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martes, febrero 1

Anastasio: pagar por respirar

(Parte de un artículo de Félix Borstein en el suplemento económico de El Mundo del 21 de febrero de 2010)

Dice Montesquieu en el Capítulo XVI (De las conquistas de los mahometanos) del libro XIII, primera parte, del imperecedero Del espíritu de las leyes, que "los tributos excesivos fueron la causa de aquella extraña facilidad que encontraron los mahometanos en sus conquistas; los pueblos se vieron sometidos a un tributo sencillo que se pagaba y se recibía comodamente, en lugar de aquella serie de vejaciones continuas que la avaricia sutil de los emperadores había imaginado". Y añade, sin precisar la fuente, que incluso el emperador "Anastasio ideó uno por respirar el aire: ut quisque pro haustu aeris penderet".

Es curioso este parangón de anticuario entre unos tributos al consumo, fáciles de cobrar por una autoridad y de soportar por la plebe, agradecida, frente a un sistema fiscal basado en unos impuestos tan personales que incluso gravaban algo tan íntimo e intransferible como es el hecho mismo de respirar. Anastasio rigió los destinos del Imperio romano de Oriente entre os años 419 y 518. Una profecía le había augurado su muerte fulminado por un rayo y así fuer porque en una excursión campestre una tormenta le obligó a refugiarse en una casa medio en ruinas, destruyendo un rayo el techo del edificio, que se desplomó sobre él, aplastándole. El malogrado emperador hizo, pese a su muerte prematura, una reorganización del Tesoro bizantino que llenó las arcas imperiales y, tras el interludio del mediocre Justino, proporcionó a Justiniano los mimbres necesarios para conseguir la época de mayor esplendor del Imperio.

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