Zaragoza desconocida: Cementerios alemán y musulmán
(Un texto de Soledad Campo en el Heraldo de Aragón del 12 de octubre de 2013)
Forman parte de la historia de Torrero desde que en la Guerra Civil comenzó a enterrarse en ellos a los soldados musulmanes y alemanes fallecidos en combate. Dos peculiares necrópolis ajenas al trajín de visitantes.
Pasearse por estos dos pequeños camposantos es como acercarse a la herencia germana de la capital aragonesa y palpar una realidad multicultural. Los orígenes de ambos se remontan a la Guerra Civil, cuando se comenzaron a utilizar para que se enterrasen en ellos a los soldados caídos en combate. En los últimos años las comunidades musulmán y alemana trabajan, con mayor o peor fortuna, para recuperar del olvido estos remansos de paz, evitar que el inevitable deterioro siga haciendo mella en ellos y rescatar la memoria de sus ancestros. Que nadie espere un alarde artístico al adentrarse en ellos.
Al final de la avenida de América, en un lateral de la tapia de Torrero, hay dos cancelas cerradas por un candado. Sobre esa puerta puede leerse en letras grandes la leyenda «Deutscher Friedhof» (cementerio alemán). De él cuida la Asociación para la Administración y Conservación del Cementerio Alemán en Zaragoza, creada oficialmente en 1983 por los descendientes de la colonia germana que llegó a la capital aragonesa durante la Primera Guerra Mundial y dueña de los terrenos.
Todo empezó un mes de mayo del año 1916, cuando llegaron a Zaragoza 347 internados alemanes procedentes de Camerún. Su historia e influencia en la capital aragonesa las rastrea el escritor y periodista Sergio del Molino en el libro 'Soldados en el jardín de la paz'. El recinto se inauguró oficialmente el 6 de noviembre de 1941 (año de la cesión del lugar por parte del Ayuntamiento), aunque hay tumbas anteriores a esas fechas, y quedó a cargo del cónsul alemán en la ciudad. La propia colonia se encargó de mantener el lugar desde que en 1945 el consulado germano pasó a ser honorario. Entre las alrededor de 60 lápidas que uno puede llegar a contar conviven las rotas y con inscripciones prácticamente borradas y difíciles de descifrar, con las más actuales y cuidadas. Aunque no tiene un carácter castrense, aquí están las losas de soldados de las dos guerras mundiales y de la contienda española. Sus restos, según consta en el Ayuntamiento de Zaragoza, fueron trasladados en 1982 al cementerio de Yuste (Cáceres), donde se encuentra el único camposanto militar alemán de España.
El pequeño recinto tiene acceso independiente y hay que pedir una llave a la agrupación que cuida de él. Está separado del resto de Torrero por un muro y se ha instalado una valla metálica para evitar actos vandálicos. «En la asociación somos una treintena de personas que pagamos una cuota para mantener el lugar limpio y decente», cuenta Alfonso Kurtz, uno de sus miembros más veteranos. «Hemos intentado ponernos en contacto con familiares de personas enterradas aquí para que repararan tumbas, pero como muchos están fuera de España es difícil». Aquí descansa el músico aragonés Mauricio Aznar desde hace 13 años [en 2013] se han registrado dos inhumaciones.
Para llegar al cementerio musulmán uno tiene que adentrarse en Torrero y caminar hacia el extremo colindante con la Z30. Un cartel lo anuncia en español y árabe, aunque en la valla alguien ha escrito en árabe «Dios es único y Muhammad es su mensajero».
El profano en este tipo de necrópolis se sorprende al primer vistazo, no solo porque las fosas estén orientadas hacia la Meca, sino por la humildad de las tumbas. Dos ladrillos tabiqueros rojizos colocados a la cabeza y los pies las delimitan (en uno de ellos figura el nombre del fallecido) y entre ambos solo hay un promontorio de tierra, rodeado de piedras, que apenas levanta un palmo del suelo. Una muestra de que la muerte iguala a todos. Solo algunos lucen cartelas o flores y el mayor exceso son las tres o cuatro lápidas de baldosines.
«En nuestra religión el entierro debe ser algo muy sencillo», explica Abderrahmen Ben Chaabane, miembro de la comisión mixta de seguimiento del convenio suscrito en mayo [de 2013] por el Ayuntamiento y la comunidad islámica para la gestión del recinto. En líneas generales, el colectivo musulmán se encarga de la gestión directa del nuevo edificio construido para tanatorio (una antigua reivindicación) y realiza la ceremonia preparatoria del cadáver (se lava, purifica y perfuma para después envolverlo en un sudario blanco), además de llevar a cabo los enterramientos. El consistorio realiza los huecos para las sepulturas y autoriza las inhumaciones.
En una rotonda central hay una estrella de ocho puntas (se usan en el Corán para marcar el final de un capítulo), como en las ventanas del tanatorio y las cancelas que dan a la Z30 (por el exterior tienen una media luna y nunca se abren). Se inhuman no solo musulmanes fallecidos en la ciudad, sino también procedentes de Navarra, País Vasco, Logroño y Lérida. En 2012 se enterraron 16 niños y 3 adultos. Ahora, la comunidad quiere regular mejor el tipo de tumbas, esas que, como dice Abderrahmen Ben, «nos recuerdan que todos somos iguales y nos hacen más humildes».
Los enterramientos musulmanes llaman la atención por su extrema sencillez, con dos ladrillos tabiqueros rojizos y un promontorio de tierra rodeado de piedras.Etiquetas: Sin ir muy lejos
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