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lunes, febrero 29

Falseando la historia: algunos mitos del catalanismo



(Un texto de Antonio Rodriguez y Luis Reyes en la revista Tiempo del 18 de septiembre de 2015)

En las nuevas enciclopedias que han empezado a circular en Cataluña en los últimos años se pueden encontrar referencias al “escritor catalán” Ausias March o al “pintor catalán” Pablo Picasso. Dos tergiversaciones de nuevo cuño –el primero era valenciano y el segundo nació en Málaga– que sirven de ejemplo de cómo se ha empezado a moldear la historia de Cataluña desde los sectores más soberanistas. Cuenta el historiador José Luis Corral en su libro La Corona de Aragón: manipulación, mito e historia que los nacionalismos siempre han necesitado de “rotundos” hechos fundacionales para asentar sus posiciones políticas. Uno de los primeros catalanistas en manipular hechos históricos fue Antonio de Bofarull y Broca (1821-1892), director del Archivo de la Corona de Aragón (ACA) en la segunda mitad del siglo XIX y que en 1872 presentó un libro titulado La Confederación catalano-aragonesa. El éxito fue arrollador y este término se generalizó en libros, guías y folletos editados en Cataluña, y aun fuera de ella. Desde entonces, decenas de historiadores no han dejado de hablar de esa inexistente “Confederación catalano-aragonesa” o de conceptos erróneos como “Corona catalano-aragonesa”, “Reyes de Cataluña”, “conde-reyes” o los “Países catalanes”.

Bofarull era hijo de Próspero de Bofarull y Mascaró (1777-1859), un nacionalista romántico que también dirigió el citado ACA entre 1814 y 1840 y de nuevo entre 1844 y 1849. Próspero fue un miembro destacado del movimiento nacionalista catalán conocido como la Renaixença, que surgió a finales del reinado de Fernando VII, y estaba obsesionado por convertir a Cataluña en el centro del universo. Tenía a su alcance los fondos documentales más importantes de la Corona de Aragón y se puso manos a la obra: primero escribió un libro sobre los condes de Barcelona, que se publicó en 1836, y después pretendió demostrar que la conquista del Mediterráneo por la Corona de Aragón había sido “una empresa catalana” gracias a los almogávares.
También se atribuye a Próspero de Bofarull la desaparición del primero de los testamentos de Jaime I, el del año 1245. Este documento, contrario a las tesis pancatalanistas, estaba registrado en el ACA con el número 758 de su serie de Pergaminos. Según Antonio Ubieto, a mediados del siglo XIX en el ACA se “suprimió y se quemó cuanto hizo falta”. Así que el citado documento, que conocieron Jerónimo Zurita y otros historiadores anteriores a mediados del siglo XIX, sigue extraviado, al menos desde 1868.

Desde que los Bofarull manipularon y falsificaron la historia de la Corona de Aragón, han sido muchos los que se han sumado a esta tarea. Por ejemplo, en la última Enciclopedia catalana se define a la “Corona catalano-aragonesa” como un “Estado llamado también modernamente unión o confederación catalano-aragonesa que se ha desarrollado históricamente en los Países catalanes y Aragón en los siglos XII y XVIII (…) Originada por la unión dinástica de Cataluña y Aragón en 1137 (…) Alfonso I de Cataluña-Aragón (…) El título de conde-rey ha sido dado por la historiografía moderna”. Con todo, no es lo peor. He aquí los diez principales mitos históricos que se han creado desde Cataluña:

GUERRA DE “ESPAÑA CONTRA CATALUÑA”

La Diada conmemora la caída de Barcelona en 1714, en lo que se presenta como una guerra de España contra Cataluña. Sin embargo, la Guerra de Sucesión no fue un conflicto hispano-catalán, sino una guerra civil dinástica, solapada con una guerra europea. La nobleza se dividió en toda España entre Felipe V y el pretendiente, Carlos de Austria. Las instituciones catalanas, valencianas y aragonesas se unieron a este por la promesa de mantener sus fueros, pero el pueblo intervino poco. No hubo tropas catalanas en las batallas campales, como Almansa. Es más, la mayoría de los combatientes eran extranjeros, franceses con Felipe V, anglo-holandeses con Carlos. La profanación de iglesias por estos –eran protestantes– los hicieron más odiosos que los franceses para el pueblo español, incluido el catalán.

Cuando el pretendiente desembarcó en Barcelona fue proclamado “Carlos III, rey de España”, y no rey de Cataluña, como pretenden ahora. El comandante militar de la defensa de Barcelona en 1714, Antonio Villarroel y Peláez, era de familia gallega, y la última convocatoria a la lucha que hizo la Generalitat fue “por la libertad de toda España”. Pese a ello, en Cataluña algunos hablan de Guerra de Secesión, en vez de Sucesión.

EL MÁRTIR QUE SALIÓ BIEN LIBRADO

La estatua de Rafael de Casanova que se homenajea en la Diada lo representa doliente, herido. En Cataluña se considera un mártir a este conseller en cap, que sin embargo salió bien librado de su rebelión contra Felipe V. Cuando el general Villarroel, consciente de la superioridad enemiga, propuso la rendición negociada de Barcelona, Casanova tomó el mando recibiendo órdenes “de la Virgen de la Merced”, y planteó una defensa al límite que provocó mucha muerte y destrucción. Pero al dar los borbónicos el asalto final el 11 de septiembre de 1714, solicitó una suspensión de las armas, una tregua. Se negociaron entonces las condiciones de capitulación, que incluían el indulto de todos los miembros de la Generalitat, pero no de los militares. Villarroel y sus oficiales –la mayoría no catalanes– pasarían años presos.

El verdugo actuó en Barcelona, pero no para cortar cabezas, sino para quemar simbólicamente los fueros. A Casanova le embargaron los bienes y le asignaron residencia en casa de su hijo, en Sant Boi. Cinco años después fue amnistiado y ejerció libremente como abogado en Barcelona hasta que se retiró en 1737. Murió plácidamente seis años después.

“REPRESIÓN ESPAÑOLA” EN LA GUERRA CIVIL

Se presenta a Cataluña como víctima colectiva de los españoles franquistas, cuando la violencia política fue general en toda España, y fundamentalmente obra de elementos locales. En 1936 la izquierda catalana asesinó a 8.352 personas, según Josep Fontana, incluidos 281 nacionalistas moderados de la Lliga, cuatro obispos y 1.205 religiosos. Si algo distinguió la violencia en Cataluña fue la “guerra civil dentro de la Guerra Civil” de mayo del 37. Comunistas, republicanos y Generalitat se enfrentaron a anarquistas y trotskistas, y hubo entre 500 y 1.000 muertos, según la prensa de la época, incluido el secretario general de la UGT catalana. Tras la victoria franquista Cataluña padeció el mismo género de represión que el resto de la España republicana, a cargo del Ejército, la Policía y las milicias falangistas o requetés, entre las que naturalmente había catalanes. Según Josep Maria Solé Sabaté hubo 3.385 fusilamientos, y en 1940 había unos 27.000 presos políticos, cifras que no desentonan con el resto de la represión franquista.

PAïSOS CATALANS, EL SUEÑO IMPERIAL

Los Països Catalans son una entidad nacional catalana basada en la lengua que abarcaría Valencia (incluso el área castellanoparlante), Baleares, Andorra y partes de Aragón, Murcia, Francia y Cerdeña. Fue idea de valencianos catalanistas, entre los que Josep Guia planteaba “llamarle sencillamente Cataluña” al territorio.
Históricamente puede hablarse de un imperio aragonés en el Mediterráneo, que se extendió por Italia y llegó al Egeo, pero no de “imperio catalán”. Se trata de una cuestión de protocolo territorial o primacía política, categorías determinantes de la historia de Europa. El condado de Barcelona se unió al Reino de Aragón por la boda del conde Ramón Berenguer IV con la reina Petronila, que implicaba una supeditación, pues no se podía comparar la categoría de un conde (siempre súbdito de un señor superior) con la de un rey, que es soberano.

La diferencia venía de los inicios de la Reconquista. Mientras astur-leoneses, castellanos, navarros y aragoneses se liberaron por ellos mismos de los moros y formaron reinos independientes, Carlomagno conquistó Gerona y Carlos el Calvo, la ciudad de Barcelona, creándose la Marca Hispánica, territorio fronterizo del Imperio carolingio bajo la autoridad de un conde francés, el conde de Barcelona. Esta inferioridad histórica respecto al resto de los españoles, pueblos soberanos frente a uno vasallo, explica la secular hipersensibilidad catalana, su anhelo de reconocimiento como entidad superior.

INVENCIÓN DE UN CRIMEN DE ESTADO

“Pau Claris fue envenenado por los españoles”, medios e historiadores catalanes denuncian así un supuesto crimen de Estado del que no existe ninguna evidencia. Claris, presidente de la Generalitat, proclamó el 16 de enero de 1641 la República Catalana. Una semana después, incapaz de enfrentarse al Ejército real o a las turbas que alteraban el orden, le entregó Cataluña a Francia y aceptó al rey Luis XIII como nuevo soberano. Pocas veces un político ha cosechado fracaso semejante, cambiar la autonomía bajo los Austrias por el centralismo borbónico. Un mes después murió del berrinche, aunque como era costumbre en la época hubo rumores de envenenamiento. La única referencia histórica a ello es una carta del embajador francés, que dice “on a empoisonné par un lavement”. La traducción de esta frase puede decir “se ha envenenado por una lavativa”, “le han envenenado” o “le hemos envenenado”. En realidad Claris podía ser más molesto para el dominio francés que para España, pues el enemigo de España ya no era Claris, sino los franceses.

AMÉRICA LA DESCUBRIERON LOS CATALANES

En 2012 apareció un libro de Enric Guillot que se titula Descoberta i conquista catalana d’Amèrica. Fue editado en Barcelona en tres idiomas (catalán, español e inglés) y en él se asegura que las naves de Colón salieron en 1492 del puerto de Pals, en la costa catalana, y no de Palos de la Frontera (Huelva). También se dice que Hernán Cortés no era extremeño, sino catalán, un tal Ferran Cortès. Que Cristóbal Colón, al que llama “Cristòfor Colom”, también era catalán, barcelonés, miembro “de la Casa Real catalana” que llevó su expansión por el Mediterráneo. No se queda ahí este relato novelesco. La empresa Catalonia Tours, que recibe ayudas públicas de la Generalitat, incluye en su folleto turístico la siguiente afirmación: “Solo la constante voluntad de aniquilar la memoria histórica catalana por parte de los españoles explica la nacionalidad de Cristóbal Colón haciendo creer que era genovés”.

Este pretendido ocultamiento de las raíces catalanes se hace extensible a Fernando de Magallanes, de quien el Institut Nova Historìa afirma haber encontrado en el Museo Etnológico de Barcelona una prueba de ello, concretamente en un mapa “antiguo” de Filipinas en el que aparece la nao Victoria con los colores de la “senyera cuatribarrada a popa”. O al fraile Bartolomé de las Casas (Bartomeu Cases, para el Institut), el gran defensor de los indígenas con su libro Historia de las Indias, ya que se sugiere que nació en Molins de Rei (y no en Sevilla) al ser esta localidad catalana donde se entrevistó con el emperador Carlos V.

LA CONQUISTA DEL MEDITERRÁNEO, UNA “EMPRESA CATALANA”

Próspero de Bofarull pretendió demostrar que la conquista del Mediterráneo por la Corona de Aragón había sido “una empresa catalana”. Para ello, manipuló registros del Archivo de la Corona de Aragón, suprimiendo o tergiversando aquellos nombres de pobladores que no coincidían con su planteamiento. En la actualidad, la página web de la Generalitat afirma en su apartado Historia que “en el siglo XIII Cataluña tuvo una de las mejores infanterías del mundo, los almogávares”, reduciendo de esta forma a este grupo de soldados al ámbito catalán, cuando entre ellos hubo aragoneses, navarros e, incluso, castellanos de la serranía ibérica.

EL REINO CRISTIANO DE VALENCIA FUE REPOBLADO CON CATALANES

Existe el convencimiento en Cataluña de que los dominios árabes de Valencia se repoblaron con catalanes cuando este territorio pasó a manos de la Corona de Aragón en el Medievo. Los trabajos recientes de Antonio Ubieto y Amparo Cabanes, entre otros, han desmontado esta manipulación al concluir que en las cifras reales de repobladores cristianos en Valencia había una gran presencia de aragoneses y navarros (del 66% se precisa) entre los nuevos habitantes valencianos del siglo XIII.

LA PRIMERA DERROTA DE NAPOLEÓN… FUE EN CATALUÑA 

La empresa Catalonia Tours afirma en su página de viajes, bajo el epígrafe de “300 años de ocupación española”, que “la Guerrá del Francés (1808-1814)... fue la primera batalla que nación alguna ganaba a los Ejércitos napoleónicos”. Se trata de la escaramuza del Bruch, no lejos de Montserrat, el 4 de junio de 1808, cuando un tamborilero y un grupo de soldados españoles y reclutas del somatén acaban con 300 franceses y logran parar por unos días el avance de dos columnas galas de unos 2.000 efectivos. Nada que ver con la batalla de Bailén (Córdoba) del 19 de julio, a campo abierto y donde 21.000 franceses, con el general Dupont al frente, se rindieron o murieron ante un Ejército español comandado por el general Castaños.

CATALUÑA YA EXISTÍA CON LOS GRIEGOS Y LOS TARTESIOS

Otra perla en Catalonia Tours: “Cataluña tiene sus orígenes en la tradición helénica, heredera de la cultura de los primeros griegos llegados a Empúries (Emporion) en el siglo VI antes de Cristo. Este valor ha estado siempre presente y consciente en nuestra nación, y ha marcado el talante de nuestra historia como base democrática y tolerante, versus el origen de derecho romano de españoles y franceses, de tradición impositiva y siempre cercana a la inquisitorial Iglesia de Roma”. Es decir, los catalanes bebieron del espíritu griego de la democracia, mientras que los españoles se quedaron con la “tradición impositiva” heredada de Roma. Por su parte, Víctor Cucurull, miembro de la actual Asamblea Nacional de Cataluña (ANC), afirma sin rubor que el verdadero centro de poder en la península de los tartesios, anteriores a los griegos, no estuvo en Cádiz, sino en la actual Tortosa (Tarragona), de ahí el nombre de esta localidad en la que desemboca el río Ebro.

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domingo, febrero 28

Curso de prostitución



(Un texto de Elena Hita en el suplemento económico de El Mundo del 9 de marzo de 2014)

¿Estás preparada para ejercer? ¿Qué inconvenientes tiene? Trucos. Consecuencias anímicas. Planes de ahorro. Hacienda. Estos son algunos de los temarios que ofrece Aprosex en un curso de cuatro horas y 45 euros dirigido a la que quiera iniciarse en esta profesión o a aquellas que quieran formarse más.

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sábado, febrero 27

Palabras sabias...

... y muy pertinentes, en este momento de mi vida...

Un personaje de "La mujer enamorada", de David Trueba, dice "No cometas el error de juzgar a nadie por el ser del que se ha enamorado."

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viernes, febrero 26

Los idealistas que sacudieron el ‘e-mundo'



(La columna de Carlos Salas en el suplemento económico de El Mundo del 25 de mayo de 2008)

Gracias, gracias, gracias. Lo digo tres veces porque tengo que mostrar mi agradecimiento a tres personas altruistas que, en vez de buscar su propio beneficio, hicieron un sacrificio portentoso y regalaron sus inventos al mundo. Y vaya si lo hemos notado todos.

El primero de ellos es Ray Tomlison, ingeniero y programador del MIT (Massachusetts Institute of Technology) que trabajaba para Arpanet hace muchos años. Arpanet era la red que conectaba los ordenadores del Pentágono y que luego se convirtió en un tejido que incluía universidades y centros de investigación del mundo. El señor Tomlison pretendía hacer más rápida la forma en que los científicos e intelectuales se intercambiaban información electrónica por esa red, de modo que en el tosco correo electrónico de entonces se le ocurrió poner el nombre de la persona y luego el servidor. Y escuchen esto: en medio de esas dos claves decidió situar la arroba como signo separador, ese signo llamado @ que hoy usamos todos. Era el nacimiento del correo electrónico moderno.

¿Por qué la arroba? Porque era una tecla casi inservible que estaba a la derecha de la letra P de su máquina Teletype 33. Para que se sorprendan, la arroba es uno de los signos más antiguos de la cultura europea. Originalmente viene de la preposición latina ad (que significa «hacia» o «a»), pero los escribas del siglo VI, esos copistas frenéticos de la antigüedad (en realidad eran fotocopiadoras humanas) escribían tan deprisa que fundieron los dos signos en uno y crearon el signo @ para ganar tiempo. En inglés se le llamó «at» y era un símbolo comercial que quería decir «cada uno al precio de...». Por así decirlo, 3 barriles@200 libras significaba: «Tres barriles, cada uno al precio de 200 libras». Seguro que eran de cerveza.

El signo cogió fuerza por Europa y recibió toda clase de nombres curiosos: «oreja de elefante» en Suecia, «cola de mono» en Holanda, «chiocciola» (caracol) en Italia, y en español «arroba», que era una medida medieval de peso que procede del árabe «rub». Y ha llegado hasta hoy, que es empleado como el signo matemático del área. Alguien lo incluyó por capricho en las máquinas de escribir situándola por encima de la tecla A.

Bueno, no nos despistemos que ahora viene lo bueno: Tomlison no cobró ni un dólar por rescatar la arroba para los correos electrónicos. Ni jamás lo pretendió. Donó su idea a la humanidad y gracias a ello no pagamos royalties por ese servicio.

El segundo idealista del que quiero hablar se llama Tim. Bueno el nombre completo es Tim Berners-Lee. Ahora todos le llaman Sir, porque es un caballero británico. El buenazo de Tim se pasaba el día consultando archivos científicos en todo el mundo. Lo hacía porque trabajaba en el CERN (el Consejo Europeo de Investigaciones Nucleares), en Suiza. En dicho laboratorio sabían que mientras más conocimiento chupasen de otras partes del mundo, más rápido avanzarían en sus investigaciones. El obstáculo era que para realizar eso, se necesitaba conectarse con ordenadores del planeta a través de un sistema engorroso y complejo que agotaba al más osado. Imagínense la tarea: era como escribir una carta de amor, meterla en un sobre, ponerle el sello de cera y enviarla. Y esperar la respuesta.

Por eso el joven Berners-Lee pensó que sería fabuloso que los ordenadores del mundo hablasen el mismo idioma. ¿Qué tal si lo invento yo?, se dijo. Lo llamó HTML (Hyper Text Markup Language). No contento con eso, él y su colega Robert Caillau, pensaron lo siguiente: Oye, ¿y si los ordenadores del mundo pudieran conectarse por una autopista internacional sin aduanas? Y se les ocurrió la World Wide Web. Una prodigiosa telaraña que nos uniese a todos a la velocidad de la luz.

La pusieron en marcha a principios de los alias 90 pero, claro, si la patentaban y cobraban royalties, pues se iba a desarrollar muy lentamente, generaría conflictos de interés, habría compañías interesadas en monopolizarla, así que el 30 de abril de 1993, los Científicos del CERN decidieron renunciar a los derechos intelectuales de la www, y la regalaron a la humanidad (pueden ver la historia y el interesante documento en http://news.bbc.co.uk/2/hi/technology/7375703.stm).

Y el tercer bicho raro es finlandés, se llama Linus Torvalds y se ha convertido en la mayor amenaza de Microsoft. Este periódico se convirtió en 1996 en uno de los primeros del mundo en hablar de Torvalds el cervecero. Voy a contar cómo lo descubrí: yo estaba trabajando en este periódico y se me acercó el jefe de internet para decirme: «Oye, deberíais escribir algo de Linus Torvalds. Ha inventado un programa llamado Linux que es gratuito, que sirve para que funcionen los ordenadores y que se beneficia de las aportaciones de los informáticos del mundo entero». Yo entendía menos de la mitad de lo que me decía, pero mi curiosidad me llevó a consultar la página web de Linus. Cuando la abrí, me encontré con una serie de fotos de un joven rodeado de botellas de cerveza. «¿Y pretendes que hagamos un reportaje de este borrachín?», dije.

Me fie de su palabra y lo hicimos. Hoy muchos reconocen al pingüino Tux que caracteriza al logotipo de Linux como la enseña de un programa de código abierto que está arrasando en el planeta por su fiabilidad.

Torvalds inventó Linux, como dice su autobiografía, «sólo para divertirme» (Just for Fun, Harper Business), y por eso lo cedió al planeta humano. De modo que tenemos a tres idealistas gracias a los cuales los terrícolas se comunican mejor y más barato: Tomlison, Berners-Lee y Torvalds.

Justo en estos días se celebraban en todo el mundo los 15 años del nacimiento de la World Wide Web, y por ese motivo, es bueno recordar que detrás de grandes proyectos empresariales que han sacudido el mundo, no siempre están los Tíos Gilitos que se frotan las manos y conspiran para extraer de la humanidad hasta la última gota de sangre. También hay idealistas que han formado una ONG invisible de la comunicación. Gracias, chicos.

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jueves, febrero 25

Muerte de Ney, bravo entre los bravos



(Un texto de Luis Reyes en la revista Tiempo del 11 de diciembre de 2015)

París, 7 de diciembre de 1815. El mariscal Ney es fusilado por traición.

La caza de traidores, tras la derrota de Napoleón en Waterloo, la dirige el mayor traidor de la época, Fouché, que ha sido ministro de Policía con la República, con Napoleón, con Luis XVIII, otra vez con Napoleón durante los Cien Días, y de nuevo con Luis XVIII. Pero la caza tiene que ser restringida, porque casi todos los antiguos mariscales del emperador se han puesto a sus órdenes en los Cien Días y una purga general provocaría quizá la rebelión del Ejército. El rey le dice entonces a Fouché que haga una lista con los que se han pasado a Napoleón antes de que Luis XVIII abandonara París, cuando el Corso aún no había tomado el poder. En esta lista solamente aparece un mariscal, Ney. Será la cabeza de turco sobre la que hacer el escarmiento.

Fouché va a jugar a dos barajas, como siempre, y parece que le ofrece secretamente a Ney un pasaporte para que huya al extranjero, a Estados Unidos, que acoge con los brazos abiertos a los bonapartistas, incluido el antiguo rey de España José I. Pero el soberbio mariscal no quiere exilarse, desprecia esa oportunidad si es que existe, y se va a casa de una prima de su mujer, el castillo de Bessonies, en Lot, una recóndita provincia de la Francia interior. Allí es solo cuestión de tiempo que alguien lo denuncie, y es detenido y llevado a París, a la prisión de la Conciergerie, de siniestros recuerdos. En ese lugar llamado “la antesala de la guillotina”, estuvo presa María Antonieta.

Siendo uno de los militares más admirados de Francia, deciden trasladarlo a un lugar más digno, el palacio de Luxemburgo, y en el recorrido el jefe de sus vigilantes, que es nada menos que el general Exelmans, al mando de un cuerpo de caballería en la campaña de Waterloo, le ofrece liberarlo y darle escolta a donde quiera. Pero Ney rechaza esta segunda oportunidad de fuga, e incluso una tercera, cuando unos oficiales van a liberarlo al palacio de Luxemburgo. Parece que siguiera empeñado en que lo matasen, como en Waterloo.

Su proceso es inevitable, pero será problemático. Hay mucha resistencia a juzgar a una personalidad como Ney, el soldado más valiente de Francia. El mariscal Moncey, presidente del consejo de guerra formado en aplicación del fuero militar, se niega a hacerlo. La patata caliente pasa a la Cámara de los Pares, pues Ney ha sido nombrado par por Luis XVIII en la primera Restauración, pero algunos de sus miembros más preeminentes también rehúsan, entre ellos Talleyrand, que dice que no quiere participar “en un crimen semejante”. Además, la Cámara de los Pares no tiene competencias jurisdiccionales, y es preciso dictar deprisa y corriendo una ley para que pueda juzgar a Ney.

Por fin comienza el juicio el 14 de noviembre, cuatro meses después de la detención. Los abogados de Ney son muy hábiles y dinamitan el proceso. Después de Waterloo, para que el Ejército francés deponga las armas en toda Francia, Wellington ha firmado una Convención que especifica que ningún militar francés será perseguido por su conducta durante los Cien Días. Está claro que no se puede juzgar por tanto a Ney, pero la Cámara de los Pares se agarra a una dudosa cuestión de procedimiento para seguir adelante. La defensa saca entonces un as de la manga. Ney ha nacido en Sarrelouis, anexionado a Prusia tras la derrota francesa, por tanto Ney es súbdito prusiano y no puede juzgarlo un tribunal francés.

Esta vez es Ney quien se enfrenta a su propio abogado. Puesto en pie lo interrumpe a gritos: “¡Soy francés y siempre lo seré!”. Está claro que el mariscal sigue buscando la muerte, aunque muchos pares no parecen convencidos de que la merezca. El cambio de criterio se debe en gran parte a un testigo de cargo demoledor, el conde de Bourmont, un aristócrata que ha chaqueteado como tantos entre Napoleón y el rey; en Waterloo tenía incluso el mando de una división, pero desertó y se pasó a los ingleses antes de la batalla. Las pasiones se desatan en la Cámara de los Pares. Muchos moderados se han retirado del juicio, y los ultramonárquicos vituperan a Ney como si fuera el demonio. Cuando por fin se pide un veredicto de culpabilidad, o no, por “atentado contra la seguridad del Estado”, solamente el miembro más joven de la Cámara, el duque de Broglie, dice que no. Establecida la culpabilidad, hay que determinar la pena: 17 pares votan por el destierro, 5 se abstienen pero piden clemencia al rey, 128 votan por la pena de muerte. De los 6 mariscales de Napoleón con escaño en la Cámara de los Pares, uno vota destierro y cinco muerte, los antiguos compañeros de armas han tenido muchas rencillas y envidias.

Cuando sus abogados van a decirle a Ney la suerte que le espera lo encuentran cenando tranquilamente y con humor para decir una boutade: “Seguro que el fiscal no cena con tanto apetito como yo”. Después redacta su testamento y se acuesta vestido, durmiéndose plácidamente hasta las 3 de la madrugada, cuando el secretario de la Cámara de los Pares lo despierta para comunicarle oficialmente la sentencia. Luego recibe a su mujer y sus cuatro hijos, aún ignorantes de la condena a muerte.

Madame Ney se desmaya al saberlo, pero luego se lanza a remover Roma con Santiago para obtener el perdón. Luis XVIII la recibe amablemente, si fuera por él... Pero el rey es débil de carácter y no quiere tomar una determinación, le dice que solamente pueden indultar a su marido Wellington o la duquesa de Angulema. Wellington tiene un gran poder como jefe del Ejército que ha ocupado Francia, en principio es favorable al perdón de su adversario en Waterloo, pero no se decide por las complicaciones políticas del asunto.

Ejecución. Queda la duquesa de Angulema, María Teresa de Francia, Madame Royale, la hija de Luis XVI, la única superviviente de la familia real. Es una mujer de fuerte carácter, “el único hombre de los Borbones”, la llama Napoleón, pero llena de amargura por lo que ha padecido con la ejecución de sus padres y la muerte en prisión de su hermanito, el Delfín. Es la jefa de los ultramonárquicos y ejerce como reina de Francia, porque su tío Luis XVIII es viudo y se pliega a su voluntad. Madame Royale rehúsa secamente la gracia que le pide la mujer de Ney, aunque más adelante en su vida dirá haberse arrepentido de ello.

A las 8.30 de la mañana del 9 de diciembre, Ney, acompañado del cura de Saint Sulpice, monta en un coche que le lleva hasta el vecino Observatorio. Allí, junto a la tapia, forma el pelotón de fusilamiento. Asisten como testigos varios oficiales de los ejércitos extranjeros que han ocupado Francia. Un oficial inglés cometerá una falta de respeto tras la ejecución, pero uno ruso que expresa su alegría será expulsado del Ejército por el zar Alejandro I, que apreciaba mucho a Ney.

El mariscal rehúsa que le venden los ojos, y a las 9 de la mañana el bravo de los bravos lanza su última bravata: “¡Camaradas, disparadme y apuntad bien!”.

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