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viernes, febrero 24

Cincuenta consejos (que da la ciencia) para vivir más y mejor

(Un artículo de Carlos Manuel Sánchez en la revista XLSemanal del 21 de junio de 2015)

A veces, los estudios científicos aportan datos contradictorios, así que hemos cruzado decenas de ellos para descubrir qué hay que hacer, de verdad, para tener una vida larga y activa. A veces, los estudios científicos aportan datos contradictorios, así que hemos cruzado decenas de ellos para descubrir qué hay que hacer, de verdad, para tener una vida larga y activa. Nos hemos centrado en dos indiscutibles. ‘The Longevity Project’, una investigación llevada a cabo durante 80 años sobre 1500 personas. Y otra sobre las comunidades centenarias del planeta, realizada por Dan Buettner, y cuya última entrega acaba de salir en los Estados Unidos.

NUTRICIÓN

1. Consuma “superalimentos. “El brócoli no solo es el plato favorito de Barack Obama (o eso dice Michelle). Es un “superalimento”, rico en antioxidantes, que repara los daños que provoca el oxígeno en el ADN. Le hacemos la lista de la compra con otros ‘superalimentos’ que no deberían faltar en su despensa: nueces (tres al día bastan, según la Universidad de Scranton, EE.UU.), manzanas, albaricoques, alcachofas, ajos, cebollas, plátanos, zanahorias, habichuelas, lentejas, judías verdes, mangos, aguacates, calabazas, espinacas, higos, boniatos, miel, chocolate negro, yogur... Y póngase morado a uvas moradas y ciruelas... Los alimentos púrpura son ricos en polifenoles, que mantienen las arterias limpias y protegen del alzhéimer (Robert Krikorian, Universidad de Cincinatti).

2. La dieta mediterránea nunca falla. La revista Time se ha hecho recientemente eco de un estudio del Hospital Clínic de Barcelona, dirigido por el doctor Emilio Ros, que demuestra que el aceite de oliva virgen no solo es bueno para el corazón, también para frenar el deterioro cognitivo.

3. La fruta, fuera del frigo. Así no pierde los betacarotenos (que el cuerpo metaboliza como vitamina A) y el licopeno (presente en tomates y sandías).

4. Coma poco muchas veces. Comer poca cantidad seis veces al día baja el colesterol (British Medical Journal) y reduce el riesgo de infarto entre un 10 y un 20 por ciento. Un truco: use platos pequeños. Otro: mastique bien.

5. No pase hambre. No hace falta, solo restringir las calorías. Olvídese de bebidas carbonatadas y azucaradas, beba agua. Y modérese con las patatas fritas de bolsa y otros aperitivos. Piense que 100 gramos de cacahuetes fritos contienen 600 calorías. tendría que correr una hora, nadar 80 minutos o caminar dos horas y media para quemarlas.

6. Más verdura y menos carne. Los vegetarianos viven más, sean veganos o incluyan pescado, leche o huevos en su dieta (Universidad de Loma Linda, California). Si come carne, mejor al corte (no procesada).

7. Una copa de vino tinto. Una copa diaria aporta flavonoides y resveratrol, buenos para las arterias y ralentizadores de los trastornos neurológicos. El café y el té, en dosis moderadas, también son beneficiosos.

SALUD E HIGIENE

8. En brazos de Morfeo. Lo mínimo que se debe dormir para que haya fases REM reparadoras son seis horas. Pero no remolonee. más de nueve horas eleva un 30 por ciento el riesgo de muerte prematura. Irse a la cama más temprano reduce la presión arterial en seis semanas (Harvard Business School).

9. Presión arterial. Una tensión de 12/8 o menor reduce el riesgo de ataque al corazón. Cuidado con la sal.

10. Dientes limpios, corazón sano. Cepillo, hilo dental y colutorio. Las bacterias que anidan en la boca son responsables de inflamaciones que, a la larga, pueden producir daños en las arterias, diabetes y alzhéimer (Universidad de Nueva York).

11. Lávese las manos. Con jabón líquido, mejor. las bacterias pueden vivir en las pastillas. Un estudio alemán señala que a mayor higiene, más anticuerpos.

12. Vigile su índice de masa corporal. Recuerde la fórmula. peso (en kilos) dividido por la altura al cuadrado (en metros). Cuando el resultado es mayor que 25, indica sobrepeso.

13. Mídase la cintura. Túmbese de espaldas. Si su barriga se aplana, la grasa es subcutánea. Tranquilo. Si se forma panza, la grasa ya está rodeando a sus vísceras. Malo mal...

14. Levante el trasero. Estar sentado menos de tres horas al día alarga la vida un par de años (BMJ Open). Si su trabajo no se lo permite, ponga una alarma y dé una vuelta o haga unos estiramientos cada hora. Cualquier actividad, por pequeña que sea, libera una proteína llamada BDNF que contribuye a la supervivencia de las neuronas.


15. Agáchese. Ponerse en cuclillas con la espalda recta y levantarse es un ejercicio muy efectivo. Fortalece las piernas, ayuda al equilibrio y a prevenir caídas. Las sentadillas son, además, excelentes para eliminar grasa abdominal.

16. Estírese. Haga yoga o pilates. Reduce la arteriosclerosis y baja el colesterol. O por lo menos estire. Con buenos estiramientos mejorará su postura, tanto sentado como caminando. Le dolerá menos la espalda y la llevará más recta.

17. Pasee con amigos. Una caminata, aunque sea solo de media hora, mantiene joven el cerebro y ralentiza la pérdida de memoria. Bastan diez kilómetros semanales (Jay Olshansky, Universidad de Illinois, EE.UU.). Además, mejora el equilibrio y la musculatura. Si es con amigos, mejor.

18. Haga ‘cacos’. Trotar durante cuarenta minutos, cinco días por semana, aumenta la esperanza de vida en cinco o seis años, según un estudio del Bispebjerg Hospital de Copenhague. Vaya poco a poco. Si no puede con su alma, haga ‘cacos’ (alterne caminar y correr suavemente).

19. Suba escaleras. La gente sedentaria que quiere mejorar su condición cardiaca y quemar grasas puede empezar por prescindir del ascensor (Universidad de Ginebra, Suiza) o caminar unos 5000 pasos más de los que acostumbra cada día (Universidad de Tennessee, EE.UU.).


20. A la pata coja. Estar sobre una sola pierna mientras se viste por la mañana obliga a su cuerpo a mantener el equilibrio y tonifica la región pélvica, la espalda y el abdomen. Reduce el riesgo de caídas y fracturas de cadera en el futuro.

21. Haga pesas, sin pasarse. Ayuda a recuperar masa muscular y densidad ósea (Miriam Nelson, Tufts University, EE.UU.). Practicando dos veces por semana, con muy poco peso y durante un año, se rejuvenecen 15 o 20 años en términos de masa muscular y densidad ósea recuperadas.

22. Sacrificios los justos. Nade, baile, lo que sea, pero haga algo que disfrute de verdad. Esto no va de sacrificarse. Si lo que hace no le gusta o le exige demasiado, abandonará.


23. No sea un ‘machaca’. Cuando se hace ejercicio, se producen microrroturas fibrilares. Son beneficiosas porque hacen que el músculo vaya cogiendo volumen. Pero hay que dejarlas cicatrizar. Y para ello se necesita descanso. No se ‘machaque’ todos los días.

ESTILO DE VIDA

24. Tenga un objetivo. En Okinawa (Japón), una de las comunidades más longevas, las personas tienen una palabra, ikigai, para designar la razón para levantarse de la cama cada mañana. Descubra la suya.

25. Sea concienzudo. La gente metódica vive más. Sea ordenado y constante.

26. Buenos hábitos. Los centenarios suelen tener rutinas estrictas toda su vida (Jay Olshansky, Universidad de Illinois).

27. Respire por una pajita. Aprenda a respirar desde la barriga. Ejercítese inhalando y soltando el aire lentamente, a través de una pajita. Su ritmo cardiaco se ralentizará.

28. Cante en la ducha. Unirse a un coro reduce el estrés, la depresión y las enfermedades coronarias (Univ. de Hull, Reino Unido). Y si su voz no da para un coro, cante en la ducha.

29. Cuide geranios. La jardinería combina ejercicio cardiovascular moderado con flexibilidad, resistencia y actividad muscular Una hora en el jardín equivale a un paseo de siete kilómetros.


30. No se jubile. Si su trabajo le da satisfacciones, vivirá más.

31. Adopte un perro. Lo obligará a pasear, lo que se traduce en un incremento de siete años en la esperanza de vida. Tener un perro mejora la frecuencia cardiaca (Universidad de Minnesota, EE.UU.), baja el estrés y levanta el ánimo.


32. Menos tele. Cada hora que acumule delante del televisor le restará 22 minutos a su de vida (Inst. Nacional del Cáncer, EE.UU.). 

PSIQUE
33. Salga de su zona de confort. Pruebe a escribir un rato con la mano izquierda (o con la derecha si es zurdo), ponga su cerebro bajo cierta presión. Igual que hay colesterol bueno, también hay cierto estrés bueno (llamado ‘eustrés’). Con el envejecimiento se necesita estimulación externa para darle un ‘meneo’ a las neuronas, según el gerontólogo Marios Kyriazis.


34. Olvídese. Llenar el cerebro de información superflua puede ser tan malo como no ejercitarlo. El neurólogo John Medina (Seattle Pacific University, EE.UU.) advierte que muchos problemas de memoria no están causados por el deterioro de las neuronas, sino por las dificultades del cerebro para bloquear el exceso de datos.

35 ‘Minivoto’ de silencio. Veinte minutos diarios en silencio, meditando o dejando la mente en blanco, sin móvil, reduce la ansiedad en un 25 por ciento (Universidad Thomas Jefferson, EE.UU.).

36. Crea en algo. Existen más de mil estudios que han encontrado un vínculo entre fe y longevidad. Que la vida tenga un sentido ayuda a gestionar el estrés y los problemas emocionales, es bueno para el corazón e incluso para la digestión Acudir a un servicio religioso cada semana alarga la esperanza de vida entre 1,8 y 3,1 años (Daniel Hall, Universidad de Pittsburgh).

37. Diga la verdad. Mentir aumenta el estrés, causa taquicardias, ralentiza la digestión y predispone a dolores de cabeza, garganta y articulaciones. Sea más sincero y su salud mejorará (Anita Kelly, Universidad de Notre Dame, EE.UU.).


38. Camas separadas. Si su pareja se mueve mucho cuando duerme, existe un 50 por ciento de posibilidades de que interrumpa su sueño (Universidad de Surrey, Reino Unido). Mejor, camas separadas. Si ronca, habitaciones separadas.

39. Sonría, por favor. Alarga la vida hasta siete años (Wayne State University, EE.UU.). La gente feliz mantiene, además, bajos los niveles de cortisol (la hormona del estrés), disminuyendo el riesgo de infarto, según un estudio de la revista Neurobiology of aging.

40. Ría a carcajadas. Veinte carcajadas diarias mantienen en forma el sistema inmunitario y estimulan la producción de linfocitos T, células que combaten el cáncer. Reírse hasta que duela la barriga, involucrando los músculos abdominales, baja la tensión arterial (Robert Provine, Universidad de Maryland, EE.UU.).


41. Quéjese menos. Los optimistas viven doce años más que los pesimistas (Clínica Mayo, EE.UU.).

42. Pase página. Los que viven más suelen ser menos neuróticos que el resto, no se ‘comen’ la cabeza. Gestionan bien las frustraciones (Robyn Richmond, Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia).

PAREJA Y AMIGOS
43. Diga ‘sí, quiero’. Los casados viven más que los solteros (Ilene Siegler, Universidad de Duke, EE.UU.).

44. Papis y mamis. El riesgo de morir prematuramente (por cáncer, cardio-patías o accidentes) de los hombres sin hijos es el doble en relación con los que son padres (Univ. de Aarhus, Dinamarca).

45. Amigos para siempre. La gente que tiene al menos seis amigos a los que ve con frecuencia es más feliz (Gretchen Rubin, Reino Unido). Sus niveles de dopamina y oxitocina son más altos, lo que frena el envejecimiento neuronal.


46. Dime con quién andas. Si sus amistades tienen sobrepeso, las posibilidades de que usted gane kilos aumentan un 171 por ciento (Nicholas Christakis, Universidad de Harvard, EE.UU.).

47. Cotillee. Veinte minutos diarios de cotilleo entre amigos aumenta los niveles de progesterona, una hormona que reduce la ansiedad (Universidad de Míchigan, EE.UU.).

48. Sexo. Un par de orgasmos semanales mejoran el ritmo cardiaco, alivian el estrés y añaden un par de años a la esperanza de vida (Universidad de Cardiff, Reino Unido).


49. Haga las paces. El 91 por ciento de los hombres de 50 años que no se llevan bien con sus padres acaban con tensión alta (Harvard Medical School).
50. No las guarde. Una discusión ocasional con su pareja es mejor que alimentar rencores (Univ. de Tennessee, EE.UU.).






 



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sábado, febrero 18

Johanna Van Gogh-Bonger, la mujer que sacó a Van Gogh de la oscuridad

(Un artículo de Fátima Uribarri en el XLSemanal del 26 de julio de 2015)

Era la mujer de Theo Van Gogh, el hermano de Vincent. A los 28 años se quedó viuda con un bebé y los lienzos de su cuñado. Decidió poner en valor aquella obra que parecía invendible. Recopiló lienzos, organizó exposiciones, publicó su correspondencia… Sin ella, Van Gogh  no sería el genio del arte que es hoy.

Theo ha muerto. Solo ha sobrevivido seis meses a Vincent. La vida perdió sentido sin su hermano del alma, al que siempre protegió y sostuvo. A Johanna -la viuda de Theo- le quedan un bebé de un año, un piso en París, 200 cuadros y 600 cartas.

Johanna Van Gogh-Bonger tiene 28 años, en 1891, cuando enviuda. Debe sacar adelante a su hijo, al que han llamado Vincent, como su tío el pintor Vincent Van Gogh. El artista ha sido una presencia constante en el año y medio que ha estado casada con Theodorus Van Gogh. Su marido le ha enviado dinero, se ha carteado con él, ha estado siempre pendiente de su hermano mayor, ese artista de carácter inestable al que Johanna apenas ha visto cuatro veces en su vida.

Johanna es una mujer instruida, ha sido profesora de inglés, es especialista en Percy Shelley, incluso trabajó en la biblioteca del Museo Británico antes de casarse con Theo. Es una mujer inteligente y decidida que se propone sacar adelante a su hijo. No es fácil: los lienzos que ha heredado no tienen valor. Ni siquiera Theo, que era marchante de arte, logró venderlos.

Johanna decide leer las cartas que Vincent escribió a Theo. Son muchísimas, más de 600. Descubre a un genio con una trayectoria llena de obstáculos.”Una victoria lograda después de toda una vida de trabajos y esfuerzos vale más que una victoria lograda más temprano” , escribe Vincent a Theo en 1878. Todavía puede lograrse una victoria, piensa Johanna, y se pone en marcha.

Se traslada a Bussum, a 25 kilómetros de Ámsterdam, porque le llegan noticias de que se va a implantar el descanso dominical, se da cuenta de que ese cambio dará lugar a un nuevo negocio, porque muchos trabajadores no sabrán cómo llenar esos domingos ociosos. Monta una casita de huéspedes en el campo, la decora con los cuadros heredados y comienza la gran tarea de su vida. recopilar la obra de Vincent Van Gogh para exponerla y darla a conocer al mundo; y traducir, ordenar y publicar la correspondencia entre los hermanos para que se conozca al genio y a su benefactor.

Cuadros invendibles

Johanna es la responsable de que Van Gogh sea reconocido hoy como uno de los grandes maestros de la pintura de todos los tiempos. Ella rescató su obra y la puso en valor. Le fue muy útil la experiencia de Theo como marchante de arte -vendió obras de Claude Monet y de Paul Gauguin-, aunque no fue capaz de vender la obra de su propio hermano: no le parecía ético involucrar en un asunto familiar a la empresa en la que trabajaba.

Johanna lee las cartas entre los hermanos y decide llevar a cabo la misión de conseguir que se aprecie el trabajo de su cuñado. Lo hace por Theo y por su hijo. “Tengo un objetivo en la vida -anotó en su diario-, pero me siento sola”.

Al principio la ayudaron los pintores Jan Verkade y Paul Sérusier y amigos de Vincent como Eugène Boch. Anna Boch, hermana de Eugène, había comprado uno de los tres únicos cuadros que Van Gogh vendió en vida. Anna, que también era pintora, adquirió en 1890 El viñedo rojo por 400 francos. Los otros cuadros vendidos por Vincent son Puente de Clichy, comprado por 250 francos, según consta en los libros de cuentas de la casa Boussod & Valadon, y un autorretrato adquirido por los marchantes londinenses Sulley & Lori.

Todas estas ventas son del final de su vida, una época de máxima producción. El artista falleció el 29 de julio de 1890 a consecuencia de las heridas de un disparo: parece que fue un suicidio, aunque hay quienes apuntan a un accidente. Los 30 meses anteriores a su muerte Vincent pintó hasta 500 obras, a veces incluso superponía unas sobre otras en una actividad frenética.

Primera exposición

Lo primero que hizo Johanna fue localizar cuadros y recuperarlos. Después se empeñó en mostrarlos. En febrero de 1892 organiza en Ámsterdam una exposición con dibujos de Vincent Van Gogh en la Asociación de Artistas. Fue un éxito. Johanna se maravilla de escuchar loas ante el trabajo de su cuñado, algo a lo que no estaba acostumbrada.

“Solo hay documentadas dos opiniones favorables a la obra de Van Gogh en vida del pintor” , cuenta Camilo Sánchez en La viuda de los Van Gogh, la novela que dedica a Johanna. Una alabanza la pronunció el pintor J. J. Isaacson en un seminario en Holanda, en 1888, y la otra la firmaba el poeta Albert Aurier en un artículo de Le Mercure de France, en 1890.

¿Nadie más se dio cuenta del talento de Van Gogh? "Johanna sabía que las obras eran buenas, y gente como Monet o Gauguin decían que Van Gogh era un genio, pero es normal que alguien con ese talento, que hacía cosas tan diferentes, tardara un tiempo en lograr el reconocimiento. La tarea de Johanna fue absolutamente crucial", explica Wouter Van Der Veen, autor del libro Van Goh in Auvers, his last days.

Fue Johanna quien llevó a cabo lo que Vincent (que había trabajado como marchante de arte antes de dedicarse solo a pintar) proponía a Theo en sus cartas: “Mostrar mucho, vender lo necesario y guardar las grandes piezas para que lleguen a los museos” , toda una estrategia de marketing.

Llora con las cartas
Johanna visita a importantes marchantes holandeses como Wisselingh, Buffa y Oldenzeel. Recopila cuadros y selecciona los que llevará a la próxima exposición. Y lee las cartas entre los hermanos. Descubre una ternura infinita entre ellos, lo cuenta en su diario. “Cómo se entendieron, cómo dependió Vincent de Theo” , dice Johanna. A menudo las lee llorando.

Consigue una nueva muestra, en Róterdam y aparecen dos artículos muy favorables en la Nieuwe Rotterdamse Courant. Johanna está emocionada. Visita la muestra, pero le pone pegas. “Los marcos son feos, no son adecuados”, apunta en su diario. Pero el marchante Oldenzeel promete una nueva exposición  para otoño… y “entonces puede ser magnífica” , escribe Johanna, esperanzada.

Continúa cuidando su casa de huéspedes y a su niño y trabajando con la correspondencia. También recibe visitas de su suegra, la señora Van Gogh, porque quiere saberlo todo de la vida de su marido y su cuñado.

Inaugura una nueva exposición en La Haya. Johanna no está contenta: acude mucho público, pero la mayoría va a ver obras de otro pintor: Jozef Israëls. “Vincent quiso pintar cosas imposibles, como el Sol", reflexiona Johanna buscando una explicación. Le da rabia, además, que no hayan colgado las mejores obras de Vincent. Se sintió muy sola en mitad de aquella multitud. Estoy planeando preparar una exposición con toda la obra de Vincent. Alguna vez esto tendrá que hacerse”, apunta Johanna

Hay quienes se ríen

Incansable, continuó con las exposiciones: en 1901 se mostraron 71 Van Goghs en París, la gran exposición de Ámsterdam llegó en 1905; en Londres, en 1910 se mostraron obras de Van Gogh en una exposición sobre posimpresionistas en la que “todavía hubo quienes se rieron de sus obras” , ha comentado Vincent Willem Van Gogh, el hijo de Johanna. A Colonia llegaron sus obras en 1912; a Nueva York, en 1913; a Berlín, en 1914…

Pero no fue fácil. En 1905 ha contado el hijo de Johanna que el Rijksmuseum de Ámsterdam solo consentía en colgar en sus paredes dos dibujos de Vincent si se los regalaban. El primer museo en adquirir obras de Van Gogh para su colección fue el Folkwang de Hagen en Alemania, en 1936.

Johanna se casó en 1901 con el pintor Johan Cohen Gosschalk, del que enviudó en 1912. Fue una mujer muy activa. Se afilió al partido socialista, vivió en Ámsterdam, pasó una temporada en Nueva York, tradujo las cartas de los hermanos Van Gogh al inglés y en 1914 consiguió publicarlas en Holanda.

Murió en 1925. “Alcanzó a ver la segunda edición de las cartas, todo un éxito en un país tan pequeño”, ha recordado su hijo. Las cartas fueron para ella el motor de la salvación de la obra de Van Gogh. “Cuando las leyó, comprendió la relación entre Theo y Vincent y el talento de su cuñado”, dice Camilo Sánchez. “El mundo del arte le debe muchísimo a Johanna, su tarea fue muy difícil para una mujer en aquella época y, además, sola” , añade.

- Anna Boch - Compró El viñedo rojo y obras a otros impresionistas a los que quiso ayudar. Como mecenas fue muy generosa. Su familia era dueña de la fábrica de cerámica Villeroy & Boch.

- Fracaso en vida - En 1890, el año de su muerte, Van Gogh logró vender su primer cuadro: El viñedo rojo. Cien años después, un cuadro suyo batía records de precio.

- Siempre juntos - Theo era cuatro años menor que Vincent, pero siempre cuidó de él. Theo murió sólo seis meses después de Vincent. Johanna se ocupó de que los enterraran uno al lado de otro.

- De buena familia - Johanna Bonger se crió en una familia holandesa acomodada. Conoció a Theo porque era amigo de uno de sus hermanos.

- Cariño epistolar - Las cartas a Theo son la principal fuente de información sobre el pintor. la temporada en la que ambos vivieron juntos en París es la menos documentada de la vida del artista.

- Hermano del alma - Theo fue asesor, confidente y sostén económico de Vincent. Los hermanos convivieron, trabajaron juntos un tiempo y se cartearon durante 20 años. Vincent murió en los brazos de Theo.

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domingo, febrero 12

“Asilo inviolable” para los perseguidos



(Un texto de Luis Reyes en la revista Tiempo del 23 de marzo de 2016)

Frontera hispano-francesa, 7 de abril de 1823. Comienza la invasión extranjera para reimplantar el absolutismo.

Los Cien Mil Hijos de San Luis al invadir España y chocar con la primera resistencia creyeron que, en vez de cruzar el Bidasoa, habían entrado en un túnel del tiempo. Como si fantasmas del pasado hubieran acudido a defender la Revolución, la primera unidad que combatió a los invasores era de granaderos de la Vieja Guardia de Napoleón, con sus famosos gorros de pelo y la bandera tricolor de la República Francesa. En realidad se trataba de un puñado de exilados franceses e italianos de los muchos miles que se habían refugiado en España y tomado armas para combatir la reacción.

Las Cortes habían promulgado una ley en 1820 haciendo de España “asilo inviolable” para los “perseguidos por opiniones políticas”. Durante el siglo XIX y buena parte del XX España exportó exilados políticos, pero en el breve periodo del Trienio Liberal fue al revés, acogió a millares de refugiados ideológicos. En el número anterior (1.739) vimos cómo la Revolución Española provocó la emulación en Europa, pero tanto las revoluciones de Italia como los pronunciamientos en Francia fracasaron, y sus protagonistas buscaron en España el refugio y la esperanza de volver a intentarlo.

Quinientos pasaportes para militares revolucionarios piamonteses expidió el cónsul español en Génova, por citar un ejemplo concreto, cuando el Ejército austriaco cumplió en Italia el mismo papel que los Cien Mil Hijos de San Luis en España. De Nápoles fueron millares los huidos que se acogieron a la ley de asilo española, incluido el famoso general Guglielmo Pepe, que ya había estado en España como invasor con José I, pero que ahora se acogía a la protección de las Cortes para continuar una actividad revolucionaria que le llevaría a ser una de las figuras del Risorgimento italiano.

¿Y qué decir de Francia? Del vecino país llegaba una oleada de exilados cada vez que fracasaba un pronunciamiento a la española, o una conspiración liberal, republicana o bonapartista. Ya a mediados de 1820 había venido a Madrid una delegación de la Carbonería francesa, la sociedad secreta revolucionaria, para pedir a las Cortes ayuda en sus proyectos insurreccionales, porque una característica de los refugiados galos era que, dada la vecindad de los países, no buscaban solamente asilo, sino una base desde la que actuar contra la monarquía de Francia.

El ministro del Interior francés informó a los prefectos (gobernadores) de todos los departamentos meridionales de una posible invasión desde España, en julio de 1822. No eran fantasías, existía un plan republicano-bonapartista –Napoleón acababa de fallecer– para cruzar los Pirineos y marchar sobre París, con la esperanza de que las guarniciones militares se les fueran uniendo, movidas por el deseo de libertad y por la nostalgia de las grandezas de la época napoleónica, como había sucedido en los Cien Días, cuando Napoleón desembarcó en Provenza con un puñado de hombres y tenía tras de sí a todo el Ejército francés al llegar a París.

Conspiraciones
Otro plan alternativo se puso en marcha desde el momento en que el Gobierno de París desplegó el Ejército de Observación a lo largo de la frontera con España, pues los exilados franceses comenzaron a enviar infiltrados para sembrar la subversión entre esas tropas. En 1820 Riego y los otros oficiales conjurados habían logrado que el Ejército español listo para ir a América a luchar contra los independentistas, se pronunciase y volviera sus armas contra el Gobierno absolutista. Los refugiados franceses pensaban que era posible repetir esa suerte con el Ejército de Observación.

Mientras tanto, la reacción no estaba de brazos cruzados, desde 1821 habían aparecido las “partidas realistas”, guerrillas antiliberales dirigidas en algunos casos por curas o frailes, como Antonio Marañón, el Trapense, famoso por su crueldad. El epicentro de las partidas estaba en el norte de Cataluña, y en agosto de 1822, tras la toma de la Seo de Urgel por los realistas, se formó allí la Regencia de Urgel, un pretendido Gobierno paralelo absolutista presidido por el marqués de Mataflorida, e integrado por el arzobispo de Tarragona y un aristócrata catalán.

Los guerrilleros realistas eran gentes de armas tomar, tenían la experiencia de la Guerra de Independencia y el fanatismo de la religión, y fueron una amenaza seria contra el régimen liberal. De forma natural, los refugiados políticos, en gran número militares, se ofrecieron para luchar contra las partidas realistas y se integraron en las milicias liberales, marchando a cientos contra la Regencia de Urgel. Alcalá Galiano, uno de los compañeros del pronunciamiento de Riego, incluso propuso en las Cortes la creación de un cuerpo formado por los exilados.

Las partidas solas no habrían podido derribar al Gobierno liberal, como no lo conseguirían en las tres Guerras Carlistas que vendrían luego, pero el absolutismo europeo se hizo cargo de su causa. Las potencias continentales habían formado la Santa Alianza y tenían los mismos planes que los exilados, pero en sentido inverso, es decir, invadir España desde Francia. En la apertura de las Cámaras francesas de enero de 1823, el rey Luis XVIII pronunció las famosas palabras que darían nombre a la operación: “Cien mil franceses están dispuestos a marchar, invocando al Dios de San Luis, para conservar en el trono de España a un nieto de Enrique IV [el primer rey Borbón, antepasado de Fernando VII]”.

La invasión hizo más necesaria la movilización de los refugiados y a los pocos días de producirse, las Cortes aprobaron la creación de una Legión Liberal Extranjera en cada uno de los Ejércitos de Operaciones que se oponían a los Hijos de San Luis. Eran el precedente de las Brigadas Internacionales de la Guerra Civil, y también se produjo un efecto de llamada a los defensores de la libertad de cualquier país.

No había ingleses entre los refugiados políticos en España, pero en ese momento se alistaron voluntarios en Inglaterra encabezados por el general Robert Wilson, que había combatido en España contra Napoleón y ahora era un diputado radical en los Comunes. Aquellos británicos vinieron a España a defender la Constitución de Cádiz frente a los Cien Mil Hijos de San Luis porque, como escribió en general Wilson, “la batalla por el derecho de las naciones a cambiar sus Gobiernos se inicia en el suelo español”. 

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lunes, febrero 6

Hombres de Caravaggio



(Un texto de Vicente Molina Foix en la revista Tiempo del 1 de julio de 2016)

Muchos hombres fueron detrás de Caravaggio a lo largo del siglo XVII, aunque también le siguió una mujer, una gran pintora, Artemisia Gentileschi, hija de otro excelente artista, Orazio, que tuvo el privilegio de tratar de cerca en Roma al maestro, trasmitiéndole a Artemisia las enseñanzas del dramático frenesí y el naturalismo descarnado que son la marca del nacido como Michelangelo Merisi, y llamado, por el pueblo de origen de sus padres, Caravaggio. 

Muchos hombres fueron detrás de Caravaggio a lo largo del siglo XVII, aunque también le siguió una mujer, una gran pintora, Artemisia Gentileschi, hija de otro excelente artista, Orazio, que tuvo el privilegio de tratar de cerca en Roma al maestro, trasmitiéndole a Artemisia las enseñanzas del dramático frenesí y el naturalismo descarnado que son la marca del nacido como Michelangelo Merisi, y llamado, por el pueblo de origen de sus padres, Caravaggio. Ni Orazio ni Artemisia figuran, naturalmente, en la deslumbrante, imprescindible exposición del museo Thyssen-Bornemisza de Madrid (abierta hasta el 18 de septiembre), porque su comisario ha tenido la buena idea de agrupar, al lado de una magnífica docena de telas de Caravaggio, a aquellos que se conoce en la historia del arte como “caravaggistas del Norte”, procedentes en su mayoría de Holanda (y muy concretamente de Utrecht), de Bélgica, Alemania y Francia. Queda pues sin explorar en esta ocasión la rama Sur, en la que, junto a los Gentileschi y otros notables pintores italianos encontraríamos a Georges de La Tour, recientemente homenajeado en el Prado, y al valenciano Ribera, sin duda el más genial de todos.

En las paredes del Thyssen, que cuenta en su colección permanente con al menos cuatro de los mejores cuadros ahora reunidos, asistimos al nacimiento de un ismo del siglo XVII, después muy extendido y perdurable, hasta finales del XVIII (por ejemplo en la obra del extraordinario pintor inglés Joseph Wright de Derby). La parte esencial de estos pintores del Norte aquí seleccionados se concentra en torno a los nombres de los artistas de Utrecht, Hendrick ter Brugghen, Dirck van Baburen y sobre todo Gerhard von Honthorst, a quien en Italia, donde residió, le llamaban “Gerardo delle Notti”, por su preferencia por las sombrías iluminaciones nocturnas.

Quizá la obra más fascinante de estos discípulos de Caravaggio sea la llamada Alegre compañía con tañedor de laúd, que llega a Madrid desde la galería Uffizi de Florencia. Se trata de un cuadro festivo e inquietante: un grupo de hombres y mujeres jóvenes bebiendo, sonriendo y celebrando una fiesta, mientras que en el extremo superior derecho del lienzo, una ceremonia difícil de descifrar, con un hombre que se deja meter un alimento en la boca ante la risa de una anciana pícara; las interpretaciones que se le dan varían, aunque la más sensata apunta a la representación de la gula en un contexto de placeres.

Destaca también por su calidad pictórica otro cuadro del contingente holandés, Esaú vendiendo su primogenitura, obra de Ter Brugghen con una originalísima colocación de miradas y luces indirectas. Sin olvidar, en este conglomerado de europeos unidos por Caravaggio, a dos magníficos franceses, Nicolas Régnier, autor de un doble autorretrato muy llamativo, y Valentin de Boulogne y su David con la cabeza de Goliat, en el que este pintor nacido en Coulommiers y establecido hasta su muerte en Roma, da a un tema muy del maestro un sesgo psicológico propio en la figura de David, que parece un héroe romántico o, si lo miramos con ojos de hoy, un rebelde indignado a pecho descubierto. 

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