedia» titulada Los Cañonazos o la Proclamación Cachifollada. Véase la originalidad e innovación idiomática. Está dedicada al autogolpe de Estado que Fernando VII intentó en vano el mes anterior mediante la sublevación de la Guardia Real. A lo largo de sus escenas contemplamos cómo Tigrekán, ayudado por sus hermanos Alfeñike y Pakorrillo -los infantes don Carlos y don Francisco de Paula-, inventa primero el problema, se las cree luego muy felices sintiéndose vencedor y finalmente, cuando en efecto todo se «cachifolla», no sólo deja en la estacada a sus más fieles sino que se ensaña con ellos para ocultar sus propias culpas.

Asegura Estanislao de Kotska Bayo, a quien se atribuye la documentada Historia de la vida y reinado de Fernando VII de España, en la que han bebido todos los biógrafos de aquel Borbón, que en el momento en que los golpistas derrotados -incluidos muchos de sus más fieles servidores- emprendían la desbandada hacia el Campo del Moro, el rey, haciéndose la víctima de su propia felonía, se asomó a uno de los balcones de Palacio y comenzó a gritar «¡A ellos! ¡A ellos!» para que los sitiadores pudieran exterminarlos con más facilidad.

«¡Rasgo de cobardía y de bajeza, indigno de un pecho honrado y que infama al que, caudillo primero de la insurrección, la entrega ahora a sus enemigos y aún los estimula contra ella!», apunta presuntamente Bayo. «Séanos permitido comparar esta conducta innoble con el heroico sufrimiento del pueblo español, que vencedor de las tramas reales y viendo al Príncipe sólo e indefenso, ni un insulto le prodigó, ni traspasó el lindar de su alcázar patente a todos».

[...]

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sábado, abril 14

Alemania se pone -un poco más- difícil

(Un artículo de Aurora Minguez en elconfidencial.com del pasado 12 de marzo)

Hasta el pasado 23 de febrero, cualquier español sin trabajo que llegara a Alemania podía solicitar y conseguir sin problemas un subsidio estatal: 374 euros si se trataba de una persona sin cargas familiares y otros entre 300 y 400 euros en concepto de ayuda para pagar el alquiler de una casa, con gastos de calefacción incluídos. En total, una suma en torno a 700 euros para empezar a instalarse aquí, buscar un empleo y aprender el idioma o adquirir una formación, si fuera el caso.

Todo ello en base a una Convención Europea de Asistencia Social (Europäische Fürsorgeabkommen) del año 1953 que habían firmado, además de España, otros 16 países: Bélgica, Dinamarca, Estonia, Francia, Grecia, Irlanda, Islandia, Italia, Luxemburgo, Malta, Holanda, Noruega, Portugal, Suecia, Turquía y Gran Bretaña. Todos estos países se comprometían a prestar asistencia mutua a los ciudadanos que se instalaran en cualquiera de los países firmantes. Eran los tiempos previos a la creación de la Unión Europea, y aquellos países pretendían asegurar un mínimo de condiciones de vida para sus emigrantes. Evidentemente, los países más desarrollados eran los que más prestaciones podían ofrecer. Y también los que se enfrentaban a oleadas de inmigración en tiempos de bonanza, como vivimos en el pasado en España.

Las cosas ahora han cambiado porque el gobierno alemán ha decidido dejar en suspenso esta Convención Europea, probablemente temeroso de que hordas de españoles, griegos o portugueses -por citar sólo tres ejemplos de países con dificultades- pongan en peligro las arcas de la Seguridad Social germana. Pero la verdad es que hasta el pasado mes de febrero sólo 2.724 españoles se han acogido a este sistema de ayuda social, según los datos oficiales, y entre ellos figuran aquellos que tuvieron un empleo aquí y que ahora se han quedado en paro. Es igualmente cierto que el efecto llamada es una realidad, y que los medios alemanes se están haciendo eco de la cada vez mayor presencia de jóvenes españoles que están llegando a la República Federal en busca de una oportunidad de trabajo. En los barrios más de moda, Hackescher Markt, Kreuzberg, Friedrichsheim o Prenzlauer Berg, escuchar español ya no es una

Las cosas ahora han cambiado porque el gobierno alemán ha decidido dejar en suspenso esta Convención Europea, probablemente temeroso de que hordas de españoles, griegos o portugueses -por citar sólo tres ejemplos de países con dificultades- pongan en peligro las arcas de la Seguridad Social germana excepción sino un hecho frecuente.

No se va a producir una invasión de proletariado de los países mediterráneos pero, por si acaso, las autoridades de Berlín se ponen la venda. Insisten en que hacen falta trabajadores especializados, personas con formación, pero no abren las puertas con gusto a alguien que llega aquí para que le resuelvan la vida, sin oficio ni beneficio. Por eso han puesto en suspenso esta Convención, argumentando que discrimina a otros países de la Unión Europea –Austria, por ejemplo, o Polonia y el resto de países comunitarios del área excomunista- que no firmaron ese Tratado en el año 53. Para el resto de los ciudadanos comunitarios hay un plazo previo de tres meses antes de recibir similares ayudas sociales.

La oposición se ha quejado de que esta decisión lanza una señal negativa hacia Europa y recuerda que la mayoría de los jóvenes europeos lo que quiere es trabajar y no vivir del cuento o de la sopa boba. Cuanto más preparados, más posibilidades de abrirse camino aquí. Hay una región concreta, el land de Baden Württemberg, que ofrece oportunidades para obreros especializados y para ingenieros. Hay 76.000 puestos de trabajo por cubrir. La oficina de empleo de la ciudad de Schwäbisch Hall (37.000 habitantes) invitó hace unas semanas a un grupo de periodistas de Grecia, España, Italia y Portugal para que informaran de las posibilidades de encontrar trabajo en la región. Sólo de Portugal han llegado más de diez mil solicitudes. A finales de mayo llegarán a esta ciudad un grupo de jóvenes ingenieros españoles para hacer prácticas pagadas por espacio de tres meses. Ellos no necesitarán acogerse a ninguna Convención Europea. Y nuestro país, perderá, probablemente, a una generación de gente joven que se verá, muy a su pesar, obligada a dar la espalda a España y a sus seres queridos.

viernes, abril 13

Corrupción

(La columna de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 5 de febrero)

Trajes, EREs, dietas para ir al fútbol... Que el poder corrompe, como sostenía Lord Acton, es difícilmente discutible. Desde siempre.

Urukagina, un gobernador de la Mesopotamia del 2.350 a.C., pasó a la historia por sus valientes reformas anticorrupción (www.historiaantigua.es). Su código se perdió, pero sí tenemos papiros de la época de Ramsés IX (hacia el 1.000 a.C.) que denuncian el comportamiento de funcionarios públicos.

Unas instituciones sólidas mitigan sus consecuencias, claro. Hay más contabilidad y menos desfalcos. Y por eso Nueva Zelanda, Finlandia y Dinamarca copan los listados de Transparencia Internacional (TI), mientras que Corea del Norte y Somalia los cierran (www.transparencia.org.es).

Estas listas, sin embargo, abren otro debate. ¿Es imprescindible un sistema democrático para evitar la corrupción? En un reciente artículo, Francis Fukuyama analiza la governance, "la habilidad de un gobierno para hacer cumplir las normas y proporcionar servicios", pero "independientemente de si el Gobierno es democrático o está sujeto al imperio de la ley". Fukuyama cree que en África o en Latam, más democracia ayudaría contra la corrupción, pero sobre Asia no lo tiene nada claro (blogs.the-american-interest.com/fukuyama). Lawrence Stone tiene también una tesis polémica: el problema en el mundo árabe es que lo que nosotros entendemos por corrupción, allí es exactamente lo contrario.

Singapur, el diminuto país asiático es el caso perfecto de estudio. No es democrático, pero ocupa el puesto número 5 en la lista de TI y es ejemplo a seguir. En 1952, antes incluso de ser independiente, creó el Corrupt Practices Investigation Bureau. Koh Teck Hin y M. Ali explican las razones de su éxito (goo.gl/q0SMv y goo.gl/Fxn2J).

miércoles, abril 11

Understanding Corruption

(An article by

Gathered in the guest room of a Berber friend’s house in the Atlas Mountains of Morocco after the Friday prayers, Hussein turned from the assembled village men and asked me: “Is there corruption in America?”

“Yes”, I answered.

“Give us an example”, he gently inquired.

So, as the room quieted, I gave an example of a kickback arrangement. “Ah, no”, said Hussein, as the others’ heads shook in unison, “that is just buying and selling.” So I mentioned the Watergate scandal. “No, no”, Hussein replied to common assent, “that is just politics.” So I gave an example of nepotism. “No, no, no”, all voices cried out, “that is just family solidarity.” So, as I struggled to think of an example that would maintain the honor of my country for being every bit as corrupt as anyone else’s, Hussein turned to the others and said, with genuine admiration: “You see why America is so strong—the Americans have no corruption!”

A few years later I attended a meeting with workers from “buildings and grounds” to explain the anti-nepotism rules our university committee had proposed. One after another, the workers expressed concern. “What do you mean I can’t hire a fishing buddy’s kid or my nephew?” said one. “Often guys don’t show up on time or at all, but if the kid is my nephew and he doesn’t get here or pull his weight, I’ll go to my brother who will see to it the kid shapes up. If I don’t have that kind of hook in a guy, how am I ever going to be sure he will do his work?” To the bafflement of my colleagues on the university committee, none of whom had any experience with how many large city governments in the United States actually work—let alone any familiarity with Moroccans—all of the workers present heartily agreed.

English-language dictionaries define corruption as “morally degraded”, “debased in character”, or “the perversion of an original state of purity.” But you do not have to be an unrepentant relativist, or even to have experienced an undergraduate course in anthropology, to suspect that this definition begs many questions. When, for example, I asked the men in Hussein’s village, as I have so many in the Arab world, what passes for corruption in their view, I always receive the same answer: Corruption is the failure to share any largess you have received with those with whom you have formed ties of dependence. Theirs is a world in which the defining feature of a man is that he has formed a web of indebtedness, a network of obligations that prove his capacity to maneuver in a world of relentless uncertainty. It is a world in which the separation of impersonal institutions from personal attachments is very scarce. Failure to service such attachments is thus regarded as not only stupid but corrupt.

This is, of course, rather different than the American view of corruption. We mean by the term the influencing of the performance of a public duty—meant to be carried out in accordance with objective, impersonal protocols—for personal ends. The position trumps the individual who holds it. More generally, we mean by corruption disrupting “the level playing field” owed to all as citizens equal under the law. And bathed in the glow of our Enlightenment universalism, we take it as second nature that it is everywhere the same.

It is not. Whether in the United States or the Middle East there may be, of course, subtle commonalities affecting corruption. Debt may entail fear, as one may have to accept less than was bargained for, or one may become obliged in ways that cannot be fulfilled—both of which may lead to cutting some corners. So, too, the cost of favoritism may simply be passed along, “a supplementary tax in disguise”—whether it is in the mafia control of the waste removal and construction businesses, or the more genteel pricing of pharmaceuticals and aircraft. But it is invariably the local pattern of corruption—its connections among a wide range of distinctive social, religious, economic and political factors—that shapes its meaning and public policy implications. As these patterns differ, so these shapes and meanings differ.

Nowhere are the cultural features of corruption more important to understand than in our current political aims in the Middle East and the wider Muslim-majority world. And that is why it has been simply breathtaking that in recent months U.S. officials (at least one of whom knows very well how major U.S. cities are run) have somehow been able to use the word “corruption” in sentences also including such words as “Afghanistan” and “Karzai”, remaining all the while oblivious to what one would have thought was an obvious truth.

There is an Arab saying: “God loves those who hide their sins.” It sounds hypocritical to most Western ears, but for the Arabs it implies that it is only when a private act adversely affects others’ nested sets of relationships that it becomes a matter of public concern. Traditionally, therefore, unlawful sex was regarded as socially disruptive only if it could be verified by four eyewitnesses—the juridical standard of proof required under sharia for punishment. A man carrying a bottle of liquor under his cloak could not be faulted since no relationships are affected so long as the forbidden substance remains unseen. The very terms for corruption in Arabic convey its capacity to disrupt: fasad, which means to dirty or prostitute, may originally have implied something so rotted from within that it can no longer be used as a support, while a common term for a bribe, reshwa, originally meant water drawn from a well with a bucket, in contrast to the more natural flow of a stream.

Most important, however, is the concept of fitna, a term that properly translates as “chaos.” Through its added meanings of “temptation”, “fascination” and “disbelief”, it implies not only risky allure and political disaffection but the dissolution of all those ties that hold society together. Society is thus conceived as being somewhat like an electrical system in which it is the relation of pluses and minuses perpetually darting about that holds the system together. To render everything static, and therefore equal, is like pulling the plug. Even the Quran refers to this life as a sport, or a game, in which it is the running imbalance of ties, regularized by keeping to one’s contracts and sustained by sharing with one’s momentary allies, that alone preserves “the community of believers” from destruction (Sura 6:82 and 57:19).

This premonitory fear of social chaos, underscored in sacred texts and common perception over many centuries, is reflected in various usages. Ask Americans what the opposite of tyranny is and most will undoubtedly say “freedom” or “liberty.” Ask the same question of Arabs and they will reply “chaos.” Many sayings support this contrast: “Tyranny is preferable to chaos”; “an unjust government is better even than corruption”; “to make a person live in chaos is worse than killing him.” This is the context in which corruption, understood as the failure to share with one’s dependents, becomes the fearful solvent that renders social ties vulnerable to dissociation and death.

Seen from this perspective, forms of interdependence that Westerners would regard as corrupt are commonly regarded in the Arab and much of the wider Muslim worlds as constitutive of a workable preservation of social order. It was Hussein who, in his characteristically sardonic but utterly serious view of politics, once surprised me by saying: “You know, bribery is our form of democracy.”

“Really?”, I said, “Explain to me please how that works.”

“Well”, he replied, “if the big man says do such-and-such but someone below him is bribed to do otherwise, isn’t that a check on the power of the big man, and isn’t the point of democracy that it be a system of limited powers?” Indeed, to some, bribery and favoritism are essential to the working of the state. In the Moroccan novelist Tahar Ben Jelloun’s Corruption a bureaucrat tries to convince a reluctant colleague to accept gratuities:

Everyone knows that most salaries are symbolic. The state knows it. It closes its eyes. It has to; otherwise there would be a revolution. Citizens participate in whatever ways are available to them to fill the gaps. It’s normal. It’s a national consensus, a balancing mechanism. The whole trick is to do it discreetly, even elegantly if possible. What you are placing in the realm of morality and what you call corruption I choose to call a parallel economy—it isn’t even underground, it’s a necessity.

As an aspect of the political, then, corruption highlights the inherent weakness and immorality of the state amid far stronger and, in the Middle East, often tribal societies.1 For it is only in relations of negotiated reciprocity—relations that partake of the face-to-face contact by which men assess one another’s reliability and obligational bonds—that a relationship of trust can be forged. But the state is non-reciprocity incarnate: You cannot have a personalized relationship with so faceless an entity. “Injustice can be committed only by persons who have power and authority”, said Ibn Khaldun in the 14th century, because only such figures can bar one from access to the multiple bases on which mutual indebtedness can be constructed. Figures of authority, then, must build up their constellations of indebtedness in order for people to begin to attribute to them the qualities of someone who will share benefits with his dependents and not (in the local idiom) “eat” everything himself. It is the formation and maintenance of such a network that renders the exercise of power legitimate.

The result is not a system of “amoral familism”, where one justifies acts outside some bounded domain that would be immoral within. On the contrary: The need to form beneficial ties of reciprocity wherever possible undercuts such discrete boundaries of moral behavior. Indeed, as one seeks favorable connections or raises money to grease the system, those bonds of indebtedness that grant predictability to others’ behavior are further reinforced. Corruption, as bribery or favoritism, may just be incidental to the formation of these embedded associations and actually contribute to that sense of equal opportunity through which, as one saying has it, you could be a beggar in the morning, a vizier of the king in the afternoon and hanged in the marketplace the next day.

Ironically, too, such favoritism contributes to transparency, since discerning or displaying connections are vital to one’s own reliability. Similarly, the whole process brings new players into the game, constrains players whose questionable conduct is known or rumored, and fits with those other mechanisms—from gossip and scandal to the deep-seated ambivalence toward power—that inform so much of Arab social organization and ritual.

But there has arisen in recent decades a strong countercurrent to this ethos. This is a countercurrent of massive movements from countryside to city, and of greater anonymity within the urban environment. The whole basis of mutual dependence that renders many practices permissible has now been so overwhelmed by the disruption of “the game” that one has no way to preserve the constraints that had accompanied its organization. Now, in the overgrown urban environments ever more typical of the Arab world, you may have to give a “gift” to a clerk you never before laid eyes on to produce a document, to a policeman who arbitrarily stops you at a roadblock, to a utility employee to get any service—and all without having a chance to form a relationship in which you may later expect some return. What bites deeply for many Arabs and other Muslims is not just that money has become the overriding medium of human relationships, but the gnawing sense of incivility that accompanies it.

This loss of personalized interaction may, as suggested, be much exacerbated by the massive movement of people from the countryside to anonymizing cities. But it may also owe much to the state’s domination of information or resources. Sadly, too, corruption may also accompany increased levels of education, with poorly paid government jobs and the decline of informal mechanisms of social leveling contributing to one-off relationships rather than long-term alliances. In all of this, one cannot underestimate how uncomfortable people feel in so depersonalized an atmosphere, how hurt they are by its incivility, how lost at sea they feel when a debt incurred, say, in arranging a marriage or a loan, cannot be carried over into a different form of “favor” at a later time. And always, they ask, how can it be changed? How can everything be put right?

In a September 15, 2009 article in the New York Times, a U.S. Army captain who has served in Iraq and Afghanistan writes that to eliminate corruption in those countries one must promulgate clear rules, institute a reporting mechanism for ordinary citizens, and—a genuine pleasure to hear—constantly attend to the forms of action that the local people themselves regard as corrupt. Such reforms sound admirable and, thanks to this third requisite, may even be tailored to different cultures. But they are not self-evident or self-executing. After all, is a lobbyist in this country who puts one in touch with a decision-maker always corrupt? Not always, just sometimes. Is help given a client to gain entry to an exclusive club an act redolent of immorality? That may depend on the club as much as on the kind of help given to access it. Put a bit differently: Can one so readily dissociate arguably corrupt practices from the whole web of religious, social and economic concepts in which they are necessarily, and almost always ambiguously, embedded?

Reducing corruption in a place like Afghanistan is no easy thing to do. It is certainly not just a matter of “teaching the Afghans to elect good men”, as Woodrow Wilson once said about Mexicans. For Afghans to understand corruption as Americans do more or less entails their having to experience the whole web of religious, social and economic concepts that Americans have experienced. That really is asking too much.

The history of anti-corruption efforts may nevertheless be instructive here. If we set aside such mechanisms as hanging corrupt officials or only appointing as overseers one’s closest kin—hardly always effective in any event—the reduction of corruption usually entails a decisive overriding element. The reference here is not to the development of a civil service alone: Increased salaries may allay some rationalizations for accepting gifts, and advancement in the service may hold off illicit entanglements in some cases. Rather, it may be that professional pride is the key to reform.

Just as many of the lawyers and accountants, businessmen and educators in the Arab world would love to be able to practice their craft without having to engage in petty bribery and favoritism, so too they need an independent forum in which those desires can receive expression and reinforcement. The rise of professional associations in the West coincided with the civil service reforms of the early 20th century, and those forums—which were not agencies of the state and were not configured as nongovernmental organizations in order to avoid government control—built on the self-respect and pride their participants craved. When one sees lawyers or teachers taking to the streets of Cairo or Casablanca or Lahore to protest a corrupt legal decision or a dysfunctional and unfair educational policy, one is seeing this yearning to express professional pride at its moment of effervescence.

Nor is pride limited to the technical professions or the craftsmen’s guilds or the nascent labor trade unions: It is the base on which so many in the Arab world would hope to build. Of the many attractions of fundamentalist organizations not the least is that they have a reputation for being uncorrupt. People will even choose to buy from a merchant with a long beard in the belief that he may be more honest than one not dressed as an ardent believer. Purification has always been imagined as an antidote to corruption, even if it, too, may carry its own corrupting forms. Archibald MacLeish was right when he said there are two kinds of people in the world—the pure and the responsible. Pride can go either way in that dichotomy, but being indispensable to both, it cannot be ignored in either.

Hussein was right to think that reducing corruption lies at the heart of a nation’s strength. But there is no simple correlation of political form or cultural construct to its reduction: Edward Gibbon, after all, called corruption “the most infallible symptom of constitutional liberty”, a truth that the U.S. Congress seems to prove each and every day.

And those who define corruption as the absence of an opportunity to be treated equally would have to say why, in some traditions, not allowing a woman to be a priest or rabbi or imam is necessarily worthy of being called corrupt. To grasp that, for most Arabs, practical equivalence is of greater relevance to justice than abstract equality, that it is only realistic to believe that society is better served by webs of obligation than impersonal roles, and that institutions are always defined by their occupants and not by depersonalized powers, is to enter a world of enormous decency and order, even if it is not our world. Perhaps if we in the West attend to the longing for integrity that accompanies this complex web of relations and crosscutting constraints, we may still have a chance to form with Arabs and other Muslims incorruptible ties of mutual indebtedness and moral worth. Simply complaining about how “corrupt” they are won’t get us very far, that’s for sure.

1I use the word tribal in the descriptive sense of social anthropology simply to mean a society in which primordial ties count for a lot, and in which patrilineal lineages and endogamous marriage tend to define the loci and operation of social authority.

martes, abril 10

Clubes para caballeros

(Un artículo de Gonzalo Ugidos en el Magazine de El Mundo del 26 de febrero)

Al sur de Picadilly, entre St. James' Street y Pall Mall, está el corazón del clubland, territorio de refinadas madrigueras en las que los caballeros cultivaban una candorosa misoginia, conspiraban y comentaban el mundo entre alcohol y partidas de backgammon. Los que quedan oscilan entre mirar al siglo XXI o seguir siendo un vestigio de la vieja Inglaterra.

[...] sólo la invitación de un socio permite deambular por algunos ámbitos venerables de estos refugios exclusivos a quien tiene la desgracia de no ser miembro. [...]

Para ser clubman no es imprescindible descender de un guerrero normando, ni siquiera ser un lord, pero conviene, al menos, tener escudo de armas o pertenecer a la aristocracia del mérito como Lawrence Olivier o el padre del agente James Bond, Ian Fleming. Olivier fue distinguido miembro del Garrick (15, Garrick Street), y Fleming del Boodle's (28, St. James' Street).

En el Reform Club (104 Pall Mall), Phileas Fogg apostó que daría la vuelta al mundo en 80 días tras disuadir a una chica que quería introducirse en el club con la hipérbole "sería el fin del imperio británico", pero miembros de carne y hueso fueron Conan Doyle y Winston Churchill. Del Garrick desertó Charles Darwin tras una disputa con un socio que lo llamó blasfemo por sostener que el hombre victoriano era primo hermano del mono. En el Athenaeum (107, Pall Mall) se conserva la silla de ruedas en la que murió en 1867 Michael Faraday, padre del electromagnetismo; allí se había reconciliado con Charles Dickens tras 12 años sin hablarse por una pelea.

A pesar de que muchos han ido cerrando sus puertas, de los más de 150 que llegó a haber, siguen abiertos unos 60, la mayoría en el barrio de Mayfair. Algunos tienen más de 200 años. Su candorosa misoginia ha ido cediendo a la presión de la igualdad y ya son muchos los que admiten mujeres o tienen, al menos, sus ladies' annexes. Cuando Margaret Thatcher ganó las elecciones en 1979, ganó también un par de batallas en el Carlton (69, St. James' Street): ser la primera socia del club y la primera dama en subir las escaleras, rigurosamente vetadas hasta entonces a las mujeres. La norma no era caprichosa; había que preservar las piernas femeninas de las miradas de los socios sentados en el cad's corner (rincón de los caraduras).

Las más antiguas de estas guaridas melancólicas derivan de las coffee houses. En 1693 un italiano llamado Francesco Bianco fundó White's Chocolate House (posteriormente conocido como White's) en el 37 de St. James' Street. John Arthur, que dio nombre al Arthur's club -disuelto en 1940-, era su ayudante. Algunos años después, el escocés William Macall alteró las sílabas de su apellido para bautizar el club más de moda por entonces: el Almack's (también desaparecido). Fundó, además, otros dos y contrató para llevarlos a Edward Boodle y William Brooks (60, St. James Street). Los nombres de los clubes más exclusivos del West End quedaron establecidos.

El paso del tiempo ha ido dejando una pátina de gloria sobre los muebles de Chippendale, los bustos romanos, los grabados de Hogarth y los retratos de los caballos ganadores del Grand National, mientras las candelas dejaban paso al gas, y éste a la electricidad. Se fueron instalando teléfonos y ascensores, y después barras de cócteles y televisores.

No fue sin resistencias y aún se recuerdan las feroces disputas sobre la admisión de invitadas. En Un marido ideal, Oscar Wilde ironiza sobre la misoginia del club. El Boodle's tuvo que soportar la hostilidad de muchos de sus 1.250 socios cuando se habilitó un anexo para damas. Un portero descolgó un día el teléfono para atender la llamada de una esposa: "¿Podría avisar a mi marido?", preguntó, obteniendo como respuesta: "Señora, en Boodle's no hay maridos, sólo socios".

Está prohibido hablar de negocios, se prohíben también las propinas, impropias de caballeros que hasta ayer mismo recibían el cambio de sus consumiciones en monedas hervidas para su completa purificación. Naturalmente no está prohibido beber; "Si un caballero no puede emborracharse en su propio club, ya me dirá usted", me explicó Mr. Edmonds, secretario del Boodle's. Me contó también que un cierto Lord Glasgow trasegó más oporto del que pudo asimilar y tiró a un camarero por la ventana. "Póngamelo en la cuenta", resolvió.

Otra cosa es el Athenaeum. Desde que, en 1824, lo fundó John Wilson Crocker, la gloria ha sido requisito indispensable para ser admitido. Ocho de sus socios fueron primeros ministros y tiene el insuperable record de 52 premios Nobel entre sus miembros.

De los clubes que aún sobreviven, el Brook's tiene el edificio más elegante. Cuando fue fundado, en 1764, era una guarida de jóvenes dandies conocidos como macaroni por su afición a viajar a Italia. Trece primeros ministros pertenecieron, todos liberales. Sigue siendo el club más endogámico y los apellidos de los socios cambian poco de generación en generación. Su réplica ideológica es el Carlton, madriguera exclusiva del Partido Conservador. A lo largo de su historia sólo ha expulsado a un miembro, y fue por pasarse al Partido Liberal.

Carlton , Brooks, Boodle's... Se sale de estos salones con la confusa sensación de bajarse de la máquina del tiempo de H.G. Wells, socio, por cierto, del Garrick. Los clubes de caballeros son el penúltimo reducto de las maneras más exquisitas de la civilización, conservadas por antiguos, honorables colegiales. Las cuotas de subscripción de los más caros alcanzan las 1.500 libras anuales (1.810€) y tienen listas de espera de entre uno y seis años. Todavía en Londres a alguien que pretenda ser alguien se le conoce por el club al que pertenece.

lunes, abril 9

Mirando al frente

Una frase de Chesterton para recordar que siempre debemos intentar ver la botella medio llena:

El optimista mira a los ojos y el pesimista a los pies.

domingo, abril 8

Exprimiendo a los contribuyentes

(Lo he leído en elblogsalmon.com, aunque estaba buscando esa historia desde que leí varias referencias a la misma en alguno de los periódicos económicos que han caído en mis manos. Lo que es seguro es que lo de los impuestos no es algo de antes de ayer...)

Cuenta Suetonio como el emperador romano Vespasiano, en su afán recaudatorio para edificar el Coliseo, tuvo escasos reparos. Concretamente estableció un impuesto sobre la orina. Se trataba de gravar la recogida de orina en las letrinas públicas (lo cual, generaba un doble beneficio, pues se reciclaba con múltiples utilidades. Sin embargo, hubo a quien no le parecía muy digno semejante impuesto. Por ejemplo a Tito, el hijo de Vespasiano, que así se lo hizo ver a su padre. Este, con cara de sorprendido, acerco unas monedas a su rostro y le pregunto si le molestaba su olor

Y como Tito respondiera que no, Vespasiano zanjo el asunto con una frase que ha pasado a la Historia:

- El dinero no huele.

sábado, abril 7

50 puntos -no tan- negros

(Parte de un artículo sobre el color negro escrito por Maribel González en el Magazine de El Mundo del 16 de noviembre de 2008)

1. Agujero negro.
El nombre de este fenómeno se lo debemos al recientemente fallecido físico teórico John Archibald Wheeler. Es un cuerpo celeste con una gravedad tan intensa que nada puede escapar de él, ni siquiera la luz (de ahí que lo único que veamos de él sea un negro absoluto). Nuestra galaxia, la Vía Láctea, acabará engullida por uno. El primero en postular su existencia fue el físico Karl Schwarzschild (ı873-ı9ı6).

2. All blacks. Es el sobrenombre de la selección de rugby de Nueva Zelanda, pero su origen («todos negros»), no está su indumentaria –que efectivamente es negra–, sino en su estilo de juego. En ı905, durante su primera gira internacional, se autodenominaban The Originals, pero tras sus victorias, basadas en un juego dinámico apoyado en su línea de tres cuartos, comenzaron a ser llamados All Backs («todos zagueros»).3. Bandera negra. Tanto en navegación, como en Formula ı, ver una bandera negra es una pésima señal.En el mar, la famosa Jolly Roger, la bandera negra con calavera y tibias (o espadas) cruzadas, es signo de que hay piratas a la vista. En automovilismo, es la penalización más grave y supone la expulsión de la carrera.

4. Banderilla negra. También llamadas de castigo, se utilizan cuando el toro es tan manso que no entra a la lucha con el caballo durante la suerte de varas y se le condena a estas banderillas, cuyo arpón es mayor (tiene una longitud de ocho centímetros y un ancho de seis milímetros).

5. Biblia negra. Libro de cabecera de la Iglesia de Satán, fundada en ı966 por el norteamericano Anton Szandor LaVey.6. Black Power (poder negro). Eslogan y denominación de varios movimientos de los años 60 y 70 que reivindicaban los derechos sociales y el orgullo racial de los negros, como la organización política de los Panteras Negras, que se convirtió en un icono de protesta contra la política racista de Estados Unidos.

7. Bola negra de billar. En una de las modalidades del billar americano, denominada Bola 8, el color negro es doble protagonista. Por un lado, en sentido positivo, ya que gana el jugador o equipo que, tras introducir las siete bolas lisas o rayadas que le corresponden, antes emboca la bola negra. Por otro, en sentido negativo, ya que colarla cuando no corresponde supone perder la partida.

8. Brazalete o corbata negra. En el simbolismo crómático cristiano, el negro se utiliza como señal de duelo por la muerte terrenal y, aunque en otras culturas el color de luto es otro (como el blanco para los budistas), la asociación de este color con la muerte se ha impuesto internacionalmente. La tradición ha generalizado, por ejemplo, que los deportistas luzcan un brazalete negro cuando quieren homenajear a alguien que ha fallecido.

9. Caja negra. Desde los 60, los registradores de vuelo o navegación no son de este color, sino anaranjados, para facilitar su localización en caso de accidente. Pero el adjetivo negra se mantuvo, en primer lugar, porque así se denomina en física a todos los aparatos de los que se sabe lo que hacen aunque se desconozca cómo. En segundo, por asociación con los funestos presagios que acompañan a su búsqueda.

10. Camisas negras. En ı9ı9, en la Italia de Mussolini, se denominó así (camicie nere) al brazo paramilitar del gobierno fascista, especializado en la persecución de comunistas y socialistas.Utilizaban este color en sus uniformes con fines intimidatorios, como después harían otros grupos de ideología similar, como la SS, la guardia personal de Adolf Hitler.

11. Cinturón negro. En artes marciales, el símbolo de que ya se es un experto digno de pasar a un entrenamiento más avanzado y convertirse en maestro.

12. Coca-Cola Zero. Introducida en el mercado en 2005, es una de las variantes de la Coca-Cola, sin azúcar como la Light, pero con un sabor más similar a la original. Una lectura heterodoxa de su etiqueta ha querido ver en ella un requiem por los atentados del ıı-S, tanto por el color de su envase y etiqueta como por su nombre y otros aspectos de su diseño.

13. Cruz negra anarquista. Organización cuyo origen se sitúa en la revolución rusa (ı9ı7). De ideología libertaria, su causa es la liberación de presos políticos. En la parte superior de su símbolo, una cruz, se distingue un puño cerrado.

14. Esmoquin - vestido negro. El negro en la ropa femenina es sinónimo de elegancia desde que Coco Chanel apostase contracorriente, allá por los años 20, por el petite robe noire, vestido funcional, corto y de línea sencilla. Por su parte, el esmoquin, traje de etiqueta masculino por excelencia nacido en el siglo XIX, ha sido tradicionalmente de color negro para apoyar su excepcionalidad (el resto de las ocasiones en que se vestía de negro era por luto).

15. Etiqueta negra. Distintivo que acompaña a ciertos productos de consumo para señalar una cualidad de superioridad. Su uso es una extensión de la utilización del negro en moda (elegancia).

16. Garbanzo negro - oveja negra. Miembro de un grupo que es diferente a los demás, que destaca y que va en contra de las reglas y convicciones del conjunto. Ambas expresiones nacieron por la asociación de la cualidad de excepcionalidad con la idea de funesto que tradicionalmente transmite el negro.

17. Gato negro. Símbolo de mala suerte. Aunque el origen más remoto de la expresión se encuentra en Egipto, donde era considerado un animal sagrado, el significado negativo surge de la creencia medieval de que estos animales cumplían órdenes de la brujas.

18. Humor negro. Tipo de humor (clásicamente español, además) que utiliza la muerte y todos los conceptos negativos asociados a ella (dolor, enfermedad, desgracia....) para hacer reír. Su función es liberadora: al reírnos de la muerte, soportamos mejor la certeza de su existencia. El pisito, de Marco Ferreri e Isidoro Ferry (ı958) y El verdugo, de Luis García Berlanga (ı963), son obras maestras del humor negro.

19. Jornada negra. Se refiere a acontecimientos desgraciados que se han producido en un día concreto y que han tenido una gran repercusión en la historia de un país, institución, empresa... Por ejemplo, el famoso jueves negro de ı929, día en que se inició el Crack del 29 y la Gran Depresión.

20. Leyenda negra. Opinión desfavorable y muy extendida sobre alguien o algo que, generalmente, carece de fundamento real. La más famosa es, sin duda, la que se forjó en torno a Felipe II a mediados del siglo XVI y durante la rebelión en los Países Bajos.El resultado: la imagen, que todavía arrastramos en parte, de una España fanática, inquisitorial, enemiga del progreso y cruel con los indígenas.

21. Limusina negra. Sinónimo de poder y ostentación hasta mediados de los años 90, este coche, más largo de lo normal, solía estar asociado a la riqueza económica. El color negro se identifica con los coches caros y con el poder, mientras que el blanco, sobre todo en las limusinas, se considera de mal gusto.

22. Lista negra. Es una nómina secreta con los nombres de personas o entidades non gratas que se deben evitar o ser discriminadas. ¿Las más famosas? El Índice de Libros Prohibidos por la Iglesia católica del siglo XVI o el listado del senador americano McCarthy donde figuraban actores e intelectuales acusados de comunistas.

23. Luna negra. En astronomía se refiere al periodo de tiempo en el que la Luna aparece tan cerca del Sol que no puede ser vista desde la Tierra, al quedar oculta por su resplandor. Algunos poetas utilizan la expresión como sinónimo de muerte.

24. Luz negra. No es de este color, pero se llama así por ser ultravioleta e invisible al ojo humano, que sólo la percibe cuando incide sobre sustancias u objetos fluorescentes. Muy utilizada en la iluminación de discotecas y para detectar billetes falsos .

25. Magia negra. Serie de creencias, prácticas y ritos utilizada con la intención de dañar o perjudicar a alguien invocando la ayuda o la presencia del demonio o del poder del Mal (cuyo color es el negro por asociación con la oscuridad). Los rituales para enamorar o seducir también son magia negra, ya que su objetivo es manipular la capacidad de elección de una persona.

26. Mano negra. Se dice de la persona que no se conoce, pero intenta hacernos daño intencionadamente. También puede calificarse como mano perversa, siniestra o mal intencionada.

27. Marea negra. Masa de hidrocarburos vertida al mar, generalmente de forma accidental. El color no sólo hace referencia al petróleo que suele generarla, sino también a la catástrofe que conlleva. La más tristemente recordada en nuestro país se produjo en noviembre de 2002, cuando el Prestige vertió 63.000 toneladas de petróleo sobre las costas gallegas.

28. Mercado y dinero negro. Sistema de intercambio de bienes ilegales o adquiridos ilegalmente. El dinero negro es aquel obtenido mediante prácticas comerciales que no están sujetas a controles. En ambos casos negro es sinónimo de secreto y prohibido.

29. Merienda de negros. Según la RAE, se trata de una frase coloquial que describe una situación de confusión y desorden en la que nadie se entiende.Su origen en nuestro país se remonta al siglo XVI, cuando llegaron a las ciudades españolas miles de esclavos de origen subsahariano. Su afición a la música, las fiestas y los altercados que con frecuencia se producían tras la ingesta de vino dieron lugar a la frase.

30. Música negra. Etiqueta genérica que acoge diferentes estilos, desde el jazz y el rhythm’n blues pasando por el soul, el funk y el hip hop. En origen, se refería a las manifestaciones musicales de los esclavos afroamericanos. Comenzó a popularizarse entre la población blanca a principios de los 30 en Chicago.

31. Novela y cine negro. Con argumentos policiacos, la novela negra trata de la resolución de un delito y hace un retrato de la sociedad donde se produce. Sus protagonistas tienen una personalidad compleja en la que ni buenos ni malos lo son del todo. Su nombre nace de la revista Black Mask, fundada en ı920. La adaptación de la atmósfera decadente y sórdida recreada por estos relatos dio lugar al cine negro, que se desarrolló en Estados Unidos durante los años 40 y 50, con hitos como El halcón maltés (ı94ı), de John Huston. El término deriva de film noir, acuñado por el crítico italiano Nino Frank, y hace referencia a los claroscuros y ambientes nocturnos de estas producciones.

32. Nubes negras. Metáfora común para designar una amenaza que se ve venir y crecer de forma preocupante sobre nuestro horizonte personal, profesional... Además, esas nubes no dejan ver el futuro, lo que completa el significado de la expresión con el matiz de la incertidumbre. En meteorología, los nubarrones son cúmulo nimbos de nubes muy densas responsables de tormentas con abundante aparato eléctrico y vientos internos que superan los ı00 km/h.

33. Ojos negros. Pese a que, en general, los ojos negros son un apreciado signo de clásica belleza mediterránea, la cultura popular no se pone de acuerdo respecto a los rasgos psicológicos que trasluce este don genético. Según la canción gallega Naveira, los ojos negros, junto con los acastañados, son «firmes y verdaderos». Mientras que Yo vendo unos ojos negros, popularizado por Nat King Cole, los describe como traicioneros. En cualquier caso, la negritud de unos ojos es símbolo de intensidad racial.

34. Oro negro. Al petróleo se lo denomina así casi desde que empezó a explotarse como combustible (ı895) y a convertir en ricos a sus explotadores. El hecho de que queden pocas reservas en el planeta convierten la metáfora en más acertada si cabe. También se ha utilizado esta expresión para referirse al café (así se titula, de hecho, un reciente documental sobre su comercio realizado por Marc Francis).

35. Pata Negra. El hecho de que el jamón de los cerdos ibéricos de pezuña y piel negra fuera tan apreciado ha convertido esta expresión en una metáfora para decir de algo que es de gran calidad. En cualquier caso, está prohibido usar comercialmente esta denominación, por inexacta (hay cerdos ibéricos que no son negros).

36. Pena negra. Al sentimiento se le añade el color cuando se quiere enfatizar que es muy profundo, muy doloroso. A ella acude Lorca para escribir uno de sus míticos poemas: Pena negra, en el que la protagonista se ve acechada por un desgarro que está destruyéndola en cuerpo y alma.

37. Peste negra. En ocasiones, algunos periodos de tiempo son calificados como negros en referencia a acontecimientos nefastos o luctuosos. En este caso, se refiere a la devastadora pandemia que, en el siglo XIV, mató a casi un tercio de la población europea, unos 20 millones de personas. Las primeras referencias hablan de ella como «la gran mortandad» para, después, y quizá por el color de la piel durante la enfermedad, denominarla «muerte negra» e identificarla con un castigo divino.

38. Ponerse negro. Se utiliza con dos acepciones diferentes, pero ambas negativas. Por un lado, pone de manifiesto que una persona se está enfadando y, por otro, que un asunto o cosa se está echando a perder, ya que está tomando un cariz complicado o adquiriendo un aspecto muy malo. 39. Pozo negro. Según la RAE, es un depósito para aguas inmundas, pero se utiliza para hacer referencia a la mala situación que atraviesa una persona, cuando se ve ahogada por los problemas.

40.Punto negro. Tiene varias acepciones. Por un lado, son los cúmulos de grasa y melanina que se forman en la piel y tienen un color oscuro. Como metáfora, se usa para señalar un lugar especialmente peligroso o confuso en una carretera, una negociación...

41.Uniformes negros. El color negro en los hábitos de jueces (toga) o sacerdotes (sotana) indica formalidad y autoridad. La política también fue teñida por este tono ya que dos ideologías opuestas se identifican con él: el fascismo y el anarquismo, donde era símbolo de fortaleza y exaltación.

42. Tarjeta negra.Es la tarjeta más exclusiva de American Express, conocida popularmente como «la negra» (black card). Sólo la poseen los ı7.000 bolsillos más acaudalados del planeta, abre absolutamente todas las puertas y permite acceder a los caprichos más extravagantes que sus afortunados dueños puedan imaginar. Su color fue elegido por ser el más elegante y el que mejor refleja el mundo del lujo.

43. Tener la negra. Expresión que alude a ser víctima de la mala suerte. Su origen se remonta a la Roma clásica, donde se llevaban a cabo juegos de azar por medio de habas o piedras: las blancas eran las afortunadas y las negras, las desventuradas.

44. Toro de Osborne. En España, toro y negro son conceptos unidos. Icono de la cultura y del arte de una España que se iniciaba en la industria del turismo y lo exportaba como reclamo. Perpetuado en las siluetas ideadas por Manolo Prieto en ı956 para publicitar el brandy Osborne, hay más de 90 repartidas por nuestra geografía. En ı997, el Tribunal Supremo decidió que no fueran retiradas de sus emplazamientos por su interés estético y cultural.

45. Trabajar como un negro. Expresión coloquial que hace referencia a la esclavitud vivida por la raza negra. Metafóricamente sirve para transmitir que se trabaja mucho.

46. Trufa negra. Este hongo subterráneo que desprende un característico perfume es el diamante negro de la cocina. Por un kilo se han llegado a pagar 750 euros. Considerado como un afrodisíaco, fue muy apreciado por faraones, griegos y romanos.

47. Vampiros. En la cultura popular, es una criatura que, como su homónimo animal, suele vestir de negro y se alimenta de sangre de seres vivos. Se asocia con la muerte y la noche.

48. Virgen negra. Estas imágenes fueron muy veneradas en multitud de catedrales y santuarios de la Europa medieval, ensalzadas como donadoras por excelencia de vida, fertilidad, fecundidad y bienestar. En este caso el color negro representa a la tierra primitiva que, una vez fecundada, será fuente de vida.

49. Viuda negra. Araña de color carbón brillantes que posee una mancha roja en el abdomen. Su picadura es mortal. Recibe este nombre porque, generalmente, las hembras se comen al macho tras el apareamiento, de ahí que la expresión se asocie con esposas que han asesinado a sus maridos y mujeres seductoras sin ataduras sentimentales.

50. Yin-yang. Este concepto oriental representa el equilibrio y la armonía del universo. Describe dos fuerzas opuestas, pero complementarias, cuya interacción produce los cambios que mantienen al mundo en movimiento. El yin (lo femenino, lo pasivo, la noche, lo oscuro) no podría existir sin el yang (lo masculino, lo activo, el día, la luz) y viceversa.

viernes, abril 6

Pandemia medieval

(Una carta del director de El Mundo del 3 de mayo de 2009)

Según el cronista medieval Gabriele de Mussis, todo comenzó a finales de 1346 cuando los mongoles liderados por Kipchak Khan que sitiaban el enclave genovés del puerto de Caffa, en la península de Crimea, comenzaron a catapultar los cadáveres de sus propios difuntos al interior del recinto fortificado: «Parecía como si estuvieran arrojando contra la ciudad montañas de muertos y, aunque hundían el mayor número de cuerpos que podían en el mar, los cristianos no tenían ni cómo esconderse ni cómo escapar de ellos».

Para unos, De Mussis fue el notario del primer episodio de guerra biológica de la Historia; para otros, tan sólo el inventor del periodismo amarillo. El caso es que Caffa era el lugar de procedencia de los barcos genoveses que en octubre del año siguiente atracaron en el puerto siciliano de Messina, con numerosos tripulantes muertos o moribundos enganchados a sus remos. Las víctimas eran fácilmente reconocibles por los forúnculos negros, a veces del tamaño de un huevo, que brotaban de sus axilas y sus ingles y por las pústulas no menos repugnantes que supuraban sobre otras zonas de su piel.

Pronto gran parte de los habitantes de tan desafortunado lugar de amarre quedaron contagiados y comenzaron a morir dolorosamente en intervalos de entre tres y cinco días desde el momento de la incubación del mal. Era la peste bubónica que en enero de 1348 penetró en Francia a través de Marsella y en el Norte de Africa vía Túnez y en la noche de San Juan ya infectaba a los habitantes del condado británico de Dorset que celebraban la fiesta de las hogueras junto a un grupo de marineros gascones llegados de Francia al servicio de los Plantagenet.

El contagio era tan fulminante que el médico francés Simon de Covino llegó a aventurar que un solo enfermo «podía infectar al mundo entero». De acuerdo con el balance, tal vez exagerado, del entonces adolescente Jean de Froissart, para finales de 1350 «un tercio» de quienes habitaban entre la India e Islandia había perecido. Mirando las cosas con la mentalidad de la época, nuestro contemporáneo Simon Schama alega que «debió dar la impresión de que Dios había decidido que crear la raza humana había sido una equivocación».

Cuando las procesiones destinadas a aplacar la ira del supremo hacedor tuvieron que ser prohibidas por haberse convertido en el marco más seguro de propagación de la epidemia, las compañías de flagelantes se entregaron al pillaje antisemita y un obispo permitió que cualquiera -incluidas, en caso verdaderamente extremo, las mujeres- pudiera confesar a un moribundo, muchos creyeron que, como escribió un cronista de Siena, simplemente «había llegado el fin del mundo». Y el síntoma definitivo fue el grave terremoto que en enero de 1348, cuando mayor era la virulencia de la transmisión de la peste, dejó un surco de destrucción y ruina que atravesaba Italia desde Nápoles a Venecia.

[...]

[...] Mucho más que la propia tasa de mortalidad o las condiciones terribles en las que agonizaban las víctimas de la Peste Negra, lo que desde nuestra perspectiva produce una mezcla de espanto y compasión retrospectiva es el hecho de que ni uno sólo de los muertos, ni uno sólo de los supervivientes llegó a averiguar lo que les había ocurrido.Quienes no se conformaban con plegarse al castigo divino oscilaban entre creer que la infección se transmitía con la mirada a establecer como, formal y solemnemente hizo el claustro de la Sorbona, que era fruto de la inopinada conjunción de tres planetas.

Conmociona pensar que no fue hasta finales del siglo XIX, más de 500 años después de los hechos, cuando Alexandre Yersin descubrió la bacteria -de ahí su denominación de yersinia pestis- que, transmitida por las pulgas y las ratas que siempre acompañaban a los marineros y se enseñoreaban de los insalubres núcleos urbanos, había causado tan tremenda escabechina. El conocimiento científico se convertía así en el más preciado fruto de la era del racionalismo, después de una interminable noche de cerrada oscuridad durante la que los galenos camuflaban su ignorancia tras sus latinajos y rituales, sus referencias a la astrología o sus pobres trucos de curanderos, contentándose a lo sumo con asomar la nariz por la ventana del empirismo a través de experiencias prácticas como la que Rembrandt reflejó en su Lección de Anatomía.

La otra gran diferencia entre lo que sucede hoy y cualquier episodio del pasado es el altísimo nivel de información que permite a cada individuo encuadrar su experiencia en el contexto general. Al escribir sobre lo ocurrido a mediados del XIV, tanto Tuchman como Schama detuvieron su mirada sobre el enternecedor manuscrito del fraile John Clyn que en la abadía irlandesa de Kilkenney llevaba un diario de la epidemia «para impedir que las cosas que deben ser recordadas perezcan con el tiempo y se desvanezcan de la memoria de quienes vengan detrás de nosotros». Sus últimas líneas advierten que deja «espacio en el pergamino por si, por casualidad, algún hombre sobrevive y alguien de la raza de Adán escapa a esta pestilencia y puede continuar el trabajo que yo he comenzado».

[...]

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