Cuéntame un cuento...

...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..

domingo, mayo 20

Encuesta telefónica


(Extractado de la novela "Lo mejor que le puede pasar a un cruasán", de Pablo Tusset)

Sólo el timbre del teléfono fue capaz de devolverme al planeta Tierra.
—Siií.
—Buenos díaaaas. Le llamo de Centro de Estudios Estadísticos con motivo de un estudio general de audiencia de medios. ¿Sería tan amable de atendernos durante unos segundos?, será muy breve.
Era la voz de una chica tele—márqueting, con esa extrema dulzura que sin embargo no puede ocultar la mala leche típica del que detesta su trabajo. Pero lo peor es que el rollo de la encuesta tenía toda la pinta de ser sólo una excusa para intentar venderme algo, y eso sí que me jode.
Decidí ponérselo difícil:
—¿Una encuesta...? Qué bien: me encantan las encuestas.
—Ah, ¿sí?, pues está de suerte... ¿Me podría decir su nombre, por favor?
—Rafael Bolero.
—Rafael Bolero qué más.
—Trola: Rafael Bolero Trola.
—Muy bien, Rafael, ¿cuántos años tienes?
—Setenta y dos.
—¿Profesión?
—Pastelero.
—Pas—te—le—ro, estupendo. ¿Te gusta la música?
—Uf: horrores.
—¿Siií?: ¿y qué tipo de música?
—El Mesías de Haendel y La Raspa. Por este orden.
La tía estaba empezando a titubear, pero no se dio por vencida. Todavía preguntó si oía la radio, si veía la tele, si leía periódicos y cuáles y al fin, después de soltarme el rollo entero, abordó la cuestión:
—Muy bien, Rafael... Pues mira: en agradecimiento por tu colaboración, y como veo que te gusta la música clásica, te vamos a regalar una colección de tres CD's, casets o discos completamente gratis. Sólo nos tendrás que abonar los gastos de envío: dos mil cuatrocientas doce, ¿te parece bien?
—Ay, pues lo siento mucho, pero tendría que consultarlo con mi marido...
Mi voz es inequívocamente masculina, del tipo cavernoso, y la tía estaba ya alucinando. Fue el momento justo de lanzarme a saco:
—Huy, perdona, no te extrañes, es que verás, somos una pareja de hecho homosexual, ¿no sabes?, vivimos juntos desde que salimos del centro de desintoxicación y montamos la pastelería, va para seis meses. Y mira por dónde un cliente que también es gay y nos compra lionesas (porque, me está mal el decirlo, pero tenemos unas lionesas di—vi—nas...), pues resulta que nos inició en la Hermandad de la Luz por Antonomasia..., ¿pero ya conoces la Hermandad, supongo?
—Pues... no...
—Uh, pues tienes que conocerla. Nosotros estamos encantados. Fíjate que por las mañanas mi marido va a hacer apostolado y yo me quedo en la pastelería; y por la tarde invertimos el turno... ¿Así que tú no has visto la Luz todavía?
—No, no...
—¡No?, pues no te apures que eso se arregla enseguida. A ver, ¿cómo te llamas?
La tía estaba ya acojonada del todo.
—No, es que...
—O mejor, mira: dame tu dirección y esta tarde vengo a verte y charlamos, ¿qué te parece?
—No, perdone, es que no nos permiten dar la dirección...
—¿Que no te permiteeen...? Eso no es problema: yo inmediatamente te localizo la llamada en el ordenador y envío a una Gran Hermana Lésbica para que hable con tu jefe, ¿vale? Ah, ya me salen los datos en pantalla, a ver..., ¿llamas de Barcelona, verdad? Si esperas un momento me saldrá enseguida la dirección exacta...
No resistió más, oí el clic del teléfono colgado a toda prisa.

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