Farenheit 451
(Leído en el muro de facebook del Club de Lectura ADORO LOS LIBROS, escrito por Danny González)
"Ray Bradbury no era un escritor rico ni consagrado cuando escribió Fahrenheit 451. A comienzos de los años 50 vivía con lo justo, tenía una familia que mantener y no podía permitirse el lujo de alquilar una oficina ni comprar una máquina de escribir propia. Por eso encontró una solución tan curiosa como simbólica: el sótano de la Biblioteca de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).
En ese sótano había máquinas de escribir que funcionaban con monedas, algo parecido a una lavandería, pero para escritores. Cada vez que Bradbury introducía una moneda, la máquina le daba 30 minutos de uso. El sonido constante del tic-tac del reloj y el miedo a perder tiempo marcaron el ritmo de la escritura. No había espacio para distracciones, bloqueos creativos ni frases innecesarias. Cada palabra costaba dinero.
Bradbury escribió la novela en aproximadamente nueve días, gastando alrededor de 9 dólares con 80 centavos, lo que hoy equivaldría a poco más de 100 dólares. Esa presión económica influyó directamente en el estilo del libro: frases cortas, ritmo acelerado, escenas intensas, casi sin pausas. El mundo de Fahrenheit 451 parece estar siempre corriendo… exactamente como su autor mientras escribía.
Antes de convertirse en novela, Fahrenheit 451 comenzó como un relato más corto titulado “The Fireman”. Bradbury amplió esa historia en el sótano de la biblioteca, rodeado literalmente de libros, mientras escribía una obra sobre un futuro en el que los libros son quemados y prohibidos. La ironía es brutal: una biblioteca dando vida a una de las mayores defensas de la lectura jamás escritas.
Bradbury no escribió el libro solo como crítica a la censura estatal. De hecho, él mismo aclaró años después que su mayor miedo no era únicamente el gobierno quemando libros, sino una sociedad que deja de leer por comodidad, entretenimiento vacío y falta de pensamiento crítico. Para él, el verdadero peligro era la gente eligiendo no pensar. Por eso el fuego en la novela no solo destruye papel, destruye ideas.
El título también tiene una historia curiosa. Bradbury consultó con un jefe de bomberos cuál era la temperatura a la que el papel se quema de forma espontánea, y le dijeron 451 grados Fahrenheit. Más tarde se supo que la cifra no es del todo exacta, pero ya era perfecta como símbolo: precisa, científica, fría… como el mundo que describe la novela.
Quizá lo más poético de todo es esto: Fahrenheit 451 nació del silencio de una biblioteca, del sonido mecánico de una máquina de escribir y de un escritor escribiendo contra el reloj. Un libro que defiende la memoria, el pensamiento y la palabra, creado bajo presión, rodeado de aquello que la historia misma intenta destruir.
No es solo una novela sobre libros prohibidos. Es un libro escrito para que los libros no desaparezcan. Y tal vez por eso sigue ardiendo en la mente de los lectores, incluso décadas después.
Etiquetas: libros y escritores
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