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sábado, mayo 2

Cien años de mentiras extendidas por el terror bolchevique: las cinco falacias mil veces contadas

(Un texto de Manuel P. Villatoro en el ABC del 15 de junio de 2022)

El historiador británico A. Beevor, harto de tópicos, carga contra y la idealización de los comunistas liderados por Lenin y confirma que «nadie les ganó en inhumanidad».

Solemos replicar los mitos una y mil veces. Es normal, pues luchar contra la corriente nos condena al enfrentamiento. Pero el historiador Antony Beevor lleva demasiados años en el mundo del ensayo histórico como para preocuparse de pisar callos o enturbiar las aguas. Por eso, tras casi cuatro años, ha vuelto a las librerías con un ensayo que rompe moldes y desvela verdades. 'Rusia. Revolución y guerra civil 1917-1921' (que desgranamos en este reportaje) alberga una extensa lista de falacias que rompe en mil pedazos. Algunas, repetidas hasta la extenuación como que el Palacio de Invierno fue capturado de forma heroica por la Guardia Roja. Y como esa, mil más. Hoy, analizamos las más dolorosas...

La caída del zar

Las cifras desmienten que la revolución contra los Románov fuera pacífica. Tan solo en la capital hubo cerca de 1.500 muertos y 6.000 heridos entre los dos bandos. Los combates concluyeron con el asalto a un hotel en el que se habían refugiado muchos oficiales y generales zaristas. Fue una auténtica masacre.

Un líder justo

A través de una infinidad de testimonios, Beevor retrata el carácter de Lenin y le muestra como un ariete dispuesto a derribar a cualquiera a cambio del poder. Aceptó la ayuda de los mismos imperialistas a los que odiaba para llegar a Rusia en un tren presuntamente sellado, estaba convencido de que había que pasar por una guerra civil para hacerse con el poder absoluto, ejerció un liderazgo férreo y poco democrático sobre su partido y desató la violencia contra amigos y enemigos.

Un ejemplo fue Crimea, hoy de triste actualidad; tras su victoria frente al Ejército Blanco, ordenó concentrar a los prisioneros «en algún lugar del norte». Un amargo eufemismo, según el autor: «Esto aludía, en concreto, a los campos de concentración de los alrededores del mar Blanco, de los que muy pocos escaparon vivos».

Unidad bolchevique

El nuevo régimen no tuvo piedad con los suyos. Cuando los marinos de la Flota del Báltico, a los que Trotski definió como «el orgullo y la gloria de la Revolución rusa», crearon su propio Comité Revolucionario para defender sus derechos, el régimen comunista recurrió a la mentira para sofocar la revuelta. Afirmaron que el amotinamiento estaba dirigido por un oficial del Ejército Blanco y acabaron con ellos.

El asalto al Palacio de Invierno

El mito bolchevique sobre la toma del Palacio de Invierno no podría ser más falso. Ni el tímido ataque de la Guardia Roja ni el de los 5.000 marinos de Flota del Báltico resquebrajó la defensa planteada por los cadetes y el batallón femenino. A su vez, el crucero ‘Aurora’ arribó sin proyectiles explosivos. El lugar solo pudo ser tomado cuando los soldados leales a Kérenski se retiraron por culpa del desánimo.

¿Qué provocó la derrota del Ejército Blanco?

Al bando zarista le ocurrió lo mismo que a la izquierda española en la década de los treinta: estaba tan dividido que era imposible instaurar un régimen con visión de futuro. «La alianza del todo incompatible entre los social-revolucionarios y los monárquicos reaccionarios tenía todas las de perder contra una dictadura comunista de ideas férreas», explica el autor en su obra. 

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viernes, mayo 1

Hoy tenemos luna llena (de mitos y leyendas)

(Un texto de Fernando Gomollón Bel en el Heraldo de Aragón del 2 de septiembre de 2020)

Luna, lunera y un poco embustera. Porque muchos de los ‘poderes’ que le atribuimos a nuestro agujereado satélite son mentira.

Este mes no quería seguir hablando del coronabicho. Bastante mal está dando por Aragón él solito como para darle más bombo. Así que, repasando la lista de ideas para desmitificar observé que muchas tienen algo en común: la luna. Y, oye, como precisamente hoy, 2 de septiembre, tenemos una preciosísima luna llena en el cielo, pensé que sería el momento ideal para ponerme a desmitificar varias leyendas selenitas de un plumazo.

El mito

Como ya comentaba más arriba, hay muchísimos mitos alrededor de nuestro precioso satélite. Hay quien dice que hace que las plantas y los cultivos crezcan más rápido. Otros defienden que las fases luna afectan a nuestro organismo, a nuestro estado de ánimo e incluso a nuestra fertilidad pero, ¿es cierto que hay más partos los días de luna llena? Además, cada poco tiempo las ‘superlunas’ invaden los titulares y telediarios. ¿Qué superpoderes tienen exactamente? Spoiler alert: ninguno. Pero seguid leyendo, que desmitificaremos estas cosicas una detrás de otra.

En menguante, nada plantes

Los mitos y leyendas sobre la influencia de la luna en las cosechas son tan famosos que te los encuentras hasta en el refranero. Y no es de extrañar, la verdad. Pensad que hace miles de años, nuestros ancestros no tenían calendarios, ni relojes, ni mucho menos hombres del tiempo. No tenían más remedio que observar a su alrededor para poder controlar el paso de los días, los meses y las estaciones. La luna viene estupendamente (casualmente, un ciclo lunar dura casi un mes) pero no tiene poderes mágicos. Es, al fin y al cabo, un calendario.

¿Y entonces, los tomates no crecen mejor si los plantas con luna llena? Pues igual sí. Pero igual no, porque la luna no influye en las cosechas. Y hay varios estudios científicos que lo demuestran. Entre ellos, el de unos escépticos australianos que plantaron 22 cultivos tanto en días supuestamente buenos como en fechas nada recomendadas. Tras observar los resultados y hacer un análisis estadístico no vieron diferencias significativas entre unas plantas y otras. Una publicación reciente de unos investigadores valencianos es todavía más concluyente: tras estudiar y revisar más de 120 artículos sobre el tema, afirman que “las relaciones entre la agricultura y las fases lunares no tienen ningún fundamento científico”. En resumen, que plantéis cuando mejor os venga.

Los partos y la luna llena

Otra creencia muy extendida sugiere que nacen más bebés las noches de luna llena. Bebés licántropos, quizás, pero bebés humanos, nasti de plasti. ¿Cómo lo sabemos? De nuevo, porque los científicos tienen mucho tiempo y se han dedicado a coleccionar datos durante mucho tiempo y ver si todas estas afirmaciones tienen algún sentido. En 2005, unos investigadores de Carolina del Norte, EE. UU., publicaron un estudio en el que analizaban más de 564.000 nacimientos ocurridos durante cinco años (o, si lo preferís, unos 62 ciclos lunares). No encontraron ninguna relación entre el número de partos y las fases lunares. Además, vieron que la fase lunar tampoco está relacionada con el nacimiento de prematuros, la necesidad de cesárea, ni las posibles complicaciones durante el parto. 

Un estudio de la misma época publicado por unos médicos gallegos llegó a la misma conclusión. Estos investigadores también plantean una hipótesis interesante para explicar el arraigo de este mito: la luna puede estar engañándonos. A simple vista, la luna parece estar llena un par de días antes y después de estar completamente llena. Es muy complicado distinguir el momento exacto a simple vista. Esto provoca que haya unos cinco o seis días al mes de luna 'casi-llena' y, claro, en cinco días hay muchos más partos que en uno. Un sesgo de confirmación, como ocurría en el caso de las 'reglas sincronizadas'. Los humanos tendemos a creernos más y mejor las historias que confirman nuestras creencias.

Superlunas de colores

De vez en cuando, Matías Prats abre el informativo delante de una foto de una luna enorme, y dice: “Hoy hay Superluna”. Los periódicos hacen lo mismo: 'Cómo ver la mayor superluna del año', rezaban los titulares hace unos meses. Pero, ¿qué narices es una superluna? ¿Tiene superpoderes? Y, lo más intrigante de todo, ¿por qué suelen tener siempre asociado un color?

Empecemos con el tema de los superpoderes. Sea del color que sea, la superluna no tiene ninguna propiedad mágica, lamentablemente. De hecho, el término 'superluna' es un invento de un astrólogo americano (que no astrónomo, ojo). En 1979, este señor se sacó de la manga esta palabra para justificar una supuesta asociación entre el horóscopo y ciertos desastres naturales. O sea, que además de ser una patochada, ni siquiera era, originalmente, algo bueno. Pero bueno, el teléfono roto y esas cosas.

La superluna es simplemente un momento en el que la luna está más cerca de la Tierra, lo que técnicamente se denomina perigeo. Esto ocurre varias veces al año, porque la órbita de la luna no es perfectamente circular, sino elíptica. Por eso, la distancia Tierra-Luna varía entre los 356.400 y los 406.700 kilómetros (miradlo bien si planeáis un viaje, porque el ahorro en gasolina puede ser importante). 

A veces, el perigeo -cuando tenemos la luna cerquita cerquita- coincide con la fase de luna llena, por lo que la vemos más gordita y hermosa de lo habitual. Por lo general, las diferencias de tamaño y de brillo son imperceptibles, pero de vez en cuando podemos observar una superluna verdaderamente especial, como ocurrió el 19 de marzo de 2011. Entonces, la luna llena estuvo a 356.577 kilómetros de la Tierra, casi en su perigeo, y pudo verse un 30% más brillante y un 14% más grande. Esto no había ocurrido desde 1993, y tardará otros 18 años en repetirse. Obviamente, tampoco tuvo superpoderes pero oye, las fotos quedaron preciosas.

¿Y los colores? Pues son una mezcla de ciencia y tradición. La luna azul, por ejemplo, no tiene nada de azul. Es, simplemente, un fenómeno curioso. Como los meses lunares son más cortos que los del calendario, a veces tenemos más lunas llenas que meses. Cada dos años y nueve meses, aproximadamente, nos toca una luna 'extra' que, tradicionalmente, se llama luna azul. Es muy común en la tradición anglosajona, que incluso incorpora esta luna azulada al refranero popular. 'Once in a blue moon' hace referencia a algo que ocurre muy de vez en cuando, de Pascuas a Ramos, o de higos a brevas. 

La luna rosa también la hemos importado, en este caso de las tradiciones de algunas tribus indígenas americanas, como explica el astrónomo Rafael Bachiller. Como la luna azul, esta tampoco es rosa, su nombre viene de unas flores rosas que brotan a principios de la primavera. Como suele coincidir con la Semana Santa, en España siempre hemos denominado a la primera luna llena de primavera 'Luna Pascual', explica Bachiller. 

Por último, está la luna de sangre (también llamada luna roja), que es la única que tiene un poquito de ciencia. La luna se tiñe de este color durante un eclipse lunar total. En ese momento, la Tierra, situada entre la luna y el sol, tapa la luz que normalmente ilumina nuestro satélite. Los únicos rayos de luz que llegan a la luna los ha filtrado el cielo azul, la atmósfera terrestre, y por eso son de un color rojizo, como los amaneceres y los atardeceres. Técnicamente esto se llama 'dispersión de Rayleigh', os lo explica muy bien el divulgador Pablo Fiftin en este vídeo.

Houston, tenemos un problema

Lo sé. Me he dejado el mito lunar más importante: ¿realmente llegó el ser humano a la luna? Pues sí, llegamos. Varias veces, además. Los rumores de que fue todo un montaje tienen dos fuentes: las teorías de la conspiración (como los majaretas de la ‘plandemia’) y el falso documental “Operación Luna”, que aunque se lo creyó mucha gente era, eso, falso. Vamos, que fue una inocentada. Algunos también acusan a la propaganda soviética de esparcir el rumor, pero en realidad no hicieron nada de eso. Los rusos (que, en realidad, ganaron la carrera espacial sin ninguna duda) se dedicaron a esparcir otro rumor: que ellos no habían intentado mandar ningún hombre a la luna. Pero, volviendo al programa Apolo y los distintos alunizajes. ¿Tuvimos o no tuvimos un problema? Pues la verdad es que estoy un poco cansado de desmitificar, a estas alturas. Así que os dejo esta fantástica entrevista que hizo el periodista de Newtral Mario Viciosa al ministro (y astronauta) Pedro Duque. Espero que la disfrutéis durante esta preciosa noche de luna llena. 

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