Cuéntame un cuento...

...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..

miércoles, junio 10

Cómo sobrevivir en caso de naufragio

(Un texto de Javier Yanes en la página bbvaopenmind.com leído el 18 de octubre de 2017)

El 19 de octubre de 1952, el médico y biólogo francés Alain Bombard se hacía a la mar en solitario en Las Palmas de Gran Canaria a bordo de una lancha Zodiac hinchable, con un sextante y sin provisiones. Con tan parcos medios, su objetivo parecía del todo descabellado: cruzar el Atlántico. Pero lo logró: 65 días después, el 23 de diciembre, tocaba tierra en Barbados; con 25 kilos menos, pero vivo, y sin secuelas que le impidieran llegar a la avanzada edad de 80 años.

Cinco años antes, en 1947, el noruego Thor Heyerdahl había liderado la expedición de la Kon-Tiki a través del Pacífico para probar que los pueblos antiguos podían haberse expandido a través del océano con recursos primitivos. Pero a diferencia de Heyerdahl, el interés de Bombard no era la sed de aventura, sino simplemente la sed, en su sentido más literal y biológico.

El viaje de la Kon-Tiki había probado que los antiguos navegantes pudieron sobrevivir en el océano hidratándose con el jugo de los peces y bebiendo agua de mar mezclada con agua dulce en una proporción de 2:3. Bombard había conocido las muertes de varios marineros naufragados mientras ejercía como médico en Boulogne-sur-Mer, pero estaba convencido de que no era la deshidratación la que los mataba, sino la desesperación. Así se propuso demostrar que era posible sobrevivir a un naufragio sólo con los recursos disponibles en alta mar, incluyendo el agua salada.

Tras un intenso período de estudio en el Instituto Oceanográfico de Mónaco y unas primeras etapas de preparación en el Mediterráneo y África, Bombard tuvo el tiempo justo de regresar a París para asistir al nacimiento de su primera hija antes de afrontar su gran viaje, en el que arriesgaría su propia vida para poner a prueba su teoría.

El régimen diseñado por Bombard consistía en alimentarse mínimamente con plancton —rico en vitaminas— y con pescado crudo. La necesidad más crítica, la hidratación, se resolvería exprimiendo el fluido de los peces y recogiendo agua de lluvia, complementada con pequeñas dosis de agua de mar que no excedieran un litro al día: una cucharada a intervalos de 20 minutos, dejando que la saliva diluyera la sal en la boca.

El Doctor Loco

Este último era el aspecto más polémico del experimento, algo de lo que Bombard era consciente cuando bautizó su lancha como L’Hérétique, El hereje. En su país fue tildado de Docteur Fou, Doctor Loco. Su coetáneo, el médico alemán Hannes Lindemann, también navegante en solitario, cuestionó la veracidad del experimento de ingesta de agua salada tal como Bombard lo describió en su libro Naufragé volontaire (Éditions de Paris, 1953). Lo cierto es que el francés llevaba en su lancha un equipo de emergencia sellado con provisiones y agua, pero no consta que lo empleara, sólo unos días antes de su llegada a Barbados fue auxiliado por un buque donde le ofrecieron un almuerzo.

Desde antiguo es un hecho conocido que el ser humano no puede mantenerse hidratado con agua salada. Los marineros que lo hacen mueren deshidratados después de sufrir un envenenamiento que les hace perder la razón. El motivo, explica la Administración Oceánica y Atmosférica de EEUU (NOAA), es que “los riñones humanos sólo pueden hacer orina que es menos salada que el agua de mar”. En concreto, la orina alcanza un máximo en torno al 2% de sal, mientras que el agua marina ronda el 3,5%.

Cuando bebemos agua salada, aumenta la salinidad de nuestra sangre y el exceso debe ser expulsado. “Por tanto, para librarnos del exceso de sal del agua de mar, tenemos que orinar más agua de la que hemos bebido”, prosigue la NOAA. En concreto, para rebajar la sal de un litro de agua de mar hasta el 2%, el riñón necesita añadir 0,75 litros de agua del cuerpo. “Finalmente morimos de deshidratación”. Cuando el cuerpo no puede eliminar el sodio sobrante se produce un desequilibrio cuyos efectos en los órganos, incluyendo el sistema nervioso, desencadenan el cuadro de síntomas que lleva al coma y a la muerte.

Pequeñas cantidades de agua de mar

En la Segunda Guerra Mundial los naufragios fueron abundantes, y entonces circularon historias de marineros que habían sobrevivido bebiendo pequeñas cantidades de agua de mar. En 1943, el médico del Hospital Nacional de Reino Unido W. S. S. Laddell publicó un estudio en la revista The Lancet en el que puso a prueba esta posibilidad. Laddell comprobó que “un hombre con déficit de agua continúa produciendo 350-450 cm.c. [centímetros cúbicos] de orina al día”. Pero en sus experimentos complementando la ingesta de agua dulce con agua salada, Laddell descubrió que se producía “una ligera ganancia de agua para el cuerpo, porque el agua extra perdida en la orina es menor que el agua extra ingerida como agua de mar”.

Aunque el propio Laddell añadía una nota advirtiendo de que el comité que había encargado el estudio para ayudar a los náufragos en combate no recomendaba beber agua de mar, lo cierto es que la tesis de Bombard no ha sido definitivamente refutada. En 1987, un estudio con ratas concluía que “cuando un hombre se pierde en el mar, no es aconsejable beber toda el agua dulce y después verse obligado a beber agua de mar cuando está deshidratado”. En su lugar los investigadores, de la Universidad Ben-Gurion de Israel, recomendaban “aumentar lentamente la dosis de agua salada” cuando el náufrago aún está bien hidratado.

Documentos actuales como el Manual de Supervivencia del Ejército de EEUU FM 3-05.70 (FM 21-76) aconsejan claramente no beber agua de mar ni orina en caso de naufragio. Sin embargo, el manual sí valida otras ideas puestas en práctica por Bombard, como reducir el alimento a lo imprescindible, ya que la digestión consume agua del organismo. También recomienda aprovechar el jugo de los peces, en concreto el fluido del ojo y el que rodea la espina, ya que estos líquidos son menos salinos que el agua de mar. Para reducir la sudoración, el manual aconseja protegerse del sol y humedecer y escurrir la ropa.

A pesar de que hoy en ninguna embarcación suele faltar un sistema de desalinización o evaporación de agua, el legado de Bombard continúa socorriendo a los náufragos, al menos en un aspecto independiente del eterno debate sobre la ingesta de agua salada: según decía el navegante francés Gérard d’Aboville en el obituario de Bombard publicado en el diario Libération el 20 de julio de 2005, el Doctor Loco “comprendió que es en primer lugar la esperanza lo que hace sobrevivir a un superviviente, y lo demostró”.

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miércoles, junio 3

Costumbres sociales: Finlandia

(Leído en el muro de Cienciatum de Facebook. Y sí, esto ocurre; yo viví allí y doy fé) 

En Finlandia, a diferencia de otras culturas europeas, la conversación trivial o el "small talk" son casi inexistentes. En este país, no solo no se fomenta, sino que ni siquiera existe un concepto de ello en el idioma finlandés. Muchos niños, al aprender inglés, descubren este tipo de interacción como algo esperado cuando hablan con extranjeros. 

En reuniones sociales, los finlandeses no sienten la necesidad de llenar los silencios; a menudo, estos pueden durar minutos sin causar incomodidad. Esta preferencia por el silencio se extiende a otras partes de los países nórdicos, como Trondheim o Tromsø. La cultura finlandesa valora las conversaciones significativas y, en lugar de llenar cada pausa con palabras vacías, prefieren la calma. Así, si alguna vez te encuentras en una situación social en Finlandia, recuerda que el silencio no es algo negativo, sino un espacio para la reflexión, y mejor evitar iniciar conversaciones sobre el clima.

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martes, mayo 26

¿Centros de datos, islas de calor?

(Leído en el muro de Fb del Heraldo de Aragón el pasado 13 de abril)

Un estudio internacional avisa de que los centros de datos no solo consumen una ingente cantidad de recursos, sino que generan auténticas "islas de calor" al elevar, de media, la temperatura de la superficie terrestre en 2 grados centígrados en su entorno (un perímetro de 10 kilómetros). El análisis se basa en mediciones de la NASA donde hay más de 6.733 complejos, incluidos los que están en servicio en Zaragoza y Huesca.
 
Incide en que sus efectos se verán agravados por el uso de la inteligencia artificial, dado que se estima que en un horizonte de entre tres y cinco años "el consumo energético para el procesamiento de datos superará el presupuesto estimado para la fabricación", lo que está directamente relacionado con la disipación del calor que liberan los equipos informáticos.
 
Esta es la principal conclusión del estudio liderado por un profesor asociado del Grupo de Observación de la Tierra de la Universidad de Cambridge, Andrea Marinoni, con la colaboración de otros nueve expertos de las universidades de Grenoble, Génova y Hong Kong, y que se basa en el análisis de la evolución de la temperatura en las dos últimas décadas (de 2004 a 2024) con las mediciones satelitales de la NASA de los emplazamientos de los centros de datos.

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miércoles, abril 22

Tecnologías CCUS: frenar el calentamiento global reciclando CO₂

(Un texto de Dory Gascueña leído el 5 de noviembre de 2020 en bbvaopenmind.com)

Aplicar los principios de la economía circular para reciclar las emisiones de CO2 permitirá acelerar la lucha contra el calentamiento global. Una batalla que supone un complejo reto en el que, además de reducir las emisiones con energías limpias como la solar o los coches eléctricos, las tecnologías de captura y utilización de carbono CCUS (por las siglas en inglés de carbon, capture, utilisation and storage) se proponen eliminar el CO2 liberado ya en la atmósfera, capturandolo y convirtiéndolo en materia prima para productos útiles no contaminantes. Entonces, ¿es posible hacer del CO2 un aliado de la acción climática?

Volker Sick es profesor de ingeniería mecánica en la Universidad de Michigan (Estados Unidos) y dirige la Global CO2 Initiative, un proyecto de la misma universidad para impulsar el desarrollo de tecnologías CCUS que puedan capturar y convertir el dióxido de carbono en productos útiles. En una conversación con OpenMind, el profesor Sick reconoce que “Incluso cuando dejemos de utilizar combustibles fósiles, procesos como la fabricación de cemento y acero seguirán emitiendo CO2”. Es ahí donde entra en juego la perspectiva de esta iniciativa global de investigación y análisis de políticas públicas: conseguir que sea viable económica y tecnológicamente el reciclaje del CO2 de la atmósfera y su aprovechamiento para hacer nuevos materiales.  

CCUS: tecnologías aliadas con los ODS y el Acuerdo de París

Las tecnologías CCUS son para el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y la Agencia Internacional de Energía (IEA por sus siglas en inglés) un requisito para cumplir con los objetivos climáticos del Acuerdo de París y frenar el calentamiento global por debajo de 2ºC. Las tecnologías CCUS contribuirían con aproximadamente una sexta parte de la reducción de emisiones necesaria para cumplir con este objetivo en 2050.

Según recoge la IEA, actualmente hay en funcionamiento varios proyectos de tecnología energética CCUS a gran escala con una capacidad de captura combinada de 2,4 megatoneladas de CO2 por año, una cifra que está muy lejos de alcanzar el nivel propuesto en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas: 310 Mt (Megatoneladas) de CO2 cada año para 2030, tal y como reconoce la propia agencia. Según los cálculos de la misma agencia, se habrían capturado hasta 40 millones de toneladas de CO2 derivadas de instalaciones eléctricas e industriales anualmente a fecha de 2020. 

Antes de la firma del Acuerdo de París, el Quinto Informe de Síntesis de Evaluación del IPCC de 2014 estimó que sin las tecnologías CCUS el coste económico de la lucha contra el cambio climático aumentaría un 138%. Aunque la mayoría de proyectos en materia de CCUS se encuentran en los Estados Unidos y Europa, también se planean proyectos en Australia, China, Corea, Oriente Medio y Nueva Zelanda, según el mapa de iniciativas de la IEA. Si finalmente se lleva a cabo, esta hoja de ruta permitiría que la cantidad global de CO2 que se captura actualmente se triplique, alcanzando alrededor de 130 Mt por año.

Capturar y deconstruir CO2: un proceso tecnológico clave para la acción climática

Muchos de los productos que utilizamos contienen carbono, y en base a esto el CO2 que expulsamos a la atmósfera se puede reutilizar para producirlos, en vez de extraer más carbono de fuentes fósiles, la práctica actual. Tal y como argumentaba Volker Sick a OpenMind, “La idea de utilizar CO2 para fabricar productos no es nueva y se ha examinado de forma intermitente durante varias décadas, especialmente en lo que respecta al almacenamiento y la recuperación mejorada de petróleo, que existe desde hace 50 años”.  Sin embargo, implementar la idea de reutilizar a gran escala  el CO2 que producimos implica un desarrollo tecnológico significativo, ya que hay que transformar las moléculas de CO2 en moléculas de carbono, un proceso que requiere un aporte energético que debe provenir de fuentes de energía de carbono cero, para evitar agregar más emisiones de CO2. En este sentido, el director de The Global CO2 Initiative advierte de que, aunque “La disponibilidad mundial de energía renovable ha aumentado sustancialmente durante las últimas décadas, se necesitarán inversiones masivas en investigación, desarrollo e implementación para hacer de las tecnologías CCUS una realidad y generar un impacto real para el medio ambiente y para crear nuevos empleos”.

Un problema para el uso eficiente del CO2 como materia prima es el proceso de captura en sí mismo, tal y como explica Volker Sick: “Se necesitan grandes máquinas y, en realidad, también mucha energía para separar el CO2 de los gases de combustión y especialmente del aire. Una vez que el CO2 está disponible de manera concentrada, los catalizadores facilitan la conversión de este CO2 y agua en productos químicos”. Precisamente en el desarrollo de estos catalizadores trabajan los laboratorios de The CO2 Global Initiative, donde ya se experimenta con la producción de metanol como alternativa a los combustibles fósiles o un hormigón autoreparador que convierte en piedra los gases que ahora contaminan nuestra atmósfera.

Metanol, fibras naturales y hormigón flexible a base de CO2

“El metanol se puede utilizar en la producción de muchos otros productos químicos, incluida la fibra de carbono. Incluso es posible convertir este metanol en un combustible que puede reemplazar al diesel y se quema de manera mucho más limpia”. Volker explica cómo uno de los equipos de investigadores trabaja además con plantas como el cáñamo, el lino o el bambú para involucrar a la naturaleza en el proceso de deconstrucción del CO2. Para ello, se extraen fibras de estas plantas para utilizarlas en materiales compuestos en sustitución de las fibras de vidrio, “E incluso se ha llegado a incluirlas en el hormigón para mejorar sus propiedades”, apunta el director de la iniciativa, que reconoce también que “para que todo esto funcione, es necesario manipular esas fibras y es ahí donde se centra parte de la investigación de nuestro grupo”. Volker indica además que, más allá del metanol o las fibras vegetales, ”La mayor oportunidad para eliminar el CO2 de la atmósfera es encerrarlo en hormigón y otros materiales de construcción. De hecho, es importante entender que cuando bombeamos CO2 a una mezcla de hormigón, ¡el CO2 se convierte en roca! Por lo tanto, nunca volverá a salir a la atmósfera, ni siquiera si el hormigón se rompe”. 

A pesar del prometedor horizonte que supondrían para muchas industrias, el proceso de democratización de estas tecnologías CCUS se encuentra con dos grandes barreras, tal y como reconoce Volker: “Una es el coste y la otra está relacionada con estándares y códigos. En ambos casos, es necesario un trabajo político adecuado y, por eso, desde The Global C02 Initiative trabajamos con legisladores, políticos y organismos sancionadores para ayudar a actualizar o incluso crear nuevas políticas que faciliten la adopción y promoción de estas tecnologías”.

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miércoles, abril 8

Historias de la IA: Los padres fundadores

(Un texto de Manuel de León leído en el blog de Madri+d el 13 de marzo de 2026)

La Conferencia de Dartmouth sobre Inteligencia Artificial, celebrada en el verano de 1956 durante ocho semanas en esa universidad, se considera como el evento en el que se funda la inteligencia artificial. Los organizadores del evento fueron cuatro investigadores de gran prestigio: Claude Shannon (Petoskey, Michigan, 1916 –  Medford, Massachusetts, 2001), Marvin Lee Minsky (Nueva York, 1927- Boston, 2016) , John McCarthy (Boston, 1927 – Stanford, 2011) y Nathaniel Rochester (Nueva York, 1919 – Newport, 2001).

Dartmouth College es una universidad privada de las denominadas de investigación, y es una de las nueve universidades coloniales fundadas antes de la Revolución Americana. Dartmouth está considerada una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos. Se eligió esta universidad porque McCarthy, profesor adjunto de Matemáticas en Dartmouth, fue el que tomó la iniciativa.  El objetivo era intercambiar ideas con los investigadores más representativos en lo que entonces era la cibernética, teoría de autómatas, teoría de la información, y acuñó un nuevo nombre para el campo: Inteligencia Artificial. Según se comenta en (Mitchell, 2024), McCarthy tuvo bastantes dificultades en convencerlos a todos para venir y mucha paciencia para que tantos egos juntos pudieran trabajar coordinadamente.

La propuesta original presentada el 31 de agosto de 1955 comenzaba así (MacCarthy et al., 1955):

«Proponemos que durante el verano de 1956 se lleve a cabo en el Dartmouth College de Hanover, New Hampshire, un estudio sobre la inteligencia artificial, con una duración de 2 meses y 10 participantes. El estudio se basará en la conjetura de que cada aspecto del aprendizaje o cualquier otra característica de la inteligencia puede, en principio, describirse con tanta precisión que se puede hacer que una máquina lo simule. Se intentará averiguar cómo hacer que las máquinas utilicen el lenguaje, formen abstracciones y conceptos, resuelvan tipos de problemas ahora reservados a los humanos y se mejoren a sí mismas. Creemos que se puede lograr un avance significativo en uno o más de estos problemas si un grupo de científicos cuidadosamente seleccionados trabajan juntos en ello durante un verano.»

Durante este congreso, se presentó el programa Logic Theorist, escrito por Allen Newell, Herbert A. Simon y Cliff Shaw.  Fue el primer programa diseñado deliberadamente para realizar razonamientos automatizados, y ha sido descrito como el primer programa de inteligencia artificial. Logic Theorist demostró 38 de los 52 primeros teoremas del capítulo dos de Principia Mathematica de Whitehead y Russell y encontró pruebas nuevas y más cortas para algunos de ellos. Sin duda, un logro excepcional.

Los programas desarrollados en los años posteriores fueron extraordinarios. Los ordenadores resolvían problemas de álgebra, demostraban teoremas de geometría y aprendían a hablar inglés. Los investigadores expresaron un intenso optimismo en privado y en la prensa, prediciendo que se construiría una máquina totalmente inteligente en menos de 20 años. Agencias gubernamentales como la Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA, entonces conocida como «ARPA») invirtieron dinero en este campo.

Así, a finales de los 50 y principios de los 60, se crearon laboratorios de Inteligencia Artificial en varias universidades británicas y estadounidenses.

Sin embargo, las previsiones no se cumplieron como se esperaba y el interés por la IA terminó, dando lugar a lo que se llamó los inviernos de la IA.

 

 

 

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sábado, abril 4

La curiosa historia del fósil de unicornio de Magdeburgo

(Un texto de Alejandro Gamero leído en https://lapiedradesisifo.com el 30 de enero de 2025)

El mito de los unicornios tiene un origen complejo, que combina elementos de varias culturas antiguas, la interpretación de textos y la imaginación humana a lo largo de los siglos. Las primeras referencias a criaturas similares a este animal mitológico provienen de la civilización del valle del Indo, actual Pakistán e India, donde aparecen en sellos de piedra del tercer milenio a. C. Estas figuras muestran animales que podrían interpretarse como unicornios, aunque probablemente sean estilizaciones de toros. Por su parte, en el siglo V a. C., el historiador griego Heródoto mencionó criaturas de un solo cuerno que vivían en la India. Aunque posiblemente se refería a rinocerontes, estas descripciones contribuyeron al desarrollo del mito.

Durante la Edad Media, el unicornio se convirtió en un símbolo importante en la iconografía cristiana, asociado con la pureza, la castidad e incluso con la figura de Cristo. Las leyendas medievales decían que solo podía ser capturado por una virgen, lo que reforzaba su conexión con la pureza espiritual. Las representaciones artísticas en tapices, manuscritos y esculturas mostraban al unicornio como un caballo blanco con un único cuerno en espiral, un cambio significativo respecto a las descripciones antiguas.

En el Renacimiento el unicornio siguió siendo un símbolo de lujo y rareza. Su cuerno se convirtió en un objeto muy valorado, usados como amuletos contra venenos. Esa pasión se mantuvo en la Alemania del siglo XVII, como podemos que ocurrió en la ciudad de Magdeburgo, al norte de Leipzig, donde se reconstruyó un fósil de unicornio que se suponía que tenía 350 años.

El llamado «unicornio de Magdeburgo» apareció por primera vez en 1663, con el descubrimiento de los restos de un rinoceronte lanudo, que había existido en Asia y Europa hacía 500.000 años, en Seweckenberge, una estepa alemana de la que se sabe que contiene fósiles de la Edad de Hielo. Como el rinoceronte lanudo aún no había sido descrito, el naturalista prusiano Otto von Guericke sacó la conclusión más lógica basándose en la evidencia: obviamente se trataba de un unicornio. En 1668 aproximadamente, von Geuricke montó el conjunto de huesos que hoy se exhibe en el Museo de Historia Natural de Magdeburgo.

Descrita como una de las peores reconstrucciones de fósiles de la historia, no está del todo claro si el conjunto era un reflejo sincero de la hipótesis de von Guericke o una especie de broma perpetrada por el filósofo y científico Gottfried Leibniz. No está claro si Geuricke siguió el modelo que esbozó Leibniz o si el conjunto fue creado a partir de un boceto del filósofo basado en la teoría de Guericke. Tampoco se sabe hasta qué punto los científicos se tomaron en serio el hecho de que se pensase que aquello era realmente un unicornio.

«El cuerno, junto con la cabeza, varias costillas, vértebras dorsales y huesos fueron llevados a la abadesa de la ciudad», escribió Leibniz en su libro de geología e historia natural Protogaea. Independientemente de que se haya tomado en serio o en broma, el Unicornio de Magdeburgo despierta pasiones y cada cierto tiempo se vuelve a hablar de él. Recientemente, una publicación de Reddit que se refirió a su existencia recibió decenas de miles de votos positivos en unos pocos días.

Y por si la oportunidad de ver en persona a una criatura tan magnífica no fuera lo suficientemente alentadora, la oficina de turismo de Magdeburgo recuerda que la ciudad también alberga el antiguo monasterio Kloster Unserer Lieben Frauen, ahora sede del «museo de arte moderno más importante de Sajonia-Anhalt».


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miércoles, abril 1

La mejor forma de secarse

(Leído no sé dónde, y perfecto para el 1 de abril, el mes de "aguas mil") 

La mejor forma de secarse cuando nos coge un chaparrón es correr o abanicarse. Cuando uno se moja, queda cubierto por una película de agua líquida que está en el equilibrio dinámico con el vapor del ambiente. Es decir, continuamente hay partículas en estado gaseoso que pasan al líquido y viceversa. Si uno se mueve, "barre" la capa de vapor que le rodea, y para restablecer el equilibrio, algunas moléculas líquidas escapan del cuerpo a la atmósfera. Así, si uno sigue sacudiéndose, el agua se va evaporando hasta secarse. Por eso, cuando el ambiente es húmedo, el secado se ralentiza: hay tanto vapor de agua en la atmósfera que impide este proceso.

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domingo, marzo 22

Crecidas históricas del Ebro a su paso por Zaragoza

(Leído en FB. Estoy segura de que no están todas las que son aunque son todas las que están)

1643 - CUANDO EL EBRO RECORDÓ QUIEN MANDA
En el siglo XVII Zaragoza todavía vivía de espaldas al riesgo real del río. Las huertas abrazaban el cauce y los barrios más humildes crecían fuera de las murallas, demasiado cerca del agua. El invierno de 1643 fue húmedo, persistente, y en el Pirineo la nieve se acumuló durante semanas. Cuando las temperaturas subieron y la lluvia continuó cayendo en toda la cuenca, el Ebro comenzó a ensancharse con esa lentitud engañosa que lo caracteriza.

No fue una riada repentina; fue una invasión progresiva. El agua ocupó primero las huertas, luego los caminos, después las casas bajas. Los arrabales quedaron anegados y la ciudad comprendió que el río no era un paisaje, era una fuerza. Aquella crecida no solo dejó pérdidas materiales, dejó una lección: había espacios que no debían tocarse. Es el primer gran aviso documentado que condicionó el urbanismo posterior. 

1775 - LA CRECIDA QUE LLEGÓ FUERA DE TEMPORADA
El verano de 1775 parecía tranquilo. Las grandes riadas del Ebro solían esperarse en primavera, cuando el deshielo hacía su trabajo. Pero ese año el río rompió su propio patrón. Las lluvias fueron intensas y continuadas, y el caudal creció cuando nadie lo anticipaba.

La sorpresa fue el verdadero desastre. Las huertas estaban en plena producción y el golpe económico fue severo. No hubo tiempo para preparar defensas improvisadas ni retirar enseres. La población comprendió que el calendario no protegía a nadie. Desde entonces, el Ebro dejó de ser un fenómeno estacional y pasó a ser una amenaza latente todo el año. 

1871 - EL DESHIELO QUE LO CAMBIÓ TODO
El invierno fue especialmente frío. La nieve se acumuló en grandes cantidades en la cabecera pirenaica. Cuando llegó un ascenso brusco de temperaturas acompañado de lluvias generalizadas, el sistema colapsó hidrológicamente. El agua no bajó en oleada violenta, sino en masa continua y sostenida.

Durante días, amplias zonas de la ribera permanecieron bajo el agua. Fue una crecida larga, pesada, que no daba tregua. A diferencia de 1775, aquí la causa fue el patrón clásico del Ebro: lluvia más deshielo simultáneo. La agricultura volvió a pagar el precio y quedó claro que la escala del problema superaba las defensas locales tradicionales. 

2003 - LA PRUEBA DEL SIGLO XXI
En 2003 el Ebro volvió a crecer con fuerza, alcanzando caudales cercanos a los 3.000 m3 por segundo. No fue como 1961, pero sí lo suficientemente potente como para activar evacuaciones en múltiples localidades ribereñas.

La diferencia estuvo en la infraestructura. Las defensas urbanas resistieron mejor y las motas contuvieron el agua en muchos tramos. Sin embargo, el campo volvió a inundarse ampliamente. La lección fue clara: se puede proteger ciudad, pero no siempre territorio agrícola sin consecuencias. 

2015 - EL DEBATE ABIERTO
La crecida de 2015 no alcanzó cifras históricas extremas, pero sí tuvo un impacto notable en la ribera aragonesa. Las imágenes de campos anegados durante días reabrieron el debate sobre dragados, gestión de sedimentos y mantenimiento del cauce.

Aquí la narrativa ya no era solo natural; era política. El río se convirtió en conversación pública: ¿hay que dejarle espacio o intervenir más?

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miércoles, marzo 18

Siete cosas que una mujer tenía prohibidas hace tan solo 100 años

(Un texto de Elena Zamorano en El Confidencial del 10 de marzo de 2020)

Ellas no lo tuvieron fácil, pero como hoy, se opusieron a las dificultades para ganar algunos de los derechos que disfrutan actualmente y que antes suponían una absoluta injusticia.

Afortunadamente, los movimientos feministas que comenzaron a tomar forma a finales del siglo pasado en España han conseguido que muchos derechos para las mujeres hayan sido conquistados. Una serie de logros colectivos que hoy en día ya nos pueden parecer muy normales, pero que hace un siglo se antojaban como auténticas rarezas de la vida en sociedad. Y no solo eso, sino que su reivindicación estaba perseguida y penada por los tribunales.

Sin ir más lejos, el sufragio femenino, el cual no llegó hasta bien entrado el siglo XX. Nuestro país fuera uno de los primeros del mundo en los que quedó reconocido por las leyes. Aunque en territorio europeo la primera nación que lo aprobó fue Finlandia, en 1907, en España el derecho a voto de las mujeres fue aceptado en la Constitución de 1931, en época de la Segunda República. Y en consecuencia, las primeras elecciones en las que ellas pudieron ejercer su voto fue en las generales de 1933. Años después, llegaría la Guerra Civil y la dictadura franquista, la cual anuló el procedimiento de elecciones (aunque sí que se votó en 1966, pero no de manera democrática ya que había una única opción). Así, los votos libres tanto femeninos como masculinos no se volvieron a ejercer hasta 1976, durante la Transición.

Estos eran los tres requisitos que establecía la ley para poder abrir una cuenta bancaria: ser hombre, mayor de 18 años y tener el DNI en vigor

Son muchos los avances que ha habido en la historia en cuanto a derechos femeninos se refiere. Lo más importante aquí es que no haya un retroceso y volvamos a épocas tan oscuras en las que la desigualdad social entre hombres y mujeres no estaba en el punto de mira ni abierta a las críticas. Hoy, con motivo de la resaca del Día Mundial de la Mujer, vamos a repasar algunos de ellos.

Llevar pantalones

"Cuando yo tenía 12 o 13 años, mi madre llegó a casa con pantalones. Estaban de moda. Pero mi padre le dijo que de ninguna manera se los podía poner, que en esa casa era él quien los llevaba". Este testimonio recogido por la 'BBC', de la poeta nicaragüense Claribel Alegría, es perfecto para demostrar cómo un hecho tan inocente como es llevar esta prenda asociada a los hombres estaba prohibida para las mujeres. En 1915, la feminista puertorriqueña Luisa Capetillo fue arrestada por ponerse pantalones en público en La Habana, lo que da cuenta de lo estrictas que eran las normas de vestimenta en algunos países.

Todo cambió cuando mujeres de fama y renombre empezaron a contradecir a la norma, y con ello extender la práctica al resto de la población. Ese es el caso de Coco Channel, que a partir de los años 20 comenzó a incorporar pantalones en sus colecciones. Otro de los iconos más representativos de este cambio de tendencia es el de la actriz Marlene Dietrich, quien los usó con gran estilo. Desde ella hasta nuestros días, las mujeres se han hecho paso adoptando esta prenda de vestir a su armario y, afortunadamente, este código de vestimenta excluyente apenas existe o, al menos, no da lugar para el debate.

Abrir una cuenta bancaria

Ser hombre, mayor de 18 años y tener el documento de nacionalidad en vigor. Estos eran los tres requisitos que establecía la ley para poder abrir una cuenta bancaria en España. Hace tan solo 40 años, suponía una auténtica utopía que una mujer pudiese ser por sí misma una entidad monetaria. No fue hasta el 2 de mayo de 1975 cuando se aprobó una reforma del Código Civil y del Código de Comercio sobre la situación jurídica de la mujer casada que permitía que este hecho tan rutinario fuera aceptado por parte de la sociedad y las leyes.

Ser soldado

El papel de la mujer en las guerras del pasado fue imprescindible, pero la amplia mayoría no se dedicaban a coger un fusil y salir al frente como los hombres, sino que su misión consistía en atender a los enfermos. No fue hasta principios de la década de 1970 cuando la OTAN empezó a permitir la movilización militar femenina, pero solamente en algunos países pioneros de la organización, como Estados Unidos, Canadá, Dinamarca y Francia. En países tan avanzados actualmente a nivel social como Alemania no alcanzaron un estatus hasta el año 2000.

Aquí, en España, bien es sabido que el servicio militar era obligatorio. Precisamente, fue el expresidente José María Aznar quien lo suspendió en 1996, pero no fue hasta 2001 cuando la nueva ley entró en vigor. Unos años antes, concretamente el 23 de febrero de 1998, se publicó un Real Decreto que permitía que las mujeres accedieran a las Fuerzas Armadas por primera vez en la historia.

Divorciarse

Romper el contrato conyugal no era nada fácil si eras mujer. Debías probar que existía maltrato físico o adulterio, o incluso ambos a la vez, aunque en este caso también eran tachadas de mentirosas, con lo cual no se podía hacer prácticamente nada al respecto. Además, la violación solo estaba definida como "tener relaciones forzadas con alguien que no fuera la esposa", según explica a la 'BBC' Stephanie Coontz, profesora emérita de Historia en el Evergreen State Collage. Actualmente, en España, el divorcio es legal mientras hayan pasado tres meses desde la fecha del matrimonio.

Fumar en público

En la actualidad, hay unas cuantas restricciones sobre los lugares de consumo de este vicio tan extendido entre la población. Pero en el pasado se permitía fumar en cualquier lugar, eso sí, no a todas las personas. En concreto, a todo el mundo menos a quienes fueran mujeres. Aunque en general estaba aceptado que las mujeres fumaran en casa, la sociedad desaprobaba que lo mostraran en público, según informa 'Reader's Digest'. Por ejemplo, en Nueva York se prohibió este acto en 1908. La ley resultó ser muy poco popular, y el alcalde la derogó a las dos semanas.

Comprar sin marido

Al igual que se les impedía el acceso a una cuenta bancaria, como hemos comentado anteriormente, en el siglo XIX las mujeres necesitaban salir acompañadas por su marido para poder comprar en tiendas. Esto cambió a finales de siglo con la llegada de los grandes almacenes, los cuales fueron diseñados para las mujeres al estar concebidos como un lugar propicio para socializar, reunirse y lo más importante: gastar dinero. Así es como se permitió el acceso a otros espacios y consumos: los restaurantes y teatros comenzaron a abrir sus puertas a mujeres que venían solas. Sin embargo, esta serie de permisos solo estaba reservada a las mujeres de clase alta.

Tener pasaporte para viajar

Hasta la década de 1920, en Estados Unidos las mujeres no podían viajar solas, lo que quiere decir que compartían su permiso para trasladarse con su marido. Esto era un reflejo de la desaprobación que tenía la mayoría al hecho de que una mujer viajase sin su marido. En 1917, una joven llamada Ruth Hale fue la primera en solicitar su pasaporte con éxito. Veinte años después, la ley fue cambiada para que todas pudieran hacerlo. 

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jueves, febrero 12

Los hijos del taxista

(La columna de Arturo Pérez Reverte en el XLSemanal del 10 de noviembre de 2019)

A menudo, cuando a uno se le sube la pólvora al campanario y mira en torno deseando que caiga el meteorito, encuentra analgésicos que hacen a España soportable y devuelven las cosas a su sitio. Hay días en los que tras ver la tele, mirar los periódicos o escuchar la radio, cualquiera que pueda hacerlo se pregunta qué hace aquí en vez de estar viviendo en otro sitio. Y cuando eso ocurre, como supongo que les pasa a otros, hay un truco que no me falla casi nunca: voy a un bar de barrio, me apoyo en el mostrador, pido una cerveza y un pincho de tortilla, tiendo la oreja y a los cinco minutos una sonrisa me despeja el horizonte. Los españoles, acabo diciéndome, somos unos hijos de la gran puta pero somos nuestros hijos de la gran puta. Y aunque a veces deseas que nos lleve el diablo, hay momentos gloriosos en que no nos cambiarías por nadie.

Me pasó ayer con un taxista. Había estado oyendo por la radio a un político embustero, analfabeto y sin complejos, especie cada vez más abundante. Luego me subí al taxi con la nube negra ofuscándomelo todo, pero me tocó un conductor locuaz –a veces son un martirio y otras una bendición–, y al poco estaba yo fascinado por un monólogo que para sí lo habría querido el gran Leo Harlem. Tenía dos hijos adolescentes, dijo: hija mayor, de 16 años, e hijo menor, de 14. Acababa de hablar con ellos por teléfono y estaba tan desesperado como si estuviera echando las muelas. Y el relato que me hizo entre Atocha y Diego de León fue una antología de hijos y padres; un retrato sociológico perfecto en el que cualquiera que haya tenido o tenga vástagos de esa edad puede reconocerse y reconocerlos.

La hija, aseguraba el taxista, es clásica de manual: de las que tecleas en Google hija adolescente y sale su foto: «Digo por ejemplo que algo es rojo, y sin ni siquiera mirarlo me dice que no tengo ni idea de colores. Luego argumenta como una catedrática, hasta volverme loco, por qué lo que yo veo rojo no es rojo. Y después de ponerme la cabeza hecha un bombo, acaba diciendo que tal vez sea de color burdeos». En cuanto al hijo quinceañero, también es otro clásico, pero en estilo muchacho: «Le digo que esto es rojo, se lo queda mirando y me pregunta qué gana él con eso. Le respondo que es importante diferenciar los colores, y el tío me mira como si yo fuera gilipollas y comenta ‘si tú lo dices…’ antes de seguir dándole al mando de la Play».

En cuanto a los amigos de una y otro, no fallan. Ella tiene dos o tres amigas muy amigas y siempre están mandándose mensajitos y enfadadas entre ellas: «Le habla a ésta y no le habla a aquélla, se pelea y se reconcilia con una u otra». Con el chico, sin embargo, ocurre lo contrario: «Todos los amigos, hasta los más cabroncetes, le caen bien. Es majo, dice todo el rato de todos. Fulano le ha dado un navajazo a un profesor, pero es un tío majo».

Uno de los pulsos más difíciles, sigue contando el taxista, se lo echan sus hijos cuando les pide que bajen a comprar algo al súper de la esquina: «Si se lo digo a ella, inevitablemente escucharé una de estas tres preguntas: ¿Cómo voy a ir si he quedado con una amiga? ¿Qué me pongo para bajar? o ¿Cómo voy a ir si no tengo ropa?... Pero si se lo digo al chico, el diálogo será el siguiente:

-Baja al súper, hijo.

-Vale.

-¿Así vas a ir a la calle?

-Sí, ¿qué pasa?

-Arréglate un poco, ¿no?

-Paso, papá.

Y cuando ya creo –continúa el taxista– que se ha ido al súper, vuelve y me dice que su hermana le ha quitado la camiseta».

Otro de los momentos estelares, sigue contando, es cuando se atreve a entrar en sus cuartos: «Si ella se dispone a salir estará encerrada con pestillo, tendrá veinte prendas de ropa distintas sobre la cama y se las estará probando todas. En cuanto al chico, lo normal es que se le haya olvidado cerrar bien la puerta, tenga el ordenador encendido y se esté haciendo una paja… Le juro a usted que si no los mato es porque no tengo tiempo».

«La vida del taxista es dura», intento consolarlo mientras le pago la carrera, pues hemos llegado al fin del trayecto. Y entonces él me dirige por el retrovisor una mirada de resignación, suelta una risita sardónica y responde: «¿Dura, dice usted?... Para duro lo que tengo yo en casa».

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sábado, enero 31

Venecia, “sempre crolla ma non cade”

(Un texto de Luis Alemany en El Mundo del 31 de mayo de 2020)

‘Si Venecia muere'. Salvatore Settis explica en su nuevo libro la historia del fracaso de la ciudad más bella del mundo, desde la invasión napoleónica hasta la huida en desbandada de sus habitantes, que fueron 170.000 en 1960 y hoy sólo son 53.000.

¿Desde cuándo se muere Venecia? ¿Desde que Napoleón entró en el Gran Canal y se llevó los leones de la Serenísima a Francia como un souvenir? ¿Desde que Lord Byron se fue de la ciudad en 1819 y dejó tristísimas a cinco o seis amantes casadas? ¿Desde que el Palazzo Dandolo se convirtió en el Hotel Danieli en 1824 (la primera reconversión de ese tipo)? ¿Desde que se cayó el campanario de San Marco en 1902? Venecia siempre se está muriendo y los venecianos tienen su broma al respecto: «Venezia, sempre crolla ma non cade». Venecia, que siempre está quebrándose pero nunca se cae, puede que esta vez sí que se muera, pero no por una acqua alta gigantesca como la de 1966, ni por el colapso de su frágil arquitectura. Más bien se muere de éxito.

«Venecia tenía 170.000 habitantes en 1960; hoy son 53.000, y la ciudad pierde aproximadamente 1,000 personas al año, lo que significa 2,7 personas al día. Muchos de los inversores que compran una casa no buscan una residencia permanente sino una segunda vivienda, lo que significa que se quedan en Venecia unos pocos días al año. Nunca serán verdaderos venecianos ni entenderán realmente cómo es vivir en una ciudad tan extraña y única. Por el camino, el mercado de segundas residencias y de apartamentos o edificios tranformados en bed & breakfast es tan grande que los que no tienen dinero, los jóvenes, no pueden permitirse el lujo de vivir en Venecia. Incluso los gondoleros se mudan a algún lugar de la terra ferma y deben viajar en tren a Venecia cada día».

Salvatore Settis, historiador y arqueólogo italiano, habla del fracaso cívico y demográfico de la ciudad más bella del mundo al hilo de ‘Si Venecia Muere’, el libro que acaba de publicar la editorial Turner.

Si Venecia Muere es varias cosas a la vez: es una descripción del vaciamiento de esta rara Detroit europea; es un manifiesto medioambiental casi desesperado; es un ensayo de urbanismo en el que la clave no está en las infraestructuras sino en la recuperación de la soberanía ciudadana…

Y es también una historia de ese fracaso. ¿Cómo, cuándo y por qué ha dejado de ser Venecia ciudad para convertirse en escenario?

«El mayor trauma de la historia veneciana fue seguramente el fin de su República en 1797», dice Settis, «Pasar de un gobierno aristocrático, con un soberano electo, el dogo, a soportar el dominio francés primero y luego el austríaco significó una transición muy difícil. Pero la mayoría de venecianos pensaban que su ciudad estaba protegida por su belleza, por Tiziano y por Vivaldi».

Un repaso a la historia de Venecia en el siglo XIX está llena de sinsabores: la República Serenísima había funcionado durante siglos (hasta 1797) corno una réplica de la República Romana. La dirigía un consejo elitista y estaba enfocada en el comercio. Su agenda política era mercantil conservadora pero su estilo de vida era relajado: el cosmopolitismo, la ópera, el juego y la prostitución eran famosos en todo el mundo.

Cuando Napoleón llegó a Venecia con su ideario imperialista e igualitario, fue recibido con frialdad. Su plan para Venecia consistió en reurbanizarla, llenarla de arquitectura neoclásica, expulsar a las órdenes religiosas y convertirla en una especie de pequeño Paris con canales. Los jardines públicos fueron su mejor legado, aunque insuficiente para ser visto con simpatía por los venecianos. Cuando los austriacos tomaron el control de la ciudad, la población los aclamó. Según el historiador Tomas E Madden, autor de Venice: a new history, los austriacos respetaron la identidad de la ciudad y le devolvieron cierto sentido de la dignidad. pero la dejaron languidecer en la pobreza. Su gran inversión fue el tren que hoy deja a los mochileros en Santa Lucía. Por esa vía, llegó a Venecia una primera oleada de turistas (en 1845 se contaron por primera vez tantos habitantes como visitantes anuales: 122.000) e ideas modernas como el nacionalismo, que puso la Historia de nuevo en movimiento. En 1848, los irredentistas, los patriotas italianos, se rebelaron y desconectaron la ciudad de los austriacos durante unos días.

Garibaldi partió a su rescate pero no llegó a tiempo. Austria bombardeó la laguna y recuperó su control durante los siguientes 18 años. Hasta 1866, cuando la reunificación de Italia ya había madurado y Vittorio Emmanuel ll liberó Venecia en un clima de euforia. Por esos años, otro poeta inglés, John Ruskin se trasladó a la ciudad. Quedó conmovido por su «belleza moribunda» y acuñó la idea de que Venecia se muere.

No tan deprisa: la Venecia italiana emprendió su modernización. Abrió canales navegables, construyo el gran molino de Giudecca (esa enorme construcción al fondo del Gran Canal que recuerda a la Tate Modern) y urbanizó el Lido, que dejó de ser un arenal por el que trotaban los caballos para convertirse en todo lo que Venecia no era: un lugar de calles rectas y coches, ordenado, sólido y salubre.

En 1915, empezó la construcción del puerto industrial de Maghera y del Ponte de Littorio, destinado al tráfico de coches y peatones. Su efecto fue impredecible: gracias a/por culpa del puente, la clase trabajadora se fue de Venecia y se instaló en Mestre. La ciudad empezó su camino hacia la gentrificacion.

«A lo largo del siglo XX se hizo cada vez más claro que, si el turismo era la principal fuente de ingresos para los venecianos, este proceso implicaría una explotación creciente del pasado sin espacio para la creatividad ni el futuro», explica Salvatore Settis. «Supongo que esa podría haber sido la principal preocupación que alguien como yo tendría en la década de 1950». Pese a todo, Venecia era en 1950 más dudad que nunca. Estaba en su pico demográfico histórico, había recibido al fascismo con alegría y lo había despedido sin traumas. Apenas un par de bombas cayeron sobre la ciudad en 1945. Muchos de sus canales se habían dotado de aceras (en 1850 apenas había espacios peatonales) y los ferrys llegaban desde América con un flujo más que suficiente de dólares.

¿Qué pasó entonces? En 1965, Venecia estrenó un nuevo canal navegable: el Malamocco. La infraestructura permitió aumentar la presión turística y estropeó el equilibrio medioambiental de la laguna. La nueva fragilidad de Venecia fue visible en 1966, el año de la gran inundación de Florencia, que también fue devastador en el norte y convirtió la ciudad en una ruina.

Hubo más cambios. En los años 70, el turismo dejó de ser una actividad elitista al estilo de Ingrid Bergman en Viaggio en Italia. Millones de visitantes de clase media y de presupuestos mínimos llegaron a la ciudad, cada vez más volcada en su monocultivo. Cada año cerraban colegios, juzgados, tiendas de necesidades básicas... Y la vida se envilecía.

Un ejemplo: el carnaval de Venecia. El carnaval había existido en la época de la República pero había desaparecido en el siglo XIX. En 1979, con el fin de ampliar la temporada turística al invierno, Venecia relanzó su carnaval, le inventó una raíz histórica y consiguió que millones de visitantes apareciesen por la laguna en los oscuros meses de enero y febrero. ¿Y todos esos elegantes enmascarados que vemos en las fotos? Son alemanes, ingleses, estadounidenses, chinos… lo que sea menos venecianos.

Settis, en su libro, cuenta que Venecia ha terminado por imitar a todas las little Venice que surgieron como sus réplicas en California, en Macao, en Las Vegas… El modelo original prescindió de la vida normal y empezó a enfatizar sus highlights, que es precisamente en lo que consiste un parque temático.

Settis analiza también todos los gigantescos proyectos, bienintencionados o deshonestos, que se han sucedido con la idea de salvar la ciudad. «Dada la enorme importancia histórica de Venecia y la atención constante de la opinión pública en todo el mundo por esta ciudad, es relativamente fácil atraer dinero a proyectos destinados a proteger a Venecia. Desafortunadamente, es menos fácil capturar la esencia real del problema, verlo en la perspectiva de las posibilidades tecnológicas de nuestro tiempo y diseñar una solución efectiva y eficiente. Esto es lo que sucedió con el Mose, un sistema de esclusas que debería proteger a Venecia y su laguna del acqua alta [que promovió Silvio Berlusconi]. Se ha gastado una enorme cantidad de dinero en los últimos 15 años, más o menos dos mil millones en mera corrupción. Pero el Mose nunca se ha terminado y hay poca certeza de que vaya a funcionar».

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