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domingo, noviembre 8

El diablo por Valderrobres

(La columna de Alberto Serrano Dolader en el Heraldo de Aragón del 28 de agosto de 2022)

Valderrobres, febrero de 1836. El alférez carlista Manuel Santapau (alias Nelet), recibe la orden de formar parte de un pelotón para fusilar a cuatro prisioneras que, desde hacía algún tiempo, los de Cabrera retenían como rehenes. Una de ellas, Mariana, le gustaba, hasta el punto de haberle lanzado cierto día «cuatro cuchufletas de tentación». La conciencia le invitaba a no disparar, rezongó, pero la disciplina se impuso y apretó el gatillo. Tras verla morir, entró en pánico: «Ello fue que sentí luego un frío mortal, y al poco rato caí con tremenda pataleta y convulsiones, blasfemando y clavándome las uñas en el rostro... Por la noche, hallándome en un catre, donde me pusieron con los brazos atados para que no me golpeara, vino el demonio y, cogiéndome por los cabellos, me llevó a un alto monte que llaman Cretas».

Estoy releyendo con ustedes 'La Campaña del Maestrazgo', un regalo literario que Pérez Galdós firmó en 1899, donde el alférez Nelet prosigue: «... lo es que me vi en el picacho de Cretas, entre una caterva de demonios que allí estaban congregados; y después de zarandearme jugando conmigo a la pelota, me mandaron que les adorase, a lo que yo no accedí, y pusiéronme delante toda mi historia, representada en las figuras de las mujeres que perdí y ultrajé, las cuales iban pasando como las estampas de un libro... Ni por esas me conquistaron; y cuando el demonio mayor, o capitán de ellos, me volvió a mi catre, arrojándome en él medio muerto, llamé al padre Vallés, que me consoló, haciéndome aprender de memoria oraciones que bien rezadas ahuyentarían los espíritus malignos».

¡Vaya viaje astral por la comarca del Matarraña! Barrunto que «el picacho de Cretas», al que el carlista se teletransportó oníricamente, no puede ser sino la Picosa (1.079 m) de Valderrobres, desde cuya cumbre se divisa la belleza del paisaje de la zona, puertos de Beceite incluidos (¿o quizá la Caixa, con sus 1.033 metros de cumbre más o menos plana y espaciosa, patrimonio emocional de toda la redolada?). En todo caso, les aconsejo que lean 'La Campaña del Maestrazgo', porque las aventuras del alférez Nelet no acaban ahí: «Restablecido de aquel mal demoníaco, de cuando en cuando venía por mí el diablo que quería ser mi amigo, y me llevaba por los aires, o al fondo de las cuevas que hay en la Portadilla, o a los breñales espesos del río Nonaspe, en lugares adonde ni los búhos penetran». ¡Cómo se divirtió Galdós jugando con la toponimia de la comarca!

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