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viernes, agosto 28

Rutas botánicas en Aragón: aprender al aire libre

(Un texto de M. J. Montesinos en el Heraldo de Aragón del 19 de mayo de 2017)

Aunque no todas están señalizadas, existen en Aragón diversas rutas de interés botánico que nos permiten conocer la diversidad vegetal de la comunidad, muy grande dado el amplio territorio y los cambios de altitud.

Aragón es un territorio extenso con variados ecosistemas y altitudes, lo que da lugar a una vegetación rica y diversa, que cuenta con especies endémicas, es decir, que solo crecen en Aragón, y algunos ejemplares casi únicos. Atendiendo a esta riqueza, algunas localidades, comarcas o espacios naturales protegidos han creado rutas botánicas, algunas de ellas señalizadas y otras atendidas por guías, que pueden recorrerse para conocer más de la flora autóctona.

Como siempre que se sale al campo, el respeto a la naturaleza es el primer mandato: no se pueden cortar flores, ni coger plantas. Para 'llevárnoslas' con nosotros podemos hacerles fotos o simplemente, conservar su belleza en nuestro corazón. Además de ser una práctica no respetuosa con el medio ambiente, si se trata de una especie vegetal protegida, puede acarreamos una multa elevada.

En nuestros recorridos deberemos tener cuidado también de por dónde pisarnos para no estropear las especies vegetales. No todas las plantas tienen vigilantes, como las orquídeas de Sallent, cuya floración comenzará en breve.

Algunas de las rutas ofrecen paneles informativos sobre la vegetación que puede verse en el entorno o placas que dan datos sobre los ejemplares botánicos más destacados. Sin embargo, una buena práctica es salir al campo provistos de una guía de árboles y plantas. Si no disponemos de una, es probable que en las localidades del entorno que visitarnos podamos comprar alguna. Ya provistos de nuestra guía será divertido y emocionante intentar reconocer las especies que vamos encontrando en nuestro paseo.

CENTRO PLANTARIA

Algunas localidades lo ponen aún más fácil, ya que permiten aprender algo del entorno antes de salir a conocerlo. Es el caso de Cosuenda, en Campo de Cariñena, y su centro de interpretación botánico 'Plantaria'. Una visita al centro nos ofrece información sobre las plantas que podemos encontrar después en la vecina Sierra de Algairén, una de las zonas de mayor biodiversidad vegetal de la cordillera ibérica con hasta 700 especies, entre las que sobresale como una joya la Cerulea pinnata, endemismo aragonés. El acebo es otra especie protegida que se da con profusión. Y junto a ellas, enebros, endrinos, acerolos, y aromáticas como romero, jara, lavanda, espliego, orégano…

Existen dos rutas: A1 (2h 30 min) y A2 (2h 50 min), sin dificultades. Es otra más de las rutas que se pueden recorrer, pero quedan muchas: Fontellas, Gorgas de Alba, Val de Molinos…

OJOS DEL PONTIL

En Rueda de Jalón, el espacio natural de los Ojos de Pontil, es una importante zona húmeda de unas seis hectáreas donde afloran unos manantiales de agua termal rodeados por la vegetación palustre típica de humedal: carrizo, anea, juncos, masiega, lirio amarillo, etc. y, más lejos de la orilla, el tamariz, la sosa, la salsona con sus flores amarillas, malvavisco, zarzas con moras y otros frutos rojos y la bonita salpicara con su floración rosada. Entre los árboles destacan olmos, chopos y sauces blancos.

Ruta. Los O¡os del Pontil se encuentran a 1 km de la localidad de Rueda, en la margen izquierda del río Jalón. No existe ninguna complicación para llegar a este espacio ni para recorrer la zona.

ALPARTIR AL CONVENTO DE SAN CRISTÓBAL

En esta ruta que lleva de la localidad de Alpartir al cerro del convento de San Cristóbal, se puede encontrar la vegetación propia de un ecosistema mediterráneo, con buena representación de especies como enebro, espliego, ginesta, espliego, espino negro, salvia, tomillo, retama, carrascales y sabinas, y otras como rosal y tulipán silvestre, aladierno, lirios…

Ruta. Unas 2h 30 min de duración y baja dificultad técnica. Alrededor del convento existe otro recorrido botánico.

MiradorDesde el mirador que nos encontraremos durante el recorrido se dispone de una panorámica excepcional del valle del Jalón, las sierras de la Nava y Monegré, el Moncayo y la sierra del Tablado, la sierra de la Virgen, Vicor y Algairén.

SALLENT DE GÁLLEGO. MONTE PACINO Y FRONTERA CON FRANCIA.

Todo el valle de Tena ofrece excelentes posibilidades para disfrutar de la belleza vegetal de sus ecosistemas. Proponemos dos rutas desde Sallent de Gállego.

Monte PacinoRecorrido muy accesible en los alrededores de Sallent. El ascenso al collado se inicia atravesando el hayedo conocido como 'Selva de Sallent', también se encuentran plantas alimenticias y medicinales como los 'chordones' o frambuesas, y orquídeas.

En la fronteraHacia Francia encontramos especies de alta montaña como rara orquídea Pseudorchis albida, o la Saxífraga oppositifolia, una planta capaz de romper rocas y de prosperar al límite de la supervivencia, ya que crece en el Ártico, donde acaba la tierra firme.

LUESIA

Del monte mediterráneo al alpino. Alrededor de Luesia se han creado tres rutas (a Fuente L’Artica, al Fayar de Gozopaño y a Puy Fonguera), entre los 9 y los 2 km que permiten vivir la experiencia de pasar casi de un salto de una vegetación típicamente mediterránea a un ecosistema plenamente alpino. Durante los primeros 2 km de recorrido se observan aliagas, tomillos, enebros, endrinos, lino y robles y carrasca. Después se pasa a un monte alpino con hayedos como el de Gozopaño, acebo (con algún ejemplar de gran tamaño) arce, madreselva, helecho común y flores de narciso en la primavera.

Rutas. Los recorridos se encuentran señalizados y discurren por sendero, por lo que no presentan mayores dificultades. Algunas de las placas que identifican las especies deberían ser repuestas.

BEA. VARIAS ESPECIES DE ORQUÍDEAS

En la comarca del Jiloca, esta ruta que va de Bea a Piedrahita permite observar 4 'árboles monumentales' la sabina de Bea, dos carrascas centenarias (entre ellas la 'Abuela de Bea') y el chopo cabecero de Piedrahita, y una buena representación de varias especies de orquídeas ahora en floración, entre otras flores singulares, que se encuentran protegidas. Atraviesa bosques de quejigos. De Piedrahita sale una ruta geológica a Loscos.

RutaUnas 3 horas de duración, recorrido sencillo que discurre siempre por sendero, puede hacerse en familia, no atraviesa ninguna dificultad. El camino se encuentra marcado como sendero PR y existe señalización explicativa en cada paraje.

TORRECILLA DE ALCAÑIZ. VEGETACIÓN AUTÓCTONA

Ubicado en el Calvario, el sendero botánico de Torrecilla de Alcañiz se encuentra dedicado a su ilustre paisano José Pardo Sastrón. Existen diferentes paneles explicativos acerca de este botánico, así como algunas de las plantas que aquí encontraremos, con los correspondientes carteles identificativos de cada especie. Se trata de un entorno natural, poblado de vegetación autóctona en donde sobresalen impresionantes ejemplares de pino carrasco, y otras conectadas al río Mezquín que lo atraviesa como álamos blancos, fresnos, sauces y latoneros.

Ruta. Recorrido poco exigente, aunque en cuesta. Existen senderos botánicos también en las cercanas Ráfales y Castelserás.

ALMONACID DE LA SIERRA. RECORRIDO MARCADO POR EL MONTE

Almonacid de la Sierra, en la comarca de Valdejalón, ofrece esta ruta botánica que comienza en la plaza de San Nicolás y llega hasta la sierra de Algairén. A lo largo del recorrido se puede observar la transición de un ambiente mediterráneo a otro alpino. Al inicio nos encontramos con vegetación más propia de zonas secas mientras que al llegar a una zona de barranco aparecen helechos, castaños, orquídeas y otras especies de zonas frías. Como en tiempos estuvo cultivado se encuentran también algunos frutales.

Ruta. Unos 6 km de recorrido sin dificultades. Hay tramos de pista forestal y otros que serpentean por diversas sendas con encanto.

PARQUE NATURAL DEL MONCAYO. ATRAVESANDO BOSQUES.

Del centro de interpretación de Agramonte sale el sendero AG2 hasta la fuente de la Teja. Está totalmente señalizado con paneles de información sobre los sistemas forestales que atraviesa: robledal, hayedo, abedular y pinar. El roble es 'Quercus pyrenaica', poco frecuente en Aragón. El hayedo 'Fagus sylvatica' es de los más de esta especie, propia de la región eurosiberiana. El abedular 'Betula alba' es una singularidad muy destacada ya que es un árbol que se encuentra mezclado, no en una formación pura como en este espacio. Se encuentra también acebo, brezo, enebro…

Ruta. 1 h de recorrido circular, sencillo, con 70 m de desnivel. Muchas zonas de sombra para el verano.

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sábado, julio 18

Zaragoza desconocida: Biblioteca de Roda

(Un texto de J.F. Losilla Eixarch en el Heraldo de Aragón del 12 de octubre de 2013)

En el Seminario de San Carlos se halla el extraordinario fondo bibliográfico que Manuel de Roda y Arrieta, ministro de Carlos III, donó en 1782. Investigadores de todo el mundo acuden para consultar sus más de 16.500 volúmenes, entre los que se encuentran ejemplares únicos.

Hay lugares que cautivan y atrapan. Por su singularidad y por el carácter excepcional de su contenido. Por su belleza y por su lustre histórico. La Biblioteca de Manuel de Roda y Arrieta en el Real Seminario de San Carlos Borromeo es un ejemplo extraordinario de los tesoros que encierra Zaragoza. Los más de 16.500 volúmenes que habitan en sus estanterías constituyen una rica colección que solo pueden consultar los investigadores tras solicitar previamente un permiso.

Carlos Tartaj ha consagrado sus últimos quince años al cuidado de este fondo bibliográfico y es el cicerone ideal para realizar un recorrido por la estancia. Al abrir la puerta, la mirada se clava en el retrato de Manuel de Roda que cuelga de una pared. Las presentaciones son obligatorias. «El marqués de Roda fue un ilustre personaje aragonés que tuvo gran importancia en el siglo XVIII. Nació en una familia muy humilde, pero ocupó cargos importantísimos y esta biblioteca es un reflejo de su erudición», resume Tartaj.

Ciertamente, la biografía de Manuel de Roda resulta apasionante. Nacido en Zaragoza en 1708, su familia paterna procedía de Maella y contaba con unos recursos muy limitados. Estudió en el colegio de los jesuitas y posteriormente cursó Leyes (Derecho) en la Universidad de Zaragoza.

Todo un éxito atendiendo a sus orígenes humildes. Pertenecía a los manteístas (alumnos pobres) en contraposición con los colegiales (alumnos ricos). La obsesión por esta diferencia de clases le atormentó y le acompañó durante el resto de sus días, alimentando algunas de sus actuaciones y decisiones.

Como profesional de la abogacía, no encontró oportunidades en su Zaragoza natal y optó por instalarse en Madrid. El éxito le sonrió en la capital, mucho más tras hacer público su apoyo al duque de Alba, quien propulsó su carrera. Fue destinado a Roma en 1758 como agregado de la Embajada española y acabaría convirtiéndose en el embajador en 1760.

«En Roma fue donde surgió su pasión desbocada por los libros. Era soltero y se volcó en completar una grandísima biblioteca. Contaba con varios agentes que le localizaban ejemplares muy buscados. Estaba especializado en el libro de calidad. Además, cuando se enteraba de que aristócratas italianos se arruinaban o necesitaban dinero, adquiría sus colecciones. Era insaciable», explica Tartaj.

Una afición que siguió cultivando a su regreso a España como mano derecha del rey Carlos III. En su haber político sobresale la expulsión de los jesuitas en 1767.

En 1782 -año de su muerte- firmó el testamento, en el que legó íntegramente su biblioteca -incluido el mobiliario- al Real Seminario de San Carlos Borromeo. Sufragó la costosa mudanza. Las librerías, varios crucifijos de marfil e incluso una escalerita son los originales de hace más de dos siglos. Meras anécdotas ante el esplendoroso catálogo bibliográfico.

«Es una biblioteca ilustrada única que abarca múltiples temáticas, desde la científica hasta la religiosa, pasando por la jurídica, la museística o la literaria», advierte Tartaj.

El caudal cultural resulta abrumador. Biblias políglotas, manuales sobre los oficios, ejemplares de historia natural, manuscritos del siglo XIV, primeras ediciones de Baltasar Gracián, Lope de Vega y Góngora; volúmenes de la colección personal de Carlos III, tratados sobre el comercio con las Indias, los viajes del capitán Cook... Una interminable lista que nutre cada año a unos 100 investigadores que vienen de todo el mundo.

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jueves, julio 16

Zaragoza desconocida: Palacio de Larrinaga

(Un texto de B. Travesí en el Heraldo de Aragón del 12 de octubre de 2013)

En el 123 de la calle Miguel Servet, en pleno corazón comercial de la ciudad -aunque la crisis se ha dejado notar con brío y muchos locales y comercios del barrio se han visto obligados a echar la persiana en los últimos meses-, el paseante se encuentra de golpe con el palacio de Larrinaga, un exquisito edificio que parece más propio de un entorno con vistas al mar.

Si ahora resulta chocante ver en ese enclave una casona de lujo, imaginemos lo que tuvo que ser para los zaragozanos de principios del siglo pasado atisbar una construcción tan bella a las afueras de la ciudad, en absoluta soledad y rodeada de campos y huertos de cultivos. Su porte y el hecho de que pasaran los años y nadie la habitara disparó la imaginación de los lugareños, que durante mucho tiempo se refirieron al edificio como 'El Castillo'.

En realidad, la casa se llamaba ‘Villa Asunción' y era el retiro en el que la pareja formada por Miguel Larrinaga y Asunción Clavero pensaban pasar sus últimos años de vida. La historia cuenta que este impresionante edificio fue mandado construir en 1900 por Larrinaga al arquitecto Félix Navarro. Al parecer él, un importante naviero vasco, quería compensar a su esposa, Asunción Clavero, natural de Albalate del Arzobispo, del desarraigo al que la obligó su matrimonio.

Según cuentan las crónicas, la familia de Larrinaga era natural de la localidad vizcaína de Mundaka, pero se había trasladado a Liverpool donde el padre era socio de una importante naviera. En la ciudad inglesa nació Miguel Larrinaga, pero la familia siempre quiso que sus hijos mantuvieran sus vínculos con su país de origen, por lo que el joven Miguel estudió bachillerato en Bilbao y posteriormente, comenzó sus estudios de Derecho en Zaragoza. Y fue en la capital aragonesa donde conoció a la guapa turolense con la que contrajo matrimonio en 1897, en Liverpool (Reino Unido).

Tres años después del matrimonio, Larrinaga encargó la construcción de la casona zaragozana, según parece para cumplir la promesa hecha a su esposa Asunción -que cambió por amor su Aragón y su Albalate natal por una ciudad fría, gris y húmeda, con unas costumbres y un idioma que desconocía- de que a su retiro regresarían a Aragón.

Y en línea con su acomodada situación económica, en el encargo no se reparó en gastos. La edificación -de 676 metros cuadrados de planta y cuatro alturas- fue construida (y así permanece en su mayor parte) con los mejores materiales: piedra, ladrillo y cerámica para la fachada y la estructura y maderas nobles para los suelos, los arrimaderos y el interior de algunas estancias. La vivienda estaba ubicada en una finca de once hectáreas de terreno, a las afueras de Zaragoza, al pie del camino al Bajo Aragón. El encargado de dar forma a este sueño fue el arquitecto Navarro con aportaciones del escultor Carlos Palao.

De estilo ecléctico y mezclando distintas tendencias, el resultado es un edificio donde lo más destacado es su exterior, una impresionante fachada con doble arcada, cuatro torres y un cimborrio central y plagado de motivos marineros y referencias alusivas al mar y a la profesión naviera del dueño. El edificio se dio por terminado en 1920 (después de que Fernando de Escondrillas retocara la cúpula y las torres), pero nunca llegó a ser habitado por la pareja porque Asunción Clavero murió en 1939, antes de la jubilación de su marido.

Frustrado el uso inicial que se pensaba dar a la mansión, Larrinaga lo vendió tres años después, en 1942, a la empresa Giesa, que lo utilizó como sede y oficina central hasta 1946, año en que se vendió a los Padres Marianistas, que lo destinaron a colegio hasta 1993. En esa fecha volvió a cambiar de dueños: esta vez fue Ibercaja quien se hizo con el inmueble y encargó a Franco y Pemán su restauración. Pese a haber estado sin habitar durante tantos años -fue ocupado por mandos militares durante la Guerra Civil y había pasado por distintos dueños- el inmueble, por suerte, no estaba muy deteriorado.

Durante estos últimos años, el edificio ha acogido el Centro de Documentación de la caja de ahorros (donde los investigadores podían consultar sus fondos bibliográficos) y el punto de consulta de los documentos digitalizados del Archivo de la Corona de Aragón. Ahora se destina a la conservación de fondos bibliográficos de Ibercaja y se puede ver porque se organizan visitas guiadas.

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sábado, mayo 30

Zaragoza desconocida: Cementerios alemán y musulmán

(Un texto de Soledad Campo en el Heraldo de Aragón del 12 de octubre de 2013)

Forman parte de la historia de Torrero desde que en la Guerra Civil comenzó a enterrarse en ellos a los soldados musulmanes y alemanes fallecidos en combate. Dos peculiares necrópolis ajenas al trajín de visitantes.

Pasearse por estos dos pequeños camposantos es como acercarse a la herencia germana de la capital aragonesa y palpar una realidad multicultural. Los orígenes de ambos se remontan a la Guerra Civil, cuando se comenzaron a utilizar para que se enterrasen en ellos a los soldados caídos en combate. En los últimos años las comunidades musulmán y alemana trabajan, con mayor o peor fortuna, para recuperar del olvido estos remansos de paz, evitar que el inevitable deterioro siga haciendo mella en ellos y rescatar la memoria de sus ancestros. Que nadie espere un alarde artístico al adentrarse en ellos.

Al final de la avenida de América, en un lateral de la tapia de Torrero, hay dos cancelas cerradas por un candado. Sobre esa puerta puede leerse en letras grandes la leyenda «Deutscher Friedhof» (cementerio alemán). De él cuida la Asociación para la Administración y Conservación del Cementerio Alemán en Zaragoza, creada oficialmente en 1983 por los descendientes de la colonia germana que llegó a la capital aragonesa durante la Primera Guerra Mundial y dueña de los terrenos.

Todo empezó un mes de mayo del año 1916, cuando llegaron a Zaragoza 347 internados alemanes procedentes de Camerún. Su historia e influencia en la capital aragonesa las rastrea el escritor y periodista Sergio del Molino en el libro 'Soldados en el jardín de la paz'. El recinto se inauguró oficialmente el 6 de noviembre de 1941 (año de la cesión del lugar por parte del Ayuntamiento), aunque hay tumbas anteriores a esas fechas, y quedó a cargo del cónsul alemán en la ciudad. La propia colonia se encargó de mantener el lugar desde que en 1945 el consulado germano pasó a ser honorario. Entre las alrededor de 60 lápidas que uno puede llegar a contar conviven las rotas y con inscripciones prácticamente borradas y difíciles de descifrar, con las más actuales y cuidadas. Aunque no tiene un carácter castrense, aquí están las losas de soldados de las dos guerras mundiales y de la contienda española. Sus restos, según consta en el Ayuntamiento de Zaragoza, fueron trasladados en 1982 al cementerio de Yuste (Cáceres), donde se encuentra el único camposanto militar alemán de España.

El pequeño recinto tiene acceso independiente y hay que pedir una llave a la agrupación que cuida de él. Está separado del resto de Torrero por un muro y se ha instalado una valla metálica para evitar actos vandálicos. «En la asociación somos una treintena de personas que pagamos una cuota para mantener el lugar limpio y decente», cuenta Alfonso Kurtz, uno de sus miembros más veteranos. «Hemos intentado ponernos en contacto con familiares de personas enterradas aquí para que repararan tumbas, pero como muchos están fuera de España es difícil». Aquí descansa el músico aragonés Mauricio Aznar desde hace 13 años [en 2013] se han registrado dos inhumaciones.

Para llegar al cementerio musulmán uno tiene que adentrarse en Torrero y caminar hacia el extremo colindante con la Z30. Un cartel lo anuncia en español y árabe, aunque en la valla alguien ha escrito en árabe «Dios es único y Muhammad es su mensajero».

El profano en este tipo de necrópolis se sorprende al primer vistazo, no solo porque las fosas estén orientadas hacia la Meca, sino por la humildad de las tumbas. Dos ladrillos tabiqueros rojizos colocados a la cabeza y los pies las delimitan (en uno de ellos figura el nombre del fallecido) y entre ambos solo hay un promontorio de tierra, rodeado de piedras, que apenas levanta un palmo del suelo. Una muestra de que la muerte iguala a todos. Solo algunos lucen cartelas o flores y el mayor exceso son las tres o cuatro lápidas de baldosines.

«En nuestra religión el entierro debe ser algo muy sencillo», explica Abderrahmen Ben Chaabane, miembro de la comisión mixta de seguimiento del convenio suscrito en mayo [de 2013] por el Ayuntamiento y la comunidad islámica para la gestión del recinto. En líneas generales, el colectivo musulmán se encarga de la gestión directa del nuevo edificio construido para tanatorio (una antigua reivindicación) y realiza la ceremonia preparatoria del cadáver (se lava, purifica y perfuma para después envolverlo en un sudario blanco), además de llevar a cabo los enterramientos. El consistorio realiza los huecos para las sepulturas y autoriza las inhumaciones.

En una rotonda central hay una estrella de ocho puntas (se usan en el Corán para marcar el final de un capítulo), como en las ventanas del tanatorio y las cancelas que dan a la Z30 (por el exterior tienen una media luna y nunca se abren). Se inhuman no solo musulmanes fallecidos en la ciudad, sino también procedentes de Navarra, País Vasco, Logroño y Lérida. En 2012 se enterraron 16 niños y 3 adultos. Ahora, la comunidad quiere regular mejor el tipo de tumbas, esas que, como dice Abderrahmen Ben, «nos recuerdan que todos somos iguales y nos hacen más humildes».

Los enterramientos musulmanes llaman la atención por su extrema sencillez, con dos ladrillos tabiqueros rojizos y un promontorio de tierra rodeado de piedras.

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