(Un texto de Mario Escobar en El Mundo del 6 de junio de 2022)
La novela La gobernadora rescata la
figura de la mujer que sedujo a Fernando el Católico y Cristóbal Colón y supo
manejar el poder para convertirse en la señora de las islas Canarias
Todos imaginamos la corte de los Reyes Católicos como una
de las más religiosas y ejemplares de su época, pero la realidad es muy
distinta. Los Reyes Católicos, dos jovencísimos monarcas asediados
por múltiples enemigos en sus respectivos reinos, nombrados soberanos contra
todo pronóstico, no tuvieron a sus padres para que los instruyeran en el
difícil arte del poder. Fernando era el hijo de la segunda esposa de
Juan II el Grande, un hombre más entretenido con sus múltiples
amantes y enfrascado en diferente conflictos en Italia y Navarra, que
en ocuparse en demasía de su hijo segundón. Además, sus reinos estaban
profundamente divididos y dejó una herencia política complicada
a Fernando.
Por su parte, Isabel de Castilla fue criada para tener un
matrimonio provechoso, ya que su medio hermano Enrique IV de Castilla era
el legítimo heredero al trono, seguido por su hermano Alfonso, más
joven que ella. El problema comenzó cuando Enrique no lograba tener
descendencia, de hecho era conocido como el impotente, pero
tras nacer su hija Juana, la causa dinástica se complicó aún más, aunque todos
comenzaron a murmurar que realmente era hija de Beltrán de la Cueva, su
consejero.
Envenenados
Tras una guerra civil en castilla y el intento de casar a Isabel con
varios monarcas, la joven princesa fue comprometida con Pedro de
Girón, un cuarentón que gobernaba la orden de Calatrava, pero antes de poder
contraer matrimonio con ella fue oportunamente envenenado.
Isabel también se negó a casarse con el rey de Portugal y de Francia, pero tras
la muerte de su hermano Alfonso, se cree que envenenado, para
el rey era muy importante que su matrimonio la apartara de la corte, para dejar
paso libre a su hija Juana.
Juan II de Aragón negoció en secreto con Isabel la boda con su hijo
Fernando, aunque al ser primos no podían casarse sin una dispensa
papal. Los consejeros de Isabel no dudaron en falsificar la bula papal
y firmar las capitulaciones matrimoniales de Cervera el 5 de marzo de 1469.
Con el fin de poder casarse Isabel escapó de Ocaña y se
encontró con Fernando que había cruzado Castilla disfrazando de mozo de
mulas de unos comerciantes. Tras varios contratiempos, el 19 de
octubre se casaron en el Palacio de Viveros de Valladolid. El joven matrimonio
se había unido de forma ilegal, pasando por alto su consanguineidad,
lo que les convertía en practicantes de incesto.
Varias
amantes
Isabel llegó al trono de Castilla por medio de una guerra civil y junto a su
esposo Fernando lograron reunir bajo su mando a casi todos los reinos de la
Península.
Fernando fue infiel a su esposa antes y después del matrimonio. La
más conocida de sus amantes fue Aldonza Roig de Ivorra, con la
que concibió a dos bastardos. También tuvo como amante a Juana Nicolás,
una plebeya con la que engendró una hija. La lista de infidelidades fue muy
larga, aunque la más polémica de todas ellas fue la que vivió con
Beatriz de Bobadilla.
Beatriz de Bobadilla era sobrina de la marquesa de Moya, la
mejor amiga y cortesana de la reina. Su belleza era legendaria, por lo que no
tardó en enamorar al maestre de Calatrava, del que fue amante; enseguida
encandiló al rey Fernando, siempre atento a las cortesanas hermosas. La joven
de 20 años vio como su amante, el maestre de Calatrava moría
oportunamente en una batalla, lo que facilitaba que el rey se convirtiera en su
nuevo querido. La reina, muerta de celos al tener a su
contrincante en la corte, planeó asesinarla, pero su tía intercedió para que la
joven se casara con Hernán Peraza, señor de La Gomera.
La partida de la joven no terminó con los frenesís de la Corte. Cuando la
reina Isabel se retiraba de las fiestas de palacio, muchas veces estas derivaban
en orgias donde cortesanas y nobles daban rienda suelta a sus
pasiones.
Beatriz de Bobadilla siempre quiso regresar a la Península y vengarse
de los que la habían enviado al exilio insular. Tras la muerte
de su esposo a manos de los guanches, la aún joven gobernadora de La
Gomera regresó a la corte. Allí conoció a Cristóbal Colón con
el que comenzó un tórrida relación.
Cruel y
con gran apetito sexual
El rey Fernando procuró de nuevo convertirse en su amante y la
reina, que en secreto amaba a Cristóbal Colón, intentó de nuevo
enviarla a Canarias. Sabemos que en La Gomera, Beatriz recibió a Cristóbal
Colón, que pasó por la isla en tres de sus viajes. Es posible que la
gobernadora se hiciera ilusiones con casarse con el almirante,
pero este nunca quiso comprometerse. Beatriz se casó entonces con Alonso
Fernández de Lugo, conquistador de la isla de Tenerife. La gobernadora se
caracterizó por su crueldad y apetito sexual. Teniendo amantes entre
los líderes guanches, esclavos negros, otros soldados y señores, además del rey
y Cristóbal Colón.
Isabel siempre estuvo enamorada en secreto del almirante, lo
que le hizo odiar de nuevo a Beatriz y pudo ser la causante de su prematura
muerte.
Ni católicos ni moralistas
La Corte de los Reyes Católicos se caracterizó por su promiscuidad y
las sonadas muertes atribuidas a envenenamientos y otros
métodos de asesinatos. De hecho, Nicolás Maquiavelo se inspiró en Fernando el
Católico para escribir su célebre libro El Príncipe, donde reflejaba
la despiadada búsqueda y mantenimiento en el poder de los monarcas de
su época.
La corte no fue muy católica, a pesar de que Isabel
propició junto al cardenal Cisneros la reforma de las órdenes religiosas,
tampoco demasiado moralista, ya que el envenenamiento,
el adulterio y la traición fueron demasiado comunes en la corte de los
Reyes Católicos. Nuestro Juego de Tronos particular no tiene nada que envidiar
a la famosa serie televisiva, Isabel y Fernando, Fernando e Isabel, fueron sin
duda nuestros Stark y Lannister patrios.
Mario Escobar es historiador, novelista, ensayista y conferenciante. Su
nueva novela, La gobernadora (La
Esfera de los Libros), sale a la venta el miércoles 8 de junio.
Etiquetas: En femenino, Grandes personajes, Pequeñas historias de la Historia, s. XV