Cuéntame un cuento...

...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..

jueves, junio 29

¿Stalin murió asesinado?

(Un texto de José Segovia en el XLSemanal del 18 de octubre de 2015)

La versión oficial siempre sostuvo que el dictador soviético sufrió un ataque cerebrovascular en su dacha campestre en Kúntsevo la noche del 28 de febrero de 1953.

Estaba solo en su dormitorio. Intentó pedir ayuda, pero no pudo articular palabra ni tampoco moverse. Había sufrido una hemorragia masiva en el lado izquierdo del cerebro. Se encontraba consciente, aunque inmóvil, tirado en el suelo. Horas antes, Stalin había estado bebiendo con Malenkov, Lavrenti Beria, Nikita Jrushchov y Bulganin. Al menos, eso fue lo que dijeron los que lo acompañaron horas antes de su fallecimiento.

Tras una noche de vodka y risas, los invitados lo dejaron solo, muy borracho, pero aparentemente bien. El 1 de marzo, al mediodía, el líder soviético seguía en su dormitorio, sin dar señales de vida. Los guardianes de la dacha comenzaron a inquietarse. Habían recibido órdenes terminantes de no molestar al líder soviético.

Cerca de las diez de la noche llegó un paquete para Stalin del Comité Central en Moscú, lo que animó a uno de los guardias a entrar en el dormitorio prohibido, donde encontró al Padre de la Patria tirado en el suelo. Beria y otros miembros del Presidium, que sabían que habían perdido el favor del líder soviético, no se dieron prisa en procurarle asistencia médica. Mientras el ‘jefe’ agonizaba, ellos medraron en el Kremlin para dejar atada la sucesión. A las diez menos diez de la mañana del 5 de marzo de 1953, el Líder de Acero dejó escapar su último aliento.

En 2003, un grupo de historiadores ruso-estadounidenses afirmaron que la muerte de Stalin fue causada por una dosis letal de warfarina, un medicamento anticoagulante para prevenir la formación de trombos y embolias que también se utiliza como un matarratas insípido, capaz de causar apoplejía a la persona que lo ingiere. Sin duda, uno de los grandes beneficiarios de la muerte de Stalin era el siniestro Beria, que temía ser eliminado en una purga.

En 2008, cuando se cumplían 55 años de la muerte de Stalin, el jefe del Archivo Estatal de Rusia, Vladimir Kozlov, calificó de falacias las suposiciones de que el dirigente soviético hubiera sido envenenado. Existen documentos oficiales que reflejan su estado desde el momento del ataque apopléjico hasta su muerte , declaró airado. Pero algunos historiadores insisten en que esos documentos fueron manipulados.

Un dato a tener en cuenta

El catedrático de Historia de la Universidad de Yale Jonathan Brent afirma que Stalin fue envenenado por Beria, quien poco después de su muerte dijo ante el Politburó: "Yo lo maté, lo maté y os salvé a todos".

Traición en el Kremlin

Otra teoría sobre la muerte de Stalin hace referencia a un complot en el que participó Jrushchov, según apunta Iakov Dzhugashvili, bisnieto del dictador soviético, que ha pedido al presidente Putin que investigue esa nueva posibilidad.

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martes, junio 27

A cada guerra, su droga

(Extraído de un texto de Judy Clarke en el XLSemanal del 18 de octubre de 2015)

La relación entre las drogas y los soldados es tan vieja como la guerra. Los combatientes han tomado estimulantes, casi siempre facilitados por el propio Ejército para mejorar su rendimiento.

Primera Guerra Mundial. Potasio y magnesio

En las terribles trincheras de la Primera Guerra Mundial, los soldados se inyectaban sustancias para seguir concentrados y sobrevivir al hambre. Si eran afortunados, la composición de lo que consumían contenía cocaína, pero en la mayoría los casos era una combinación de magnesio y potasio que se llamaba nevrostenina y que les era facilitada por el propio Ejército.


Segunda guerra mundial, la droga de la euforia

Ambos bandos dieron anfetaminas a sus soldados. Además de mantenerlos en alerta, les quitaba el hambre. Los nazis, que tomaban pervitina con asiduidad, experimentaron con más sustancias. Buscaban la droga mágica que hiciese a sus soldados imbatibles. DI-X era una píldora que combinaba cocaína, metanfetamina y un opiáceo que probaron en campos de concentración. La guerra acabó antes de que los soldados pudiesen tomarla.

Que los soldados de la Wehrmacht, sobre todo los oficiales, consumieron millones de pastillas de pervitina en la guerra está ampliamente documentado. Desarrollada en 1937 por un químico alemán, pasó a ser de consumo popular gracias a una campaña de publicidad. Su principio activo es la metanfetamina. Eso sí, en una dosis baja.

Ohler ha estudiado el diario de guerra de Otto Ranke, un profesor de Fisiología en Berlín y ferviente partidario de la pervitina, de la que llevó grandes cantidades al frente. Las campañas contra Polonia y Francia parecieron confirmar la eficacia de este estimulante. “Euforia, aumento de la capacidad de atención, evidente mejora del rendimiento” , apuntó un soldado de la Tercera División Panzer.

Es incuestionable que miles de soldados alemanes tomaron pervitina. Pero los otros ejércitos también recurrían al consumo de anfetaminas, así que no es fácil determinar su eficacia real en el campo de batalla para decidir la victoria.

El uso de la pervitina, cree Ohler, resultó especialmente eficaz en la guerra relámpago lanzada contra Francia en 1940. La explicación habitual del éxito de la estrategia es que los alemanes lanzaron sus ataques en lugares inesperados. Para Ohler, la explicación real se encuentra en la pervitina.

La Guerra Fría. Dexedrina

El Ejército americano optó por dar dexedrina a sus soldados durante la Guerra Fría. Es un tipo de anfetamina que aumenta la concentración y que ahora se usa como medicación contra la hiperactividad. El uso de dexedrina en el Ejército americano ha sido muy polémico porque la tomaban los pilotos que llevaban armas nucleares. Según una denuncia de 2003, negada por el Ejército, los pilotos la seguían tomando.

Vietnam. Marihuana y heroína

Las tropas en Vietnam tomaron de todo: bebieron grandes cantidades de alcohol, fumaron ingentes cantidades de marihuana y se inyectaban heroína. El 45 por ciento de los soldados americanos consumieron algún tipo de droga ilegal, según el Departamento de Defensa. Más del 30 por ciento probó la heroína. Según Defensa, la mayoría lo dejó al regresar del frente.

Afganistán e Irak. Ritalin

Los soldados en las guerras de Afganistán e Irak toman píldoras por prescripción médica para combatir el dolor físico y psíquico. The New York Times se preguntaba en 2012: «¿Por qué estamos drogando a nuestros soldados?», en una denuncia sobre este consumo de analgésicos que, además, no solo toman en el frente. Siguen medicados con Ritalin y Percocet mucho después de su regreso a casa.


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domingo, junio 25

Nutrientes contra las cefaleas

(Un texto de A. Paris en la revista Mujer de hoy del 3 de octubre de 2015)

Adios al chocolate

"Las aminas biógenas son compuestos que favorecen, e incluso provocan, la migraña en personas susceptibles. Alimentos como el chocolate o las conservas de pescado cuentan con una alta concentración de aminas, por eso se recomienda evitarlos", explica la dra Mª Isabel Heraso, jefa de la Unidad del Dolor del Hospital San Francisco de Asís y autora de "Vivir bien sin dolor de cabeza".

Vitamina C

Actua como un analgésico natural y puede inhibir la síntesis de las prostanglandinas responsables del dolor. La encontrarás en kiwis, cítricos y tomates.

Vitamina B2

Un ensayo clínico de la Universidad de Berlín comprobó que los pacientes que tomaban 400mg/dia de esta vitamina  reducían la frecuencia de sus dolores de cabeza. Alimentos ricos en ella son la leche, la carne y los cereales integrales.

Ácidos grasos insaturados

Reducen la agregación plaquetaria y la inflamación, dos mecanismos de inicio de la migraña. Para no perdértelos, introduce en tu dieta aceites de semillas, pescados azules y frutos secos, especialmente nueces y almendras.

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viernes, junio 23

Descifrando las ecuaciones del amor

(Un texto de Carlos Manuel Sánchez en el XLSemanal del 12 de julio de 2015)

¿Existe su media naranja? ¿Cómo lograr que dure una relación? Todas sus dudas, resumidas en fórmulas matemáticas.¿Qué posibilidades tiene cualquiera de encontrar el amor? ¿Cuál es el momento para comprometerse? ¿Cómo sabemos que la relación durará? ¿Es mejor llamar o esperar a que te llamen? Los matemáticos se han lanzado a buscar el algoritmo perfecto para encontrar el amor y, entretanto, han hallado divertidas e interesantes respuestas.

Elegir pareja es una de las decisiones más importantes de nuestras vidas. Buena parte de nuestra felicidad depende de que conquistemos a la persona adecuada (o nos conquiste ella).

¿Las matemáticas nos pueden ayudar a no meter la pata? La investigadora británica Hannah Fry así lo cree: “Las emociones humanas no están tan ordenadas, ni son tan racionales ni predecibles. Pero eso no significa que las matemáticas no tengan nada que ofrecer, porque el amor -como la vida- está lleno de patrones. Y una parte sustancial de las matemáticas se dedica al estudio de patrones. Modelos que predicen desde el clima hasta las fluctuaciones en la Bolsa, pasando por el movimiento de los planetas o el crecimiento de las ciudades. Y ninguno de estos ejemplos es perfectamente ordenado ni fácilmente predecible”, explica Fry.

Elegir implica probabilidad. Y la probabilidad es algo con lo que los matemáticos están familiarizados. Cuando alguien coquetea contigo en una fiesta, le da igual que seas tan guapo como George Clooney o Heidi Klum. Está tomando una decisión basada en las opciones disponibles en ese momento. Esas opciones se pueden definir con ecuaciones. Y existe toda una parcela de las matemáticas que se ocupa de ello: la teoría de la elección discreta. Somos (o creemos ser) libres, pero hay una cuantas reglas matemáticas que obedecemos. Y esas reglas son sorprendentemente fáciles de manipular. O como expone el economista Dan Ariely: “Somos irracionalmente predecibles”.

Tan predecibles como que a todos nos atrae la belleza. Y, sin embargo, no es el rasgo más importante que buscaríamos en nuestra pareja. Compromiso, confianza, apoyo incondicional, capacidad de proveer por nuestro bienestar y, eventualmente, el de nuestra familia... Todas estas cualidades son decisivas.

“Sin embargo, ¿por qué lo primero que nos atrae son unos labios carnosos o unos bíceps potentes?”, se pregunta Fry. “¿Qué aporta una cara bonita cuando hay que cambiar los pañales del bebé a las cuatro de la mañana, o dentro de cincuenta años, cuando nuestra pareja tenga que reemplazar la bolsa de nuestro catéter? Y, sin embargo, algo tan efímero como la belleza nos obsesiona desde los albores de la civilización”.

En busca del algoritmo perfecto

Que guapos y guapas nos atraigan tiene que ver con la simetría facial y corporal, que garantiza un sistema inmunitario robusto y que no hay mutaciones desagradables en el genoma. Fertilidad sin sobresaltos. Eso lo detectamos casi inconscientemente. Es la psicología evolutiva de la humanidad en su conjunto, impresa en nuestra psique desde las cavernas, la que decide por nosotros.

Pero los tiempos han cambiado desde la Prehistoria, y para los matemáticos un cambio fundamental es Internet. No solo porque una de cada tres parejas ya se conoce on-line, sino por todo el acervo de datos personales que se pueden contabilizar en los sitios de citas. “Estamos cerca, pero no existe aún el algoritmo perfecto que garantice la compatibilidad de dos personas, porque muchas veces no sabemos lo que queremos hasta que lo tenemos delante”, reconoce Fry. “Lo que más me llama la atención de Internet es que lo atractivo que seas no define tu popularidad, y, de hecho, que haya gente que piense que eres feo puede jugar a tu favor. Uno debe explotar lo que realmente lo hace diferente”.

Las matemáticas del amor

Hannah Fry es profesora de Matemáticas en el University College de Londres. Investiga modelos de comportamiento humano con un grupo de físicos, matemáticos, ingenieros informáticos. Publicó The mathematics of love (‘Las matemáticas del amor’), editado por TED, libro que detalla estrategias y patrones matemáticos para encontrar pareja y conservarla. Lea y haga cuentas.

¿Existe mi media naranja?

Es difícil de encontrar. Pero no imposible. La ecuación de Drake tiene la respuesta.

Un joven matemático inglés, el profesor Backus, tras años de total sequía amatoria, decidió buscarle una explicación al porqué de dicha catástrofe. Y alcanzó la fama con su trabajo titulado ¿Por qué no tengo novia? Backus aplica la ecuación de Drake, que sirve para calcular si hay vida extraterrestre en nuestra galaxia. Se trata de trocear un problema complejo en un montón de cuestiones más pequeñas. Puedes equivocarte al responder alguna, pero esos pequeños errores tienden a compensarse unos con otros y, al final, la respuesta se aproximará mucho a la verdad. Backus circunscribe su búsqueda del amor a las mujeres solteras en el Reino Unido. La siguiente condición es que vivan en Londres. Que estén en una franja de edad similar a la suya, que tengan título universitario, que le caigan bien, que sean atractivas (exquisito él, calcula que solo una de cada diez le gustaría) y que, recíprocamente, le encuentren atractivo.

El resultado es un pelín descorazonador para Backus: solo 26 mujeres en el mundo cumplirían esos requisitos. Lo que arroja una posibilidad de encontrar a su media naranja de una entre 285.000... Vamos, que es más probable encontrar vida inteligente en la Vía Láctea, pues la ecuación de Drake señala que 10.000 planetas cumplen las condiciones necesarias. Si Backus fuera menos exigente (por ejemplo, si incluyera en su búsqueda a mujeres sin título, o presuponiendo que encontrará guapas a más del diez por ciento de las candidatas), sus posibilidades aumentarían. Por si sirve de acicate, Backus, a pesar de ser tan tiquismiquis, se echó novia y se casó después de publicar su investigación.

Efecto señuelo

Si esta noche sale a buscar pareja, siga las leyes del ‘marketing’.Cuando A le tira los tejos a B en una fiesta, lo hace teniendo en cuenta las opciones disponibles en ese momento (C, D, E...) y comparando. Fácil, ¿no? Pues no tanto. Comparar magnitudes se les da bien a los matemáticos, pero no al resto de los mortales. Y, además, la belleza o la simpatía tampoco son fáciles de medir. Y pueden ponerle trampas. Un viejo truco, explotado por el marketing, es el efecto señuelo. Se trata de presentar una alternativa irrelevante para embaucar al comprador y que elija lo que queremos. Imagine un lineal del supermercado.

El cubo de helado de 1 litro vale 10 euros. La tarrina de medio litro, 4. Los clientes elegirán la tarrina porque es más barata. Pero si añadimos una opción trampa la cosa se lía. Por ejemplo, un cubo de 0,75 litros por 9 Muchos picarán el anzuelo y se llevarán el cubo de 1 litro porque comparado con el de 0,75 es más barato, aunque el de medio litro siga siendo la mejor opción. Recuerde: la mente prefiere hacer comparaciones que requieran poco esfuerzo. En el caso del amor, una idea es ir a la fiesta con alguien parecido a nosotros, pero más feo o aburrido, eso potenciará nuestro atractivo.

Más le vale tomar la iniciativa

Aumente sus posibilidades de éxito según el algoritmo de Gale-Shapley.

Tenemos más posibilidades de emparejarnos con la persona que nos gusta si nos tiramos a la piscina. Puede que no tenga agua y nos demos un coscorrón en nuestro amor propio. Pero es más inteligente que esperar a que el objeto de nuestros anhelos se fije en nosotros. La razón es el algoritmo de Gale-Shapley, que premia a los lanzados y castiga a los que prefieren verlas venir.... Este algoritmo se aplica en economía. El Premio Nobel Alvin Roth lo lleva a los mercados imperfectos, donde hay varios candidatos que aspiran a un mismo bien. Roth perfeccionó el método para los procesos de selección de las universidades. En el mercado del amor, las cosas no son muy diferentes. Vamos eligiendo y descartando opciones en sucesivas rondas. Hay dos grupos de personas. Las que eligen, por un lado, y las que aceptan o rechazan esa elección, por el otro. Compradores y vendedores.

Así se van formando parejas. Pero con cada ronda van quedando menos opciones. Pues bien, los que eligen (compradores) siempre conseguirán la mejor opción posible. Puede que no sea su primera opción si les dan calabazas... Pero será la más asequible entre las mejores. Los que son elegidos (vendedores), o sea, los que esperan, suelen acabar con la menos mala... de las peores.

La primera cita

La teoría de juegos analiza cómo optimizar las posibilidades de éxito masculinas.

La teoría de juegos pretende descubrir cuál será nuestro comportamiento teniendo en cuenta la recompensa que esperamos recibir y la conducta de los otros jugadores. Esto da lugar a curiosos experimentos. Por ejemplo, Peter Sozou y Robert Seymour -dos matemáticos muy listos, pero algo machistas- presuponen que, en la primera cita, el hombre solo busca sexo y las mujeres, compromiso. Y plantean que la mejor táctica masculina para lograr su objetivo no es hacer un regalo caro (como mucho, flores).

Es mejor dar una buena propina en el restaurante. Es la misma política de las grandes empresas que poseen oficinas suntuosas. O que los machos de muchas especies de pájaros, dotados de plumajes coloridos. Ostentar para impresionar y dar a entender que se puede ser un buen proveedor, llegado el caso, pero sin adelantar nada. En esta guerra, la contabilidad de las ‘éxitos’ también es diferente según el bando. Cuando las mujeres cuentan las parejas sexuales que han tenido, hacen un recuento pormenorizado, citando incluso a sus amantes por su nombre. Es un método bastante exacto, pero tiende a subestimar el resultado si se les olvida alguien... Los hombres, por el contrario, redondean al alza, tienden a inflar las cuentas.

En la cama

¿Es usted un supernodo? Descúbralo aplicando la ley potencial o mirando su agenda de contactos.

Muchas cosas pueden suceder cuando dos personas tienen sexo por primera vez: que empiece una nueva vida o una nueva infección; que lo disfruten o se arrepientan... Pero matemáticamente solo ocurre una cosa relevante: se crea una conexión en una red imaginaria. Una conexión de doble sentido. Pues ambas personas añadirán el nuevo vínculo al número total de parejas sexuales que hayan tenido. La mayoría de la gente solo tiene unas pocas parejas a lo largo de sus vidas. Pero hay unas pocas personas que tienen muchas.

El número total de parejas sexuales de una persona sigue una distribución llamada ‘ley potencial’. Este tipo de distribución crea conexiones que los matemáticos han bautizado como ‘red libre de escala’. En este tipo de redes, algunos nodos están altamente conectados, es decir, poseen un gran número de enlaces a otros nodos, aunque el grado de conexión del resto es bastante bajo. Sucede también en las redes de carreteras, pues la mayoría de las carreteras llegan a unas pocas ciudades muy grandes, mientras que de la mayoría de ciudades pequeñas y pueblos salen pocas. Lo mismo es válido para las rutas marítimas y aéreas, unos pocos puertos y aeropuertos acumulan mucho tráfico, en detrimento de los demás. También las redes neuronales funcionan así.

Las personas con muchas parejas serían supernodos. Cuanto más éxito tiene alguien en sus conquistas sexuales, más probabilidades hay de que siga acumulando muescas en la culata. Por eso identificar a los supernodos es tan importante a la hora de frenar una epidemia. Si un supernodo no toma las precauciones apropiadas, es más vulnerable a contraer la enfermedad y, sobre todo, a propagarla.

Los cuernos

Piense en el dilema del prisionero antes de lanzarse.

La infidelidad es una mala estrategia que perjudica tanto a la persona que lleva los cuernos como a la que los pone. Por lo menos, eso dicen los matemáticos que aplican el famoso dilema del prisionero. ¿Lo recuerdan? La Policía arresta a dos sospechosos. Son interrogados por separado y se les ofrece el mismo trato. Si uno confiesa y el otro no, el primero queda en libertad y el cómplice es condenado a diez años. Si ambos confiesan, serán condenados a seis años. Y si ambos lo niegan, solo a un año. ¿Qué hacer? Robert Axelrod estudió una variante que denomina ‘dilema del prisionero iterado’. Aquí se juega repetidamente, por lo que, cuando se repite el juego, se ofrece a cada jugador la oportunidad de castigar al otro jugador por la no cooperación en juegos anteriores. Demostró que las estrategias egoístas son peores a la larga. El riesgo de que se pierda la confianza mutua y que la relación se trunque no compensa las canas al aire. La cooperación funciona, del mismo modo que una escapada de dos ciclistas. Si ninguno hace un esfuerzo para permanecer delante y quitarle el viento al otro, el pelotón los alcanzará. Si uno de los dos solo pretende chupar rueda, el otro acabará cansándose de hacer el primo.

¿Cuándo sentar la cabeza?

Antes de decir el sí, quiero, saque lápiz y aplique la teoría de la parada óptima.

No es recomendable casarse con la primera persona que nos muestre algún interés. Pero tampoco conviene remolonear demasiado. ¿Cómo saber cuándo es el momento de sentar la cabeza? La teoría de la parada óptima es la mejor estrategia. En esencia, es un sutil equilibrio entre la paciencia para encontrar a la persona adecuada y la decisión para echarle el guante antes de que nos la ‘birlen’.

Imaginemos que alguien empieza a salir con gente a los 15 años y desea casarse alrededor de los 35. Las matemáticas dicen que lo que se debe hacer con el primer 37 por ciento de nuestros ligues es desecharlos como potencial serio de matrimonio. Y luego elegir a la siguiente persona que llegue que sea mejor que todas las anteriores. Pongamos que el destino nos va a emparejar un número equis de veces a lo largo de nuestra vida. Y que equis es igual a diez. En tal caso, deberíamos rechazar a nuestras cuatro primeras parejas y quedarnos con la siguiente que sea mejor que esas cuatro.

El método no es fiable al cien por cien. Nuestro gran amor puede aparecer en el primer 37 por ciento y habría que rechazarlo... Pero estadísticamente aumenta hasta ocho veces nuestras posibilidades de acertar. “En la naturaleza existen ciertos peces que siguen esta estrategia a la hora de aparearse. Muchos humanos también lo hacemos. Nos damos un tiempo para tantear el mercado cuando somos jóvenes. Y empezamos a buscar candidatos matrimoniales cuando llegamos a mediados o finales de los veinte años”, resume Fry.

Y comieron perdices

La ecuación de Murray puede predecir qué sucederá en una carrera armamentística y en su matrimonio.

Seis de cada diez matrimonios en España terminan en divorcio. ¿Cómo predecir si una pareja durará o acabará rompiéndose? Un psicólogo, John Gottman, observó a cientos de parejas conversando y grabó las conversaciones, expresiones faciales, ritmo cardiaco, presión arterial, conductividad de la piel, si decían cosas positivas o se quejaban... Así pudo pronosticar si una pareja se divorciaría con una precisión del 90 por ciento. Pero no fue hasta asociarse con un matemático, James Murray, cuando se empezaron a entender las causas.

Las ecuaciones de Murray dependen del estado de ánimo de la persona, sobre todo cuando está con su pareja. Estas ecuaciones se pueden aplicar también a lo que sucede entre dos países en una carrera armamentista y predecir si habrá guerra.El factor más importante es el umbral de negatividad. Siempre se pensó que las relaciones más exitosas eran aquellas con un umbral muy alto; es decir, aquellas que solo discuten los asuntos realmente espinosos y corren un tupido velo con las minucias del día a día. Pero las matemáticas demuestran lo contrario. Las parejas más sólidas son las que tienen un umbral muy bajo de negatividad. No pasan por alto las cosas... Así no dejan que asuntos triviales terminen siendo grandes problemas. Mejor discutir que callar.

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miércoles, junio 21

Los diez experimentos de la física que cambiaron la historia

(Un texto de R. Pérez en elconfidencial.com del 9 de agosto de 2015)

Desde las piedras que tiró Galileo desde lo alto de la torre de Pisa a la fotografía del ADN que tomó Rosalind Franklin, algunos experimentos han cambiado el modo en que entendemos el mundo.

Desde que Arquímedes gritó su famoso "¡Eureka!", si es que realmente lo hizo, hasta los sofisticados y a veces enormes experimentos en los que trabajan hoy los físicos de partículas, sería imposible señalar cuál ha sido el momento más importante. El saber científico no se construye en momentos puntuales, sino como una carrera de fondo continuada en el que los investigadores trabajan sobre los resultados anteriores, poniéndolos a prueba e imaginando qué más queda por descubrir.

Por eso esta lista de experimentos que cambiaron la historia, recogidos por Chris Woodford, escritor y divulgador científico, está necesariamente incompleta, ya que siempre habrá otros que se quedaron fuera, y faltan por supuesto los que están por venir. Pero son un buen repaso de algunos de los grandes momentos en el que un científico, o un equipo, pusieron su ingenio a trabajar para demostrar una teoría. Algunos son simples momentos de inspiración, mientras que otros tuvieron que trabajar para inventar una máquina que les permitiese poner a prueba sus ideas.

1. Galileo demuestra que todos los objetos caen a la misma velocidad (1589)

En la Italia del siglo XVI en la que vivía Galileo Galilei, el saber científico estaba mayoritariamente formado por teorías que no habían sido modificadas significativamente desde la antigua Grecia. Uno de esos antiguos griegos, Aristóteles, había postulado que los objetos caen a distinta velocidad según su peso: cuanto más pesados, más rápida la caída.

Uno de los experimentos más famosos de Galileo demostró que Aristóteles estaba equivocado: se subió a la torre de Pisa y lanzó desde lo alto varias bolas de distinto peso, que llegaron al suelo al mismo tiempo. Galileo postuló que si una pluma tarda más en cae que una piedra no tiene que ver con su peso, sino con la resistencia que ejerce el aire en su camino hacia el suelo.

De hecho, cuando los astronautas estadounidenses de la misión Apolo 15 llegaron a la Luna, donde la falta de atmósfera hace que el rozamiento con el aire sea inexistente, pusieron a prueba la hipótesis de Galileo: uno de ellos soltó a aproximadamente un metro de altura y al mismo tiempo un martillo y una pluma. Y, efectivamente, ambos cayeron a la misma velocidad. Galileo 1 - Aristóteles 0.

2. Newton divide la luz blanca en sus siete colores (1672)

Solemos representar a Isaac Newton acompañado de su inseparable manzana, pero quizá tendríamos que incluir en la estampa un arco iris. Y es que él fue el primero en demostrar cómo se forma ese bonito fenómeno meteorológico.

En 1672, Newton hizo pasar la luz que entraba por su ventana a través de un trozo de cristal con forma triangular, o un prisma. El resultado fue la aparición de un espectro de siete colores, que se correspondían con los colores del arco iris. Así demostró que cuando la luz blanca pasa a través de un cristal, ésta se descompone en luz de distintos colores según sus longitudes de onda.

3. Henry Cavendish pesa la Tierra (1798)

En el siglo XVIII, el físico británico asumió la titánica tarea de pesar nuestro planeta. Para ello, midió su densidad, de forma que pudiese a partir de ese dato calcular su masa.

Para hacerlo, construyó su propio experimento, una balanza con un brazo horizontal de madera de casi 2 metros de longitud, de cuyos extremos colgaban dos esferas de plomo de la misma masa. La vara estaba suspendida por una larga cuerda. Cerca de las esferas, dispuso otras dos esferas de plomo de 175 kg cada una, cuya acción gravitatoria debía atraer las masas de la balanza, produciendo un pequeño giro.

La atracción mutua de las esferas grandes y las pequeñas hacía que el brazo de madera girase, retorciendo a su vez el alambre que lo sostenía. Cuando el alambre alcanzaba un ángulo en el que la fuerza de torsión equilibraba la fuerza de atracción de las esferas, el brazo dejada de girar. Midiendo ese ángulo, y conociendo la fuerza de torsión del alambre para un ángulo dado, Cavendish pudo determinar la fuerza de atracción entre los dos pares de masas.

Puesto que la fuerza gravitacional de la Tierra sobre cada bola pequeña podía medirse pesándolas, la relación entre ambas permitió calcular la densidad de la Tierra gracias a la ley de la gravitación universal de Newton.

Con este experimento, Cavendish determinó que la densidad de la Tierra era, exactamente, de 5.448 +/- 0,033 veces la del agua.

4. Thomas Young demuestra que la luz es una onda... ¿o no? (1803)

Isaac Newton pensaba que un rayo de luzs era una especie de tren o cadena de partículas diminutas, o corpúsculos, que navegaban a través del espacio y del cielo, hasta que otro gran experimento demostró que no era así en absoluto. A principios del siglo XIX, Thomas Young diseñó el siguiente experimento: cogió una tabla plana, le hizo dos aberturas estrechas y situó una fuente de luz entre las dos, de forma que los rayos atravesasen ambas aberturas simultáneamente y se proyectasen en la pared tras ella.

Ese patrón de interferencia demostraba que los rayos de luz no viajaban como partículas, sino como ondas Si Newton hubiese tenido razón, Young habría visto dos puntos brillantes en la pared y todo el espacio entre ellos completamente a oscuras. Pero no fue así. Lo que Young vio fue un patrón de zonas iluminadas y zonas oscuras allí donde los rayos de ambas aberturas coincidían. En algunas partes, la luz de una abertura se sumaba a la de la otra, iluminando brillantemente un área; en otras, la luz de ambas se sustraía, dejando un área más oscura. Ese patrón de interferencia demostraba que los rayos de luz no viajaban como partículas, sino como ondas.

Pero este no fue el final de la historia. En 1905, Albert Einstein entró en escena, demostrando que la luz sí que podía comportarse como una partícula: si diriges un rayo de luz hacia un metal, puedes formar una corriente eléctrica (el fenómeno del efecto fotoeléctrico le valió un Nobel a Einstein en 1921). Como resultado de ambos experimentos, los científicos han aceptado que la luz se comporta al mismo tiempo como una partícula y como una onda. Este fenómeno es una de las bases de la teoría cuántica.

5. James Prescott Joule demuestra el principio de conservación de la energía (1840)

La ley de conservación de la energía es una ley básica de la física que dice que cualquier cosa que ocurre necesita la energía que requiere hacerla. Por ejemplo: si vas a conducir de Madrid a Barcelona necesitas el equivalente a 621 kilómetros en gasolina; o si vas a correr una maratón, necesitas el equivalente a 42 kilómetros en calorías. En cualquier caso, la energía que necesitas es equivalente al trabajo que quieres hacer (entendiendo trabajo como la aplicación de una fuerza durante una determinada distancia.

James Prescott Joule demostró experimentalmente este principio a mediados del siglo XIX. Para hacerlo, ideó el siguiente experimento: situó un gran contenedor lleno de agua, con una hélice en su interior. La hélice estaba conectada a un eje que salía del contenedor y en torno al cual se había enrollado una cuerda muchas veces. La cuerda corría por una polea y tenía atada una pesa en su otro extremo. Al soltar la pesa, ésta tiraba de la cuerda que a su vez hacía girar el eje y con ello la hélice del contenedor, calentando con ello el agua.

Joule liberó la pesa unas 20 veces, de forma que el agua se calentase lo suficiente para medir el aumento de la temperatura. Una vez hechas las mediciones, Joule demostró que la cantidad de energía potencial perdida al soltar la pesa era exactamente la misma cantidad de calor generado en el agua.

6. Hippolyte Fizeau mide la velocidad de la luz (1851)

Cuando no había relojes tan precisos como los que tenemos ahora, y lo máximo que se podía concretar el tiempo con precisión era en segundos, el físico francés Hippolyte Fizeau consiguió medir la velocidad de la luz, pero tuvo que hacerlo en grandes distancias.

Para ello realizó el siguiente experimento. Lanzó un rayo de luz hacia un espejo, que lo desvió haciéndolo pasar por entre los dientes de una rueda dentada que giraba cientos de veces por segundo. Fizeau colocó un espejo a unos 8,5 kilómetros de su aparato, de forma que la luz viajase hasta él y volviese hasta el telescopio por el que miraba. Él sabía lo lejos que había viajado la luz, así que solo tenía que medir cuánto tardaba en hacerlo. La rueda dentada era su reloj: sabiendo cuántos dientes tenía y a qué velocidad giraba, podría ajustar esa velocidad hasta bloquear la luz del espejo más lejano.

Así, sabía que la luz solo había viajado una vez desde la lámpara hasta el espejo y de vuelta hasta él, y todo lo que tenía que hacer era dividir la distancia entre el tiempo que había tardado para calcular la velocidad de la luz. El resultado que obtuvo fue un 5% más alto de lo que conocemos hoy, pero aún así fue un resultado más que notable para los medios de los que disponía.

7. Robert Millikan mide la carga del electrón (1909)

La unidad mínima de electricidad es igual a la carga de un solo electrón, pero ¿cómo medir algo tan pequeño? A principios del siglo XX, Robert Millikan dio con la clave. Roció gotas de aceite entre dos placas eléctricamente cargadas que estaban suspendidas horizontalmente, una debajo de la otra. Después de aplicar sobre ellas una carga eléctrica, descubrió que podía moverlas arriba y abajo al ajustar el voltaje de las placas, y midiendo la velocidad de su movimiento, podía calcular la carga que tenían.

Entendió que las gotas debían portar varias unidades de carga eléctrica y que eso afectaba a la cómo de rápido caían o se elevaban al activar la corriente El experimento funcionaba de la siguiente forma: las gotas de aceite, al tener masa como cualquier otro objeto, eran atraídas hacia abajo por la fuerza de la gravedad hasta alcanzar su velocidad terminal, que Millilan podía medir.

Después les aplicó carga negativa, de forma que pudiese detener su caía aplicando un voltaje negativo a la placa de arriba, o, en otras palabras, conseguir que su peso fuese compensado con una fuerza de atracción eléctrica que tirase de ellas hacia arriba.

Con la corriente activada, descubrió que algunas gotas comenzaban a caer más despacio, otras se detenían y algunas incluso comenzaban a ascender. Entendió que las gotas debían portar varias unidades de carga eléctrica (varios electrones) y que eso afectaba a la cómo de rápido caían o se elevaban al activar la corriente. Al medir su velocidad terminal con la corriente activada, y comparándola con la velocidad terminal sin corriente, pudo calcular la unidad básica de carga eléctrica, conocida ahora como la carga del electrón, con una precisión admirable. Por este trabajo ganó un Nobel en 1923.

8. Ernest Rutherford, y sus colaboradores, dividen el átomo (1897-1932)

Los antiguos griegos creían que la materia estaba formada por unos bloques básicos que llamaron átomos, una palabra que significa "que no puede ser dividido". Sin embargo, a finales del siglo XIX los científicos comenzaron a darse cuenta de que los átomos estaban formados por partículas aún más pequeñas. La división del átomo se consiguió con una serie de experimentos que tuvieron lugar entre 1897 y 1932, en los que se estudió de qué partes constaba un átomo y cómo estaban organizadas.

Mientras daba clases en la Universidad de Manchester, Ernest Rutherford pidió a dos de sus alumnos, Hans Geiger y Ernest Marsden, que disparasen partículas con carga positiva (alfa) a una fina lámina de oro. Como era de esperar, la mayoría la atravesaron, pero una pequeña parte, una de cada ocho mil, se desviaban o incluso rebotaban.

Rutherford y compañía estaban atónitos. "Es como si disparases balas de cañón a una hoja de papel y rebotasen contra ti".

Su conclusión fue que el hecho de que la mayoría de las partículas atravesase la lámina de oro indicaba que gran parte del átomo está vacía, que la desviación de las partículas alfa indicaba que tanto el deflector como las partículas poseen carga positiva (pues la desviación siempre es dispersa) y que el rebote de esas pocas partículas indicaba que se habían topado con una zona fuertemente positiva del átomo. Este experimento confirmó el modelo moderno que tenemos del átomo, con un núcleo centro y los electrones girando a su alrededor.

9. Enrico Fermi demuestra la reacción atómica en cadena (1942)

A mediados del siglo XX, los científicos ya tenían claro cuál era la estructura del átomo, y gracias a los trabajos teóricos de Einstein, sabían también que la materia y la energía son la misma cosa y que una pequeña cantidad de energía podía, en teoría, ser convertida en una enorme cantidad de energía. Es decir, que de alguna manera debía ser posible dividir átomos para liberar gigantescas cantidades de energía.

El italiano Enrico Fermi puso a prueba esta idea con un experimento que llamó "la pila atómica". Lo que hizo fue disparar un neutrón hacia un átomo del isótopo uranio 235 con el objetivo de convertirlo en un átomo de uranio aún mayor. El uranio 236 tendría una unidad de masa más, gracias al neutrón añadido, pero es tan inestable que inmediatamente se divide en dos átomos más pequeños y dos neutrones. La masa total de los átomos menores sumada a la de los neutrones era inferior a la masa del isótopo de uranio 236 que los había generado, y esa masa perdida se había convertido en energía, según la famosa ecuación de Einstein E=mc².

Los dos neutrones se dispararon, chocando con otros dos átomos de uranio 235, provocando dos reacciones idénticas a la anterior, que liberaron cuatro neutrones, que volvieron a chocar con cuatro átomos de uranio 235...

Esta es la famosa reacción en cadena que se produce en las centrales nucleares o en la explosión de una bomba atómica.

10. Rosalind Franklin fotografía el ADN con rayos X (1953)

Aunque el descubrimiento de la estructura del ADN, con su forma de doble hélice, fue merecedora de un Nobel en 1962, un miembro del equipo científico sin el que el descubrimiento nunca hubiese sido posible quedó fuera del reconocimiento. Se llamaba Rosalind Franklin y había muerto de cáncer en 1958 a los 37 años. Franklin fue la autora de una importante fotografía tomada por difracción de rayos X que sirvió para revelar una gran cantidad de información sobre la estructura del ADN.

Franklin utilizó la difracción de rayos X porque la molécula del ADN es tan pequeña que no sería posible analizarla con simples rayos X. Como si se tratase de bolas de 'pinball', los rayos C pasan a través de las estructuras moleculares que forman el ADN, rebotando contra ellas en su camino y dispersándose, o difractándose, en distintas dirección. Cuando los rayos X salen del ADN, dejan un patrón sobre el papel fotográfico. Según las leyes de la difracción, los rayos X que se moviesen a través de una estructura en hélice se dispersarían en ángulos perpendiculares a la hélice, creando un patrón en forma de X. Eso fue precisamente lo que captó Franklin.

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lunes, junio 19

La obsolescencia programa: los dias contados

(Un texto de Daniel Méndez en el XLSemanal del 6 de enero de 2013)

Las cosas ya no duran como antes. No es solo un lamento de los mayores. Es una realidad con nombre: obsolescencia programada. Electrodomésticos, móviles, bombillas y todo tipo de aparatos se fabrican deliberadamente para caducar y lograr así que el consumo no decaiga. Este ‘plan’ se remonta a los años veinte, aunque nadie de la industria lo reconozca, y se defendió porque ayudaba al crecimiento. ¿Pero tiene sentido hoy en día?

La película El hombre del traje blanco, de 1951, planteaba un dilema: qué ocurriría si un investigador diese con la fórmula para fabricar el tejido ‘perfecto’, que ni se mancha ni se rompe.

Todo un éxito, ¿verdad? Pues no. El científico del filme, encarnado por Alec Guinness, se mete en mil líos cuando la industria se vuelve en su contra. Los empresarios dejarían de hacer negocio, los trabajadores perderían su empleo... una pesadilla para la sociedad de consumo. Por eso, en la vida real, una serie de fabricantes y ciertos economistas crearon y alentaron hace ya años la obsolescencia programada. Esto es: impresoras que dejan de imprimir cuando contabilizan un número determinado de impresiones; bombillas fabricadas para fundirse a las mil horas, baterías que se agotan en un año o dos… Son solo algunos de los ejemplos que más han trascendido, con fabricantes de renombre detrás, como Epson o Apple. ¿Qué pretenden? Salvar la economía, dicen. Realizar productos perecederos que aseguren un nivel de consumo constante. Apple llegó incluso a los tribunales, acusada de fabricar baterías con una durabilidad limitada. El juicio no llegó a celebrarse: la compañía decidió indemnizar a los demandantes antes que enfrentar un jurado, evitando quizá así que el caso tuviese mayor alcance mediático.

Con todo, por secretos que hayan permanecido, planes como estos no son nuevos. Según diversos documentos -algunos recogidos en el documental Comprar, tirar, comprar-, todo empezó en 1924, cuando los principales fabricantes de bombillas acordaron crear lámparas que se fundieran tras mil horas de uso para asegurarse las ventas. Fue el cártel Phoebus, integrado por Osram, Philips y General Electrics, entre otros. El plan duraría hasta 1955, pero acabó en 1939, con la Segunda Guerra Mundial. Solo unos años antes, en 1934, un promotor inmobiliario, Bernard London, habló del concepto como tal en su libro Poner fin a la depresión a través de la obsolescencia programada.

“Si lo miras desde el punto de vista del crecimiento y la creación de empleo, es una gran idea, en aquel momento -explica Cosima Dannoritzer, directora del documental Comprar, tirar, comprar-, pero algo así no puede funcionar para siempre: los recursos son limitados y gestionar la basura generada es cada vez más difícil".

Dannoritzer pensaba al inicio que el suyo sería un bonito documental con la historia de algunos ‘malos capitalistas’. “Pero nos encontramos -dice- con que aquello es parte del sistema de hoy. Ha pasado a la tecnología y a las cabezas, a un aspecto más psicológico”. Se refiere a un concepto asociado: la obsolescencia percibida. Es decir, la idea, promovida desde la publicidad, de que nuestro móvil o nuestro coche se quedan viejos en pocos años.

Por sorprendente que parezca, las bombillas han estado en el epicentro de la obsolescencia programada desde el inicio. Y podrían ser las artífices de su final: en abril de 2012, Philips anunció el lanzamiento de una bombilla -sólo en EEUU de momento- que podría durar 20 años. El precio, eso sí, podría jugar en su contra: 50 dólares (38 euros). Más cerca, un español aseguraba haber desarrollado una bombilla que dura toda la vida. Benito Muros, de OEP Electronics, sostenía que ha recibido amenazas por el invento. “Hemos pasado todas las fases -cuenta-, desde presiones para no salir al mercado hasta anónimos intimidatorios” . Otros lo acusan de intentar vender las mismas bombillas leds de otros fabricantes -que duran lo mismo que las suyas- bajo un eslogan llamativo. Él se defendía diciendo que se había desvinculado de la comercialización para entregarse al Movimiento SOP (Sin Obsolescencia Programada). “Solo pretendemos que otros fabricantes se unan al concepto, porque esto es bueno para el planeta”.

En efecto, una de las consecuencias inevitables de desechar productos al ritmo actual es el alto nivel de contaminación que eso genera. “Estamos utilizando mal unas materias primas que extraemos del Tercer Mundo y que les devolvemos en forma de basura” , dice Muros.

Si bien la obsolescencia programada nació en un momento de crisis, los teóricos del decrecimiento económico no dudan de que hay que acabar con ella. No hay otra alternativa. Ya en 1972 el Club de Roma –lobby preocupado por el crecimiento de la población mundial- encargó al MIT de Boston un informe, publicado bajo el título Los límites del crecimiento. Conclusión: si el aumento de la población, la producción industrial, la contaminación y la explotación de recursos naturales se mantenían al ritmo de entonces, la Tierra y sus bienes naturales se agotarían en cien años. Y ya han pasado cuatro décadas desde esta afirmación, y el ritmo se ha acelerado.

La única solución es que el consumidor asuma el protagonismo en sus compras. Algo que, de hecho, está ocurriendo, según un estudio de la Fundación Creafutur y el profesor de Esade Josep M. Galí realizado a partir de 3500 entrevistas internacionales y que divide al mundo en tres categorías: países emergentes; países en crisis, como España; y en poscrisis, como Alemania o Suecia. Cada categoría ofrece un perfil de consumidor: en los países emergentes este sigue siendo más feliz cuanto más compre, algo que ocurre en un 50 por ciento; el bienestar del consumo se reduce a la mitad en los países en crisis y a solo un 10 en los poscrisis. ¿Por qué? La compra incorpora consideraciones como la sostenibilidad, el medioambiente... "Es un consumidor documentado -dice Galí-, consciente de que su compra incide en ‘lo público’". Y es este el que podría cambiar las cosas: "Si la gente premia comportamientos más respetuosos, podría cambiar las reglas del juego". Y dejar, de paso, obsoleta la obsolescencia programada.

Manifiesto para una vida LOP

Libre de obsolescencia programada. Eso es una vida LOP (también llamada SOP, la ‘s’ de ‘sin’). Se trata de mitigar el impacto que sobre nuestra vida y el medioambiente tiene este modelo de ‘usar y tirar’. No solo lo agradecerá nuestro bolsillo.

1. Contra el usar y tirar: reparar No merece la pena arreglarlo, compre otro, lo disuaden hasta los servicios técnicos. Y el precio que se debe pagar a menudo les da la razón. Pero el consumidor LOP reivindica la reparación, incluso casera si hace falta. Hay numerosas páginas que dan trucos para hacerlo. Dos de ellas son platform21 y ifixit (ambas, en inglés).

2. ¿De verdad le hace falta? La primera decisión es, siempre, si debemos comprarlo o no. Una vida LOP implica también un consumo responsable.

3. Cuanto más reciclable, mejor Asumámoslo, hay veces en que ni las mejores intenciones lograrán salvar un producto estropeado. Pero si hemos tenido en cuenta criterios ecológicos a la hora de comprarlo, estaremos reduciendo el nivel de basura arrojada al planeta.

4. El comprador informado Hoy día -gracias a Internet- es fácil hacer un pequeño, o gran, estudio de mercado antes de comprar un producto. Encuentre referencias y críticas antes de decidirse por uno. Y verifique, entre otros aspectos, que el suyo es el más longevo.

5. ¡Viva la segunda mano! No hay mejor reciclaje que la reutilización. Y una manera útil -y más barata- de practicarla es la compraventa de material usado.

Manifiesto para una vida LOP

Libre de obsolescencia programada. Eso es una vida LOP (también llamada SOP, la ‘s’ de ‘sin’). Se trata de mitigar el impacto que sobre nuestra vida y el medioambiente tiene este modelo de ‘usar y tirar’. No solo lo agradecerá nuestro bolsillo.
1. Contra el usar y tirar: reparar No merece la pena arreglarlo, compre otro, lo disuaden hasta los servicios técnicos. Y el precio que se debe pagar a menudo les da la razón. Pero el consumidor LOP reivindica la reparación, incluso casera si hace falta. Hay numerosas páginas que dan trucos para hacerlo. Dos de ellas son platform21 y ifixit (ambas, en inglés).
2. ¿De verdad le hace falta? La primera decisión es, siempre, si debemos comprarlo o no. Una vida LOP implica también un consumo responsable.
3. Cuanto más reciclable, mejor Asumámoslo, hay veces en que ni las mejores intenciones lograrán salvar un producto estropeado. Pero si hemos tenido en cuenta criterios ecológicos a la hora de comprarlo, estaremos reduciendo el nivel de basura arrojada al planeta.
4. El comprador informado Hoy día gracias a Internet es fácil hacer un pequeño, o gran, estudio de mercado antes de comprar un producto. Encuentre referencias y críticas antes de decidirse por uno. Y verifique, entre otros aspectos, que el suyo es el más longevo.
5. ¡Viva la segunda mano! No hay mejor reciclaje que la reutilización. Y una manera útil y más barata de practicarla es la compraventa de material usado.


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viernes, junio 16

Claves para aligerar tu vida (y tu armario) en diez pasos

(Un texto de B.N. en la revista Mujer de Hoy del 9 de enero de 2016)

Este año, desmarquémonos de los buenos propósitos de toda la vida, demasiado vistos y frustrantes. Emprendamos uno que está al alcance de la mano y que, a decir de los gurús, supondrá una revolución vital absoluta: poner orden. Y no es que haya que buscarle un sentido rebuscado a la idea, sino de ceñirse al concepto clásico de organizar armarios, tirar trastos, archivar los papeles...

El resto, los efectos más profundos y existenciales, vendrán solos. Porque dicen los expertos que basta con colocar las cosas que nos rodean para que la vida comience a cambiar y las piezas encajen como un puzle: más orden equivale a más tiempo disponible, más serenidad, mejor armonía familiar, menos estrés, mayor bienestar. Deshacerse de lo que lo estorba es una manera de ocuparse de uno mismo y permite reencontrarse con la energía perdida, con los intereses personales arrinconados y con los objetivos vitales olvidados.

La japonesa Marie Kondo es la gran gurú del orden y está considerada como una de las mujeres más influyentes del mundo. Imparte cursos y conferencias multitudinarias, y ha vendido más de tres millones de ejemplares de sus libros. Según su experiencia, las personas que han puesto en práctica sus métodos organizativos vivieron una revolución integral: "Haber puesto su casa en orden afectó a todos los demás aspectos de su vida, incluidos trabajo y familia", afirma en su best seller La magia del orden (Ed. Aguilar), donde asegura que algo tan aparentemente trivial tiene efectos transformadores en nuestro modo de pensar y en cómo enfocamos el futuro.

"Básicamente, cuando organizas tu hogar también pones en orden tus asuntos y tu pasado. Como resultado, puedes ver con claridad lo que necesitas en tu vida y lo que no, lo que debes hacer y lo que no. Este proceso nos ayuda a identificar nuestros valores y reduce nuestras dudas y confusiones al tomar decisiones". Extraemos las mejores enseñanzas de organizadores expertos para que este sea uno de los propósitos cumplidos de 2016.
  • Observa, visualiza, imagina...
El primer paso es... no mover un dedo. Hay que tomarse tiempo para observar el espacio con ojos nuevos e identificar lo superfluo. Marie Kondo propone un ejercicio de visualización: "Imagina tu vida y tu interior cuando el espacio esté en orden. El sentido tanto de desechar como de conservar cosas es ser feliz. Antes de empezar a organizar contempla el estilo de vida al que aspiras y pregúntate "¿Por qué quiero organizar?". Librarse del exceso hace nuestra vida más ligera, más libre y feliz.
 
El psicólogo Víctor Jiménez, autor de Cómo simplificar tu vida, sugiere "dirigir la mirada menos hacia lo saturado y más hacia los espacios en blanco, los silencios, lo natural... En pocas palabras, ir hacia lo simple". El autor se ha convertido en defensor acérrimo de la frugalidad. "La sencillez y la simplicidad permiten reacomodar las prioridades, para que lo esencial surja del fondo, como una figura en un cuadro".
  • ¿Tienes tendencia a acumular?
Los acumuladores han desarrollado un lazo tan fuerte con los objetos, que no pueden deshacerse de ellos sin tener el sentimiento de perder una parte de sí mismos. Responde a una necesidad de seguridad y evidencia una forma de ansiedad. Están los "acumuladores afectivos" que atesoran naderías diversas porque les evocan un recuerdo; los "acumuladores instrumentales", que no se atreven a tirar nada porque están convencidos de que tal o cual cachivache algún día les hará falta; los "acumuladores altruistas" almacenan cosas con la intención (siempre aplazada) de dárselo a otros. Y por último están los "acumuladores económicos", que amontonan pertenencias porque les costaron un buen dinero. Todos suelen responder al mismo perfil de personas con dificultades para tomar decisiones. "Si indagamos en las razones de por qué no nos desprendemos de algo, sólo encontramos dos: apego al pasado y ansiedad por el futuro", sintetiza Kondo.
  •  Rompe la tradición y dí adiós a la culpa
Hay que tomar conciencia de la causa del desorden. Si no, igual que en un régimen de adelgazamiento mal diseñado, habrá un efecto rebote y el caos (como los kilos) volverá. Una de las causas más frecuentes es la herencia. Si nuestros padres no eran muy organizados, existe un alto riesgo de que sus caóticos hábitos nos hayan sido transmitidos. Las recetas de cocina se transmiten de generación en generación, no así los secretos familiares de una buena organización. "Cuando de organización se trata, todos somos autodidactas", señala.

Un segundo motivo frecuente es el sentimiento de culpa. Nos parece mal deshacernos de algo que nos regalaron, aunque ni nos guste, ni nos sirva, ni le prestemos jamás ninguna atención. Marie Kondo nos invita a tirar los remilgos a la basura: "El verdadero propósito de un regalo es ser recibido, transmitir los sentimientos de alguien. No debes sentirte culpable de tirarlo, solo agradécele la alegría de cuando lo recibiste". Así de sencillo.
  • Un desafío detrás de otro
Otra maestra internacional de la disciplina organizativa, Joanne Tatham, coach especializada en bienestar y fan del movimiento minimalista, ha creado un programa de 21 días para poner orden. Para alcanzar la meta, propone estrategias como deshacernos de un objeto al día, desafiarnos a pasar tres meses usando únicamente 30 prendas de vestir; o fijarnos un día a la semana libre de compras, en los que no iremos ni a por el pan... y no pasará nada. "Retarse a uno mismo ayuda a crear nuevos hábitos. Estas pequeñas acciones permiten evaluar mejor lo que poseemos, darnos cuenta de que hay muchísimas cosas que no echamos de menos en absoluto".
  • Definir un plan de ataque... y cumplirlo
Los hay partidarios del poco a poco, que proponen dedicarle a la tarea 15 minutos cada día. Te sorprenderás de lo que puedes hacer en ese tiempo. Un consejo: ser realista para no acabar frustrado. Y dos: desconectarse. Ni teléfono, ni tele... "Las interrupciones son el enemigo número uno de la eficacia y van arañando poquito a poco nuestro tiempo", dice Tatham. Otros son más radicales. Kondo afirma que solo seremos capaces de finalizar la tarea si lo hacemos de golpe "en un solo intento titánico". Eso implica dos pasos: tirar y guardar. Por este orden. Guardar crea la ilusión de haber resuelto el problema. Pero el desorden sigue creciendo debajo de las tapas de las cajas donde lo ocultamos. "No lo ves, pero el caos sigue allí".
  • Lo sentimental, para el final
¿Qué será más fácil, empezar por colocar la despensa o los álbumes de fotos? Sin duda, lo primero. Con los recuerdos, el asunto se complica porque no existen criterios objetivos. Según Kondo, hay tres factores que dan valor a las pertenencias: función, información y apego emocional. Cuando se añade el elemento de rareza, se multiplica la dificultad para desprendernos de ello. Por eso el proceso será más fácil si empiezas con cosas que no supongan demasiado conflicto. Por el contrario, las fotos y las cartas, por ejemplo, son únicas e imposibles de reponer por lo tanto deben dejarse para el final. "Irás afinando poco a poco tus habilidades para tomar decisiones y acabará por parecerte sencillo", asegura.
  • Guardar o tirar, esa es la cuestión
Aquí lo crucial es elegir bien el criterio que nos ayude a dirimir el dilema. Está el criterio del tiempo (¿Has usado esto en el último año?); el criterio de cuánto es suficiente. (¿Cuántas sartenes o cacerolas juzgas suficiente?); el criterio del placer (¿Es bonito y te produce placer poseerlo?¿Te proporciona energía cuando lo miras o lo utilizas?). Para la autora de La magia del orden, el mejor criterio para elegir es saber qué es lo que nos hace felices o nos produce alegría.

"La noción de lo superfluo varía de una persona a otra. Pregúntate qué emociones te despierta determinado objeto". ¿Esos pantalones de la talla 36 que no usas desde hace años? Mejor hazlos desaparecer porque solo sirven para hacerte sentir culpable. ¡Adiós!
  • No te metas en territorio ajeno
O lo que es lo mismo, aunque estés en plena fiebre organizadora y le hayas cogido el truquillo al asunto de guardar, tirar, guardar, tirar... no debes caer en la tentación de traspasar fronteras. Por mucho que el cuarto de tu hijo sea una leonera o que los trasto que va esparciendo tu chico te desesperen, organizar sus cosas no te concierne (y mucho menos tirarlas). Tendrás que limitarte a predicar con el ejemplo, y dejar que el virus del orden se propague. "Desechar las cosas que te sobran a ti es la mejor forma de lidiar con una familia desorganizada. Cuando alguien empieza a organizar se produce una reacción en cadena", asegura, optimista, Marie Kondo.
  • Agrupa tareas
Un buen consejo para planear de manera inteligente, simplificar nuestra vida y ahorrarnos un buen montón de tiempo es agrupar las tareas semejantes, porque requieren un estado de ánimo similar (por ejemplo, el nivel de concentración, esfuerzo y habilidades implicadas es diferente para revisar y archivar el papeleo que para despejar de trastos el garaje). Del mismo modo, reuniendo las tareas que requieren desplazamiento, economizamos tiempo y dinero.

Por ejemplo: hacer compras, pasarte por correos, aprovechar para dejar en el punto limpio los trastos que deseas tirar, acometer tareas burocráticas y administrativas... Con una buena planificación perdemos menos minutos en colas, esperas, desplazamientos y transporte. Eso sin contar que todas estas tareas son enervantes, fuente de estrés y muchas veces muy frustrantes así que ganas energía y buen humor.
  • Pon en práctica nuevas rutinas
La coach Joanne Totham enumera algunas prácticas fáciles de adoptar y que una vez puestas en marcha se convertirán pronto en hábitos.

Uno: por cada cosa nueva que entre (sea comprada o no), una debe salir. Si te regalan un libro, regala a tu vez uno de los que ya tienes; si compras una camiseta nueva, deshazte de alguna de las viejas.

Dos: emprende sin demora ni aplazamientos las tareas rápidas que llevan menos de un minuto: tirar la publicidad del buzón al cubo del papel, colgar el abrigo en la percha al llegar a casa en lugar de tirarlo sobre una silla, fregar (o al menos llevar al fregadero) la taza del café... Tres: instala una bandeja en la que depositarás aquellas tareas que reorganizarás, sin falta, una vez por semana: las facturas, el correo...

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martes, junio 13

¿Por qué abdicó Carlos V?

(Un texto de José Segovia en el XLSemanal del 27 de septiembre de 2015)

Muy avejentado, Carlos V entró en la sala morada del palacio de Coudenberg de Bruselas. Rodeado por los caballeros de la Orden del Toisón de Oro, la nobleza y los miembros de los Consejos, se sentó en su trono, junto con su hijo Felipe, y comenzó a leer. “Sé que para gobernar y administrar estos Estados y los demás que Dios me dio ya no tengo fuerzas, y que las pocas que han quedado se han de acabar presto…” El emperador prosiguió su discurso con voz quebrada por la emoción. “Y porque ya en este tiempo me siento cansado, que no os puedo ser de ningún provecho, como bien veis cuál estoy tan acabado y deshecho, daría a Dios y a los hombres estrecha y rigurosa cuenta si no hiciese lo que tengo determinado, dejando el gobierno…”

¿Fueron la vejez y el cansancio las verdaderas razones de su abdicación? La mayoría de los historiadores así lo afirman. Carlos V se sentía agotado, y pensó que su hijo Felipe estaba preparado para sucederlo en vida. Si las fuerzas le faltaban para cumplir bien su oficio, lo justo era dejar el poder, una idea que daba un claro sentido ético a su renuncia. A todo eso se añadía la soledad en la que vivía desde hacía años. Los grandes hombres que habían protagonizado la escena europea durante su reinado habían fallecido. Entre otros, Erasmo de Róterdam, Enrique VIII de Inglaterra, Francisco I de Francia y Martín Lutero.

Sus grandes deudas económicas, contraídas para sufragar tantas batallas, torcieron su sueño de reconquistar Borgoña. Es cierto que sus posesiones de ultramar se habían acrecentado enormemente, pero sus estructuras administrativas eran muy inestables. Tampoco pudo impedir el definitivo asentamiento de la doctrina luterana en el Viejo Continente, aunque sí logró consolidar el dominio español sobre Italia.

Dejó el gobierno imperial a su hermano Fernando, el rey de Romanos, y el de España y las Indias a su hijo Felipe II. Tras su abdicación, regresó a la Península para curarse la enfermedad de la gota y dedicar parte del tiempo a su gran afición por los relojes. Se instaló en Yuste, en la comarca extremeña de La Vera, e hizo que el ingeniero hidrográfico Torriani gran experto en relojería le construyera allí varios estanques artificiales. De uno de ellos provino el mosquito que meses después picó al emperador, el cual le causó la muerte por paludismo el 21 de septiembre de 1558.

Mala conciencia

En su testamento, el emperador Carlos V se disculpó por haber malbaratado la hacienda regia con los numerosos préstamos que pidió para sufragar las guerras que emprendió a lo largo de su vida en defensa de la cristiandad.

La muerte de Juana la Loca

En 1555 falleció su madre, lo que dejó al emperador como único rey de Castilla y León, Aragón y Valencia. Aquellos títulos, que se añadían a los muchos que ya disfrutaba, no fueron suficiente aliento para quitarle de la cabeza su decisión de abdicar.

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sábado, junio 10

Grace Hopper: la madre del ordenador personal

(Un texto de Manuela Giménez en el XLSemanal del 27 de septiembre de 2015)

La llamaban la “asombrosa Grace”. Fue una matemática brillante, inventora de un lenguaje de programación rompedor y, por primera vez, fácilmente comprensible. Gracias a ella y a otras pioneras de la informática nacieron ordenadores de masas.

David Letterman la presenta como «la reina del ‘software’» y ella asiente. Luego le pregunta: «¿Cómo sabía usted tanto de ordenadores?», y ella contesta: «No sabía tanto de ordenadores porque solo había uno».

Grace Hopper tenía en esa entrevista casi 80 años (nació en 1906). La gran estrella de la televisión David Letterman no disimuló su absoluta admiración por esa mujer menuda, de pelo blanco y grandes gafas, que era entonces una celebridad en el mundo de la informática y en la Marina de los Estados Unidos. Todos la llamaban Amazing Grace, la ‘asombrosa Grace’.

En la tele, Grace demostró su gran sentido del humor (dijo que lo más difícil de pasar de la vida militar a la civil era encontrar pantis tan buenos como los de la Armada). Y, por supuesto, dejó notar su portentosa inteligencia. Grace Hopper es una pionera de la informática; sus contribuciones han sido cruciales en la programación. Fue ella quien trabajó para que el lenguaje de los ordenadores fuera más accesible y menos numérico.

Era Grace una mente incansable. En el programa de Letterman explicó de una manera gráfica, utilizando trozos de cable, el concepto de nanosegundo. Contó que a su edad seguía levantándose a las cinco de la mañana para estar a las siete en su despacho, dándole vueltas a problemas relacionados con ordenadores. 

Aquella aparición televisiva del año 1986 fue un reconocimiento a una mujer excepcional. Grace y otras mujeres como Mary Allen Wilkes y Adele Goldberg hicieron una labor crucial que por fin se empieza a reconocer y celebrar. Fueron pioneras y son desconocidas fuera del ámbito de la informática. Cuando Grace apareció en la tele, podría comprenderse este ninguneo porque entonces prácticamente ningún espectador estaba en condiciones de entender en qué consistían los méritos de Hopper: en 1986 había en el mundo tantos ordenadores domésticos como teléfonos en la Alemania comunista. Es decir, muy pocos.

Una idea brillante

Pero ahora ya no hay duda: el trabajo de la brillante Grace Hopper supuso un paso decisivo en el acercamiento entre el ser humano y el ordenador. Rodeada de jóvenes tan inteligentes como cuadriculados, fue ella la que, a finales de los años cuarenta, tuvo la idea genial de escribir los programas para las computadoras en un lenguaje que resultase comprensible. Grace Hopper trabajó con los ordenadores Univac, que solo entendían el lenguaje de ceros y unos. Decidió cambiar aquello y fijó las bases del COBOL (Common Business Oriented Language), que todavía utilizan ordenadores de bancos y empresas para llevar la contabilidad. Grace Hopper se refería a este concepto como la ‘educación’ del ordenador.

Dijo con orgullo que su mayor logro tras décadas de trabajo intenso había sido «los jóvenes a los que instruí». Ese mensaje concuerda con lo que ella siempre repetía a sus discípulos: «Un barco está a salvo en tierra, pero no es para eso para lo que fue construido. Sed buenos barcos. Salid a navegar al mar y haced cosas nuevas».

Ella lo hizo, desde luego. Innovó y osó adentrarse por nuevos terrenos. Sin Hopper y las mujeres que la siguieron es muy probable que los ordenadores nunca hubiesen llegado a convertirse en productos de masas. Son heroínas domésticas de la historia de la informática. Han sido profesionales del ordenador personal, pero han quedado en un segundo plano, a la sombra de iconos como el cofundador de Microsoft Bill Gates o del antiguo presidente de Apple, Steve Jobs. A pesar de ello, sus descubrimientos y aportaciones no son menos fascinantes que los de muchos de esos tipos que empezaron trasteando en un garaje de Silicon Valley.

Amas de casa

Mary Allen Wilkes ahora con 78 años, por ejemplo, ya brillaba en el campo de los ordenadores en una época en la que a las mujeres todavía se las bombardeaba con el ideal del ama de casa perfecta. Pero eso era algo que no iba con ella: en los años sesenta, Wilkes escribió la programación de un aparato adelantado a su tiempo: el Laboratory Instrument Computer (Linc). Este ordenador era mucho más pequeño que los gigantescos armarios que por aquel entonces las empresas usaban para cuestiones como la contabilidad de los salarios; además, el Linc ya se podía controlar mediante una pantalla y un teclado. Wilkes hizo instalar un prototipo en la casa de sus padres y solía quedarse hasta tarde en el sofá trabajando en la programación de la máquina. El resultado de tanto esfuerzo se tradujo a finales de los sesenta en un producto especialmente fácil de utilizar. Tiempo después, los expertos definieron el Linc como el primer ordenador personal, aunque para tener uno había que estar dispuesto a pagar 40.000 dólares.

Pocos años más tarde, pero todavía antes del fulgurante surgimiento de Apple y Microsoft, Adele Goldberg (con más de 70 años en la actualidad) desarrolló en un laboratorio experimental de la empresa Xerox una forma de comunicación mucho más sencilla.

En lugar de columnas de letras y números, en la pantalla aparecían ahora gráficos, símbolos y ventanas, es decir, el origen de la interfaz gráfica de usuario. Por desgracia para Goldberg, Xerox era una marca especializada en fotocopiadoras que no estaba muy interesada ni en los ordenadores ni en la innovación. Sin embargo, un tal Steve Jobs se quedó tan impresionado durante una demostración que no dudó en adoptar ese sistema para su empresa. Poco después, Apple alcanzó el éxito con su revolucionario concepto de pantalla.

La carrera profesional de estas pioneras también pone de manifiesto que un gran talento no siempre conduce a un gran éxito. Mary Allen Wilkes acabó dejando su trabajo en la industria de la programación, estudió Derecho y se convirtió en abogada. Tras su frustrante experiencia en Xerox, Adele Goldberg creó su propia empresa, con un éxito moderado. Grace Hopper tampoco pasó a los libros de Historia por ser la primera mujer al frente de una empresa de ordenadores. Prefirió reafirmarse una vez más en un mundo de hombres y sirvió como comodoro en la reserva de la Marina de Estados Unidos hasta su retiro, a una edad muy avanzada.

Algunas notas

El Mark I fue el primer ordenador electromecánico. Grace trabajó con él en Hardvard y en la Armada, donde se utilizó para cálculos de artillería en la guerra.

Grace estudió Física y Matemáticas (es doctora por Yale) Curiosamente, en 1969 fue nombrada Hombre del Año en ciencias de la computación. En informática es muy popular; se le atribuye el uso del término 'bug' para referirse a un error de 'software'.

Ingresó en la Armada en plena Segunda Guerra Mundial. Se retiró en 1986, como la oficial de mayor edad del país: era contraalmirante y tenía 80 años. Un destructor de la Armada lleva su nombre: se llama USS Hopper pero lo conocen como 'Amazing Grace'.

Logró un programa de compilación que traducía las instrucciones emitidas en inglés en un lenguaje de programación. Fue muy rompedor: "los seres humanos son alérgicos a los cambios. Les encanta decir 'Siempre lo hemos hecho así'. Trato de luchar contra eso", explicó Grace.

Las mujeres que inspiraron a Steve Jobs

Adele Goldberg
Trabajaba en los años setenta en el centro de investigación de Xerox en California. Tuvo la idea de utilizar gráficos e imágenes como interfaces. Steve Jobs pidió una demostración y Adele se negó, pero sus jefes la obligaron a mostrar al genio de Apple sus proyectos. Luego, Jobs los utilizó para crear el mítico Macintosh.

Mary Allen Wilkes
Es la madre del Linc, el primer ordenador personal de la Historia. Estudió Filosofía y Teología y quiso estudiar leyes, pero le dijeron que eso no era «cosa de mujeres». Entonces entró a trabajar en la programación de ordenadores. En 1975, además, se graduó como abogada en Harvard. Tiene 77 años.

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martes, junio 6

La vida loca de Karl Marx

(Un texto de Carlos Prieto en elconfdencial.com del 29 de junio de 2015)

Hoy en clásicos estudiantiles y profesionales: dejar las cosas para última hora. ¿Quién no ha preparado alguna vez un examen la noche antes? ¿Quién no ha perpetrado un trabajo/artículo en el último minuto? ¿Quién, eh, quién? Pues bien, atentos que vienen curvas: a Karl Marx se le echó el tiempo encima con… el Manifiesto Comunista, que escribió deprisa y corriendo presionado por la Liga Comunista, que le dio un ultimátum tras saltarse varios plazos de entrega. No, no es que el joven Marx fuese un vago, sino todo lo contrario: estaba metido en tantos frentes políticos, intelectuales y etílicos a la vez que no le daba la vida. Eso sí, como buen empollón, salió más que airoso del trance: lo que iba a ser un artículo coyuntural se convirtió en el panfleto político más influente de la historia.

“Cuando mejor funcionaba Marx es cuando tenía una fecha final de entrega, y esta advertencia última parece haber obrado el milagro. Aunque todas las modernas ediciones del Manifiesto llevan los nombres de Marx y Engels- e indudablemente las ideas de Engels tuvieron su influencia-, el texto que finalmente llegó a Londres a principios de febrero había sido escrito exclusivamente por Karl Marx, en su estudio de la rue d´Orleans 42, garabateándolo con furia durante toda la noche entre una densa nube de tabaco”. Lo cuenta el periodista (The Guardian, Private Eye) y ensayista británico Francis Wheen en Karl Marx, biografía del autor de El Capital que publica ahora Debate.

Hay otro dato sobre El Manifiesto que también tiene tela: Su célebre primera frase -“Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”- data de la traducción inglesa de 1848, 34 años después de la publicación del libro. Lo que escribió originalmente Marx para abrir su panfleto fue otra cosa: “Un temible duende recorre Europa...”. Duende, sí, han leído bien.

Una obra torrencial
 

Estos detalles sobre la elaboración del Manifiesto resumen bien el espíritu de la biografía de Wheen: investigar al Marx humano para entender mejor su obra. Un contexto imprescindible porque, como cuenta César Rendueles en el prólogo, la falta del mismo ha generado malinterpretaciones de la obra marxiana; obra que, por cierto, llamar voluminosa sería un tanto eufemístico: la edición de las obras completas de Marx y Engels, reanudada a finales de los noventa y aún en marcha, podría alcanzar los 120 volúmenes.

Rendueles lo explica así: “Tantos los partidarios como los detractores de Marx desarrollaron una gran cantidad de interpretaciones divergentes de sus teorías, ya fuera para seguirlas o para oponerse a ellas. Y hoy, de nuevo, volver a Marx es decidir a qué Marx volver… La cuestión de fondo es que la propia producción de Marx es una pesadilla editorial. Sus obras completas son un cúmulo de textos publicados en muy distintas circunstancias... Por supuesto, no es el único autor importante con el que pasa algo así… La diferencia es que, en el caso de Marx, algunos de estos textos han circulado muchísimo y son considerados una parte fundamental de su doctrina de un modo no siempre justificado”.

Rendueles no cree, por tanto, que se puede hacer una interpretación cabal de los textos de Marx eludiendo el contexto biográfico. Lo cual no deja de ser políticamente inquietante: Marx es uno de esos pensadores sobre el que todo el mundo opina, en especial en épocas de crisis, pero sus peripecias biográficas no son precisamente de uso común...

“La mayor parte de los escritos de Marx son incomprensibles si se leen sin tener en consideración el contexto biográfico e histórico en el que fueron producidos y publicados (o no). Marx simultaneó durante toda su vida la actividad teórica y la militancia política, y buena parte de sus obras consiste en textos de intervención que no pueden ser tomados como declaraciones teóricas generales. La vida de Marx fue tumultuosa, a menudo desgraciada, y eso afectó decisivamente a sus escritos. Sin embargo, los estudios biográficos sobre Marx no han ayudado mucho a cartografiar esta compleja ortografía personal. La mayor parte de las biografías disponibles son o bien hagiografías muy ideologizadas o bien ataques furibundos”, cuenta Rendueles.

Ahí radicaría precisamente el valor político de un libro como el de Wheen, que muestra al joven Marx en todo su esplendor subversivo: su gusto por las farras alcohólicas, su afición “por la juerga y la gresca”, su escritura compulsiva de panfletos, artículos y libros, sus constantes problemas con la autoridad y la policía de varios países por dicho textos -donde denunció la censura, la opresión política y económica y, en definitiva, la falta de libertades democráticas- su exilio por media Europa y sus graves problemas para llegar a fin de mes en algunos momentos de su azarosa existencia de agitador político.

“Redactó su primer trabajo periodístico en febrero de 1842… El artículo era una brillante polémica contra las últimas instrucciones de censura promulgadas por el rey Federico Guillermo IV, y como suprema pero no intencionada paradoja, fue prohibido inmediatamente por el censor”, escribe Wheen sobre el temprano gusto de Marx por el artículo político incendiario.

El libro, como es lógico, incluye una alucinante cantidad de anecdotario, tan simpático como relevante, como esta descripción sobre su relación de amistad con Engels, con el que formó una de las parejas intelectuales más explosivas de todos los tiempos: “No tenían secretos el uno para el otro. Tampoco tabúes: si a Marx le salía un inmenso forúnculo en el pene, no dudaba en hacerle la más completa descripción. Su voluminosa correspodencia es un sabroso estofado de historia y chismorreo, política económica y obscenidades de colegial, grandes ideales e intimidades de andar por casa”, cuenta Wheen antes de poner un ejemplo de carta tipo.

Según Wheen, en una carta a Engels de 1853, Marx trató los siguientes temas: "el rápido incremento de las exportaciones británicas a territorios turcos, la posición de Disraeli en el Partido Conservador, el debate en la Cámara de los Comunes de la Ley sobre las Reservas para el Clero en Canadá, los malos tratos a los refugiados por parte de la policía británica, las actividades de los comunistas alemanes en Nueva York, el intento del editor de Marx de estafarle y la política situación de Hungría"… Lo que viene siendo, ejem, una carta ligerita.

Lo increíble es que Marx, un auténtico virtuoso del libelo como arma política, aún tuvo tiempo para rematar su misiva a Engels con una reflexión bufa sobre la supuesta flatulencia de la emperatriz Eugenia, a la que se refiere en estos términos: 'Ese ángel sufre, a lo que parece, de una dolencia de lo más indiscreta. Es una apasionada adicta a los pedos, y es incapaz de reprimirse incluso en compañía. Durante una época recurrió a la equitación como remedio. Pero ahora que se lo ha prohibido Bonaparte, a lo que da rienda suelta es a las ventosidades. Es solo un ruidito, un pequeño murmullo, casi inaudible, pero ya sabes que los franceses son sensibles a la menor ráfaga de viento”.

Dada su condición de “cosmopolitas apátridas”, Marx y Engels crearon su propio lenguaje epistolar: “Un extraño galimatías anglo-franco-latino-alemán" que sólo entendían ellos, con los consiguientes problemas de interpretación a la muerte de Marx. “Engels aprendió a entender esta jerizonga con facilidad; y lo más impresionante, era capaz de leer la caligrafía de Marx... Tras la muerte de Marx, Engels tuvo que impartir un curso de doctorado en paleografía a los socialdemócratas alemanes que querían organizar los escritos no publicados del gran hombre”, recuerda Wheen.

“Volver al Marx histórico -liberado, por tanto, de las adherencias políticas que ha ido adquiriendo en los últimos ciento cincuenta años- es reencontrarnos con un personaje profundamente comprometido con la democracia radical en un momento en el que era una reivindicación peligrosa (ningún país europeo, por ejemplo, instauró el sufragio universal hasta bien entrado el siglo XX)… Seguramente eso es lo que hace que nos resulte tan actual. Hoy la exigencia de democracia vuelve a ser subversiva”, zanja Rendueles.


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viernes, junio 2

Cervantes y Shakespeare, el cosmopolita y el sedentario



(Un texto de Luis Reyes en la revista Tiempo del 8 de abril de 2016)

Roma, diciembre de 1569. Cervantes llega en el séquito  del cardenal Acquaviva.
La vida de Miguel de Cervantes fue un azogue, viajó muchísimo y corrió estremecedoras aventuras. William Shakespeare en cambio nunca se alejó más de 100 millas de su pueblo, la distancia entre Stratford Upon Avon y Londres. Estas actitudes vitales tan diversas se diría que reflejan las naturalezas opuestas de sus lugares natales, el cosmopolitismo de Alcalá de Henares frente al ruralismo de Stratford.

Alcalá era una villa con títulos de nobleza, el castro celtibérico de Ikesancom Kombouto, que acuñaba moneda propia, refundado por los romanos en el siglo I con el nombre de Complutum. Fue la población romana más importante del centro de España, ocupaba 50 hectáreas a mitad de la vía entre César Augusta (Zaragoza) y Emérita Augusta (Mérida), y a finales del siglo III alumbró a sus primeros hijos insignes, los santos niños mártires Justo y Pastor.

Tras su reconquista fue lugar de residencia de los reyes de Castilla, donde se celebraron Cortes y se dictaron los famosos Ordenamientos de Alcalá. Allí falleció Juan I, Enrique III recibió a los embajadores de Tamerlán, emperador de los mongoles, e Isabel la Católica se entrevistó con Colón. Allí nació su hija pequeña, Catalina, que sería reina de Inglaterra en el mismo siglo en que nació Shakespeare, y también el segundo hijo varón de Juana la Loca, Fernando, que sería emperador.

Pero aún más importante para destacar a Alcalá en el mapa del mundo
 –Wijngaerde la incluyó en sus vistas de ciudades– fue el mecenazgo del cardenal Cisneros, que fundó la Universidad Complutense y, al amparo de esta, publicó en Alcalá la Biblia Políglota, culmen de la erudición bíblica de todos los tiempos y obra maestra del arte de la edición realizada en la imprenta de la universidad.

Frente a tales glorias, Stratford Upon Avon resultaba insignificante. Los bárbaros anglo-sajones fundaron una aldea que se convirtió en pequeño burgo relativamente próspero gracias a su mercado semanal. Eso permitía que el municipio mantuviese una grammar school donde Shakespeare, hijo de un concejal, fue a estudiar, aunque aprendió “poco latín y menos griego”. Allí pasó los 20 primeros años de su vida sin hacer nada más importante que casarse a los 18.

Cervantes, en cambio, no llegó a estudiar en la Complutense porque cuando tenía 4 años su padre se trasladó a Valladolid, entonces sede de la corte. La familia de Cervantes se movió mucho de un lugar a otro, lo que algunos ven práctica de judeoconversos, que así intentaban borrar sus antecedentes. Esta hipótesis crearía uno de esos vínculos subliminales entre los dos escritores, pues la madre de Shakespeare era católica, una minoría perseguida en la Inglaterra isabelina.

A los 19 años Cervantes cursaba en el Estudio de la Villa de Madrid, y su catedrático, López de Hoyos, incluyó un soneto de su “caro y amado discípulo” en un libro dedicado a la fallecida reina Isabel de Valois, ópera prima de la literatura cervantina. A la misma edad no habría apuntado Shakespeare como escritor, pero ambos emprendieron viajes al entrar en la veintena por razones oscuras. Aquí sí hay una coincidencia notable, se cree que Miguel y William cometieron delitos graves que les empujaron a huir de Madrid y Stratford respectivamente, aunque en ambos casos existen muchas dudas, muchas lagunas: Cervantes habría malherido a alguien bien relacionado en la corte, Shakespeare habría cazado el ciervo de un noble, lo que estaba tan perseguido como el homicidio.

No se sabe de cierto cuándo llegó Shakespeare a Londres y se aventura que su primer contacto con el teatro fue cuidar los caballos de los espectadores, aunque logró introducirse bien en el medio, pues entró como actor y luego autor en la acreditada compañía de los Hombres del Lord Chambelán, que pasaría al patrocinio real como los Hombres del Rey. Sin más afanes que los nervios de los estrenos, fue pronto aclamado como el dramaturgo de moda, ganó mucho dinero, lo invirtió bien, y en 1613, cuando llevaba en Londres unos 25 años, el incendio del Teatro del Globo pareció empujarle a abandonar las tablas y volver a Stratford como un rico propietario, que ya no hizo nada hasta su muerte.

Cervantes abandonó Madrid con mejores augurios, pues lo llevaba en su séquito el cardenal Acquaviva, embajador papal, lo que le permitiría conocer las maravillas de Italia, algo anhelado por todo hombre de letras. Tuvo la oportunidad de residir en Roma, “reina de las ciudades y señora del mundo” en sus propias palabras, donde “visitó sus templos, adoró sus reliquias y admiró su grandeza”, y podría haber hecho carrera como camarero del cardenal, que era empleo muy distinguido.

Hombre de guerra

En cambio, su naturaleza inquieta le hizo cambiar la curia por las armas, y como soldado de los tercios españoles estuvo cinco años guerreando contra el Turco de una punta a otra del Mediterráneo. Se bautizó de fuego en Lepanto, donde perdió “la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros”, según escribiría en el prólogo de las Novelas ejemplares, mostrando su conciencia de haber participado en las glorias de la Historia. Luego, como la negra noche sucede al día, vinieron cinco años de inmovilidad forzosa, cautivo en Argel, su trance más terrible y al que dedicaremos el próximo número.

Cervantes fue liberado en 1580, tenía 33 años, edad madura en la época, pero aún hizo de agente secreto en el norte de África y buscó vehementemente irse a las Indias. Le escribió al rey para que le otorgase “la Contaduría del Nuevo Reino de Granada (Colombia), o la Gobernación de la Provincia de Soconusco en Guatemala, o Contador de las Galeras de Cartagena (Colombia), o Corregidor de la Ciudad de la Paz (Bolivia)”... No le importaba el país con tal de que fuese un cargo de la categoría que creía merecer.
No lo logró, se hubo de conformar con ser comisario de provisiones de la Armada Invencible y recaudador de impuestos, lo que le haría visitar media España, incluida la cárcel de Sevilla por un problema financiero, reuniendo experiencias que volcaría en las andanzas de Don Quijote, engendrado en el dolor de su segundo cautiverio. ¡Qué suertes tan distintas las de los dos genios!

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