Cuéntame un cuento...

...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..

domingo, mayo 31

Caminar erguida



(Parte del texto de B. García en la revista Mujer de Hoy del 29 de junio de 2013)

Ni encorvada ni demasiado erguida. Caminar correctamente evita complicaciones de salud. Además, te dota de confianza y elegancia.

Qué hacer

1. No adelantes los hombros, llévalos hacia atrás, casi tras las caderas. Obtendrás un lifting de estómago inmediato, porque se desplazará hacia adentro.
2. Anda un poco más deprisa de lo que lo haces habitualmente. Este cambio de velocidad te dará más confianza y energía.
3. No arrastres los pies, pero tampoco cruces las piernas una delante de otra salvo que seas modelo y estés desfilando. Visualiza una línea imaginaria y lleva las piernas en paralelo.
4. Practica frente al espejo con libros en la cabeza. Debes evitar que caigan al suelo. Un ejercicio clásico que funciona.

Qué evitar

1. Al andar, la cabeza nunca debe ir por delante del cuerpo.
2. Vigila que los hombros no se muevan arriba y abajo.
3. Los pasos no deben ser ni cortos ni largos, hay que encontrar un equilibrio apropiado a tu envergadura.
4. Una columna totalmente recta no es saludable. Debe tener una ligera curvatura, como un plátano, en cuello y lumbares.
5. Tampoco hay que forzar el cuello para que esté recto. Esto provoca dolor de cuello y hombros, migrañas, jaquecas, hernias discales, problemas respiratorios o digestivos y hormigueos en las manos.

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sábado, mayo 30

Cuidando las piernas



(Parte del texto de Cristina Uranga en la revista Mujer de Hoy del 29 de junio de 2013)

Firmeza instantánea

Lo sentimos, pero no existe, hay que ganársela. Y por dos vías: el ejercicio físico y la aplicación de cremas reafirmantes. Si todavía te queda tiempo para ir a la playa, puedes dedicarlo a tonificar tus piernas. Aunque si estás a puntito de pisar la arena, también puedes aprovechar esos elementos a tu favor. Te explicamos cómo:

En la ciudad. Sube escaleras, pero de dos en dos, a un ritmo continuo y con la espalda recta. Y reserva 10 minutos de tu tiempo para hacer elevaciones laterales: apóyate en una silla y levanta la pierna hacia el lateral mientras apoyas la otra recta en el suelo. Haz tres series de 10 repeticiones con cada una, dos veces al día.

En la playa. Caminar por la arena moviliza toda la musculatura de las piernas, relaja la planta de los pies y descansa la espalda. Hacerlo contra la fuerza de las olas, además, mejora la circulación. Hazlo durante tres cuartos de hora cada día. Y si vas al norte, quizá te cueste más entrar en el mar, pero tienes el consuelo de que el agua helada del Cantábrico es buenísima para tonificar tus piernas.

Cuidado con el síndrome de 'Stiletto'

Quizá nunca lo hayas denominado así, pero si estás siempre subida a ellos, seguro que habrás notado que bajarte tiene un desagradable precio: caminar con bailarinas te resulta bastante doloroso. Eso es porque andar sobre tacones de alto calibre desemboca en un acortamiento de los músculos de la pantorrilla y un engrosamiento de los tendones de Aquiles, según explica un estudio de la Universidad de Manchester. “Para evitarlo, lo mejor es estirar la zona posterior de las piernas todos los días”, explica Ana Alonso, fisioterapeuta del Hospital Universitario Puerta de Hierro-Majadahonda (Telf.: 649 048 561). “Los tacones excesivos no solo disminuyen los gemelos, sino también la musculatura de la planta del pie, y dan lugar a un aumento de la curva lumbar”. Ana Alonso propone dos ejercicios sencillos y que puedes hacer varias veces todos los días.

1. “Congela una botella de agua, siéntate en una silla y hazla rodar apretando con la planta del pie hacia delante y hacia atrás. Repite unas 10 veces con cada uno. El masaje relaja la planta y, junto con el efecto vasoconstrictor del hielo, mejora el retorno venoso”, explica.

2. “Este segundo ejercicio es mejor hacerlo tumbada. Hay que atar un cinturón alrededor del puente del pie, cerca de los dedos y, tirando del otro extremo, levantar la pierna hacia arriba con la rodilla estirada, mientras la otra pierna se mantiene recta en el suelo. Cuando se llega al punto en el que tira la musculatura posterior de la pierna, se mantiene unos segundos. Luego hay que hacer lo mismo hacia fuera y hacia dentro. Además de estirar, beneficia el retorno venoso”, concluye Ana Alonso.

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viernes, mayo 29

El culebrón de Victor Hugo

(Un texto de Judy Clarke en el XLSemanal del 20 de enero de 2013)

Fue uno de los escritores más importantes del siglo XIX y uno de los intelectuales con mayor influencia en la política europea. Su obra 'Los miserables' sigue siendo un superventas y un éxito en la taquilla de cines y teatros. Pero su vida privada, llena de amantes, infidelidades y tragedias, es poco conocida, pese a ser tan apasionante o más que sus novelas.

Victor Hugo debe su nombre a Victor Lohare, el amante de su madre. No se trata de un dato secreto que saliera a la luz con la fama del autor. Fue toda una declaración de principios de Sophie, su madre, que nunca ocultó su relación con un compañero de filas de su marido, el general Léopold Hugo.

El amante de Sophie murió pronto, pero Léopold, despechado, se fue a vivir con otra mujer. Lo hizo durante años, hasta que el mismísimo Napoleón lo obligó a abandonarla. Los padres del escritor se acabaron divorciando, y su vida no estuvo marcada precisamente por una estable rutina familiar. La suya, tampoco.

La vida sentimental de Victor Hugo fue un auténtico culebrón que giró entre su esposa y su amante 'oficial', mientras se sucedían decenas de aventuras esporádicas. Un ajetreo sexual que no le impidió ser uno de los autores más prolíficos en todos los géneros literarios ni ser un activista emblemático de la Tercera República francesa y uno de los mayores defensores de los derechos del hombre. Tampoco lo blindó frente a su mayor tragedia: ver morir a cuatro de sus cinco hijos -Léopold, el primogénito, al poco de nacer; Léopoldine, ahogada a los 19 años; Charles y François-Victor, de tuberculosis y cáncer, con 45- y tener que internar en un psiquiátrico a Adèle, la única que sobrevivió.

Los cinco hijos los tuvo con Adèle Foucher, su esposa. Se conocieron siendo niños porque sus familias eran amigas. Cuando decidieron casarse, en 1822, él ya comenzaba a tener éxito como poeta, pero el matrimonio no comenzó con buenos augurios: tres meses después, el hermano de Victor, Eugène, tuvo que ser internado en un asilo tras padecer una crisis mental. ¿El desencadenante? Adèle, su cuñada, de la que estaba perdidamente enamorado. Hermosa e inteligente, Adèle le dio a Hugo cinco hijos en siete años, el tiempo suficiente para que ella se desencantase de su matrimonio, tanto por el narcisismo de su esposo como por su afición a otras mujeres. Su decepción fue tanta que Adèle no dudó en hacer lo mismo que su suegra: lucir sin mucha discreción un amante; para más escándalo, amigo de su marido: el crítico literario Charles Augustin Sainte-Beuve, admirador de Hugo y a quien este había llegado a acoger en su casa. Pasado el disgusto y ante la evidente infidelidad de su esposa, él continuó con las suyas. Eso sí, sin plantearse dejar a la madre de sus hijos.

Su gran amor o su gran amante fue Juliette Drouet, con quien compartió su vida durante 50 años. Juliette es un personaje digno de una novela de Victor Hugo. Pobre como Fantine [uno de los personajes de Los miserables], sus padres murieron cuando ella tenía menos de un año. Durante un tiempo se hicieron cargo de ella unos tíos, pero al no poder mantenerla la abandonaron en un convento. Juliette recordaba aquellos años como un infierno. Se hizo modelo y amante de un escultor con 17 años para poder huir. Al año siguiente tuvo una hija con él, pero se vio de nuevo en la calle. Esta vez cayó en los brazos de un millonario que la llevó a Alemania y de allí, a Bruselas, donde debutó como actriz. Su belleza, más que su talento, le abrió las puertas del teatro... y las de la alcoba de Victor Hugo, ya entonces un prestigioso dramaturgo. Su primera noche de amor fue la del 16 al 17 de febrero de 1833. Así lo consignó Juliette en «el libro rojo», un diario en el que la joven -escritora compulsiva (le escribió veinte mil cartas)- fue recogiendo toda su vida. La fecha será celebrada también en Los miserables: él la convierte en el día de la boda de los personajes Marius y Cosette. Sus primeros meses de relación son apasionados. En noviembre de 1833, Juliette estrena María Tudor, en un papel que Hugo había escrito para ella. La crítica fue despiadada. Los gestores del teatro, también. Al día siguiente fue sustituida por otra actriz. Cinco años después, ella desiste de seguir actuando y se consagra como su amante. En 1839 celebran un «matrimonio místico». Él le asegura que nunca la abandonará... pero no dice nada de tratar a otras mujeres.

En 1845, Victor Hugo protagoniza un escándalo; la comidilla de todo París, aunque Juliette no llegó a enterarse hasta tiempo después. Hugo y la joven Léonie Biard son pillados in fraganti nada menos que por el esposo traicionado. Como el adulterio es delito en Francia, la infiel tiene que cumplir cinco meses de cárcel; él se libra pero queda muy abatido. Y comienza a escribir Los miserables.
Quien sí se entera del escándalo es Adèle, su esposa, que no por casualidad se hace amiga de Léonie. Para ambas, el enemigo al que batir es la tercera en discordia, Juliette. Léonie presiona al escritor para que la deje. Como él se niega, en 1951 la nueva amante, despechada, le envía a Juliette las cartas de amor que Hugo la ha estado escribiendo durante siete años. Juliette se desespera. No es la única en el corazón de Hugo y, además, su rival es más joven y bella.

Pero la historia se alía con Juliette. Hugo tiene que huir de Francia por razones políticas y ella lo ayuda a escapar. Le consigue un pasaporte falso y juntos cruzan la frontera franco-belga. De ahí lo seguirá a la isla de Jersey en 1852 y a la de Guernsey en 1855. El exilio los une. Además, Adèle no soporta la vida en las islas. Prefiere París. Y aunque va con sus hijos a visitarlo, es con Juliette con quien el escritor comparte su vida. Eso sí, por imposición de Hugo, su amante se instala en la casa de al lado.

Adèle murió en 1869 en brazos de Victor, pero él nunca abandona a Juliette. Tampoco cuando regresan a París. Ella le hace de secretaria, de copista, de asistenta... siempre en la sombra. No le importa. Lo que le irrita es que Hugo, con 70 años, no deje de tener líos con jóvenes admiradoras o con famosas actrices, como Sarah Bernhardt. Pero la relación que más le duele es la de Blanche Lanvin, la hija de unos amigos, que estaba a su servicio. Hugo puso enseguida sus ojos en ella. Él tenía 76 años. Ella, 20. Juliette cree que se trata de un affaire sin importancia, hasta que una carta que cae en sus manos pone en evidencia una relación profunda que solo una apoplejía del escritor logra zanjar.
Juliette murió en 1883 de cáncer. Tenía 77 años. Victor Hugo, que falleció tres años después, no acude al funeral, pero en el último aniversario que celebraron le escribe en una foto: «Cincuenta años de amor. Ha sido el más bello de los matrimonios».

El drama de sus hijas

El fantasma de Léopoldine...
La gran amargura de la familia Hugo fue la muerte de Léopoldine cuando tenía 19 años. La joven acababa de casarse hacía unos meses con Charles Vacquerie, una pareja tan enamorada y perseverante que logró imponer sus deseos a sus familias, que no eran partidarias del enlace. Cuando por fin consiguieron casarse, llegó la desgracia. Durante un paseo en barca por el Sena, ella cayó al agua. Su marido, buen nadador, se tiró tras Léopoldine, pero no pudo rescatarla. Por eso se dijo que él prefirió morir con ella que salvarse, y en París se comentaba que sus cuerpos se encontraron en el fondo del río abrazados. Su padre, muy afectado, le dedicó numerosos poemas y durante años intentaron hacer sesiones espiritistas en su casa desplegando el vestido que llevaba cuando cayó al río.

...Y la triste locura de Adèle. 
Léopoldine fue el personaje romántico y trágico de la familia Hugo hasta que François Truffaut rescató del olvido a su hermana Adèle en una película de 1975 protagonizada por Isabelle Adjani. Léopoldine murió cuando Adèle tenía 13 años y su muerte le afectó tanto que, con 16 años, se enamoró de Auguste Vacquerie, su cuñado. Tras esa arrebatada pasión, con 23 volvió a caer prendada de oficial británico, Albert Pinson. Desarrolló una pasión tan enfermiza por él que lo siguió durante más de diez años por medio mundo, pese a que el militar no le correspondía. Siguiendo a Pinson perdió la salud mental. Una mujer la reconoció en Barbados y la llevó de vuelta a Francia. Era 1875. Adèle Hugo vivió hasta su muerte, en 1915, en un hospital mental.

'Los miserables', 150 años de superventas y taquillazos

Éxito inoxidable: Publicada en 1862, Los miserables no ha dejado de ser en 150 años un taquillazo en todos los géneros. La acción de la novela transcurre entre 1815, año de la restauración monárquica en Francia, y 1848, con las revoluciones de 1830 y 1848 en medio y las profundas consecuencias de la Revolución Industrial que irrumpía desde Inglaterra.

Valjean somos todos: Para reflejar tanta complejidad, Hugo eligió a un hombre de esa sociedad: Jean Valjean y mostró su caída y su ascenso no solo social, sino también moral.

Contra la opresión: Hugo lo plasmó con feroz realismo. Se inspiró en un personaje real: Vidocq, criminal que se redimió y acabó inaugurando la Policía Nacional. Denuncia contra la opresión, Los miserables defiende que, más que pobres, hay empobrecidos, forzados a serlo por un sistema injusto. Y proclama que la transformación de una sociedad late en cada individuo. Cuantos más cambien, más cambiará la sociedad.

La esposa oficial
Adèle Foucher, la mujer de Victor Hugo, era una dama hermosa e inteligente, ante la que cayeron rendidos Victor y su hermano, que enfermó de desamor. Tuvo cinco hijos con el escritor pero su relación fue pronto insatisfactoria. Él tenía amantes. Ella se buscó el suyo.

El amigo que se lió con su mujer
El crítico literario Charles Augustin Sainte-Beuve, admirador y amigo de Victor Hugo, fue el amante de Adèé. Incluso se llegó a decir que la hija menor de los Hugo era el realidad suya. El crítico lo creía así. El escritor, no.

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jueves, mayo 28

La nube y la duna



(La columna de Paulo Coelho en el XLSemanal del 25 de agosto de 2013)

"Todo el mundo sabe que la vida de las nubes es muy agitada, pero también muy corta», escribe Bruno Ferrero. Aquí contaremos una nueva historia:

Una joven nube nació en medio de una gran tempestad en el mar Mediterráneo. Pero casi no tuvo tiempo de crecer allí, pues un fuerte viento empujó a todas las nubes en dirección a África.

En cuanto llegaron al continente, el clima cambió: un sol generoso brillaba en el cielo y abajo se extendía la arena dorada del desierto del Sáhara. El viento continuó empujándolas en dirección a los bosques del sur, ya que en el desierto casi no llueve.

Entretanto, como ocurre con los jóvenes humanos y también sucede con las jóvenes nubes, la nuestra decidió desgarrarse de sus padres y de sus más viejos amigos para conocer el mundo.

-¿Qué estás haciendo? -protestó el viento-. ¡El desierto es todo igual! ¡Regresa a la formación y vayamos hasta el centro de África, donde existen montañas y árboles deslumbrantes!

Pero la joven nube, rebelde por naturaleza, no obedeció. Poco a poco fue bajando de altitud hasta conseguir planear en una brisa suave, generosa, cerca de las arenas doradas. Después de pasear mucho, se dio cuenta de que una de las dunas le estaba sonriendo.

Vio que ella también era joven, recién formada por el viento que acababa de pasar. Y al momento se enamoró de su cabellera dorada.

-Buenos días -dijo-. ¿Cómo se vive allá abajo?

-Tengo la compañía de las otras dunas, del sol, del viento y de las caravanas que de vez en cuando pasan por aquí. A veces hace mucho calor, pero se puede aguantar. ¿Y cómo es vivir allí arriba? -le preguntó.

-También existen el viento y el sol, pero la ventaja es que puedo pasear por el cielo y conocer muchas cosas.

-Para mí, la vida es corta -dijo la duna-. Cuando el viento vuelva de las selvas, desapareceré.

-¿Y esto te entristece?
 
-Me da la impresión de que no sirvo para nada.

-Yo también siento lo mismo. En cuanto pase un viento nuevo, iré hacia el sur y me transformaré en lluvia. Mientras tanto, este es mi destino.

La duna vaciló un poco, pero terminó diciendo:

-¿Sabes que aquí, en el desierto, decimos que la lluvia es el Paraíso?

-No sabía que podía transformarme en algo tan importante -dijo la nube, orgullosa.

-Ya escuché varias leyendas contadas por viejas dunas. Ellas dicen que, después de la lluvia, quedamos cubiertas por hierbas y flores. Pero yo nunca sabré lo que es eso, porque en el desierto es muy difícil que llueva.

Ahora fue la nube la que vaciló. Pero enseguida volvió a abrir su amplia sonrisa:

-Si quieres, puedo cubrirte de lluvia. Aunque acabo de llegar, me he enamorado de ti y me gustaría quedarme aquí para siempre.

-Cuando te vi por primera vez en el cielo, también me enamoré dijo la duna. Pero si tú transformas tu linda cabellera blanca en lluvia, terminarás muriendo.

-El amor nunca muere- dijo la nube. Se transforma. Y yo quiero mostrarte el Paraíso.

Y comenzó a acariciar a la duna con pequeñas gotas. Así permanecieron juntas mucho tiempo hasta que apareció un arcoíris.

Al día siguiente, la pequeña duna estaba cubierta de flores. Otras nubes que pasaban en dirección a África pensaban que allí estaba la parte de bosque que estaban buscando y soltaban más lluvia. Veinte años después, la duna se había transformado en un oasis que refrescaba a los viajeros con la sombra de sus árboles.

Todo porque, un día, una nube enamorada no había tenido miedo de dar su vida por amor.

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miércoles, mayo 27

El emperador Trajano, el hispano que conquistó el mundo



(Un artículo de Santiago Posteguillo en el XLSemanal del 8 de septiembre de 2013)

Al nacer lo llamaron Marco Ulpio Trajano, pero, cuando murió, pronunciar su nombre requería, además de una cierta cultura, unos pulmones en plena forma.

Imperator Caesar Divi Nervae Filius Nerva Traianus Optimus Augustus Germanicus Dacicus Parthicus Pontifex Maximus Tribuniciae Potestatis XXI Imperator XIII Consul VI Pater Patriae. ¿Qué pasó entre su nacimiento en Itálica (Hispania), en el año 53, y su muerte, en 117, para merecer tantos títulos?

Trajano nace en una familia provincial hispana en un momento donde pensar que alguien no nacido en Roma pudiera ser alguna vez emperador resulta una quimera. Pero el mundo está transformándose. Nerón se suicida dejando el imperio sin heredero claro en el 69. En cuestión de meses, cuatro generales se disputan el poder imperial: Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano. Los tres primeros apenas duran unas semanas en el trono de los Césares. Vespasiano es el que finalmente triunfa, y el padre de Trajano político intuitivo se ha posicionado desde un principio a su favor. Este, generoso con los que lo han apoyado, promueve el ascenso de los Trajano a la clase senatorial.

El ascenso de los Trajano no es suficiente para romper la costumbre de que los emperadores han ser de Roma. Pero ocurre algo que sacude por completo los cimientos del imperio: a Vespasiano le sucede su hijo mayor, Tito, y a este, su hermano Domiciano, y Domiciano es para muchos ni más ni menos que el 666, el número de la bestia según San Juan. Muchas son las teorías sobre esta cifra, pero una sugiere que el 666 del Apocalipsis se refiere precisamente a Domiciano, quien, entre otros desmanes, reinicia las persecuciones contra los cristianos. Y es que 666 en números romanos equivale a DCLXVI, las iniciales de la frase latina Domitianus Caesar legatos Xti viliter interfecit, es decir: «Domiciano César asesinó vilmente a los legados de Cristo». Sea esta interpretación cierta o no, Domiciano inicia una guerra de exterminio no solo contra los cristianos, sino también contra algunos senadores. Varias conjuras senatoriales para deponer al emperador fracasan, pero la del año 96 triunfa y el senador Nerva sucede a Domiciano. Sin embargo, los pretorianos de Domiciano se rebelan contra Nerva e inician una persecución de los conjurados. Nerva, acorralado, toma la decisión más audaz: «¿Quién es el mejor que nos queda en el imperio?», debió de pensar. Y en aquel momento, después de las purgas de Domiciano, el hombre más respetado, curtido en las guerras contra germanos en el Rin y partos en Oriente, era Marco Ulpio Trajano. No había nacido en Roma, pero el Senado estaba lleno de senadores hispanos y galos (la mujer de Trajano, Plotina, era de la Galia) y Nerva decide cambiar el mundo y nombra a un hispano como emperador de Roma.

Trajano sorprende a todos por sus dotes de líder y como buen administrador. Es firme, pero también dialogante. Ejecuta a los pretorianos de Domiciano, pero pacta con el Senado. Aunque el Estado está casi sin recursos, no sube los impuestos, sino que recurre a devaluaciones de moneda al tiempo que emprende una auténtica cruzada contra senadores y gobernadores de provincia corruptos, que son obligados a devolver todo el dinero robado y luego desterrados. Un tal Prisco debe devolver más de 700.000 sestercios (entre 10 y 15 millones de euros al cambio actual, según hagamos los cálculos). Recorta gastos, pero no en lo social, donde promueve un programa de distribución de alimentos entre los desahuciados de Roma. Además, Trajano sabe que la única forma de ganarse el respeto de todos es con el ejemplo, tal y como hizo en el ejército: sus legionarios lo respetan porque va a pie en las largas marchas de las guerras de frontera, lucha en primera línea de combate si es preciso y se preocupa por que se atienda a los heridos por su propio médico personal, Critón. Así que decide hacer públicos los gastos de los viajes de la familia imperial. Y allí donde militarmente Domiciano había sido derrotado, en el Danubio, donde se han perdido las legiones V y XXI, Trajano retorna con su ejército, derrota a los dacios y funda una nueva provincia romana: la Dacia.

Está en la cumbre de su poder. Pero hay vicios en su vida y una traición familiar se aproxima. Al emperador le gusta beber vino. Mucho. Con frecuencia, más del deseable. Consciente de su debilidad, Trajano da una orden curiosa: «Que no se me obedezca si estoy borracho». Pero entre sus costumbres hay más puntos oscuros: no es fiel a su esposa y le gusta yacer con efebos. Eso sí, Dion Casio insiste en que nunca maltrató a ninguno. Y también le gustan los actores hermosos, como el pantomimo Pylades.

Trajano, entretanto, gobierna bien, pero se da cuenta de que gobernar es aún más fácil si se entretiene al pueblo, y no duda en recurrir al fútbol de la época: las luchas de gladiadores y la carreras de cuadrigas. Organiza las luchas de gladiadores y las más espectaculares venationes o cacerías de fieras en el Coliseo; y ordena que se reconstruya el muy deteriorado estadio de las carreras de cuadrigas: el gran Circo Máximo. Las gradas del nuevo estadio pueden acoger hasta 250.000 espectadores. El pueblo adora a Trajano.

El asunto de los cristianos sigue pendiente y diferentes gobernadores consultan a Trajano sobre cómo actuar. El último referente era el de Domiciano: ¿han de seguir ejecutando a los cristianos? Pero el Trajano bebedor, el que yace con muchachos, el que encandila al pueblo con distracciones en la arena del Coliseo y el Circo Máximo, no toma el camino de la represión: «No se ha de buscar a los cristianos», dirá el emperador en la carta X, 97 a Plinio: «Y no se han de aceptar las acusaciones anónimas». Consciente de sus propios defectos, se muestra tolerante con todos, incluso con los cristianos, siempre y cuando estos acepten la autoridad imperial. Lo que haga cada uno de puertas adentro, en su casa, es algo que Trajano deja en el terreno de lo privado.

Donde no cede es en las fronteras: los partos han derrocado al rey de Armenia y lo han sustituido por un monarca favorable a Partia. Trajano reúne sus legiones. Su ataque es demoledor: conquista Armenia, Mesopotamia y Partia. Navega por el Golfo Pérsico. Nunca antes Roma había sido tan grande. Pero la traición familiar ha crecido a sus espaldas. Hay senadores que creen que el emperador está llevando al ejército demasiado lejos y, además, los judíos se han rebelado en Chipre y Cirene. Trajano sufre, además, un ictus que lo deja medio inválido. Todo parece estar perdiéndose, pero Trajano sabe que tiene a un hombre, Lucio Quieto, uno de sus mejores generales, que puede acabar con las revueltas y afianzar las conquistas. Pero Adriano, su sobrino segundo, del que se sospecha que lleva años yaciendo con Plotina, la mujer del emperador, no piensa igual. Todo es difuso con relación a la muerte de Trajano. ¿Lo envenena Plotina y se falsifica su testamento presentando uno en el que el emperador nombra a Adriano como su sucesor? Las fuentes callan. Solo sabemos que Atiano, antiguo tutor de Adriano, asesina a Lucio Quieto y a varios senadores fieles a Trajano. Adriano niega haber dado esas órdenes, pero luego nombra a Atiano como senador. 

Adriano retira las legiones de Partia, Mesopotamia y Armenia. Con él, Roma se repliega sobre sí misma. Es el fin del sueño de Trajano de una Roma casi infinita, pero nos queda el recuerdo de un emperador que durante siglos es considerado como Optimus Princeps, como el mejor de los gobernantes posibles. Firme pero tolerante, con defectos pero prudente, un enigma pero también un modelo al que seguir: ese fue Trajano.

Para saber más: De Santiago Posteguillo. Segunda parte sobre el emperador Trajano, a la venta desde el pasado 3 de septiembre. Editorial Planeta, 2013.

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