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miércoles, abril 4

Negro sobre negro

(Artículo sobre el color negro escrito por Maribel González en el Magazine de El Mundo del 16 de noviembre de 2008)

Ríos de tinta, negra, por cierto, se han vertido sobre este color que, sin duda, es el que más discusión ha generado a lo largo de la historia. Su asociación con el duelo, con el mal fario, con lo desconocido, con la suciedad y, en definitiva, con lo malo, no ayudó a que, durante buena parte de nuestro devenir, estuviera bien considerado. Algo lógico teniendo en cuenta que el negro se asocia a la oscuridad y ésta al peligro desde que el mundo es mundo, a diferencia de lo luminoso, que se relaciona con lo positivo.

Pero su suerte empezó a cambiar a partir de los años 50, cuando los existencialistas franceses lo reivindicaron por considerarlo el color de la individualidad (ya que concentra en el rostro, el centro del individuo, la impresión que éste produce) y el mundo de la moda lo erigió en el rey de la elegancia. Empezó a ganar prestigio y, hoy, el negro es, además de todo lo anterior, el color del lujo, de lo exclusivo, de las últimas tendencias, y hasta de la Casa Blanca (que va a habitar el primer presidente negro –sobre esto también hay discusión– de la Historia). Pero, ¿cómo ha podido realizar este color semejante transición hasta situarse en un punto indefinido sobre el bien y el mal? En primer lugar, le ha ayudado desprenderse de su asociación con determinadas creencias religiosas y con los valores conservadores. Eva Heller, autora de Psicología del color (Editorial Gustavo Gili), asegura que «el negro ha sido hasta hoy el color básico del clero y en algunos países, un negro es un clérigo. Con el tiempo, el color de la religiosidad se convirtió en el del conservadurismo político y, aún hoy, quien vota en Alemania a estas tendencia, vota negro».

Durante el final de la Edad Media, la Iglesia católica fue la primera en apropiarse de este color y cargarlo de significado.La vanidad era pecado y para no manifestarla en el vestir, la gente dejó de usar ropa de colores y se consagró al oscuro. Heller explica que el imperio español y la Inquisición contribuyeron notablemente a que el siglo XVI fuera especialmente lúgubre: «Los colores desaparecieron cuando España llegó a ser una potencia y el negro dominó durante los reinados de Carlos I y Felipe II. Además, la moda del negro español era recatada como ninguna lo fue antes y como ninguna lo sería después».

En cualquier caso, todas las religiones han usado al negro como símbolo de humildad y metáfora del saber oculto de los misterios de la fe. Los protestantes también lo eligieron como propio –Lutero siempre vestía un traje talar de riguroso negro para demostrar que pobres y ricos son iguales– y hasta el principal objeto sagrado del Islam, la Kaaba que se encuentra en La Meca, era, según la tradición, una piedra blanca ennegrecida por los pecados de los hombres.

Durante siglos, pues, el negro estuvo asociado al mal y al misterio, y esta última connotación no fue ajena a un grupo de intelectuales, los existencialistas, que comenzó a reivindicar su cara positiva y su belleza.

Jean-Paul Sartre siempre vestía de negro, como la cantante Juliette Greco que, además, utilizaba maquillaje oscuro. Hacerlo no era caprichoso, era un símbolo de individualidad, de diferenciación frente a la masa, de reivindicación de los valores propios y de lóbrego pesimismo.

Por su parte, el mundo de la moda empezó a ver en el negro el color del bien vestir sin artificios. Coco Chanel ya había revolucionado el estilo con su petite robe noire (pequeño vestido negro) que reivindicó como el uniforme de la mujer moderna, sofisticada y elegante; Gianni Versace aseguraría, muchos años más tarde, que «el negro es la quintaesencia de la simplicidad y la elegancia», e Yves Saint Laurent apostillaría que «simboliza la liason (únión) de arte y moda». En opinión de Heller, efectivamente el negro es «la elegancia sin riesgo, algo que se ve con particular claridad en la moda masculina conservadora: el frac y el esmoquin siempre son de este color».

Y la sociedad dio por buenas la recomendaciones de los expertos porque, además, el negro tiene la ventaja frente a otros tonos de ser el que menos depende de los cambios de estilo y tendencias en el vestir. Una frase que acuñaron muchas mujeres en los años 90 lo define perfectamente: «El negro pega con todo y siempre está de moda».

Y para terminar de rematar sus bondades, encima adelgaza: «Desde el punto de vista de la ropa, hoy en día se considera un color clásico, seguramente porque la persona que lo usa parece más delgada y sofisticada. Es un color con el que nunca llamarás la atención, muy de ciudad, muy aceptado en términos generales», asegura Fernando Rivero, socio-director de Marketing de la consultora Tatum.

Pero si hay un hecho que ha conseguido multiplicar por infinito la presencia del color negro ése ha sido el incondicional apoyo que ha tenido por parte de la juventud de las últimas generaciones. Según el estudio que Eva Heller realizó para escribir su libro, el negro es el color favorito del ı0% de la población y la preferencia por éste depende, más claramente que respecto a ningún otro tono, de la edad: «El 20% de los varones de ı4 a 25 años declara que es su color favorito. El porcentaje baja al 9% en el caso de los varones de 26 a 49 años y hasta el 0% en el caso de los mayores de 50, ya que ninguno lo nombra como su preferido».

Según la autora de Psicología del color, el motivo es que los jóvenes asocian el negro a la moda y los mayores, a la muerte». Además, es el color de la contestación y la protesta para muchos grupos urbanos juveniles, de ahí que haya sido tono de referencia de rockers, punks, góticos...

La asimilación que los diseñadores de moda y el mercado han realizado de estas tendencias alternativas ha hecho que, definitivamente, el negro se instale en nuestras mentes como el color que define la modernidad. De este modo, el mismo tono que llevaron por bandera los grupos rebeldes es el que enarbola ahora la clase más selecta de la sociedad para señalar sus productos exclusivos: «Aún así, desde el punto de vista del marketing tenemos que tener cuidado con su utilización por la ambigüedad del concepto y tratar de preponderar sus aspectos positivos (elegancia, prestigio...) frente a los negativos (luto, peligro, misterio...)», señala Rivero.

Así que frente al gato negro de la mala suerte, la etiqueta negra de los espirituosos más selectos; frente a la bola negra elegida entre otras blancas que podía suponer el rechazo de un aspirante a la entrada en un club respetable, la American Express Negra que sólo poseen quienes son verdaderamente millonarios; y contra una pena negra, qué mejor que un pata negra. La lista es mucho más larga: éstos son los 50 conceptos que demuestran que el negro es un color para lo bueno y para lo malo.

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