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sábado, abril 14

Alemania se pone -un poco más- difícil

(Un artículo de Aurora Minguez en elconfidencial.com del pasado 12 de marzo)

Hasta el pasado 23 de febrero, cualquier español sin trabajo que llegara a Alemania podía solicitar y conseguir sin problemas un subsidio estatal: 374 euros si se trataba de una persona sin cargas familiares y otros entre 300 y 400 euros en concepto de ayuda para pagar el alquiler de una casa, con gastos de calefacción incluídos. En total, una suma en torno a 700 euros para empezar a instalarse aquí, buscar un empleo y aprender el idioma o adquirir una formación, si fuera el caso.

Todo ello en base a una Convención Europea de Asistencia Social (Europäische Fürsorgeabkommen) del año 1953 que habían firmado, además de España, otros 16 países: Bélgica, Dinamarca, Estonia, Francia, Grecia, Irlanda, Islandia, Italia, Luxemburgo, Malta, Holanda, Noruega, Portugal, Suecia, Turquía y Gran Bretaña. Todos estos países se comprometían a prestar asistencia mutua a los ciudadanos que se instalaran en cualquiera de los países firmantes. Eran los tiempos previos a la creación de la Unión Europea, y aquellos países pretendían asegurar un mínimo de condiciones de vida para sus emigrantes. Evidentemente, los países más desarrollados eran los que más prestaciones podían ofrecer. Y también los que se enfrentaban a oleadas de inmigración en tiempos de bonanza, como vivimos en el pasado en España.

Las cosas ahora han cambiado porque el gobierno alemán ha decidido dejar en suspenso esta Convención Europea, probablemente temeroso de que hordas de españoles, griegos o portugueses -por citar sólo tres ejemplos de países con dificultades- pongan en peligro las arcas de la Seguridad Social germana. Pero la verdad es que hasta el pasado mes de febrero sólo 2.724 españoles se han acogido a este sistema de ayuda social, según los datos oficiales, y entre ellos figuran aquellos que tuvieron un empleo aquí y que ahora se han quedado en paro. Es igualmente cierto que el efecto llamada es una realidad, y que los medios alemanes se están haciendo eco de la cada vez mayor presencia de jóvenes españoles que están llegando a la República Federal en busca de una oportunidad de trabajo. En los barrios más de moda, Hackescher Markt, Kreuzberg, Friedrichsheim o Prenzlauer Berg, escuchar español ya no es una

Las cosas ahora han cambiado porque el gobierno alemán ha decidido dejar en suspenso esta Convención Europea, probablemente temeroso de que hordas de españoles, griegos o portugueses -por citar sólo tres ejemplos de países con dificultades- pongan en peligro las arcas de la Seguridad Social germana excepción sino un hecho frecuente.

No se va a producir una invasión de proletariado de los países mediterráneos pero, por si acaso, las autoridades de Berlín se ponen la venda. Insisten en que hacen falta trabajadores especializados, personas con formación, pero no abren las puertas con gusto a alguien que llega aquí para que le resuelvan la vida, sin oficio ni beneficio. Por eso han puesto en suspenso esta Convención, argumentando que discrimina a otros países de la Unión Europea –Austria, por ejemplo, o Polonia y el resto de países comunitarios del área excomunista- que no firmaron ese Tratado en el año 53. Para el resto de los ciudadanos comunitarios hay un plazo previo de tres meses antes de recibir similares ayudas sociales.

La oposición se ha quejado de que esta decisión lanza una señal negativa hacia Europa y recuerda que la mayoría de los jóvenes europeos lo que quiere es trabajar y no vivir del cuento o de la sopa boba. Cuanto más preparados, más posibilidades de abrirse camino aquí. Hay una región concreta, el land de Baden Württemberg, que ofrece oportunidades para obreros especializados y para ingenieros. Hay 76.000 puestos de trabajo por cubrir. La oficina de empleo de la ciudad de Schwäbisch Hall (37.000 habitantes) invitó hace unas semanas a un grupo de periodistas de Grecia, España, Italia y Portugal para que informaran de las posibilidades de encontrar trabajo en la región. Sólo de Portugal han llegado más de diez mil solicitudes. A finales de mayo llegarán a esta ciudad un grupo de jóvenes ingenieros españoles para hacer prácticas pagadas por espacio de tres meses. Ellos no necesitarán acogerse a ninguna Convención Europea. Y nuestro país, perderá, probablemente, a una generación de gente joven que se verá, muy a su pesar, obligada a dar la espalda a España y a sus seres queridos.

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