Cuéntame un cuento...

...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..

domingo, noviembre 30

Wendy

¿Sabíais que el nombre Wendy lo inventó James Matthew Barrie en la novela Peter Pan?

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sábado, noviembre 29

El futuro

"El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles, lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad".

Victor Hugo

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viernes, noviembre 28

La oportunidad

Según James Champy, "La oportunidad es como una trucha que se esconde en una corriente donde se ha pescado demasiado".

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jueves, noviembre 27

Be ready

Decía Pasteur que la casualidad favorece a los que están preparados.

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miércoles, noviembre 26

Quizá

Decía Bertol Bretch que la guerra es como el amor: siempre encuentra su camino.

En mi caso, creo que voy a tener que ponerme un letrero luminoso en la frente, a ver si así se cumple la premisa. :-)

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martes, noviembre 25

Para pensar un poquito

Según Chesterton, "La vida no es ilógica pero si es una trampa para lógicos porque, mientras su exatitud es evidente, sus inexactitudes están escondidas y lo salvaje permanece al acecho".

Ummm, qué ganas de que salga esa parte salvaje, ¿verdad?

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lunes, noviembre 24

¿En qué quedamos?

Según Leibnitz, "La naturaleza ha establecido pautas que marcan el desarrollo de los acontecimientos, pero sólo en la mayoría de los casos".

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domingo, noviembre 23

Enfermedad mortal

"La vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir", según Carl Gustav Jung.

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sábado, noviembre 22

Necesidad vs codicia

Como dijo Gandhi, "La Tierra proporciona recursos suficientes para satisfacer cualquier necesidad básica de sus habitantes, pero siempre se quedará corta a la hora de afrontar su codicia".

En inglés, no deja de ser una cuestión de 'need' vs 'greed'.

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miércoles, noviembre 19

Frase simpática

(Texto de un chiste de Mingote publicado en el XL Semanal)

"Me habían robado siete veces la radio del coche y ayer me robaron el coche, así que ya me he librado de esa lata de andar comprando radios."

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martes, noviembre 18

Pequeña muestra de malas artes en la banca

(Leído hoy mismo en el Confidencial. ¿No le recuerda a nadie lo de ir a por lana y salir transquilado?)

La crisis ha tocado mucho la moral de los sufridos ahorradores. Todos somos ahora un poco más pobres. Y por si fuera poco, durante unas semanas, una ola de pánico ha hecho que la mayoría de ciudadanos con una cartilla de ahorros temiera por el dinero que creía tener a buen recaudo en el banco o caja de turno.

La casuística del día a día vivida en cualquiera de las oficinas bancarias durante las jornadas más críticas daría para un manual del disparate y la pillería. Como diría el recordado humorista Eugenio, saben de aquel que fue a una caja a sacar su dinero y… Pues eso, historias mil, todas reales, que han sacudido un país sucursalizado como España.

Ocurrió la primera semana de octubre. El cliente de una caja de ahorros se dirigió a su oficina de referencia todo premioso. Pidió hablar con el director. Quería que le extendiera un cheque para retirar sus depósitos. Al diligente empleado no le llegaba la camisa al cuello. “¿Puedo saber los motivos?”, preguntó con un hilo de voz.

La respuesta de su cliente fue directa: “Me han dicho que quebráis mañana”. Razón más que convincente. Sin embargo, el director de la oficina se aflojó el nudo de la corbata y sacó arrestos para dar alto a la fuga. "¿Se puede saber quién dice eso de nosotros?". Era una pregunta pertinente, aunque no esperaba la respuesta. “Ha sido el director de otra entidad, donde tengo también una cuenta”.

Acabáramos, era una cuestión de competencia, de juego sucio en el río revuelto de la desconfianza. “De acuerdo, yo le extiendo el cheque sin ningún problema. Sólo le pido una cosa. Cuando vaya a la otra entidad, si de verdad fuéramos a quebrar mañana, no deberían admitirle el cheque, porque estaría sin fondos, ¿no cree?”.

El cliente, menos acalorado que al principio, entendió el razonamiento. Y así hizo. Con las mismas, se dirigió a la otra entidad y se dispuso a ingresar el cheque de marras. “Aquí está”. Y según lo pactado, cuando el maledicente director extendió la mano para coger el dinero, el avispado cliente retiró el papel en un acto reflejo.

“Pero no había dicho que iba a quebrar mañana. Haga el favor ahora mismo de extenderme un cheque con todo el dinero que tengo aquí. Ahora mismo pienso llevarlo a la otra caja”. Y como si de una fábula se tratara, el inicialmente derrotado resultó favorecido por la actuación prudente y meditada del cliente, que se sintió búrdamente utilizado.

Una anécdota verídica que sirve como termómetro para medir el grado de psicosis vivido durante algunas semanas. Lo padeció Caja Castilla La Mancha por un bulo infundado, lo ha sufrido ING (a quién Banesto dice haber robado 50.000 clientes) y le ha tocado a CAM, que recriminó por escrito las malas artes de terceros. ¿Saben de aquel que…?

lunes, noviembre 17

La larga marcha hacia Canossa

(Extracto de la Carta del Director de El Mundo, del 2 de noviembre de este año)

Durante el crudo invierno del año 1076, más próximo pues al presente que al nacimiento de Cristo, un grupo de esforzados viajeros procedentes de Alemania franqueó las más abruptas estribaciones de los Alpes, contraviniendo todas las advertencias de que «ni el pie ni la pezuña» encontrarían apoyo firme sobre aquellos senderos helados. Cuando tras mil penalidades lograron alcanzar la Lombardía, no lo hicieron sino para afrontar desde allí una nueva escalada erizada aún de más dificultades y peligros rumbo a una inexpugnable fortaleza incrustada en una de las paredes más imponentes de los Apeninos: el castillo de Canossa.

Apenas franqueada la primera entrada al recinto empedrado, el jefe del grupo bajó de su cabalgadura, se despojó de su manto adornado con soles y estrellas, se embutió en un áspero sayal de peregrino y con los pies descalzos continuó avanzando hacia la puerta de la edificación principal mientras por sus mejillas rodaban gruesas lágrimas de arrepentimiento. Durante dos días y sus correspondientes noches permaneció allí, ayunando en señal de penitencia en medio de la ventisca helada, hasta que, durante la mañana del tercero, el viejo prematuro que había seguido la escena desde el interior del castillo se compadeció de él, dio orden de que le permitieran entrar, lo acogió en su seno y lo estrechó con el abrazo del perdón.

El penitente era Enrique IV, titular de la corona del Sacro Imperio Romano Germánico, y el anciano prematuro, el Papa Gregorio VII. Su reconciliación en tan dramáticas circunstancias pasaría pronto a la Historia como un hito en la definición de las relaciones entre la Iglesia y el Estado y, sobre todo, como un ejemplo de hasta qué extremo debe a veces aquietarse la soberbia de todo príncipe que luche por sobrevivir y alcanzar sus fines. Cinco siglos antes de que París bien valiera una misa, ya hubo pues un primer Enrique IV para quien el trono bien valió todo un vía crucis.

Lo que había estado en juego era una cuestión de soberanía, la llamada guerra de las investiduras. ¿Quién debía nombrar a los obispos en el Sacro Imperio? El pulso entre emperadores y papas reclamando esa prerrogativa venía de antiguo, pero lo que verdaderamente había agraviado a Gregorio VII eran las formas de su antagonista. Sobre todo a raíz de la carta-manifiesto en la que Enrique IV había pedido su renuncia al solio pontificio. Su respuesta fue la más demoledora pedrada lanzada por una catapulta en un asedio medieval: la excomunión.

Convertido en un apestado entre los propios príncipes alemanes que debían prestarle vasallaje y a punto de ser excluido de una reunión clave en la que tenía muchas posibilidades de perder la corona -con todas sus trampas y cartones se trataba de una Monarquía electiva-, Enrique IV ponderó cuáles eran sus opciones y, después de explorar otras alternativas, se rindió a la evidencia y emprendió el camino de Canossa.

Desde hace, pues, casi mil años, emprender el camino de Canossa ha sido sinónimo de lucidez, pero también de repliegue y sometimiento en las relaciones diplomáticas. Lutero transformó a Enrique IV en una especie de baluarte de resistencia frente a la avidez de poder y riquezas del papado y en 1872, en el momento de auge del nacionalismo alemán, el canciller Bismarck proclamó solemnemente ante el Reichstag que nada se interpondría en el desarrollo de su país como gran potencia, y menos aún el poder de la Iglesia, «porque no volveremos a ir a Canossa».
El brillante historiador británico Tom Holland, que acaba de publicar un libro cuyo título traducido sería Milenio, el fin del mundo y la forja de la cristiandad, ve en la precaria e inestable reconciliación entre el Papa y el Emperador en tan escarpado paraje nada menos que el origen de la separación entre la Iglesia y el Estado que sirve de base a la civilización occidental. Al reconocer Enrique IV que Roma tenía derecho a preservar su esfera de influencia y admitir por lo tanto el principio de soberanía compartida, Europa entera estaba siendo vacunada frente a la infecciosa identificación entre religión y poder temporal que aún hoy impregna la conducta del mundo islámico. Ningún príncipe cristiano volvería a ser rex et sacerdos al modo de los califas, ayatolás o monarcas alauitas.

[...]

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domingo, noviembre 16

Un poco ocupada

Ahora que se han cumplido cien años de su nacimiento, hace unos días leí en El Mundo una anécdota sobre la famosa médico y psicoanalista francesa Françoise Dolto (1908-1988).

Agonizaba en su domicilio de Paris cuando una madre preocupada llamó al teléfono: "No se qué hacer con mi hijo. Está siempre nervioso e hiperactivo". Dolto la escuchó con paciencia, pero no la podía atender: "Verá, señora. me estoy muriendo. Como usted comprenderá, cada uno tiene sus modestos problemillas".

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sábado, noviembre 15

¿Vuelve Keynes?

(Escrito por Luis de Guindos en el suplemento Mercados de El Mundo, el 2 de noviembre. Me pareció muy interesante, la verdad)

Es tal vez el economista más conocido e influyente del último siglo. Su figura resulta especialmente atractiva por su rica y variada personalidad. Académico, periodista, diplomático, coleccionista de arte, miembro del grupo de Bloomsbury junto a intelectuales como Virginia Woolf y Lytton Strachey, su última misión pública fue representar a Gran Bretaña en la conferencia de Bretton Woods que dio lugar a un nuevo orden económico internacional, vigente hasta mediados de los años 70 del siglo pasado, y a instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Hoy vuelve a ser recordado, incluso añorado, porque los acontecimientos recientes tienen cierto paralelismo con los que le dieron mayor fama y relevancia. La Gran Depresión elevó los planteamientos de Keynes a la posición de paradigma dominante en economía, tal como se recogen en su obra más conocida e influyente publicada en 1936: La Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero.

No resulta sencillo resumir las ideas keynesianas, que además son hoy más conocidas por la interpretación de los seguidores de Keynes, los denominados economistas keynesianos, que por él mismo. En última instancia, como planteamiento central, Keynes desconfiaba de la economía de mercado por su incapacidad para conseguir por sí misma una situación de pleno empleo. El capitalismo, según el economista británico, era inestable por definición y tenía una tendencia natural a generar periodos largos de profunda recesión. Así, Keynes contrastaba con los economistas que le antecedieron, a los que denominaba, con desdén, clásicos, que pensaban que los ciclos, con sus fases alcistas y bajistas, eran inevitables y que la economía, por sus propias fuerzas, siempre corregía los períodos de recesión.

Para conseguir el pleno empleo, Keynes propugnó utilizar la política de regulación de la demanda agregada -monetaria y fiscal- para superar las fases de estancamiento y recesión. Sin embargo, puso especial confianza en la política presupuestaria. Consideraba que, en condiciones extremas, con expectativas muy deprimidas, la política monetaria, esto es, las bajadas de tipos de interés, podía resultar inútil para relanzar el consumo y la inversión.Es lo que él definió como la trampa de la liquidez. Por ello, su principal receta para salir de la crisis era el incremento del gasto público, especialmente en infraestructuras, con el fin de impulsar la demanda agregada de una economía en situación recesiva.

Como dice Robert Skidelsky, el mejor biógrafo de Keynes, sus ideas vivirán en la medida que el mundo las pueda necesitar.Y en los últimos meses podría estar dándose la apariencia de que los planteamientos y recetas keynesianos vuelven a ser de utilidad. Vivimos una crisis financiera y bancaria que se define como la más grave desde la del año 1929. Los gobiernos anuncian programas de ayuda a los bancos que incluyen todo tipo de acciones para garantizar no sólo su liquidez, sino también su solvencia y viabilidad, abarcando en última instancia incluso la posibilidad de nacionalizaciones parciales. Surgen así de nuevo los gobiernos como entes salvadores de los excesos del capitalismo. Esta idea engarza con naturalidad con los planteamientos keynesianos. Además, el Gobierno británico, cuyo plan de rescate a los bancos se considera el mejor elaborado y más sofisticado, acaba de anunciar un programa de gasto público en escuelas y hospitales para combatir la recesión que se avecina, y cuya naturaleza también transpira keynesianismo. Por último, los líderes mundiales, al igual que ocurrió a finales de la segunda gran guerra con la conferencia de Bretton Woods, acaban de convocar en Washington una nueva conferencia internacional con el pretencioso objetivo de redefinir el nuevo orden económico global. Por todo ello, vemos que, a priori, gran parte de las acciones emprendidas rezuman un fuerte aroma al economista británico.

Sin embargo, hoy también sabemos que las recomendaciones y recetas keynesianas tienen inconvenientes claros. En primer lugar, como puso de manifiesto Milton Friedman, a largo plazo, la política de estímulo de la demanda agregada sólo tiene efectos sobre la tasa de inflación y ninguno en el nivel de actividad y de empleo, ya que los agentes económicos ajustan, antes o después, sus expectativas a las sorpresas inflacionistas. Además, la política de gasto público tiene algunas claras limitaciones, puesto que puede producir una expulsión del consumo y de la inversión privada como consecuencia de la necesidad de financiar el gasto y los déficit públicos mediante la emisión de deuda, lo que podría elevar los tipos de interés en el largo plazo.

En estos momentos, la gran esperanza para relanzar la economía mundial en el medio plazo proviene de la fuerte caída de la inflación como consecuencia de la recesión mundial, que está teniendo su manifestación más temprana en el brusco ajuste a la baja de los precios de las materias primas. Ello facilitará una reducción de los tipos de interés por parte de los bancos centrales y de los tipos a largo, que son los que determina el mercado. Resulta imprescindible, sin embargo, para que se produzca este efecto, que la cadena de transmisión monetaria se recomponga y, por tanto, que vuelva la confianza al sistema bancario. En caso contrario, las bajadas de tipos resultarían ineficaces ya que los bancos no las trasladarían a sus clientes finales, esto es, a las empresas y familias.

Por esta razón, los planes de ayuda al sector bancario son tan importantes. Su objetivo es restaurar la confianza, es decir que los bancos se vuelvan a prestar entre ellos y a terceros.El otro lado de la moneda es que el sector público va a asumir una serie de riesgos que en menor o mayor cuantía se concretarán en unos costes que impactarán sobre las cuentas públicas. Por ello, será prioritario no imponer al sector público cargas que lleguen a suponer un gasto adicional, especialmente si, como ocurre en estos momentos, la mayoría de los países cuenta con déficit elevados y fuertes necesidades de emisión de deuda. No olvidemos que en muchas de las economías de la OCDE el gasto público sigue suponiendo más del 40% del PIB. Y es que tal vez, antes que preguntarnos si Keynes vuelve, deberíamos reflexionar sobre si se ha llegado a ir de verdad en algún momento.

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viernes, noviembre 14

Descifrando una cáscara de huevo

Y es que, según leí hace poco, el dígito que aparece en las cáscaras de huevo indica la crianza de la gallina que lo puso:

0 - Crianza ecológica
1 - En el campo
2 - En el suelo
3 - En la jaula

Mientras no tengamos nuestro propio corral, puede ser útil saber estas cosas...:-)

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martes, noviembre 11

Que viene el lobo

(Leído hoy mismo en cotizalia.com. Y es que hay veces que nadie quiere escuchar a Casandra, por mucho que se desgañite)

Fannie Mae presentó ayer lunes unas pérdidas para el tercer trimestre de 22.600 millones de dólares. Son sus primeros resultados después de que el Gobierno estadounidense tuviera que hacerse cargo de la firma el pasado mes de septiembre, junto con Freddie Mac, tras inyectarles unos 140.000 millones de dólares. Un rescate de urgencia para salvar a dos víctimas del momento que hace diez años iniciaron una política comercial que muchos expertos consideran como el origen de la actual crisis.

La bola de nieve echó a rodar en septiembre de 1999. Por aquel entonces, Fannie Mae Corporation decidió ampliar su ámbito de acción, con una política destinada a permitir que incrementara el porcentaje de propietarios de una vivienda entre las minorías étnicas y las personas con menos ingresos. Para ello, la entidad ofreció requerimientos más sencillos para permitir el acceso a los préstamos hipotecarios que emiten bancos y otras entidades financieras.

El plan comenzó con un programa piloto que incluyó a 24 bancos operativos en 15 mercados diferentes, incluyendo el área metropolitana de Nueva York. La iniciativa estaba destinada a animar a los bancos a extender la concesión de hipotecas a ciudadanos cuyo perfil no era lo suficientemente bueno (solvente) como para obtener un préstamo convencional. La prueba piloto era el primer paso para un plan a escala nacional que comenzó a implantarse en la primavera de 2000.

Ya por aquellas fechas, Fannie Mae era el mayor asegurador nacional de préstamos hipotecarios. Sin embargo, su cambio no fue fruto de una decisión madurada. Según recogió entonces en una de sus informaciones el diario The New York Times, su nuevo rumbo estratégico había estado bajo presión por parte de la Administración Clinton, interesada en que interviniera como asegurador de los clientes con dificultades para contratar una hipoteca.

Fannie Mae no lo tuvo fácil. Por un lado, debía hacer frente a las presiones de la Casa Blanca, mientras que por otro tuvo que lidiar con la resistencia de sus accionistas, que no querían ver peligrar los números de la cuenta de resultados. Durante ese periodo, el secretario del departamento del Housing and Urban Developement (HUD), el demócrata Andrew Cuomo, abrió una investigación ante la existencia de denuncias contra Fannie Mae y Freddie Mac por discriminación racial a la hora de asegurar hipotecas.

Bancos, entidades de crédito y financieras también empujaron lo suyo. Todas presionaron para que Fannie Mae les ayudara comprándoles más hipotecas prestadas a los clientes llamados subprime. Estos clientes eran aquellos cuyos ingresos, solvencia y ahorros no eran lo suficientemente buenos para adquirir una hipoteca convencional y se veían abocados a recurrir a compañías financieras que cobraban por estos préstamos unos intereses mayores (hasta un 4% más que al precio del mercado).


La medida impulsada a través de Fannie and Freddie pretendía rescatar de los préstamos usureros a las clases más desfavorecidas, generalmente concentradas en las minorías raciales. Según datos de un estudio recogido por The New York Times, el 18% de las hipotecas de clientes subprime eran clientes negros, mientras que sólo un 5% de las hipotecas vendidas en el mercado convencional pertenecía a ciudadanos de este colectivo.

El cambio entrañaba riesgos. Ya entonces los expertos eran conscientes de lo que podía venirse encima. Así lo dejaron dicho. En tiempos de euforia económica como los que se vivían entonces el nuevo sistema no entrañaría peligros. Sin embargo, la aseguradora hipotecaria podría incurrir en problemas si se produjera un cambio de ciclo, situación que obligaría al Gobierno a acudir a su rescate, como ya tuvo que hacer tras la crisis que azotó a las entidades de ahorro en la década de los 80.

Los beneficiarios del programa implantado por Fannie Mae podían conseguir una hipoteca con unos intereses casi a precio de mercado, con una recarga extra del 1%. Además, la concesión del préstamo era posible financiarlo a 30 años y permitía obtener un máximo de 240.000 dólares. Como incentivo, los hipotecados podían ver desaparecer el 1% extraordinario si cumplían puntualmente con sus pagos mensuales durante los dos primeros años.

El boom hipotecario de los 90 entre las clases populares (hispanics, african americans y asian americans) se había agotado. Fannie y Freddie decidieron rebajar las exigencias para comprar en el mercado secundario las hipotecas concedidas por los bancos, de manera que estos pudieran continuar con su política expansiva, llegando a segmentos de la población excluidos de este mercado. Como dijo entonces Peter Wallison, del American Enterprise Institute, “si caen, el Gobierno tendrá que sacarles del camino emprendido y acudir a su rescate, salvando por extensión a la industria financiera”. 10 años después todo ha sucedido

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lunes, noviembre 10

Un elefante en la habitación

(Leí la frase por primera vez en un periódico estadounidense, pero esta información la he sacado de la wikipedia)

Un elefante en la habitación es una frase hecha en inglés para indicar una verdad obvia que se está ignorando. Se basa en la idea de que es imposible no ver un elefante en una habitación, y sin embargo, la gente que, estando en la habitación, no lo ve está preocupándose de otros detalles más pequeños o irrelevantes comparados con el principal. El origen de la frase fue Sidney Lewis Wasserman D.S.W., un profesor del "Smith College School for Social Work" (Estados Unidos) de mediados del siglo XX.

El término se refiere a un tema, problema, solución o punto controvertido que, a pesar de ser obvio, se ignora por ser un tabú o simplemente vergonzoso, normalmente por temas sociales, raciales, o religiosos. A veces utilizar esta expresión lleva implícito un juicio de valor en cuanto a que el tema debería de discutirse abiertamente; otras veces solo se considera un reconocimiento de que el problema está ahí y no va a irse por sí solo.

domingo, noviembre 9

Por la puerta falsa

(Leído en Historias de la Ciencia hace un par de años -la entrada es del 12 de octubre del 2006-. Otra bitácora que no hay que perderse...)

[...] Os voy a hablar de objetos encontrados en los interiores del cuerpo humano que han sido introducidos a través de sus esfínteres y que al no poder sacárselos, o por las razones que sea, acabaron en el hospital. Antes de que me deis una regañina u os llevéis las manos a la cabeza os diré en defensa propia que todo lo que pondré a continuación está publicado en diferentes y famosas revistas médicas. Por otro lado, es un mensaje a los estudiantes de medicina o enfermería de las cosas que podrán encontrarse por el mundo. Estáis avisados por si no queréis
leerlo. Hecha la advertencia, vamos allá.

Empecemos por los objetos introducidos vía vaginal.

Una mujer de 64 años que se quejaba de incontinencia urinaria y resultó que tenía un tapón de plástico ya calcificado con el paso del tiempo; a otra mujer de 56 años aquejada de hemorragia vaginal fuera del período de menstruación le fue encontrado un trozo de cristal clavado en el
fondo de su vagina (¿de dónde habría salido?); otra de 52 años que en medio de un juego sexual su compañero le había introducido dos bolas chinas habiendo podido sacar sólo una de ellas. Pero hay más objetos dignos de mención como huesos, tampones, bolas de billar, termómetros,
botellas, vasos, lápices, pepinos, etc.

Una mujer de 69 años que tenía una botella que su marido le había introducido hacía 7 años porque no le era posible hacer el coito. Parece ser que se olvidaron y la buena mujer se acordó al poco tiempo de fallecer el esposo. Aunque el más curioso fue el de una mujer de 87 años que murió de forma inexplicable. Al hacerle la autopsia vieron que tenía un brazalete de jade de 6,5 cm de diámetro. Parece que se lo había introducido en los años cuarenta durante la guerra para evitar que se lo robaran. Deberían haberle dicho que acabó hace mucho.

Otra mujer que hacía las heces de color negruzco debido a la presencia de sangre, al hacer las radiografías pertinentes vieron que llevaba en el recto un puñado de monedas, la mayoría de 25 pesetas. No debía ser una gran fortuna.

Y ahora vamos con los objetos introducidos vía rectal que son mucho más variados.

Una publicación en el British Journal of Hospital Medicine nos habla de un hombre de 64 años que ingresó por estreñimiento. Quizás recordando que a los lactantes se les estimula el esfínter anal con la punta del termómetro, se introdujo un hervidor de huevos que funciona en el
microondas. Es un aparato de unos 11 cm de diámetro en su punto más ancho. Claro, el estreñimiento no se le pasó; pero lo curioso es que los médicos no pudieron quitárselo con los dedos. Fueron a la sala de partos para pedir ¡unos fórceps! con los que sacaron el aparato como la cabeza de un bebé.

Un recluso de una penitenciaría federal de EEUU llegó al hospital, esposado de pies y manos, para ser operado. Los cirujanos, a veces, ponen analgésicos en forma de supositorios y al intentar introducir uno en este recluso vio que algo bloqueaba la acción. Eran nada menos que las llaves de las esposas. El doctor Joel Parlow (el médico protagonista) afirmó como conclusión que "la administración de analgésicos por vía rectal en el quirófano puede tener un beneficio añadido como puede ser su utilidad para abortar un plan de fuga".

Los doctores David Busch y James Starling escribieron en una prestigiosa revista de cirugía en 1986 un artículo titulado "Cuerpos extraños en el recto: casos clínicos y revisión extensa de la literatura mundial". Seguro que debe haber más, pero estos, al menos, se divulgaron.

Hay casos en que los autores los comentan uno por uno, tales como quien se introdujo dos fluorescentes, media sierra de joyero, una lata de aceite con un trozo de patata (quién sabe si pretendía freírla), un trozo de madera con un cacahuete, el mango de un paraguas con el tubo de
una lavativa, todas las cabezas de fósforo de una caja de cerillas (¿un pirómano?), 402 piedras, dos pastillas de jabón, incluso uno que con ayuda de su amante se introdujo todo lo que pilló: unas gafas, una llave de maletín, una pitillera y una revista.

En dicho estudio, el número de botellas y tarros de forma diversa asciende a 31 y el de vasos y copas a 12, 7 tipos de bombilla y 6 de tubos. Un individuo se introdujo una botella por el recto con una cuerda atada, pero parece ser que igualmente tuvo que ir a urgencias (¿qué pasaría con
la cuerda?).

Algunos son glotones, pues se introdujeron alimentos como una manzana (alguno hasta dos), dos plátanos, cuatro zanahorias, tres pepinos, dos cebollas, una chirivía, una patata, un salchichón, un nabo y un llantén entre otros. El llantén es una planta medicinal que culmina en forma larga de espiga y tiene propiedades, según dicen, aliviatorias de diarrea y hemorroides; pero hay que especificar que sólo tiene esos efectos cuando se utiliza como infusión para beber. Por otro lado, el paciente lo introdujo con un condón.

Algunos son obreros, pues se describen casos de un mango de hacha, diez palos de escoba o fregona, un cuchillo romo (que no tiene dientes), un picahielo, un afilador de cuchillos, dos manos de mortero, una espátula de plástico y una cuchara.

También hay de otros tipos como un cirio, unas tenacillas de rizar el pelo, una varilla de hierro, un bolígrafo, un destornillador, un cepillo de dientes, un muelle de alambre, globos, preservativos, dos pelotas de béisbol, una de tenis (las de béisbol, haciendo esfuerzos se puede
entender, pero ¿la de tenis con la pelusilla?), un tapón de corcho, un bote de talco, un frasco de champú, una caja de velas, tres cuernos de animales varios, una cadena de oro, dos piedras, el mango de un látigo y hasta (ojo al dato) un rabo de cerdo congelado.

Y eso que el estudio fue sólo hasta 1986. Supongo que desde que están las nuevas tecnologías la variedad habrá ido en aumento. Lo que más me hace reír es que hace poco leía que en meneame que los EEUU no han aceptado a trámite una apelación contra una ley del estado de Texas que prohíbe la posesión de objetos que simulen la apariencia de los órganos sexuales como los vibradores, cuando en el listado de todo lo anterior sólo hubo 23 de estos aparatos. Como esto siga así, creo acabarán ampliando dicha ley."

Alucinante, ¿no?

sábado, noviembre 8

¿Té o café?

(Leído en un boletín periódico de Lufthansa)

El rey Gustavo III de Suecia (1746-1792) era un detractor de la exótica bebida caliente conocida con el nombre de café, y se propuso advertir de sus peligros. En un oscuro experimento realizado con dos gemelos, ambos condenados a muerte, ordenó que le dieran grandes cantidades de café a uno, y de té al otro. Pero ambos alcanzaron una edad avanzada, siendo finalmente el gemelo que bebía té el que falleció primero - al parecer, a los 83 años.

viernes, noviembre 7

Océanos azules

(La de los océanos azules es una teoría empresarial que se está haciendo famosa gracias al libro de W. Chan Kim y Renée Mauborgne, los creadores de la misma. Yo me enteré a través del artículo de Carlos Salas que apareció el 7 de septiembre en el suplemento económico de El Mundo, que copio aquí).

[...]Pongamos el ejemplo del Circo del Sol. En los años noventa, los circos de todo el mundo se extinguían porque el público infantil prefería los videojuegos y las pelis. Ni siquiera había dinero para pagar a los leones pues suponían un gasto prodigioso en comida y devoraban a veces algún domador. Encima, las asociaciones protectoras de animales no deseaban ver sufrir a los pobrecitos entre latigazos. De modo que Ringling and Barnum, Price y un montón más en el resto del mundo ya no sabían qué números montar para llenar los palcos. Era un negocio en declive. Ya no era un negocio. Por esas fechas, fundar un circo era como vender carromatos de bueyes a la salida de un circuito de Fórmula 1.

Apareció entonces un tragafuegos y funambulista llamado Guy Laliberté que agrupó a un montón de artistas callejeros para formar el Circo del Sol en Canadá a finales de los ochenta. Lo insólito era que Laliberté no quería llenar sus palcos con niños sino con adultos. No usaba leones
sino humanoides disfrazados de gallináceas.Introdujo un espectáculo de luz y sonido más parecido a un concierto místico de los monjes de Santo Domingo de Silos y encima cobraba por sus entradas diez veces más que cualquier circo. «Estos la van a palmar», dijeron los expertos. Hoy es un negocio tan boyante que tiene varias franquicias por el mundo y la gente llena los asientos porque desea experimentar sensaciones intelectuales.

W. Chan Kim y Renée Mauborgne llaman a eso «la estrategia del océano azul», es decir, Circo del Sol creó un nuevo mercado que ignoraba a los competidores. La competencia era irrelevante.En cambio, los circos tradicionales se movían en el océano rojo de lo conocido. «La única manera de batir a la competencia es no tratar de batir a la competencia», dicen los autores en La estrategia del océano azul (Norma editorial; está en inglés en Blue Ocean Strategy, por Harvard Business
School Press).

¡Demonios, es verdad! Las empresas se pasan la vida intentando superar a otras empresas y ganar cuota de mercado. A medida que el mercado se satura, las perspectivas de ganar dinero y crecer se minimizan. Todos se cortan el cuello y al final tiñen de rojo el mercado. Se convierten en empresas que habitan en el triste océano rojo.

¿Quién se iba a imaginar que en la era del home-cinema y de las descargas ilegales iban a triunfar las supersalas de cine? Eso fue lo que hizo una empresa belga cuando lanzó Kinépolis y sus salas megaplex con pantallas gigantescas, sonidos estridentes y hasta con Imax.

Los autores afirman que lo que dota de capacidad de supervivencia es «the strategic move», lo cual no es un nuevo tipo de baile sino la perenne intención de crear océanos azules.

Para dar más credibilidad a su hipótesis, Kim y Mauborgne analizaron pacientemente 150 movimientos estratégicos entre 1880 y 2000, lo cual incluyó sectores como hoteles, cines, aerolíneas, cadenas de descuento, ordenadores, constructoras, fabricantes de automóviles y de acero. Si ustedes buscan la varita mágica que defina a la compañía de éxito perpetuo no la encontrarán en este libro. Lo que encontrarán son modelos estratégicos para crear océanos azules.Que sirva de ejemplo la CNN: hasta entonces no existía una cadena planetaria de información mundial y su éxito en una industria hiperpoblada consistió en dar un paso que
nadie había dado. Ted Turner no pensó en los competidores porque no los había. Usó una lógica diferente que los autores llaman «la innovación valiosa» (valuable innovation). Eso significa crear un nuevo lazo de unión entre los clientes y la empresa, y olvidarse de los condenados competidores.

Lo mismo puede pensarse de Starbucks. Los vasos son de cartón, no se puede fumar, los de la barra te tutean sin conocerte, no puedes echar servilletas al suelo porque es de moqueta y un café cuesta tres euros. Cualquier hostelero español se reía de esta idea nacida en Seattle. Pues
ahí está, triunfando. ¿Y en qué se basa su éxito? En que crearon un océano azul de sensaciones.A los clientes les apetece no tanto beberse un cortadito, como experimentar emociones zen en una cafetería con música chill out y ambiente de biblioteca pública. Y encima sin camareros que interrumpan la lectura de un buen libro. Uno va a Starbucks a pensar y a decir: «Hay que ver lo que es la vida».

Entrar en el océano azul no implica gastar mucho más dinero.Los autores del libro afirman que mientras los grandes circos invertían enormes sumas en contratar fabulosos payasos y artistas, el Circo del Sol contrataba saltimbanquis muertos de hambre a los que enseñó el extraño arte de entretener intelectualmente al público.

Existe por supuesto el riesgo del «culito veo, culito deseo», es decir, que otra empresa imite la jugada del océano azul. Pero no es tan fácil, dicen los profesores. Primero porque hasta que se dan cuenta del éxito, pasan años. Segundo porque si imitan a este competidor, pierden su esencia. Muchas empresas de cosmética se rieron del mensaje ecológico y vitalista de The Body Shop, la cadena de tiendas de jabones naturales, y ahora lo lamentan.

Se pueden crear océanos azules en cualquier mercado. La fórmula puede ser el precio (relojes Swatch o Ford modelo T), reinvenciones (Circo del Sol), o novedades (CNN, canal planetario).

Los ejemplos de Ikea, Bloomberg Amazon y muchos otros hacen pensar que llegará un capítulo final que, como el conejo de la chistera, nos enseñe cómo tener ideas de nuevos negocios. Bueno, el libro muestra algunos métodos. Pero, lo que se dice, la idea del billón de dólares no aparece
por ningún sitio porque esas ideas proceden de la locura, y nadie sabe si esas locuras van a triunfar o fracasar cuando nacen.[...]

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jueves, noviembre 6

Algunos pensamientos más para un viaje

(Leídos en la bitácora Finanzas Globales)

”Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia.”
Sir Francis Bacon (London, 1561 – 1626). Estadista y filósofo inglés.

“He descubierto que no hay forma más segura de saber si amas o odias a alguien que hacer un viaje con él.”
Mark Twain (1835 - 1910) Escritor estadounidense.

“Un libro, como un viaje, se comienza con inquietud y se termina con melancolía.”
José Vasconcelos (1882-1959) Filósofo, educador y político mexicano.

“Un viaje es una nueva vida, con un nacimiento, un crecimiento y una muerte, que nos es ofrecida en el interior de la otra. Aprovechémoslo.”
Paul Morand (París, 1888-1976). Diplomático y escritor frances.

”El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día.” Paulo Coelho (Río de Janeiro, 1947 - ).
Escritor brasileño.


“La vida misma, es el viaje que menos apreciamos.”
Anónimo.

“La mejor escuela es viajar.”
Anónimo.

miércoles, noviembre 5

Casi poesía

(Extraído de "Al fin solos". Sencillamente precioso)

No me importa que untes la mantequilla en otro sentido.
No me importa que duermas mucho.
He tenido tanta fortaleza para no quererte, como la que tengo para amarte.
Quedan tus ojos temblándome.
Sueño que te giras y me iluminas con tu mirada.
Soy un balbuceo sin aliento.
He comprado un jarrón inútil, mientras se secan mis flores.
Nado en las profundidades de lo que siento, sintiendo, lo que siento por ti.
No tengo salida, no quiero salida.
No soy presente, soy de todo menos ahora.
Soy antes, soy allí, soy incapaz aquí.
Soy rueca chueca.
Este es mi libro de paranoias, mi libre de paranoias; y me encuentro en Edith Schiele sentada, me reconozco en la espera de Lucien Freud con rosas, soy la espera de ojos enormes, de calma impasible, soy ojos llenos de agua, tormenta, ahuyento de aullidos, soy los deseos del mundo, me disuelvo en los ojos y por los ojos, caigo sin prisa por la cornisa de mi duelo.
Soy, estoy, duelo, espero.
Ya no quiero despertar de este sueño azul.

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martes, noviembre 4

Congelador ecológico

(Noticia leída en el Confidencial, el 22 de septiembre de este año. Es bueno saber que los intentos de no cargarse el planeta no son cosas de antes de ayer)

"Un equipo de científicos británicos ha reconstruido un prototipo de un refrigerador ecológico inventado por el físico Albert Einstein en 1930 que tiene la ventaja de no alimentarse de electricidad.

Los refrigeradores modernos son muy perjudiciales para el medio ambiente ya que funcionan mediante la compresión y expansión de gases llamados freones, que contribuyen poderosamente al llamado efecto invernadero.

Conforme aumenta el nivel de vida en muchos países en desarrollo se venden cada vez más frigoríficos, con lo que aumenta la llegada a la atmósfera de esos gases, más nocivos aún que el dióxido de carbono.

En un intento de remediar esa situación, Malcolm McCulloch, un ingeniero eléctrico de Oxford que se dedica a las tecnologías verdes dirige un proyecto de tres años para el desarrollo de mecanismos que pueden utilizarse sin electricidad, informa hoy el dominical "The Observer". El equipo que dirige ha fabricado el prototipo de un refrigerador patentado en 1930 por el premio Nobel y su colega, el físico atómico húngaro Leo Szilard.

El diseño, que utilizaba sólo gases a presión para congelar los alimentos, se aplicó parcialmente en los primeros frigoríficos domésticos, pero la tecnología se abandonó al ganar popularidad otros compresores más eficaces a mediados del siglo pasado. El modelo inventado por Einstein y Szilard no requiere los freones y usa en cambio amoniaco, butano y agua y aprovecha el hecho de que los líquidos hierven a temperaturas inferiores cuando la presión del aire es menor.


"En la cima del monte Everest, el agua hierve a una temperatura muy inferior a la que se necesita cuando uno está a nivel del mar", explica McCulloch. En un lado está el evaporador, un recipiente que contiene butano. "Si se introduce allí vapor, baja la temperatura a la que hierve el agua y, al hacerlo, roba energía del entorno, lo que produce el efecto de refrigeración", añade el científico.

McCulloch cree que el diseño original de Einstein y Szilard no era muy eficiente, pero si se mejora el diseño y se utilizan otros gases, será posible multiplicar por cuatro su eficiencia. El experto británico quiere llevar la idea más lejos aún: la única energía que necesita el refrigerador es para calentar una bomba y McCulloch ha estado trabajando en la posibilidad de utilizar para ello energía solar.

El científico de Oxford no es, sin embargo, el único que trabaja actualmente en el desarrollo de frigoríficos ecológicos. Los ingenieros de una pequeña compañía de Cambridge llamada "Camfridge" han comenzado a utilizar campos magnéticos para refrigerar.

"Nuestro refrigerador funciona de modo similar (a los que funcionan con compresores de gas), sólo que en lugar de utilizar un gas, empleamos un campo magnético y una aleación de metal especial", declaró al periódico el director general de esa empresa, Neil Wilson.

Según Wilson, "cuando el campo magnético se aproxima a la aleación, es como cuando se comprime el gas y cuando el campo magnético se aparta, equivale a su expansión. Es un efecto similar al de las cintas de goma: cuando uno las estira, se calientan, pero cuando se contraen, se enfrían".

lunes, noviembre 3

Un invierno frío

(Un clásico recibido por internet, ahora de nuevo en boga por las analogías con la bolsa de valores)

Los indios de una remota reserva de EE.UU. preguntaron a su nuevo jefe si el próximo invierno iba a ser frío o apacible.

Dado que el jefe había sido educado en una sociedad moderna, no conocía los viejos trucos indios. Así que, cuando miró el cielo, se vió incapaz de adivinar qué iba a suceder con el tiempo…

De cualquier manera, para no parecer dubitativo, respondió que el invierno iba a ser bastante frío, y que los miembros de la tribu debían recoger leña para estar preparados.

No obstante, como también era un dirigente práctico, a los pocos días tuvo la idea de telefonear al Servicio Nacional de Meteorología.

-¿El próximo invierno será muy frío? - preguntó.

-Sí, parece que el próximo invierno será bastante frío - respondió el meteorólogo de guardia.

De modo que el jefe volvió con su gente y les dijo que se pusieran a juntar todavía más leña, para estar aún más preparados. Una semana después, el jefe llamó otra vez al Servicio Nacional de Meteorología y preguntó:

-¿Será un invierno muy frío?

-Sí - respondió el meteorólogo- va a ser un invierno muy frío.

Honestamente preocupado por su gente, el jefe volvió al campamento y ordenó a sus hermanos que recogiesen toda la leña posible, ya que parecía que el invierno iba a ser verdaderamente crudo.

Dos semanas más tarde, el jefe llamó nuevamente al Servicio Nacional de Meteorología:

-¿Están ustedes absolutamente seguros de que el próximo invierno será muy frío?

-Absolutamente, sin duda alguna - respondió el meteorólogo - va a ser uno de los inviernos más fríos que se hayan conocido.

-¿Y cómo pueden estar ustedes tan seguros?

-¡Porque los indios están recogiendo leña como locos!

domingo, noviembre 2

El banquero

(Recibido por correo electrónico)

Una tarde un famoso banquero iba en su limusina cuando vio a dos hombres a la orilla de la carretera comiendo césped.

Preocupado, ordenó a su chofer detenerse y bajó a investigar.
Le preguntó a uno de ellos:
-¿Por qué están comiéndose el césped?
- No tenemos dinero para comida. - dijo el pobre hombre - Por eso tenemos que comer césped.
- Bueno, entonces vengan a mi casa que yo los alimentaré - dijo el banquero.
- Gracias, pero tengo esposa y dos hijos conmigo. Están allí, debajo de aquél árbol.
- Que vengan también, - dijo nuevamente el banquero.

Volviéndose al otro pobre hombre le dijo:
- Ud. también puede venir.

El hombre, con una voz lastimosa dijo:
- Pero, Sr., yo también tengo esposa y seis hijos conmigo!
- Pues que vengan también. - respondió el banquero.

Entraron todos en el enorme y lujoso coche. Una vez en camino, uno de los hombres miró al banquero y le dijo:
- Sr., es usted muy bueno. Muchas gracias por llevarnos a todos!!!
El banquero le contestó: -¡Hombre, no tenga vergüenza, soy muy feliz de hacerlo!.
Les va a encantar mi casa.... ¡El césped está como de veinte centímetros de alto!


Moraleja:
Cuando creas que un banquero te está ayudando, piénsalo dos veces.

sábado, noviembre 1

La muerte

(Este es de Leopoldo de Luis)

Nadie puede vivir su propia muerte.
No es la murte un afán ni una experiencia.
Morir no es más que un vaso que se vierte,
un motor que ha perdido su eficiencia.

Sé que llevo en los brazos a la nada
y de mirarla a ella me parezco.
Un poco se refleja en mi mirada,
dia tras dia a algo de mi le ofrezco.

Pero vivir la muerte... ¿no sería
igual que ver la jarra ya vacía
o descubierto el hilo de la trama?

¿Cómo voy a vivir mi muerte?¿Cuándo?
(Cruza el invierno un pájaro cantando
y no se posa porque ya no hay rama).

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