Cuéntame un cuento...

...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..

martes, abril 14

Charlie y Oona, una historia de amor

(Leído en Facebook a finales de octubre de 2022)

Cuando Charlie Chaplin decidió casarse con Oona, 30 años menor.

Él le dijo, Cásate conmigo para enseñarte a vivir y enseñarme a morir...

Ella respondió, no Charlie, me casaré contigo para que me enseñes a madurar y te enseñaré a ser joven hasta el final.

Fue un matrimonio maravilloso, tuvieron 8 hijos y vivieron juntos hasta que Charlie murió a los 88 años, quien ama no es duro, no se aburre, no huye, no deja, no engaña, y a quien no le gusta esconderse detrás de excusas artificiales, falsas excusas frágiles.

Fue allí cuando compuso la canción CANDILEJAS, una de sus estrofas reza algo así, "Tú llegaste a mi cuando me voy, eres luz de abril yo tarde gris", fue dedicada a su amor OONA.

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viernes, febrero 13

El trío amoroso de Vladimir Lenin

(Un artículo de José Segovia en el XLSemanal del 20 de diciembre de 2020)

Lenin mantuvo un largo ménage à trois con su esposa, Nadia y su amante, la exiliada rusa, Inessa. El revolucionario quedó rendido ante esta sofisticada mujer. A pesar de los celos de Nadia ambas se hicieron buenas amigas.

En 1894, Vladímir Lenin asistió a una reunión clandestina en San Petersburgo, donde conoció a Nadezhda Krúpskaya (Nadia), una joven maestra de una escuela nocturna para obreros de un barrio miserable. Tras un viaje por el extranjero y varios años en la cárcel, Lenin y Nadia se casaron en 1898.

Desde el primer momento, él prestó mucha atención a las opiniones de su mujer sobre los padecimientos de la clase trabajadora: ella había adquirido muchos más datos que él en ese campo específico, asegura Victor Sebestyen, autor de una reciente biografía sobre Lenin.

En diciembre de 1908, el matrimonio fue a París, donde el revolucionario conoció a Inessa Armand, una exiliada rusa, madre de cinco hijos, que había abandonado a su marido. El líder bolchevique cayó rendido ante esa sofisticada mujer que dominaba cuatro idiomas y era capaz de conversar con la misma facilidad sobre alta costura parisina que sobre teoría marxista.

Lenin quedó hipnotizado por ella. La nombró directora de una escuela para jóvenes trabajadores rusos que puso en marcha en las afueras de París. El objetivo era educarlos en el marxismo y en prácticas conspirativas y enviarlos de regreso a casa para que formaran la vanguardia del movimiento revolucionario. Lenin e Inessa se hicieron amantes.

Es posible que Nadia sintiera celos, pero debió de pensar que su principal tarea era ser la fiel compañera y ayudante de Lenin. Si eso significaba tratar a Inessa con amabilidad, lo haría para que su marido completase su labor revolucionaria.

Con el paso del tiempo, las dos se hicieron grandes amigas. Lenin mantuvo un largo ménage à trois con su amante y su esposa. Cuando cayó el zar en 1917, Lenin regresó a San Petersburgo para hacerse con las riendas de la Revolución y dirigir con puño de hierro el partido bolchevique. Tras diez años de lealtad a Lenin, Inessa murió de cólera en el Cáucaso el 24 de septiembre de 1920. Días después, miles de personas acudieron a presentar sus respetos cuando la enterraron en la plaza Roja de Moscú, cerca del Muro Este del Kremlin.

En primera fila del funeral de Estado estaba Lenin, quien mostró su profundo dolor por la pérdida de su amada. El líder soviético y su mujer adoptaron a los hijos de Inessa de forma extraoficial y se comportaron con ellos como unos segundos padres. 

En mayo de 1922, veinticuatro meses después de la muerte de su amante, Inessa Armand, Lenin sufrió un derrame cerebral. Padeció varias recaídas y murió el 21 de enero de 1924.

Lenin y su mujer, Nadia, fueron perseguidos por la Policía secreta zarista, que condenó a miles de rusos a morir de hambre o enfermedad en el exilio siberiano.

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viernes, febrero 14

Carolyne, la ‘amiga especial’ de Franz Liszt

 (Un texto de Rubén Amón en elconfidencial.com del 24 de julio de 2020 sobre la ‘amiga especial’ del padre del rey de España. Muy apropiado para San Valentín, ¿o no?)

Los melómanos familiarizados con la biografía de Franz Liszt conocen sobradamente el apellido Sayn-Wittgenstein. […] identificaba a Carolyne, compañera sentimental del compositor húngaro en un periodo convulso y escandaloso de sus respectivas vidas.

Convulso quiere decir que esta efervescente relación […] no logró sobreponerse a las conspiraciones de la monarquía rusa ni a las sanciones del Vaticano, de tal forma que los apasionados vínculos del principio derivaron la relación a un encorsetado amor platónico. Nada de comisiones ni de paraísos fiscales.

Se conocieron Carolyne y Liszt en Kiev a propósito de un concierto que el virtuoso pianista protagonizó en 1847. Estaba ella casada con el príncipe Nikolaus Sayn-Wittgenstein-Ludwigsburg -parece ser que la tinta se agotó cuando redactaron la partida de bautismo-, incluso tuvieron una hija común, pero el recital de Liszt precipitó un arrebato de consecuencias inesperadas.

La primera consistió en que Carolyne decidió establecerse junto a Liszt en Weimar apenas un año después del flechazo, sin miedo a sobreponerse a las represalias de su esposo ni renunciar a una vida de privilegios feudales. Cien sirvientes y 30.000 siervos sufragaban la cotidianidad de Carolyne en el imponente castillo donde residía.

La segunda consecuencia, decisiva para la historia de la música, radicó en que la amante del maestro le persuadió para que antepusiera su faceta de compositor a la de pianista, de tal forma que este periodo de pasiones y voluptuosidades condujo a una fertilidad creativa en la que impresionan los conciertos para piano, los poemas sinfónicos más exuberantes y la 'Sinfonía Fausto'.

Pacto mefistofélico

Liszt, en efecto, escribía como si lo hubiera poseído un pacto mefistofélico. Prodigaba una versatilidad que bien podría relacionarse con el periodo de fertilidad y de fecundidad que predispuso [Carolyne]. Los retratos de la época no la retratan con especial entusiasmo ni sensualidad, pero estos detalles superficiales no contradicen la fascinación que ejerció Carolyne, ni sus cualidades de mujer ilustrada.

“Como experto en estos asuntos”, escribe Liszt a propósito de la gracia de Carolyne, sostengo que es una mujer realmente hermosa, porque su alma le presta a su rostro la transfiguración de la más alta belleza”.

Los retratos no la muestran con especial sensualidad, pero estos detalles superficiales no contradicen la fascinación que ejerció. No cabe mejor respuesta a la incredulidad de sus allegados. […]. Fue periodista, ensayista. Y reflexionó a conciencia sobre el catolicismo, quizá porque buscaba una explicación a los obstáculos con que la Iglesia saboteaba la relación.

Los problemas sobrevinieron cuando la pareja pretendió regularizar el casamiento. Carolyne “conspiró” entre las autoridades eclesiásticas para conseguir que le anularan su primer matrimonio, pero la ceremonia, prevista en Roma con ocasión de los cincuenta años del compositor, se frustró porque la señora Sayn-Wittgenstein subestimó la estrategia y el escarmiento de su esposo.

No sólo hizo pesar Nikolaus su peso aristocrático en el Vaticano. También desempolvó su influencia ante el zar de Rusia para que desposeyeran a su mujer de sus tierras y de su fortuna, aunque Carolyne era en realidad una mujer ucraniana de origen polaco, como se desprende de su patronímico bautismal: Karolina Elzbieta Iwanowska.

Cuesta trabajo eludir las comparaciones con la trama de 'Anna Karenina'. La diferencia se encuentra acaso en los detalles menos traumáticos del desenlace -no hubo un tren ante el que inmolarse-, pero la frustración del matrimonio no puede considerarse inocuo.

Franz Liszt, escarmentado por el veto de la Santa Sede, recibió las órdenes menores y se “recicló” como abad, hasta el extremo de que las obras posteriores de su ejecutoria redundaron en el repertorio religioso, más o menos como si él mismo buscara un camino de expiación, a semejanza de Tannhäuser después de haberse entregado a Venus.

“Estoy mortalmente triste; No puedo decir nada y no escuchar nada. Solo la oración puede consolarme y eso solo de vez en cuando”, escribía el compositor en el contexto de su depresión.

¿Y Carolyne? Mantuvo con Liszt una relación estrecha, casi siempre epistolar y en francés, pero desprovista de connotaciones sentimentales. Se dedicó a su vocación de pensadora. Y escribió un libro sobre las cañerías del gobierno eclesiástico que fue prohibido por el Vaticano y cuyo título adquiere hoy una extraordinaria actualidad: “De las causas interiores de la fragilidad exterior de la Iglesia”.

Tanto le afectó la muerte de Liszt, el 31 de julio de 1886, que murió ella siete meses después en Roma. Lo hizo confesando que nunca había sido tan dichosa como cuando estaba entre los diez dedos del maestro húngaro.

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martes, agosto 13

Why falling in love is similar to being drunk

(An article by Sarah Knapton read on 20th May 2015, on Daily Telegraph)

A new study suggests that the love hormone oxytocin has similar affects to being drunk.

Poets, songwriters and authors have written of the intoxicating effect of falling in love. But a new study suggests that the love hormone oxytocin has similar affects to being drunk, and not just the more pleasant aspects of inebriation. 

Researchers found that not only can oxytocin make lovers feel relaxed, happy and more confident, it can also provoke aggression, jealousy and arrogance. Oxytocin is a hormone produced in a part of the brain called the hypothalamus and plays a significant role in bonding, falling in love and making friendships.

Scientists at the University of Birmingham tested subjects to find out if the effects of drinking alcohol were similar to those of oxytocin, which was administered in a spray. Dr Ian Mitchell, from the School of Psychology at Birmingham University, said: "We pooled existing research into the effects of both oxytocin and alcohol and were struck by the incredible similarities between the two compounds.

"They appear to target different receptors within the brain, but cause common actions.

"These neural circuits control how we perceive stress or anxiety, especially in social situations such as interviews, or perhaps even plucking up the courage to ask somebody on a date. Taking compounds such as oxytocin and alcohol can make these situations seem less daunting."

Oxytocin increases pro-social behaviours such as altruism, generosity and empathy while making us more willing to trust others. Those effects come about because the hormone appears to remove the brakes on social inhibitors such as fear, anxiety and stress in the same way that alcohol works. The researchers say it may explain why first dates are often involve alcohol as prospective partners use 'Dutch courage' to mirror the feelings of love.

Dr Steven Gillespie said: "The idea of 'Dutch courage' - having a drink to overcome nerves - is used to battle those immediate obstacles of fear and anxiety.

"Oxytocin appears to mirror these effects in the lab."

However, the researchers warn against self-medicating with either the hormone or a swift drink to provide a little more confidence in difficult moments. Alongside the health concerns that accompany frequent alcohol consumption, there are less desirable socio-cognitive effects that both alcohol and oxytocin can facilitate.

People can become more aggressive, more boastful, envious of those they consider to be their competitors, and favour their in-group at the expense of others.

The compounds can also affect our sense of fear which normally acts to protect us from getting into trouble and we often hear of people taking risks that they otherwise wouldn't. A dose of either compound can further influence how we deal with others by enhancing our perception of trustworthiness, which would further increase the danger of taking unnecessary risks. The findings were published in the journal Neuroscience and Biobehavioural Reviews.

Dr Gillespie added: "I don't think we'll see a time when oxytocin is used socially as an alternative to alcohol.

"But it is a fascinating neurochemical and, away from matters of the heart, has a possible use in treatment of psychological and psychiatric conditions.”

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lunes, febrero 14

Tres de las cartas de amor más bellas de la historia

 (Un texto de Elena de los Ríos en la revista Mujer de Hoy del 14 de febrero de 2017)

Son músicos los que firman tres cartas de amor que han pasado a las crónicas como ejemplos de romanticismo y amor verdadero.

La primera gran carta de amor se la envió el cantante estadounidense Johnny Cash a su esposa, la también cantante June Carter. Se conocieron en 1956, cuando June debutó en el Grand Ole Opry de Nashville, meca del country. Ambos estaban casados, pero se enamoraron profundamente y él terminó pidiéndole matrimonio públicamente, en un concierto.

En 1994, él le escribió: “Nos hacemos viejos y nos acostumbramos el uno al otro. Pensamos parecido. Nos leemos la mente. Sabemos qué quiere el otro sin preguntarlo. A veces, nos irritamos un poco el uno al otro. Tal vez, a veces nos damos por sentado. Pero hay ocasiones, de vez en cuando, como hoy que lo medito, me doy cuenta de la suerte que tengo por compartir mi vida con la mujer más extraordinaria que he conocido. Todavía me fascinas y me inspiras. Me influyes para mejorar. Eres lo que deseo, la razón número uno en la tierra para mi existencia”.

El boxeador Marcel Cerdan fue el gran amor de la cantante Edith Piaf. Vivieron el uno para el otro durante años: ella elegía la ropa de él, organizaba sus combates y lo seguía en sus viajes. Él rechazaba los contratos que le obligaban a alejarse de ella. Las cartas que ambos se intercambiaron son la prueba de su intenso y romántico amor, interrumpido trágicamente en 1963, cuando Cerdán murió en un accidente de avión en las Azores.

"Yo te amo irracionalmente, anormalmente, locamente, y nada puedo hacer para evitarlo. La culpa es tuya, eres magnífico. Abrázame con el pensamiento entre tus brazos y piensa que nada cuenta en el mundo aparte de tú y yo", escribió Edith Piaf a Cerdan el 20 de mayo de 1949. "Existe una sola Edith Piaf y yo tengo la suerte, yo, pobre boxeador bruto, de ser amado por ella (...)", respondió él.

La tercera carta es una de las que Ludwig Van Beethoven a su “amada inmortal”, una mujer desconocida que pudo conocer durante su estancia en un balneario en Bohemia. Esta carta se hizo mundialmente famosa gracias a “Sexo en Nueva York”: la frase romántica fetiche entre Carrie y Mr. Big, “siempre tuyo, siempre mía, siempre nuestros”, es un hallazgo literario del compositor alemán sacado de esta misiva que este escribió un 7 de julio de 1812. Decía así:

“Aunque sigo en la cama, mis pensamientos van hacia ti, mi Amada Inmortal, primero alegremente, después tristemente, esperando saber si el destino nos escuchará o no. Yo sólo puedo vivir completamente contigo y si no, no quiero nada. Sí, estoy resuelto a vagar por ahí, lo más lejos de ti hasta que pueda volar a tus brazos y decir que estoy realmente en casa contigo, y pueda mandar mi alma arropada en ti a la tierra de los espíritus. Sí, desgraciadamente debe ser eso. ¿Serás más contenida y prudente desde que conoces mi fidelidad hacia ti? A ninguna más poseerá mi corazón, nunca, nunca”.

¡Oh Dios! ¿Por qué tiene uno que ser separado de alguien a quien ama tanto?, y además mi vida es ahora una vida desgraciada. Tu amor me hace a la vez el más feliz y el más desgraciado de los hombres. A mi edad yo necesito una vida tranquila y estable, ¿puede existir eso en nuestra relación?

Ángel mío, me acaban de decir que el coche correo va todos los días, debo cerrar la carta de una vez y así podrás recibirla ya. Cálmate, sólo a través de una consideración calmada de nuestra existencia podemos alcanzar nuestro propósito de vivir juntos.

Cálmate, ámame, hoy, ayer, qué lágrimas anhelantes por ti, tú, tú, mi vida, mi todo, adiós. Continúa amándome, nunca juzgues mal el corazón fiel de tu amado. Siempre tuyo. Siempre mía. Siempre nuestros.”

 

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martes, febrero 1

No te pido...

(Leído en la red, supuestamente escrito por Frida Kalho)

′No te pido que me des un beso.
No te disculpes conmigo
cuando pienso que te equivocaste.
Ni siquiera te pediré que me abraces cuando más lo necesito,
no te pido que me digas lo hermosa que soy,
Aunque sea mentira,
Ni de escribirme nada bueno.
Ni siquiera te voy a pedir que me llames
Para decirme cómo estuvo tu día,
Ni de decirme que me extrañas.
No te voy a pedir que me agradezcas
por todo lo que hago por ti,
Ni que te preocupes por mi
Cuando mis ánimos están en el suelo,
y por supuesto, no te voy a pedir
De apoyarme en mis decisiones.
Ni siquiera te pediré que me escuches cuando tengo mil historias que contarte.
No te voy a pedir que hagas nada, ni siquiera que estés a mi lado para siempre.
Porque si tengo que pedírtelo , entonces ya no lo quiero.

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lunes, enero 10

No te pido

(De Frida Kahlo)

′′ No te pido que me des un beso.
No te disculpes conmigo
cuando pienso que te equivocaste.
Ni siquiera te pediré que me abraces cuando más lo necesito,
no te pido que me digas lo hermosa que soy,
Aunque sea mentira,
Ni de escribirme nada bueno.
Ni siquiera te voy a pedir que me llames
Para decirme cómo estuvo tu día,
Ni de decirme que me extrañas.
No te voy a pedir que me agradezcas
por todo lo que hago por ti,
Ni que te preocupes por mi
Cuando mis ánimos están en el suelo,
y por supuesto, no te voy a pedir
De apoyarme en mis decisiones.
Ni siquiera te pediré que me escuches cuando tengo mil historias que contarte.
No te voy a pedir que hagas nada, ni siquiera que estés a mi lado para siempre.
Porque si tengo que pedírtelo , entonces ya no lo quiero."

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lunes, junio 14

Desmontando la ciencia de las citas (con un poco de historia)

 (Un texto de E. de los Ríos en la revista Mujer de Hoy del 1 de abril de 2017)

Parecen de siempre, pero son apenas de anteayer. Descubrimos la evolución del cortejo. ¿De verdad ligamos ahora más y mejor? ¿Salimos ganando las mujeres con las citas, este moderno (y aparentemente universal) sistema de acercamiento?

Toda la cultura popular -las películas, los libros, las canciones- nos empujan a pensar en el amor como el destino más deseado por cualquiera, sobre todo si eres mujer. Sin embargo, la búsqueda de pareja no se parece nada a los románticos relatos con los que nos machacan, sino que muchas veces produce situaciones incómodas, genera rechazo, da pereza.

Algo así le sucedió a la ensayista Moira Weigel (Brooklyn, 1984), quien se empeñó en analizar la historia de las citas para descubrir en el pasado las razones de su malestar con la manera en que funciona la mecánica actual de lo que los anglosajones llaman dating. En su libro Labour of Love. The Invention of Dating (Macmillan) retrata cómo han cambiado las técnicas de emparejamiento, deseos y expectativas en los últimos 100 años. ¿Que cómo hemos llegado a nuestra moderna manera de ligar? Veamos.

1. Las ventajas de ser Jane Austen

Antes de la invención de las citas, las jóvenes se emparejaban por el procedimiento del cortejo. Desde los 16 y a lo largo de un año más o menos, las madres invitaban a ciertos jóvenes a visitar a sus hijas en casa para ver si surgía la chispa. También podía suceder que un admirador se presentara espontáneamente o que ella conociera a algún pretendiente en un baile.

Todos debían ser supervisados por las mujeres de la familia, que tenían el poder para controlar todo el proceso: la joven casadera y su madre decidían si recibía o no, dónde, cuánto duraría el noviazgo y qué requerimientos había de cumplir el candidato. Además, el cortejo tenían lugar en casa, territorio femenino por excelencia (en aquella época). Ni hay que decir que para cortejar y ser cortejada no hacía falta gastarse un euro: todo era gratis total, al menos para ella.

2. ¿Cuándo se inventaron las citas?

La palabra "cita" se imprimió por primera vez en el periódico The Chicago Record, en una columna de 1896 que hablaba sobre las costumbres de la clase trabajadora. Las citas fueron la única salida de las trabajadoras de principios del siglo XX para encontrar marido. 

Independientes y solas en la ciudad -donde llegaban desde el campo para ser sirvientas, dependientas o, en el mejor de los casos, secretarias-, no podían ser cortejadas en las mínimas habitaciones que pagaban con sus exiguos salarios (la mitad que el de los hombres). La policía comenzó a darse cuenta de que algunos jóvenes se encontraban en la calle y salían en pareja: el fenómeno era tan nuevo que muchas chicas fueron detenidas como sospechosas de prostitución.

3. El amor sale a la calle y se convierte en un lucrativo negocio

Gracias a las citas, el amor dejó de ser una cuestión privada y familiar para desenvolverse en el espacio público. Restaurantes, salones de baile, parques y cines empezaron a ser testigos de cómo florecían las jóvenes parejas. Poco a poco, el amor se fue convirtiendo en un lucrativo negocio porque el cortejo comenzó a requerir cierta inversión económica y aceptar citas se convirtió en la única manera en que ellas podían disfrutar de un poco de ocio.

Como sucede hoy en las apps y webs dedicadas al emparejamiento de extraños, lo que interesaba no era el matrimonio o el noviazgo sino la persecución infinita de deseos insatisfechos en una sucesión lo más larga posible de citas.

4. Bajo la influencia de la oferta y la demanda

Las dependientas eran instruidas en las tiendas para movilizar todo su encanto y lograr que los clientes compraran. Esta pedagogía de la seducción se trasladó rápidamente a las citas, en las que ellas asumieron que tenían que mostrarse o "venderse" lo mejor posible para conquistar a su pretendiente. Ropa, cosméticos, sonrisas perfectas, modales complacientes... Trabajar y ligar requerían exactamente los mismos procedimientos.

Esta dinámica ha pervivido hasta nuestros días: aún nos ofrecemos a nosotros mismos como si tuviéramos que satisfacer las necesidades de un potencial cliente. La mecánica del ligue se ha disfrazado de romanticismo pero, en realidad, tiene mucho que ver con algo más parecido a una transacción comercial.

5. La irresistible ascensión de los "rollos"

De los años 20 a los 60, la convención marcaba que solo tras una serie de citas podían llegar las relaciones sexuales. Tras una temporada de diversiones, ellos debían elegir a la esposa perfecta, mientras ellas rezaban por recibir cuanto antes una proposición que las sacara "del mercado". 

Sin embargo, en la "década del amor", sobre todo en los colleges universitarios, se invirtieron el orden de los factores, una práctica que se ha extendido a medida que los métodos de evaluación de costes, propios de lo económico, se han ido imponiendo en lo amoroso. No perder tiempo, evitar invertir recursos innecesarios o enfocarse en la propia carrera son argumentos que se suelen utilizar para explicar la preferencia de los rollos, es decir, las relaciones sexuales esporádicas.

Esta práctica no sirve de ensayo para futuras relaciones satisfactorias, sino que inhibe lo emocional en favor de lo sexual, el compromiso en favor de lo puntual. El mercado laboral, marcado por la flexibilidad, la adaptación y la frialdad, imprime sus reglas en la inteligencia emocional.

6. La imposibilidad de sentar la cabeza

En el discurso tradicional, la elección o no del matrimonio tiene que ver, casi siempre, con razones de tipo cultural o moral. Pocas veces se mencionan los trascendentales factores económicos. Los estudios muestran cómo desde las últimas décadas del siglo XX y, de manera creciente hasta nuestros días, las clases trabajadoras perciben que ya no pueden permitirse casarse, ya sea porque no pueden pagar una boda o una casa.

El matrimonio se ha convertido en un privilegio de la clase media (una categoría social que cuenta cada vez con menos miembros), de forma que desaparece el sueño de las relaciones "para toda la vida" ante un panorama vital que es difícil de predecir. ¿Cómo comprometerse con seguridad con una pareja si la vida profesional obliga a cambiar de trabajo, de ciudad y hasta de país para poder aprovechar cada oportunidad que se presenta?

7. El trabajo se come el tiempo del amor

Hoy, las citas y, por extensión, las relaciones, se mueven, casi, en el ámbito de lo comercial: los intercambios han de ser eficientes, rentables y satisfactorios para ambas partes. Como el tiempo es dinero, cada vez nos va costando más "malgastarlo" en citas con improbable rédito a largo plazo. Y al estar permanentemente disponibles para nuestros "empleadores", apenas si queda ya el fin de semana para dedicar a la vieja estética del romance, menos de 48 horas en las que practicar aceleradamente los antiguos ritos del cortejo.

Se acabó lo de esperar con ilusión una cita: hoy debemos encajarla con calzador en nuestras apretadas agendas. De nuevo, las mujeres seguimos estando en posición de inferioridad: además de llevar la carga de la seducción cosmética, invertimos más al aceptarlas, ya que debemos trabajar más horas que los hombres para conseguir igual trabajo.

A las que aún persigan el sueño de la familia, les acecha un sentimiento de frustración añadido: la terrible sensación de haber perdido un tiempo precioso con cada cita (o serie de citas) fracasada. No hay tiempo para errores: la fertilidad nos coloca una fecha de caducidad que las presiones del mundo laboral se empeñan en ignorar. 

Qué NO hacer en una primera cita:

Los datos que maneja Meetic, uno de los principales portales de citas, ofrecen pistas sobre qué comportamientos evitar para que un primer encuentro se resuelva con éxito.

  • No proponer una cena (cómo hace testarudamente el 60% de los encuestados). Mejor un café o un aperitivo, por no alargar mucho el encuentro si no salta la chispa.
  • Hacer ruido al comer. Un 54% asegura odiarlo. Lo mismo que a los que se centran más en la comida que en la conversación.
  • No llegar tarde. La impuntualidad se percibe como desinterés: resulta fatal. Si se produce, tiene que estar hiperjustificada.
  • Jamás mentir. No funciona nada, nada, nada pretender ser lo que no se es. Por el contrario, la naturalidad a la hora de asumir los propios defectos puede ser sexy.
  • No caer en la queja. La negatividad mata el romance: hablar mal de parejas anteriores, lamentarse del trabajo, mostrarse pesimista...
  • Precaución. El 47% de los encuestados afirman que prefieren tener varias citas antes de lanzarse. Ante la duda, mejor un paso atrás.

 

 

Dónde ligar en el siglo XXI:

El 40% de los solteros y solteras buscan pareja a través de internet. Sobre todo a partir de la edad en la que se abandona la noche, es más fácil encontrar pareja en la red que en cualquier otro espacio "analógico". Pero, atención, no todas las webs sirven para todo.

  • Noviazgos y relaciones formales. Si tus intenciones son "seriasv, acude a Meetic, eDarling, Parship o Be2.
  • Ligoteo con posibilidades. Para divertirse sin cerrar la puerta a algo más, Badoo, Tinder, Grindr (gays), Qrushr (lesbianas), Zoosk, C-Date, Easyflirt.
  • Sexo esporádico. Para ir al grano sin pretensiones emocionales, Ashley Madison, Good2Go, Love Park, Adoptauntio, FriendScout24, LocalSin, Pure.

 

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domingo, mayo 10

Así se celebraba San Valentín en el pasado

(Un texto de E. Zamorano en elconfidencial.com del 13 de febrero de 2020)

¿Ya sabes con qué sorprender a tu pareja en San Valentín? Si hay algo de lo que podemos presumir los españoles es que somos muy detallistas. Tanto es así que el año pasado batimos un récord dentro del continente europeo siendo el país con mayor gasto medio por persona con 122 euros, según un estudio de Packlinck. Alrededor de 6,3 millones de españoles regalaron algo a sus parejas en estas fechas tan señaladas. Este año gastaremos menos, y la compañía cifra que, de media, asumiremos un coste de 71 euros en el amor. Los regalos favoritos siguen siendo los mismos: perfumes, joyas, bombones, flores y chocolates.

A decir verdad, aunque abunden las voces críticas y los 'haters' del amor tiendan a relacionar esta celebración con el consumismo global que vuelve a golpear de nuevo desde las navidades o el Black Friday, San Valentín es sin duda, para quien tenga la suerte de estar enamorado y ser correspondido, la fiesta más placentera del año, pues no hay mejor forma que demostrar el afecto que sientes por alguien que a través de un detalle o regalo especial.

¿A qué se debe la elección de esta fecha? Habría que remontarnos hacia el siglo III, a la Antigua Roma, cuando los romanos celebraban el festival de primavera de Lupercalia, el15 de febrero. Más tarde, cuando el Imperio se cristianizó, pasó a llamarse en honor al santo que llevaba por nombre Valentín. Este era un sacerdote que desafío las leyes al contradecir al emperador Claudio II, quien había prohibido los matrimonios entre los jóvenes porque a su entender esto les convertía en peores soldados.

El sacerdote Valentín consideró que se trataba de una gran injusticia, por lo que comenzó a oficiar casamientos clandestinos en las celdas de las cárceles, ya que el cristianismo fue prohibido por el emperador. Al cabo de un tiempo, este se acabó enterando y ordenó ejecutar al clérigo, acción que le convirtió en mártir de la fe católica y que bien valió para que el día de los enamorados llevase su nombre.

El primer año que se celebró de forma oficial en honor al mártir es el 494. Así, pasó a conmemorarse hasta la llegada del papa Pablo IV, quien suspendió la festividad, y el Concilio Vaticano II de 1969 finalmente la eliminó de la fiesta del calendario litúrgico. La Lupercalia, que es la fiesta de la que se desprende su sentido "amoroso" y no netamente cristiano, era una fiesta pagana dedicada a la fertilidad. En esta fiesta, las mujeres eran golpeadas con látigos hechos de piel de cabras y perros, ya que se creía que esto les otorgaba la cualidad de engendrar descendencia.

¿Cómo ha ido cambiando la fiesta a lo largo de los años? Por ejemplo, en el siglo XVII en Inglaterra, los londinenses tenían por costumbre celebrarla la noche anterior del 13 de febrero. Los hombres se declaraban a la mujer que querían tener por esposa y esta decidía si aceptaba o no. Obviamente, esta costumbre fue perdiendo peso con el paso de los años, hasta quedarse en una mera declaración amorosa sin más, según informa la revista '247 Tempo'.

¿De dónde viene la tradición de regalarse flores? Hay que remontarse a finales del siglo XVIII cuando el rey Carlos II de Suecia fue a la antigua Persia y vió cómo sus ciudadanos se regalaban flores en señal de respeto y amor mutuo. Por aquel entonces, si optabas por un clavel amarillo significaba que estabas decepcionado con la persona a lo que se lo regalabas, uno púrpura expresaba disculpas y, como no podía ser de otra forma, los rojos simbolizaban amor profundo y eterno.

Cuando se extendió el uso del correo postal entre la población alrededor de 1830 se empezaron a enviar las primeras cartas anónimas de amor. Esto además coincide con el inicio de la estética romántica como respuesta al movimiento ilustrado. La población se alfabetiza y es cuando también existe la eclosión de las novelas por fascículos semanales o mensuales. Aunque la festividad está muy estandarizada, adquiere distintas connotaciones y significados dependiendo de cada país. Por ejemplo, en Bolivia se celebra una fiesta parecida llamada "Día del amor y de la amistad", solo que está establecida para el 21 de septiembre. En Argentina sin embargo respetan la efeméride de San Valentín, dejando el "Día del Amigo" para el 20 de julio. En Centroamérica se conoce también por el nombre de "Día del cariño".

Uno de las celebraciones más peculiares es la de Japón, en la cual la costumbre dicta que sean las mujeres quienes regalen dulces a los hombres, y no precisamente a sus parejas, sino también a sus familiares, amigos o compañeros de trabajo. No es baladí que se regale este tipo de dulce, ya que la fecha de celebración fue instaurada en 1958 por la compañía de chocolates Morozoff. En definitiva, da igual cómo lo celebres o qué costumbre tengas, lo más importante es poder disfrutar de un día especial con las personas a las que más quieres.

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domingo, mayo 26

Virginia Woolf y Vita Sackville-West: Historia de una separación

(Un texto de Laura Freixas en la revista Mujer de Hoy del 1 de septiembre de 2018)

Lo que comenzó como un reconocimiento entre dos mujeres que se saltaban los roles femeninos de su época, evolucionó hacia una historia de amor, una amistad fría y, al final, un desencuentro intelectual al que las amantes no supieron (o no quisieron) sobreponerse.

“La señora Woolf –le escribe Vita Sackville-West a Harold Nicolson, su marido, en diciembre de 1922–, no es nada afectada. No lleva ningún adorno. La manera como se viste es atroz. Al principio no la encuentras guapa; luego hay una especie de belleza espiritual que se te impone y empiezas a mirarla con fascinación. Es a la vez distante y humana; está callada hasta que quiere decir algo y entonces lo dice maravillosamente bien. Es bastante vieja: 40 años. Pocas veces me he encontrado tan atraída por alguien, y creo que yo a ella también le gusto.”

Cuando por fin se conocen en persona, ese mes de diciembre de 1922, seguramente Vita y Virginia Woolf llevaban mucho tiempo siguiéndose la pista. Las dos son inglesas, escritoras, de edad parecida (Vita es 10 años más joven); las dos son mujeres fuera de lo común; las dos son relativamente famosas, aunque de forma muy distinta.
La señora Woolf, como la llama Vita, es muy respetada como novelista, pero desconocida para el gran público: más que fama, es prestigio lo que tiene. Es feminista, de izquierdas, muy culta y decentemente casada con el escritor, editor y periodista Leonard Woolf. Su círculo es el grupo de Bloomsbury, formado por intelectuales y artistas que residen en ese barrio londinense, céntrico pero nada elegante (ellos lo pondrán de moda). En una sociedad rígidamente dividida en clases, los Woolf pertenecen al estrato medio: viven, en parte, de renta, y tienen criada, pero están muy lejos de la nobleza millonaria en la que ha nacido Vita.

Esta, por su parte, goza de una celebridad bastante escandalosa. Su padre es un riquísimo aristócrata, dueño de un castillo de más de 300 habitaciones, con 50 criados a tiempo completo, pero su madre es hija ilegítima de una bailarina española gitana; y esto lo sabe el gran público, porque hubo un sonadísimo juicio por la herencia, seguido de un suicidio (del hermano de la madre de Vita, cuando perdió el litigio y con él, la esperanza de heredar una fortuna); de todo ello se hicieron amplio eco los periódicos… Como Virginia, Vita es una mujer rebelde respecto al modelo victoriano de la época. Nunca ha querido limitarse a ser hija de papá rico o esposa decorativa. Desde muy joven publica poesía y novelas que atraen mucha atención –de hecho, en esa época es más conocida como escritora que Virginia– y, aunque está casada y tiene dos hijos, no oculta sus amores con mujeres. Se va tranquilamente de viaje, durante meses, con su amante, Violet, a Italia o a Francia, donde juega a travestirse –se pone pantalones y se hace llamar Julian–, dejando a sus hijos con su madre o la niñera. Su marido, que es diplomático, pasa igualmente largas temporadas en el extranjero –Estambul, Berlín…– y tiene, él también, amantes de su mismo sexo. Una pareja original, porque además, se lo cuentan todo. (Tras la muerte de ambos, uno de sus hijos, Nigel Nicolson, escribió un libro lleno de simpatía y respeto sobre ellos: Retrato de un matrimonio).

Enamoradas de un ideal

Es comprensible que Vita y Virginia sientan, al menos, curiosidad mutua. En este primer encuentro, como vemos, a Vita le fascina Virginia. “Y creo que yo a ella también le gusto”… En esto, se equivoca: cuando poco después cenan juntos los dos matrimonios, Virginia anota en su diario que encuentra a Harold y Vita “incurablemente estúpidos”.

Pero poco a poco, las dos escritoras se van haciendo amigas. “Dios mío, adoro a esa mujer”, escribe Vita a Harold, aunque se apresura a tranquilizarle: “No estoy enamorada de ella, solo la amo” (“Not in love, just love”), y en otra carta: “Virginia me quiere y nos hemos acostado juntas”. Virginia, por su parte, hace introspección en su diario: “Me gusta su presencia y su belleza. ¿Estoy enamorada de ella? Pero ¿qué es el amor?... El hecho de que ella esté “enamorada” (hay que ponerlo entre comillas) de mí, me emociona y me halaga y me interesa”.

Pero en cuanto a sexualidad, Virginia Woolf nunca es muy explícita. Solo indirectamente, por una carta de su hermana Vanessa, sabemos que la vida sexual de Virginia con Leonard se limitó a una breve experiencia, tan insatisfactoria que después y hasta el fin de sus días durmieron en habitaciones separadas. La sexualidad le produce, dice Vanessa, una especie de incomprensión, y la sexualidad masculina concretamente, un rechazo visceral. Es significativo que en sus novelas hable de amor, pero nunca de la faceta erótica. El motivo, seguramente, es algo que le sucedió en la adolescencia, a lo que alude de paso en sus memorias póstumas, Momentos de vida: su medio hermano mayor abusaba de ella. Cuando se va de vacaciones con Vita –a Francia, una semana–, Virginia escribe a Leonard todos los días (¿para tranquilizarle?). Se siente tan ansiosa (¿o culpable? ¿de qué?...) que, como él no contesta, le pone un telegrama; y escribe también a Harold, elogiando a Vita (¿para demostrarle, también a él, que no tiene nada que temer?).

Una alianza entre (des)iguales

La amistad de Vita y Virginia es, para las dos, una de las cosas más importantes, enriquecedoras y placenteras que les pasa en la vida. Vita lleva a Virginia a conocer a sus padres y a visitar el castillo familiar, Knole. Virginia se inspirará en él y en la historia de los Sackville para escribir su novela Orlando; y Vita se lo agradecerá siempre: el gran dolor de su vida es no haber podido heredar Knole por ser mujer, y la novela de Virginia en cierto modo se lo restituye. Ella por su parte reconoce, sin reservas, la superioridad de Virginia: sabe que es mucho mejor como escritora que ella misma; admira su cultura, su creatividad, su inteligencia, su sentido crítico y del humor.

Virginia, a su vez, admira a Vita por algo que, visto con el espíritu crítico que tenemos ahora, podríamos definir como que Vita encarna un cierto ideal de género y de clase de la época.
“Su madurez, su capacidad de estar con cualquier tipo de gente, de representar a su país, de controlar la plata, los criados, los perros; su maternidad (pero es un poco fría y distante con sus chicos), en una palabra el hecho de que es (lo que yo nunca he sido) una mujer de verdad...”, escribe Virginia en su diario, sin terminar la frase; y remachando el clavo de los estereotipos de género (una “mujer de verdad” es la que es sensual y madre, pero poco intelectual). Añade: “Tiene una voluptuosidad como de uvas maduras. No es reflexiva. No. Su cerebro no está tan bien organizado como el mío”.

Pero Vita, para Virginia, no es solo una mujer, sino una mujer que tiene algunas cualidades propias, en su opinión (o la de su época), de un hombre: se acuesta con mujeres, viaja sin compañía masculina, conduce, escribe… En Vita, Virginia ve a la mujer del futuro, emancipada, vital, creativa, andrógina: el modelo con el que juega en su ensayo sobre las mujeres y la literatura, Una habitación propia, que escribe en los años álgidos de su amistad con Vita y sin duda se inspira mucho en las conversaciones entre las dos.

¿Qué las distanció? La inconstancia de Vita, seguramente, y su deseo sexual: quería amores más intensos de lo que Virginia, tan introvertida y pusilánime, tan poco sexual, tan apegada a su marido, podía ofrecerle. Pronto se enamoró de otra y Virginia, dolida, se alejó. Aunque se siguieron escribiendo y viendo a veces –solas o con los maridos–, no fue lo mismo.

Un día de marzo de 1935, Virginia y Leonard van a visitar a Harold y Vita a Sissinghurst, la finca que se han comprado después de que, al morir el padre de Vita, el castillo familiar de Knole fuera a parar a un primo. Allí disfruta Vita de la segunda parte de su vida, en la que la jardinería –practicarla y escribir sobre ella– va ocupando el lugar que antes ocupó la literatura. Al volver a su casa de Londres, Virginia, en su diario, describe la visita, y apunta: “Y ahora tengo que hacer una afirmación extraña: mi amistad con Vita ha terminado. No ha habido peleas, no ha habido escenas; ha sido como cuando cae una fruta madura. Su voz diciendo “¿Virginia?” desde el umbral de la habitación de la torre tenía el mismo hechizo de siempre. Solo que no me hizo ningún efecto. Y se ha vuelto muy gorda: la típica aristócrata ociosa que vive en el campo; se ha echado a perder; ya no tiene curiosidad por los libros; no ha escrito poesía últimamente; solo se anima cuando se habla de perros, flores y nuevos edificios”.

Pero no hubo ruptura, ni siquiera un distanciamiento total. Siguieron visitándose de vez en cuando y escribiéndose; su amistad solo terminó con el suicidio de Virginia Woolf, en 1941.

Incomprensión y perdón final

A Vita le habría quedado, como consuelo, un precioso recuerdo si los pensamientos íntimos de su amiga no hubieran salido a la luz, unos años después. “No consigo tragar el diario de Virginia. Cuánta autocompasión y cuánta vanidad. La envidia es difícil de entender. Una se da cuenta de que debe haber sido mucho más loca de lo que parecía por su apariencia tranquila”, anota ella en su propio diario.

Quizá Vita no se daba cuenta de que ella tenía casi todos los dones: riqueza, belleza, talento, amistades, amores, erotismo, hijos… y provocaba envidia incluso en aquellas personas a las que admiraba, como Virginia, que tenía, por su parte, el don que a Vita le faltaba –y era cruelmente consciente de esa carencia–: genialidad literaria. Pero Vita es siempre, en última instancia, generosa. Y generosa es su conclusión tras leer el diario de su amiga: “No es que ahora la admire o la quiera menos. Pero seguramente creará una mala impresión a esos que nunca presenciaron su gran dignidad ni fueron testigos del ingenio y la curiosidad que la animaban”.

Influencias mutuas, la fascinación del andrógino

La huella indiscutible de Vita Sackville-West en la obra de Virginia Woolf se encuentra en Orlando, una novela fantasiosa y humorística que es quizá la más amena y popular de la autora. El Orlando imaginado por Woolf es un aristócrata que nace en el siglo XVII, en un castillo muy similar al de la familia de Vita; que se da a conocer literariamente con un largo poema bucólico, igual que Vita; que se enamora de una joven a la que conoce patinando sobre hielo como, en la vida real, Vita conoció a su gran amor femenino, Violet Trefusis; que navega por el Mediterráneo, como Vita; que vive 300 años, se levanta un buen día convertido en mujer, y al final de la novela es una chica moderna que fuma y conduce su automóvil… como Vita.

La publicación de Orlando le dio a Vita la idea y el deseo de narrar ella misma, esta vez, su propia historia, y así lo hizo en Los eduardianos (1930), una de sus mejores novelas. Por su parte, Virginia y Leonard, su marido, se convirtieron en los editores de Vita. En su editorial, The Hogarth Press, publicaron, entre otros libros suyos, esta obra, que se convirtió en un best-seller.

Una habitación propia, el ensayo en el que Virginia Woolf se pregunta cómo se puede ser a la vez escritor(a) y mujer –dos cosas que la mentalidad de la época consideraba difícilmente compatibles– imagina, como solución a este dilema, el surgimiento de un nuevo modelo de ser humano, que superaría la división que existe entre el género femenino y el masculino: el andrógino. Un modelo inspirado, evidentemente, en Vita

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lunes, mayo 20

Algunas historias (epistolares) de amor

(Extraídas de un artículo de Mara Malibrán en la revista Mujer de Hoy del 25 de agosto de 2018)

Vladimir Mayakovski le escribió cientos de cartas a Lili Brik, a lo largo de los 15 años que duró su relación amorosa, siempre compartida con el marido de ella, el crítico Osip Brik; un triángulo amoroso convulso, acosado por los celos, hasta que un día el poeta decidió quebrar uno de sus lados pegándose un tiro. El soviético firmaba sus misivas como "cachorro" y al lado dibujaba la silueta de un encantador perrito sentado; otras veces llamaba a Lili gata, y el se travestía en gatito en la boca de ella: "Amo y beso a mi gata". "No estés enferma. Escribe. Te amo, mi querido y tibio sol". ¡Cuanta dulzura! A veces el amor es así, tierno como un bebé y empalagoso como un merengue. Pero también, la pluma de Vladimir sabía zarandear el alma de su enamorada con firmeza: "Te abrazo hasta hacerte crujir los huesos"; "Te beso terriblemente, tu cachorro".

[...]

En las cartas de amor que el poeta Fernando Pessoa escribía a su dulce Ofelia, la llamaba "Bebé, bebecito, Bebé Angelito". Y le decía cosas como: "Bebé mío para sentárselo en el regazo. Bebé mío para morderlo", un evidente guiño erótico. Y al igual que Mayakovski, el poeta portugués cambiaba su manera de dirigirse a la amada según su estado anímico. No nos engañemos, bajo la locuacidad como bajo la timidez, en las cartas de amor se esconde a veces la brutalidad. Y de esta manera, el mago de los heterónimos pasaba de tachar a Ofelia de bebecito a llamarla avispa o fiera; o "terrible bebé" o "bebé fiera". Así firmó durante nueve meses las 36 cartas que escribió a su joven enamorada (ella tenía 19 años y él, 32) en el corto y apasionado noviazgo que vivieron. Cuatro misivas al mes no está mal, teniendo en cuenta que se veían a diario en la oficina. 

[...]

Albert Camus y María Casares se escribieron 865 cartas, la mayoría de amor, en los 15 años en que fueron amantes, y que solo el accidente mortal que sufrió el Nobel interrumpió. Ella tenía 21 años y él 30 cuando se conocieron. Escribe María: "Te deseo, amor, de la mañana a la noche. No sé qué me pasa. Nunca he estado así, e incluso me da un poco de vergüenza". Y él contesta: "Es falso, lo sé por mí mismo, que el amor ciegue. Al contrario, hace perceptible lo que, sin él, no llegaría a la existencia y que, sin embargo, es lo más real en este mundo: el dolor de la persona que amamos".

Las palabras del enamorado seducen y embrujan tanto como su presencia. Es más, la distancia acentúa la intensidad de los sentimientos por obra del lenguaje. Además, la tinta es discreta, no avisa como la pantalla de que el enamorado/a está en línea o chateando con otros. La carta promueve la intimidad y favorece la clandestinidad. En sus cartas, Camus le habla a María de su mujer, Francine Faure. Ella asiente y acepta. Pero él no le cuenta que hay otras, de las que la actriz gallega seguramente nunca tuvo constancia y a quienes el compulsivo premio Nobel dirigía también cartas de amor. La última, días antes de estrellarse camino de París, la envía a la actriz Catherine Sellers: "Hasta el martes, mi querida. Te beso y te bendigo desde el fondo del corazón."

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[...] Henry Miller. Por algo, él y Anaïs Nin se ganaron la vida, en los años 40, escribiendo centenares de relatos eróticos para un cliente anónimo. Capacidad sexual y epistolar nunca les faltaron.

Mucho después, durante cuatro años, un anciano Miller le escribió a la actriz Brenda Venus la friolera de 1.500 cartas de amor. Se conocieron cuando él tenía 84 y ella 50 menos. Según Brenda, jamás hubo sexo entre ellos y Miller solo le hablaba de amor. Como homenaje a la literatura amorosa, el americano murió cuando estaba escribiendo una carta a su enamorada en su vieja Olivetti. "Haces que me pregunte quien soy exactamente, si me conozco en realidad y qué soy en el misterio. Caigo de rodillas y rezo por ti."

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¿quién podría superar la pureza filosófica del "amo ergo sum", firmado por Miguel de Unamuno?

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El poeta Pedro Salinas conoció a la americana Katherine Prue en Madrid. Él impartía clases de Literatura y ella era una de sus alumnas. Comienza entre ellos una relación epistolar que enseguida se convierte en amorosa. La relación dura dos veranos y un curso académico. Amor y lírica para el poeta son sinónimos. Cada domingo, Salinas transcribe las cartas que le envía y que luego dará lugar al libro Largo lamento. "Amor y nada más" es lo que él le ofrece, un amor epistolar que para ella no es suficiente. El poeta entiende el amor como compromiso para hacerse persona. Una metafísica del amor frente a un mundo superficial. Y escribe: "Se me figura que tu voz, al decirme que me querías, y la mía, al decírtelo, están hoy como en una especie de cielo o paraíso, salvadas de mortalidad, por encima de nosotros." 

[...]

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sábado, agosto 4

Verlaine y Rimbaud: amores que matan

(Ni me acuerdo de dónde o cuándo lo leí. Son retazos de textos sobre Paul Verlaine y Arthur Rimbaud, y su amor contracorriente.)

Arthur Rimbaud y Paul Verlaine tuvieron la rara habilidad de convertir sus vidas en una auténtica pesadilla. Tanto juntos como separados fueron personajes excesivos, geniales y chiflados, quizá por eso han quedado como prototipos de escritores malditos, sobre todo el maldito Rimbaud, que ansiando ser Dios apenas si queda claro que llegara a ser él mismo. “Yo soy otro”, decía este jovencito enajenado y turbulento que cada pocos años parecía cansarse de ser quien era. Al parecer en su más tierna infancia había sido un niño aplicado, un estudiante voluntarioso y un hijo ejemplar.
Para la historia de la literatura han quedado como dos de los más fundamentales poetas de finales del s. XIX, cuyo decadentismo encarnaron hasta lo grotesco. Lo curioso es comprobar que la influencia de sus actitudes perviva aún hoy en ingenuos poetas imberbes capaces de abandonarlo todo con tal de darle al mundo unos versitos tempestuosos con los que sorprender a sus sorprendidas familias, que no se explican qué han podido hacer ellos para que el niño se haya convertido en un poeta maldito.
Paul Verlaine y Arthur Rimbaud también sorprendieron, y mucho, a sus familiares. La cosa no es para menos. Entre las rarezas que se le atribuyen a Paul destaca el intento de asesinar a su madre, a su mujer, a su hijo y finalmente a su adorado Arthur. A su mujer, Mathilde, también intentó quemarle los cabellos y cortarle las manos y en otra ocasión estampó a su hijo, aún bebé, contra la pared. El niño se salvó por la abundancia de ropas que lo abrigaban y que debieron amortiguar el golpe.

En cuanto a Arthur, con tan sólo dieciséis años ya se había agenciado el kit completo del perfecto chalado. Era, por supuesto, un niño terrible que blasfemaba en voz alta contra Dios, contaba a todo el que quisiera escucharle truculentos episodios sexuales con animales y hasta fumaba en pipa con la cazoleta vuelta hacia abajo. Algunos de sus hagiógrafos pretende justificar su actitud aduciendo que el niño Rimbaud había vivido una cruenta infancia sin padre y había sido violado por todo un batallón de soldados, lo que tuvo una doble consecuencia en el poeta, el horror como víctima de un hecho infame y un turbio atractivo hacia la degradación y la violencia del asalto múltiple.

Cuando se conocieron en 1871 Paul tenía veintisiete años y Arthur diecisiete. Pronto sintieron el uno por el otro una fuerte atracción sexual, a la que se unió la común pasión por la bebida, la poesía y los hombres. Formaron pronto una pareja empática aunque tormentosa. Mantuvieron una relación que rozaba el delirio y la pesadilla. Tomaban hachís, absenta y ajenjo para superar los límites de la razón, del bien y del mal, y sobre todo, de los absurdos prejuicios sociales de un mundo aburguesado, decadente y absurdo.

Al poco de llegar a París el provinciano Rimbaud se enemistó con todos los poetas parnasianos, que lo consideraron demasiado agreste. Un poeta llamado Attal se le acercó un buen día para enseñarle unos versos que tenía escrito y Arthur le respondió con un escupitajo. Las veladas en los cafés eran desastrosas. El niño prodigio se reveló como un pendenciero, un demente y un provocador. A otro poeta llamado Mérat que en aquella época había publicado una colección de sonetos en alabanza al cuerpo de la mujer le respondió con un poema obsceno titulado “soneto del agujero del culo”. No le cayó bien a nadie, y sobre todo no le cayó bien a la familia de Paul, que lo veían como un energúmeno peligroso, como una mala influencia y como un rival. A la mujer de Paul, desde luego, no le faltaban razones.

Fue la de ellos una relación de amor y odio que terminó de manera trágica, como trágico fue también el final de sus vidas. En los dos años que duró la relación se hicieron daño mutuamente. Hubo maltratos, lágrimas, arrepentimientos, idas y venidas por distintas ciudades de Europa, escapadas que terminaban en regresos, escándalos que se hacían públicos, dolor y sobre todo mucha locura.
Es famoso el episodio de los tres disparos de Verlaine sobre Rimbaud. De ellos se puede colegir hasta qué punto se encontraba atrapado Paul por la atracción que ejercía sobre él el niño Arthur. Tampoco sería muy descabellado opinar que Paul Verlaine debió de ser un hombre débil y contradictorio, un ser indefenso y mimado, profundamente inestable, necesitado de la autoridad permanente de un ser fuerte que lo guiara, y sin embargo inconformista, receloso y con un gran deseo de independencia. Ocurrió en Bruselas en 1873. Paul había amenazado con suicidarse varios días antes, Mamá Verlaine acudió en ayuda de su hijo, y también Rimbaud, que respondía así a las súplicas de su amigo tras la última despedida. En cuanto se vieron juntos de nuevo comenzó el tormento. Alcohol, sexo y peleas. El final se resolvió con tres disparos, la mano herida de Arthur por una bala y una condena a dos años de trabajos forzados.

Sólo se volvieron a ver una vez más, en 1875 a la salida de Verlaine de la cárcel. Para entonces ya estaban acabados. Aquella noche la pasaron de farra trincándose una borrachera antológica y una formidable pelea a puñetazos que resolvió finalmente el caos de su angustiosa relación.

El final de sus vidas se ha escrito muchas veces. Merecerían formar parte de una gloriosa antología de la decadencia de las celebridades.

Arthur Rimbaud renunció a la poesía y no volvió a escribir más. Se convirtió en uno de esos extraños seres siempre perseguidos por su destino, fue un aventurero y un hombre de acción. Así demostró una vez más que cada pocos años parecía cansarse de ser quien era. Murió a los treinta y siete años de edad y con una sola pierna, entre tremendos dolores, como consecuencia de un tumor de hueso que se le declaró en la rodilla y avanzó por todo el cuerpo velozmente.

Paul Verlaine conoció la degradación progresiva de su talento y su persona. Murió completamente sólo a los cincuenta y dos años de edad, sifilítico, borracho y arruinado.

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No se puede negar que entre ambos se dio una unión que no solamente fue producto de la poseía, sus escritos, sino que remanifestaron los sentimientos, en donde el homosexualismo fue determinante en sus relaciones.

Se sabe como lo indica ociojoven.com Si bien Rimbaud era el que mas hacia sufrir a Verlaine(este estaba casado..y desgraciadamente muchas veces pagaba su mal humor golpeando a su mujer)...Verlaine..También hacia sufrir a Rimbaud, cuando decidía acabar con el y volver con su esposa Ambos vivieron una pasión que prácticamente les consumió a ellos y a la familia de Verlaine..Ya que Rimbaud apenas si tenia relación con su familia

Se dice que todos odiaban a Rimbaud por sus malos modos y su falta de higiene, hecho sorprendente porque por el otro lado era lo que mas gustaba a Verlaine, de su amante, esa desfachatez y falta de pudor.

Se ha escrito de esta unión que el amor entre ambos poetas se consolidó cuando escaparon hacia Londres en 1872, luego de que su relación escandalizara a la sociedad francesa. Rimbaud tenía sólo 17 años de edad, mientras que Verlaine se encontraba casado y ya tenía hijos. Una vez instalados en la vivienda, los bardos desarrollaron varios de sus versos más reconocidos. Rimbaud comenzó allí con sus obras “Una temporada en el infierno” e “Iluminaciones”, mientras que Verlaine hizo lo propio con sus “Romanzas sin palabras”.

Sin embargo, la relación se tornó enfermiza y rozó la tragedia: luego de una borrachera y en medio de un ataque de celos, Verlaine disparó contra Rimbaud y lo hirió en una muñeca, luego de haberlo seguido hasta Bélgica. El atacante sería encarcelado en Mons y posteriormente se convirtió al catolicismo, en un intento por terminar con sus adicciones. Rimbaud, por su parte, abandonó en forma prematura la poesía para volcarse al tráfico de armas y marfil.

historiasybiografias.wordpress.com, aporta al respecto, que cuando recibió El barco ebrio, Verlaine, fascinado por lo leído, invitó inmediatamente al desconocido autor del poema a visitarlo a París. Entonces, a mediados de agosto 1871, el poeta de 26 años ya contaba con prestigio en el mundo poético, y estaba casado con la adolescente Mathilde Mauté, con quien pronto tendría un hijo.
Paul Verlaine nació el 30 de marzo de 1844 en Metz, al este de Francia. A diferencia de otros personajes célebres, tuvo una infancia feliz, a la cual siempre añoró por los alegres veranos pasados a las orillas del río Semois, en Bouillon, Bélgica, hogar de su familia paterna. A esta etapa de su vida dedicó una serie de poemas que evidencian su nostalgia por los años mejores, ésos llenos de coloridos paisajes, a los que volvió cuando en 1873 fue perseguido por la policía al haber participado en la insurrección de la Comuna.

Su amigo de adolescencia, François Coppée, escribió lo siguiente sobre la personalidad de Verlaine: “Siempre fue un niño. ¿Hay que compadecerlo por eso?… Es tan amargo el hecho de hacerse hombre y prudente, dejar de correr por los caminos de la fantasía por miedo a caer (…). ¡Dichoso el que da crueles caídas y se levanta llorando para olvidar en el acto el accidente y el dolor, abre otra vez los ojos llenos de lágrimas, los ojos ávidos y encantados a la naturaleza y a la vida!”. Dicen que su poesía melancólica se inició cuando se enamoró, sin ser correspondido, de su prima Elisa Moncomble. La tristeza de esa decepción lo llevó de una vida tranquila entre los campos y la lectura de Baudelaire a una de cabarets y alcohol. En los cafés parisinos, escribió versos y se comenzó a relacionar con los poetas parnasianos.

Nos agrega historiasybiografias.wordpress.com que siempre se ha destacado en la poesía de Verlaine la musicalidad de su verso impar, es por eso que es mejor leerlo en su idioma original; palabras como luna, nieve, viento y lluvia son los símbolos sutiles que en un principio aparecen constantemente en la creación de su delicada alma. A partir de 1871, su existencia se trastornó, comenzó, más que nunca, a ir de un extremo a otro, de lo claro a lo oscuro… de caer a querer levantarse, haciendo de la segunda parte de su obra el reflejo de un errático y agitado camino.

Por su parte con respecto a Rimbaud, se ha escrito que al momento de ser invitado por Verlaine a su casa de París, luego de que él le enviara el poema El barco ebrio, Rimbaud era un genial y rebelde adolescente que había intentado llegar antes a la capital de Francia, sin mayor éxito, y ya mantenía correspondencia con Paul Demeny y Banville. Nació el 20 de octubre de 1854, -en Charleville, región francesa de las Ardenas-, en una familia encabezada por Vitalie Cuif, una madre severa y ultrareligiosa que tempranamente había sido abandonada por su marido al partir a la guerra de Crimea. Siempre fue un niño precoz que comenzó a escribir versos a la edad de diez años. En 1869, Rimbaud obtuvo por Yugurtha el primer premio en el Concurso de versos latinos, debido a este hecho, la revista Le Montieur de l’Enseignement Secondaire publicó aquél y otros dos temas del novel poeta, Vererat y El ángel y el niño; también, la Revue pur Tous incluyó sus versos franceses, con el nombre de Los aguinaldos de los huérfanos.

Nos agrega además historiasybiografias.wordpress.com, que cuando el imberbe muchacho de ojos azules y pelo despeinado llegó a la casa de los suegros del poeta Verlaine, a mediados de septiembre de 1871, desde el primer momento comenzó a alterar su normal vida burguesa. Los malos modales del invitado desencajaron y éste se aburrió en la formalidad, por lo que rápidamente decidió albergarse en otros lugares.

A pesar de que el creador de Antaño y hogaño llevaba un agradable matrimonio con la joven Mathilde Mauté de Fleurville, no tardó mucho en prendarse de la personalidad y la valentía de Rimbaud. Pronto comenzaron a participar en juergas y borracheras alentadas por hierbas, ingredientes infaltable en la travesía.

En 1872 ya formaban una pareja y sus continuos escándalos que llegaron al conocimiento de Mathilde, hicieron que ella comenzara con recriminaciones a las que Verlaine respondió en varias oportunidades con demostraciones de violencia -incluso contra su hijo que llevaba poco de nacido- que fueron avivadas por su abusivo consumo de alcohol.

Las querellas con Mauté, alejaron en primera instancia a Rimbaud, quien se volvió a Charleville, provocando el llamado suplicante de Verlaine. Al poco tiempo, Jean Arthur decidió irse a Bélgica, seguido por su amante desesperado, quien abandonó a su mujer enferma. Así, la infernal pareja emprendió un rumbo errante por caminos de amor y desenfado, de ira y desenfreno, de contradicción y desencanto. El “Príncipe de los poetas” -como lo nombraron sus colegas en 1894- y el “Ladrón de fuego y suelas de viento” -como lo llamó el propio Verlaine por la frase de la Carta del vidente y por su espíritu libre- se marcharon a vivir su idilio.

El primer obstáculo estuvo en el puesto fronterizo de Arras, desde donde fueron devueltos a París, pero insistieron y llegaron a Bélgica a través de las Ardenas. En tanto, la esposa de Paul Verlaine lo localizó y convenció de regresar, éste accedió, pero en la frontera se arrepintió y bajó del tren para correr junto a Rimbaud. Luego de eso, viajaron a Inglaterra, donde estudiaron inglés y dieron clases de francés, mientras Jean Arthur continúo con sus Iluminaciones, empezadas a escribir hace un tiempo.

Dos meses después, Mathilde Mauté inició el proceso de separación judicial y Rimbaud abandonó Londres para ir a una residencia heredada de su madre en Roche. En 1873, Paul enfermó y su amigo volvió rápidamente a su lado para dejarlo pronto y regresar a Roche, donde comenzó con Temporada en el infierno.

En 1875, Verlaine intentó entenderse nuevamente con Rimbaud, pero el encuentro terminó con golpes e insultos en las calles de Stuttgart. Atrás habían quedado los días de bohemia y agitación, retando a los comentarios de la sociedad y de los círculos intelectuales que se asombraban al ver u oír hablar sobre los espectáculos de la pareja de “sodomitas” (aún no se usaba el término “homosexual”). Se cuenta que en un diario apareció escrito con ironía que “es frecuente ver a Verlaine cenando con la señorita Rimbaut”, ante lo cual Rimbaud comentó que no le había molestado la frase, pero lo que sí le disgustaba mucho es que hayan escrito su apellido con “t” y en vez de “d”.

Es que “el niño terrible” de la poesía, nunca tuvo miedo, siempre desafió a la vida. Su insensibilidad, su indiferencia, su amoralidad lo liberó de cualquier atadura. Él mismo afirmo: “la causa de mi superioridad es que no tengo corazón”.

El 8 de enero de 1896, consumido por la cirrosis, la gastritis, la ictericia y el reumatismo, y luego de pasar por hospitales, cárceles y habitaciones de alquiler, Verlaine murió en París, a la edad de 52 años. El 10 de noviembre de 1891, a los 37 años, como siempre precoz, la vida de Rimbaud llegó a su fin después de amputársele una pierna para salvar, inútilmente, un cáncer ya avanzado.


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Raimbaud.
Poeta francés de la escuela simbolista. Nació y estudió en Charleville, en el departamento de Ardennes. Dió muestras de una gran precocidad intelectual y comenzó a escribir versos a los 10 años. A los 17 escribió un poema sorprendentemente original, El barco borracho (1871), y se lo llevó al poeta Paul Verlaine. Su obra está profundamente influida por Baudelaire, por sus lecturas sobre ocultismo y por su preocupación religiosa. Su exploración sobre el subconsciente individual y su experimentación con el ritmo y las palabras, que emplea únicamente por su valor evocativo, marcaron el tono del movimiento simbolista (decadente) e impresionaron tanto a Verlaine que animó al joven poeta a trasladarse a París. Se inició entre ellos una amistad que se transformó en una tormentosa e inestable relación que duró de 1872 a 1873. Viajaron juntos por Inglaterra y Bélgica. En este último país, Verlaine, intentó en dos ocasiones matar al joven poeta por sus infidelidades, y éste resultó gravemente herido en el segundo intento: Rimbaud acabó en el hospital y Verlaine en la cárcel. Rimbaud ofrece un relato alegórico sobre este asunto en Una temporada en el infierno (1873).

A la salida del hospital viajó por Europa, se dedicó al comercio en el Norte de Africa y residió en Harar y Shoa, en la Abisinia central. Verlaine, convencido de que Rimbaud había muerto, recopiló sus poemas en Iluminaciones (1886). Esta obra contiene el famoso Soneto de las vocales, en el que a cada una de las cinco vocales se le asigna un color. En 1891 Rimbaud regresó a Francia para ser tratado de un tumor en la rodilla, a consecuencia del cual murió en el hospital de Marsella en noviembre de ese mismo año. La fuerza de sus poemas escritos entre los 10 y los 20 años le hace figurar entre los más originales poetas franceses de todos los tiempos y ha ejercido una profunda influencia en toda la poesía posterior a él.


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(Éste es de JAVIER MARÍAS, en sus 'Vidas escritas').

La relación de Rimbaud con Verlaine fue una sucesión de incidentes, con Mathilde en medio o al lado demasiadas veces. Verlaine necesitaba a ambos y a ninguno de ellos le era posible prescindir de él completamente, pese a su brutalidad (con ella) y sensiblería (con él), una mezcla insoportable. A título de ejemplo de lo primero, cabe mencionar que cuando Verlaine llegaba ebrio tenía la obsesión de prender fuego al armario en que su suegro guardaba la munición para la caza y que estaba contiguo a la alcoba de Mathilde. En una ocasión la amenaza del fuego sobre su cabeza fue más directa: "¡Te voy a quemar el pelo!", le dijo con una cerilla encendida en la mano. Al parecer el fósforo se apagó antes de que pudieran arder más que unos mechones. También le puso un cuchillo en la garganta, otro día le llegó a hacer cortes en las manos y en las muñecas. Rimbaud compartía con él la afición a las incisiones, sólo que le hacía su víctima: una noche le dijo en el Café du Rat Mort: "Extiende las manos sobre la mesa; quiero hacer un experimento". Verlaine se las ofreció confiado. Rimbaud sacó una navaja y se las rajó varias veces. Verlaine abandonó el café indignado, pero Rimbaud lo persiguió y volvió a pincharle. Del mismo modo que Verlaine hería e insultaba a Mathilde, Rimbaud insultaba y hería a Verlaine, pero nadie se iba del todo. La violencia se vio coronada por los famosos disparos del revólver de Verlaine en Bruselas. Falló dos, el tercero alcanzó a Rimbaud en la muñeca. La cosa no habría tenido trascendencia de no ser porque tan sólo unas horas más tarde, camino de la estación desde la que Rimbaud pensaba regresar solo a París, Verlaine, en presencia de su propia madre, que los acompañaba insensatamente, de nuevo perdió los estribos y esgrimió el arma que incomprensiblemente nadie le había confiscado. Ante el temor de que esta vez no fallara, Rimbaud pidió auxilio a la policía, y de este gesto natural de cobardía resultó la condena del yerno de los Mauté de Fleurville a dos años de trabajos forzados, pese a que Rimbaud, demasiado tarde, quiso retirar la denuncia. Al menos lograron que la acusación pasara de "intento de asesinato" a meras "lesiones". Con todo, parece una ironía que en una carta de Rimbaud a Verlaine poco antes de este episodio, aquél le dijera a éste: "Sólo conmigo puedes ser libre".

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miércoles, febrero 14

Amor de laboratorio... y una encuesta para dos

(Un texto de Silvia Torres en la revista Mujer de Hoy del 7 de febrero de 2015)

Un cuestionario con 36 preguntas y cuatro minutos mirándose a los ojos son suficientes para encender la pasión entre dos desconocidos. ¿Acaso lo dudas? Los científicos lo han comprobado.

Dos extraños (o casi) entran en un espacio aséptico, en un laboratorio. Se van a someter a un experimento. Si todo va bien, en un breve serán otros. No sabemos si mejores o peores, pero sí diferentes. Si aplican todos los pasos dispuestos por el investigador Arthur Aron –y a eso se supone que han venido– saldrán de la habitación totalmente enamorados.

Los experimentos de Aron, profesor de Psicología de la Universidad de Toronto (Canadá), tienen más de 20 años, y su hipótesis es que el amor no es ese sentimiento que nos subyuga inesperadamente. Tampoco un terremoto que nos estremece y del que no podemos huir. Ni esa locura irracional que nos hace depender de un sujeto que ni siquiera ha reparado en nosotros. Según sus investigaciones, no nos enamoramos por casualidad. Para él, el amor es una acción: nos enamoramos porque así lo decidimos.

Los extraños han aceptado someterse al experimento probablemente porque llevan vidas aburridas, y al menos uno intenta superar una separación. Ambos desean que pasen cosas en su vida y creen que el amor puede ser un desencadenante. Hartos de intentarlo en internet, y viendo que el azar es caprichoso y lento, prefieren ponerse en manos de la ciencia. El primer paso consiste en contestar un cuestionario. Al principio, los interrogantes parecen inocuos, pero cada uno es más inquisitivo que el anterior y todos están pensados para que quien contesta contigo deje de ser un extraño.
 
¿Intimidad? La misma que en 25 años
 
Es posible que hayas visto las preguntas últimamente en la prensa. Una profesora de Literatura de la Universidad British Columbia de Vancouver, Mandy Len Craton se sometió al experimento y lo contó en el diario 'The New York Times'. Desde entonces, no dejan de publicarse. Quizá con la secreta intención de que nos enamoremos todos de todos... si llegamos al final del cuestionario.

Las preguntas están pensadas para generar una intimidad inmediata entre dos adultos. Algo que suele ocurrir con relativa facilidad en otras épocas de la vida (piensa en tu primer campamento de verano y las confesiones que hiciste una noche a tu íntima amiga de entonces, o a tu novio, que pensabas que lo sería para siempre). Según el psicólogo, a medida que maduramos nos abrimos menos a los extraños. Generar la intimidad que el cuestionario crea en 25 minutos costaría varios años de relación entre dos adultos.

La profesora Len Catron explica que todos tenemos una historia de nosotros mismos que contamos a los desconocidos, queramos o no impresionarlos. Una historia en la que salimos más o menos bien parados y en la que nos sentimos cómodos. El propósito del cuestionario es sacarnos de ese discurso y acelerar el acercamiento a otra persona. Y como ambos contestan las mismas preguntas, la cercanía es mutua y recíproca.

De hecho, las investigaciones de Arthur Aron se centraron durante mucho tiempo en crear cercanía entre desconocidos y en estudiar cómo se incorporaban los otros al sentido que cada quien tenía de sí mismo. Ya se sabe que cuando te gusta alguien, esa persona empieza a aparecer en todos los pensamientos y a veces te sorprendes charlando en tu imaginación con quien antes era un extraño. "El cuestionario busca la expansión de uno mismo para dejar entrar al otro", escribe Len Catron en 'The New York Times'.

La profesora no solo se sometió al cuestionario con un compañero de trabajo, sino que una vez superado este paso se dispuso a seguir con el siguiente reto: mirar al otro a los ojos (y ser mirado) durante cuatro largos minutos. Según los mandamientos de Arthur Aron, una vez contestadas las 36 preguntas, si los interesados pasan cuatro minutos embelesados uno en los ojos del otro, acabarán enamorándose.
 
Embelesado en tus ojos

Mandy Le Catron estaba en un bar cuando terminó el cuestionario e informó a su compañero del siguiente paso, pero ambos coincidieron en que mirarse durante cuatro minutos en un bar repleto iba a resultar raro y, desde luego, no lo más apropiado para el experimento.

Así que caminaron hasta un puente cercano –encima había luna llena–, y allí clavaron los ojos uno en el otro. Antes pusieron el cronómetro de sus teléfonos: cuatro minutos. Tic tac, tic tac. Y esto es lo que cuenta Len Catron a 'The New York Times': "Pasé el primer par de minutos intentando respirar con normalidad. Hubo muchas sonrisas incómodas hasta que nos acostumbramos. Sé que los ojos son el espejo del alma... pero lo incómodo no fue que yo mirara a alguien a los ojos, ¡sino que él me estaba mirando a mí! Tras los cuatro minutos, tuve sensación de sorpresa y alivio. Pero también de pérdida. Todo había terminado. De repente, empecé a recordar toda la noche".

¿Ya estaba enamorada? Es difícil saberlo con precisión, pero un año después se casó con su particular desconocido e invitó a la boda a todos sus compañeros de laboratorio. Su conclusión es que el amor es una acción: "No nos ocurre, uno decide enamorarse", asegura. "El estudio de Arthur Aron (que tiene más de 20 años) enseña que me importa lo que le importa a mi pareja porque ambos tenemos al menos tres cosas en común, porque hemos tenido una buena relación con nuestras madres y porque hemos permitido que el otro nos mire por dentro", reflexiona.

Cuestión de ingredientes
 
A juicio Len Catron, la biología importa y las hormonas hacen su trabajo oculto, pero insiste: "He aprendido que el amor es más moldeable de lo que creía. Este estudio muestra que es posible generar intimidad y confianza, los ingredientes que necesita el amor para florecer".

Si todo va bien, en poco tiempo los extraños saldrán del laboratorio enamorados o dispuestos a ello. La posibilidad de decidir de quién te enamoras y cuándo puede quitar mucho peso de encima a la humanidad, aunque dejará a la literatura sin buena parte de sus géneros más dramáticos. El caso es que la historia de la profesora canadiense ha recuperado la antigua teoría: el amor es un asunto de laboratorio y muchas personas se ofrecen como conejillos de Indias para comprobarlo.

Un juego en tu teléfono

Muchos periódicos de medio mundo han publicado las 36 preguntas con las que Anthony David Adams, un chico norteamericano de 20 años, ha creado la aplicación 'The love game' [El juego del amor]. ¿Cómo funciona? Digamos que has decidido enamorarte mañana a las ocho; solo tienes que convencer a alguien para seguir el algoritmo del profesor Aron, contestar el cuestionario y luego completar el ejercicio de cuatro minutos, ya sabes, mirando ininterrumpidamente a los ojos del otro.
  
La aplicación 'The love game' se encargará de que no te saltes ningún trámite. Transcurridos los cuatro minutos, ya habrás hecho todo lo que, en teoría, necesitabas hacer para estar enamorada. Aunque desde aquí no podemos garantizar el éxito del experimento...

36 interrogantes para contestar en pareja... aunque aún no lo seáis

-Parte 1
1. Si pudieras elegir a cualquier persona en todo el mundo, ¿a quién invitarías a cenar?
2. ¿Te gustaría ser famoso? ¿De qué forma?
3. Alguna vez, antes de hacer una llamada telefónica, ¿ensayas lo que vas a decir? ¿Por qué?
4. ¿Cómo sería un día perfecto para ti?
5. ¿Cuándo fue la última vez que cantaste a solas? ¿Y para otra persona?
6. Si pudieras vivir hasta los 90 años, eligiendo tener el cuerpo o la mente de alguien de 30 durante los últimos 60 años, ¿cuál de las dos opciones elegirías?
7. ¿Tienes alguna corazonada acerca de cómo vas a morir?
8. Di tres cosas que creas tener en común con tu interlocutor.
9. ¿Por qué aspecto de tu vida te sientes más agradecido?
10. Si pudieras cambiar en algo el modo en que fuiste educado, ¿qué cambiarías?
11. Cuéntame en cuatro minutos la historia de tu vida con todo el detalle posible.
12. Si mañana te pudieras despertar disfrutando de una habilidad o cualidad nueva, ¿cuál escogerías?

-Parte 2
13. Si una bola de cristal te pudiera revelar la verdad sobre tu vida, el futuro o cualquier otra cosa, ¿qué le preguntarías?
14. ¿Hay algo que hayas deseado hacer desde hace mucho tiempo? ¿Por qué no lo has hecho todavía?
15. ¿Cuál es el mayor logro que has conseguido en tu vida?
16. ¿Qué es lo que más valoras en un amigo?
17. ¿Cuál es tu recuerdo más valioso?
18. ¿Cuál es tu recuerdo más doloroso?
19. Si supieras que vas a morir de manera repentina en un año, ¿cambiarías algo en tu manera de vivir? ¿Por qué?
20. ¿Qué significa para ti la amistad?
21. ¿Qué importancia tiene el amor y el afecto en tu vida?
22. Compartid de forma alterna cinco características que consideréis positivas de vuestro compañero.
23. ¿Tu familia es cercana y cariñosa? ¿Crees que tu infancia fue más feliz que la de los demás?
24. ¿Cómo te sientes respecto a tu relación con tu madre?

-Parte 3
25. Construye tres frases con el pronombre 'nosotros'. Por ejemplo, Nosotros estamos en esta habitación sintiendo....
26. Completa esta frase: Ojalá tuviera alguien con quien compartir....
27. Si te fueras a convertir en amigo íntimo de tu compañero, comparte con él o con ella algo que consideras importante que sepa.
28. Dile a tu compañero qué es lo que más te ha gustado de él o ella. Sé muy honesto y dile cosas que no dirías a alguien a quien acabas de conocer.
29. Comparte con tu interlocutor un momento embarazoso de tu vida.
30. ¿Cuándo fue la última vez que lloraste delante de alguien? ¿Y a solas?
31. Cuéntale a tu interlocutor algo que ya te haya empezado a gustar de él.
32. ¿Hay algo que te parezca demasiado serio como para no hacer bromas al respecto?
33. Si fueras a morir esta noche sin posibilidad de hablar con nadie, ¿qué lamentarías no haber dicho a alguien? ¿Por qué no se lo has dicho hasta ahora?
34. Tu casa se incendia con todas tus posesiones dentro. Tras salvar tus seres queridos y a tus mascotas, tienes tiempo para salvar un solo objeto. ¿Cuál escogerías? ¿Por qué?
35. ¿La muerte de que miembro de tu familia te resultaría más dolorosa?
36. Comparte un problema, pregúntale cómo habría actuado y cómo cree que te sientes.

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viernes, junio 23

Descifrando las ecuaciones del amor

(Un texto de Carlos Manuel Sánchez en el XLSemanal del 12 de julio de 2015)

¿Existe su media naranja? ¿Cómo lograr que dure una relación? Todas sus dudas, resumidas en fórmulas matemáticas.¿Qué posibilidades tiene cualquiera de encontrar el amor? ¿Cuál es el momento para comprometerse? ¿Cómo sabemos que la relación durará? ¿Es mejor llamar o esperar a que te llamen? Los matemáticos se han lanzado a buscar el algoritmo perfecto para encontrar el amor y, entretanto, han hallado divertidas e interesantes respuestas.

Elegir pareja es una de las decisiones más importantes de nuestras vidas. Buena parte de nuestra felicidad depende de que conquistemos a la persona adecuada (o nos conquiste ella).

¿Las matemáticas nos pueden ayudar a no meter la pata? La investigadora británica Hannah Fry así lo cree: “Las emociones humanas no están tan ordenadas, ni son tan racionales ni predecibles. Pero eso no significa que las matemáticas no tengan nada que ofrecer, porque el amor -como la vida- está lleno de patrones. Y una parte sustancial de las matemáticas se dedica al estudio de patrones. Modelos que predicen desde el clima hasta las fluctuaciones en la Bolsa, pasando por el movimiento de los planetas o el crecimiento de las ciudades. Y ninguno de estos ejemplos es perfectamente ordenado ni fácilmente predecible”, explica Fry.

Elegir implica probabilidad. Y la probabilidad es algo con lo que los matemáticos están familiarizados. Cuando alguien coquetea contigo en una fiesta, le da igual que seas tan guapo como George Clooney o Heidi Klum. Está tomando una decisión basada en las opciones disponibles en ese momento. Esas opciones se pueden definir con ecuaciones. Y existe toda una parcela de las matemáticas que se ocupa de ello: la teoría de la elección discreta. Somos (o creemos ser) libres, pero hay una cuantas reglas matemáticas que obedecemos. Y esas reglas son sorprendentemente fáciles de manipular. O como expone el economista Dan Ariely: “Somos irracionalmente predecibles”.

Tan predecibles como que a todos nos atrae la belleza. Y, sin embargo, no es el rasgo más importante que buscaríamos en nuestra pareja. Compromiso, confianza, apoyo incondicional, capacidad de proveer por nuestro bienestar y, eventualmente, el de nuestra familia... Todas estas cualidades son decisivas.

“Sin embargo, ¿por qué lo primero que nos atrae son unos labios carnosos o unos bíceps potentes?”, se pregunta Fry. “¿Qué aporta una cara bonita cuando hay que cambiar los pañales del bebé a las cuatro de la mañana, o dentro de cincuenta años, cuando nuestra pareja tenga que reemplazar la bolsa de nuestro catéter? Y, sin embargo, algo tan efímero como la belleza nos obsesiona desde los albores de la civilización”.

En busca del algoritmo perfecto

Que guapos y guapas nos atraigan tiene que ver con la simetría facial y corporal, que garantiza un sistema inmunitario robusto y que no hay mutaciones desagradables en el genoma. Fertilidad sin sobresaltos. Eso lo detectamos casi inconscientemente. Es la psicología evolutiva de la humanidad en su conjunto, impresa en nuestra psique desde las cavernas, la que decide por nosotros.

Pero los tiempos han cambiado desde la Prehistoria, y para los matemáticos un cambio fundamental es Internet. No solo porque una de cada tres parejas ya se conoce on-line, sino por todo el acervo de datos personales que se pueden contabilizar en los sitios de citas. “Estamos cerca, pero no existe aún el algoritmo perfecto que garantice la compatibilidad de dos personas, porque muchas veces no sabemos lo que queremos hasta que lo tenemos delante”, reconoce Fry. “Lo que más me llama la atención de Internet es que lo atractivo que seas no define tu popularidad, y, de hecho, que haya gente que piense que eres feo puede jugar a tu favor. Uno debe explotar lo que realmente lo hace diferente”.

Las matemáticas del amor

Hannah Fry es profesora de Matemáticas en el University College de Londres. Investiga modelos de comportamiento humano con un grupo de físicos, matemáticos, ingenieros informáticos. Publicó The mathematics of love (‘Las matemáticas del amor’), editado por TED, libro que detalla estrategias y patrones matemáticos para encontrar pareja y conservarla. Lea y haga cuentas.

¿Existe mi media naranja?

Es difícil de encontrar. Pero no imposible. La ecuación de Drake tiene la respuesta.

Un joven matemático inglés, el profesor Backus, tras años de total sequía amatoria, decidió buscarle una explicación al porqué de dicha catástrofe. Y alcanzó la fama con su trabajo titulado ¿Por qué no tengo novia? Backus aplica la ecuación de Drake, que sirve para calcular si hay vida extraterrestre en nuestra galaxia. Se trata de trocear un problema complejo en un montón de cuestiones más pequeñas. Puedes equivocarte al responder alguna, pero esos pequeños errores tienden a compensarse unos con otros y, al final, la respuesta se aproximará mucho a la verdad. Backus circunscribe su búsqueda del amor a las mujeres solteras en el Reino Unido. La siguiente condición es que vivan en Londres. Que estén en una franja de edad similar a la suya, que tengan título universitario, que le caigan bien, que sean atractivas (exquisito él, calcula que solo una de cada diez le gustaría) y que, recíprocamente, le encuentren atractivo.

El resultado es un pelín descorazonador para Backus: solo 26 mujeres en el mundo cumplirían esos requisitos. Lo que arroja una posibilidad de encontrar a su media naranja de una entre 285.000... Vamos, que es más probable encontrar vida inteligente en la Vía Láctea, pues la ecuación de Drake señala que 10.000 planetas cumplen las condiciones necesarias. Si Backus fuera menos exigente (por ejemplo, si incluyera en su búsqueda a mujeres sin título, o presuponiendo que encontrará guapas a más del diez por ciento de las candidatas), sus posibilidades aumentarían. Por si sirve de acicate, Backus, a pesar de ser tan tiquismiquis, se echó novia y se casó después de publicar su investigación.

Efecto señuelo

Si esta noche sale a buscar pareja, siga las leyes del ‘marketing’.Cuando A le tira los tejos a B en una fiesta, lo hace teniendo en cuenta las opciones disponibles en ese momento (C, D, E...) y comparando. Fácil, ¿no? Pues no tanto. Comparar magnitudes se les da bien a los matemáticos, pero no al resto de los mortales. Y, además, la belleza o la simpatía tampoco son fáciles de medir. Y pueden ponerle trampas. Un viejo truco, explotado por el marketing, es el efecto señuelo. Se trata de presentar una alternativa irrelevante para embaucar al comprador y que elija lo que queremos. Imagine un lineal del supermercado.

El cubo de helado de 1 litro vale 10 euros. La tarrina de medio litro, 4. Los clientes elegirán la tarrina porque es más barata. Pero si añadimos una opción trampa la cosa se lía. Por ejemplo, un cubo de 0,75 litros por 9 Muchos picarán el anzuelo y se llevarán el cubo de 1 litro porque comparado con el de 0,75 es más barato, aunque el de medio litro siga siendo la mejor opción. Recuerde: la mente prefiere hacer comparaciones que requieran poco esfuerzo. En el caso del amor, una idea es ir a la fiesta con alguien parecido a nosotros, pero más feo o aburrido, eso potenciará nuestro atractivo.

Más le vale tomar la iniciativa

Aumente sus posibilidades de éxito según el algoritmo de Gale-Shapley.

Tenemos más posibilidades de emparejarnos con la persona que nos gusta si nos tiramos a la piscina. Puede que no tenga agua y nos demos un coscorrón en nuestro amor propio. Pero es más inteligente que esperar a que el objeto de nuestros anhelos se fije en nosotros. La razón es el algoritmo de Gale-Shapley, que premia a los lanzados y castiga a los que prefieren verlas venir.... Este algoritmo se aplica en economía. El Premio Nobel Alvin Roth lo lleva a los mercados imperfectos, donde hay varios candidatos que aspiran a un mismo bien. Roth perfeccionó el método para los procesos de selección de las universidades. En el mercado del amor, las cosas no son muy diferentes. Vamos eligiendo y descartando opciones en sucesivas rondas. Hay dos grupos de personas. Las que eligen, por un lado, y las que aceptan o rechazan esa elección, por el otro. Compradores y vendedores.

Así se van formando parejas. Pero con cada ronda van quedando menos opciones. Pues bien, los que eligen (compradores) siempre conseguirán la mejor opción posible. Puede que no sea su primera opción si les dan calabazas... Pero será la más asequible entre las mejores. Los que son elegidos (vendedores), o sea, los que esperan, suelen acabar con la menos mala... de las peores.

La primera cita

La teoría de juegos analiza cómo optimizar las posibilidades de éxito masculinas.

La teoría de juegos pretende descubrir cuál será nuestro comportamiento teniendo en cuenta la recompensa que esperamos recibir y la conducta de los otros jugadores. Esto da lugar a curiosos experimentos. Por ejemplo, Peter Sozou y Robert Seymour -dos matemáticos muy listos, pero algo machistas- presuponen que, en la primera cita, el hombre solo busca sexo y las mujeres, compromiso. Y plantean que la mejor táctica masculina para lograr su objetivo no es hacer un regalo caro (como mucho, flores).

Es mejor dar una buena propina en el restaurante. Es la misma política de las grandes empresas que poseen oficinas suntuosas. O que los machos de muchas especies de pájaros, dotados de plumajes coloridos. Ostentar para impresionar y dar a entender que se puede ser un buen proveedor, llegado el caso, pero sin adelantar nada. En esta guerra, la contabilidad de las ‘éxitos’ también es diferente según el bando. Cuando las mujeres cuentan las parejas sexuales que han tenido, hacen un recuento pormenorizado, citando incluso a sus amantes por su nombre. Es un método bastante exacto, pero tiende a subestimar el resultado si se les olvida alguien... Los hombres, por el contrario, redondean al alza, tienden a inflar las cuentas.

En la cama

¿Es usted un supernodo? Descúbralo aplicando la ley potencial o mirando su agenda de contactos.

Muchas cosas pueden suceder cuando dos personas tienen sexo por primera vez: que empiece una nueva vida o una nueva infección; que lo disfruten o se arrepientan... Pero matemáticamente solo ocurre una cosa relevante: se crea una conexión en una red imaginaria. Una conexión de doble sentido. Pues ambas personas añadirán el nuevo vínculo al número total de parejas sexuales que hayan tenido. La mayoría de la gente solo tiene unas pocas parejas a lo largo de sus vidas. Pero hay unas pocas personas que tienen muchas.

El número total de parejas sexuales de una persona sigue una distribución llamada ‘ley potencial’. Este tipo de distribución crea conexiones que los matemáticos han bautizado como ‘red libre de escala’. En este tipo de redes, algunos nodos están altamente conectados, es decir, poseen un gran número de enlaces a otros nodos, aunque el grado de conexión del resto es bastante bajo. Sucede también en las redes de carreteras, pues la mayoría de las carreteras llegan a unas pocas ciudades muy grandes, mientras que de la mayoría de ciudades pequeñas y pueblos salen pocas. Lo mismo es válido para las rutas marítimas y aéreas, unos pocos puertos y aeropuertos acumulan mucho tráfico, en detrimento de los demás. También las redes neuronales funcionan así.

Las personas con muchas parejas serían supernodos. Cuanto más éxito tiene alguien en sus conquistas sexuales, más probabilidades hay de que siga acumulando muescas en la culata. Por eso identificar a los supernodos es tan importante a la hora de frenar una epidemia. Si un supernodo no toma las precauciones apropiadas, es más vulnerable a contraer la enfermedad y, sobre todo, a propagarla.

Los cuernos

Piense en el dilema del prisionero antes de lanzarse.

La infidelidad es una mala estrategia que perjudica tanto a la persona que lleva los cuernos como a la que los pone. Por lo menos, eso dicen los matemáticos que aplican el famoso dilema del prisionero. ¿Lo recuerdan? La Policía arresta a dos sospechosos. Son interrogados por separado y se les ofrece el mismo trato. Si uno confiesa y el otro no, el primero queda en libertad y el cómplice es condenado a diez años. Si ambos confiesan, serán condenados a seis años. Y si ambos lo niegan, solo a un año. ¿Qué hacer? Robert Axelrod estudió una variante que denomina ‘dilema del prisionero iterado’. Aquí se juega repetidamente, por lo que, cuando se repite el juego, se ofrece a cada jugador la oportunidad de castigar al otro jugador por la no cooperación en juegos anteriores. Demostró que las estrategias egoístas son peores a la larga. El riesgo de que se pierda la confianza mutua y que la relación se trunque no compensa las canas al aire. La cooperación funciona, del mismo modo que una escapada de dos ciclistas. Si ninguno hace un esfuerzo para permanecer delante y quitarle el viento al otro, el pelotón los alcanzará. Si uno de los dos solo pretende chupar rueda, el otro acabará cansándose de hacer el primo.

¿Cuándo sentar la cabeza?

Antes de decir el sí, quiero, saque lápiz y aplique la teoría de la parada óptima.

No es recomendable casarse con la primera persona que nos muestre algún interés. Pero tampoco conviene remolonear demasiado. ¿Cómo saber cuándo es el momento de sentar la cabeza? La teoría de la parada óptima es la mejor estrategia. En esencia, es un sutil equilibrio entre la paciencia para encontrar a la persona adecuada y la decisión para echarle el guante antes de que nos la ‘birlen’.

Imaginemos que alguien empieza a salir con gente a los 15 años y desea casarse alrededor de los 35. Las matemáticas dicen que lo que se debe hacer con el primer 37 por ciento de nuestros ligues es desecharlos como potencial serio de matrimonio. Y luego elegir a la siguiente persona que llegue que sea mejor que todas las anteriores. Pongamos que el destino nos va a emparejar un número equis de veces a lo largo de nuestra vida. Y que equis es igual a diez. En tal caso, deberíamos rechazar a nuestras cuatro primeras parejas y quedarnos con la siguiente que sea mejor que esas cuatro.

El método no es fiable al cien por cien. Nuestro gran amor puede aparecer en el primer 37 por ciento y habría que rechazarlo... Pero estadísticamente aumenta hasta ocho veces nuestras posibilidades de acertar. “En la naturaleza existen ciertos peces que siguen esta estrategia a la hora de aparearse. Muchos humanos también lo hacemos. Nos damos un tiempo para tantear el mercado cuando somos jóvenes. Y empezamos a buscar candidatos matrimoniales cuando llegamos a mediados o finales de los veinte años”, resume Fry.

Y comieron perdices

La ecuación de Murray puede predecir qué sucederá en una carrera armamentística y en su matrimonio.

Seis de cada diez matrimonios en España terminan en divorcio. ¿Cómo predecir si una pareja durará o acabará rompiéndose? Un psicólogo, John Gottman, observó a cientos de parejas conversando y grabó las conversaciones, expresiones faciales, ritmo cardiaco, presión arterial, conductividad de la piel, si decían cosas positivas o se quejaban... Así pudo pronosticar si una pareja se divorciaría con una precisión del 90 por ciento. Pero no fue hasta asociarse con un matemático, James Murray, cuando se empezaron a entender las causas.

Las ecuaciones de Murray dependen del estado de ánimo de la persona, sobre todo cuando está con su pareja. Estas ecuaciones se pueden aplicar también a lo que sucede entre dos países en una carrera armamentista y predecir si habrá guerra.El factor más importante es el umbral de negatividad. Siempre se pensó que las relaciones más exitosas eran aquellas con un umbral muy alto; es decir, aquellas que solo discuten los asuntos realmente espinosos y corren un tupido velo con las minucias del día a día. Pero las matemáticas demuestran lo contrario. Las parejas más sólidas son las que tienen un umbral muy bajo de negatividad. No pasan por alto las cosas... Así no dejan que asuntos triviales terminen siendo grandes problemas. Mejor discutir que callar.

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