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jueves, agosto 20

El 'Banksy chino' y su héroe de Tiananmen frente a la superpotencia contagiante

(Un texto de Lucas de la Cal en El Mundo del 31 de mayo de 2020)

Nieto de un cineasta asesinado por la Revolución Cultural, desde Australia se ha convertido en el gran azote de Xi Jinping y las mentiras de China. Hablamos con el enigmático Badiucao de sus obras disidentes.

Hace tantos años que adoptó el apodo de Badiucao para proteger a su familia que le chirría hasta cuando sus padres lo llaman por su verdadero nombre. Sólo su círculo más íntimo lo conoce. Sus colegas, para abreviar, prefieren llamarlo Badi. Si uno pregunta dentro de China quién es Badiucao, le dirán que es un cobarde que huyó y que hasta hace poco ni siquiera se había atrevido a quitarse la máscara con la que salía en las entrevistas. Si uno pregunta fuera de China quién es Badiucao, le dirán que es el caricaturista de las vergüenzas del Gobierno comunista.

¿Quién es Badiucao?

Un artista. Alguien que expresa libremente en sus obras la crítica a un régimen opresor.

Insiste en usar Telegram para hablar porque dice que es una aplicación segura que no controlan en China. Aunque él vive en Melbourne, Australia. Allí se instaló hace 11 años. Desde entonces no ha parado de pintar: dibujos satíricos, inteligentes, sobre la represión en China. Otros más obscenos, directos a la burla del trono de Pekín, con el presidente Xi Jinping como protagonista principal. Siempre rodeado de polémica.

Del lápiz de Badiucao no se salva nadie del aparato chino. Aunque sus críticos señalan que únicamente apunta siguiendo la directriz que quiere Washington: todo lo que venga o digan desde China, malo.

En enero apareció (se extendió), oficialmente, el coronavirus en Wuhan. Entonces, Badiucao cambió la temática de sus últimas obras que estaban dirigidas a denunciar la «represión de la policía china en Hong Kong durante las protestas en la ex colonia británica. A través de sus dibujos ha dado su punto de vista sobre cómo China ha gestionando la pandemia: las «mentiras de las autoridades»; el silencio impuesto a aquellos que denunciaron el brote cuando todo comenzó; la censura de las críticas en redes sociales; la complicidad de la OMS... «Yo tengo muchos amigos en Wuhan que me llamaban a principios de enero para hablarme de la gravedad del virus y el miedo que tenían porque conocían a mucha gente que se estaba infectando. Mientras, el Gobierno decía que ni siquiera se propagaba entre los humanos», cuenta a Crónica el artista.

Badiucao explica su último trabajo basado en la icónica fotografía del hombre solitario apostado frente al tanque en la Plaza de Tiananmen en 1989. «El 4 de junio se cumplen 31 años de aquella masacre, cuando el Ejército de Liberación Popular fue desplegado para acabar con un movimiento de protesta dirigido por estudiantes de Pekín. Yo he cogido al hombre anónimo del tanque como protagonista sujetando un paraguas amarillo, el símbolo prodemocrático de la libertad de Hong Kong. Y el tanque lo he dibujado como si fuera el coronavirus, que simboliza la represión del Gobierno», explica. Como curiosidad, su obra se la presentó la semana pasada frente al Parlamento de Dinamarca en Copenhague el famoso escultor danés Jens Galschiøt.

En marzo, otra obra de Badiucao sobre China y el coronavirus tuvo mucha difusión en redes sociales. En ella, La salud del silencio, simula un cartel de cómo usar una mascarilla, pero en la última viñeta la mascarilla acaba dentro de la boca de una mujer para que no pueda hablar. «Lo dibujé tras la muerte del doctor Li Wenliang, que fue silenciado tras alertar a finales de diciembre del brote de coronavirus», nos explica el artista.

La muerte del médico hizo asomar una rabia sin precedentes en el gigante chino, vomitada con ímpetu en las redes sociales. «A Pekín se le fue de las manos. No contaban con esa reacción popular. Pero ya vivieron algunas oleadas de críticas por su gestión con las protestas de Tiananmen o con el terremoto de Sichuan (2008). Y después no paso nada. Al pueblo lo callaron, a su manera, sin mayor problema. Esta vez las críticas por no hacer caso al médico se eliminaron de Weibo [el Twitter chino] y todo se calmó. Parece que la gente ha comprado el discurso de que China ha actuado de manera ejemplar. Incluso muchos se creen las teorías de que el coronavirus lo llevaron los estadounidenses a Wuhan, es ridículo. La represión y el miedo ha provocado que se elimine el pensamiento crítico y se niegue la verdad. China ha engañado al mundo con el coronavirus, se tiene que investigar el origen», opina Badiucao.

El artista se ganó el mote del Banksy chino porque hasta el año pasado nadie conocía su rostro. Sus obras le habían situado como un disidente, un artista callejero que se ocultaba en las sombras, sólo aparecía de vez en cuando en alguna entrevista o exposición portando una máscara. El símil con el grafitero británico llegó pronto. Pero Badiucao se desenmascaró en junio pasado, por el 30 aniversario de la masacre de Tiananmen. Lo hizo gracias a un documental, El disidente ingenioso de China. «Me ocultaba para proteger a mi familia, porque aún tengo a muchos seres queridos que siguen en China», dice.

Badiucao es nieto de un cineasta que fue perseguido durante la Revolución Cultural (19661976) de Mao Zedong. Siempre cuenta que su abuelo fue enviado a una «granja de reeducación» y después asesinado en la represión antiintelectual, dejando huérfano a su padre cuando era niño.

Se cree que el artista nació en Shanghai en 1986, aunque nunca confirma el año ni lugar de nacimiento. También que en 2007 empezó a estudiar Derecho en la universidad pero que dos años después hizo las maletas y se marchó a estudiar a Australia. En 2011 empezó con la sátira política: caricaturas sobre los líderes chinos y la falta de libertad de expresión. Entonces renunció a su pasaporte de nacimiento. Sus obras ya estaban siendo censuradas y retiradas de las páginas chinas, tenía miedo de acabar en una celda como le pasó a su referente Ai Weiwei, artista encarcelado durante ocho meses en 2011 por delitos económicos. Aunque los defensores siempre han asegurado que su detención fue por sus obras políticamente incorrectas.

Esta semana Badiucao ha vuelto a retomar el tema de Hong Kong como protagonista de sus dibujos. Desde la Asamblea Nacional Popular de China, el evento político más importante del año, el cónclave del Parlamento que acabó el jueves, se ha promulgado una ley de seguridad nacional que, según los críticos, pone en peligro las libertades y autonomía de la ex colonia. Con la batalla del coronavirus ya pasada, un nuevo frente de protestas se avecina en Hong Kong. Y el Banksy chino seguirá con sus obras disidentes que no podría publicar si viviera en China.

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