La amistad nos salvará
(Un artículo de Elena Castelló en la revista Mujer de Hoy del 26 de diciembre de 2020)
Es la red que nos sostiene, el apoyo que nos alienta, mejor que una pareja. Si tienes un amigo, estarás bien pertrechado para navegar la vida, porque tendrás un mayor bienestar emocional y una mejor salud. Aunque sea a través de Zoom.
Lo dijo el filósofo griego Aristóteles en el siglo IV a.C.: "La amistad es una relación de mutua benevolencia". El amigo está cerca, está pendiente, consuela, aconseja, dice la verdad, acoge. Busca nuestro bien. En un tiempo sin besos ni abrazos, obligados a una convivencia constante, sin intimidad, o a una soledad lacerante, la reciprocidad de los amigos puede ser el bálsamo que aplaque el miedo y la incertidumbre.
"La amistad tiene muchísima importancia en situaciones como la que vivimos —explica la psicóloga Silvia Congost—. Nuestro mayor miedo es a la soledad, al abandono, al aislamiento. Sentir que tenemos vínculos fuertes e importantes nos dará la seguridad que necesitamos para seguir adelante. Sabremos que no estamos solos, que hay otras personas a quienes les importamos, a quienes les importan nuestro dolor y nuestro bienestar y estarán ahí si es necesario", asegura la autora de Confinados, a solas o en compañía (Ed. Zenith).
"La amistad ha funcionado como un antídoto en estos meses", reflexiona Francesc Torralba, filósofo y catedrático de Ética de la Universidad Ramon Llull, de Barcelona. A su juicio, ha sido "una amistad curiosa, articulada tecnológicamente, pero no por ello menos cercana. La tecnología nos ha permitido mantener el contacto con nuestros amigos, nos hemos podido ver y escuchar". La amistad crea una comunidad confidencial, una transferencia de intimidad mutua que Zoom o Skype han seguido haciendo posible. Incluso han facilitado esa intimidad. "Quizá no hubiéramos sido capaces de transmitir ciertas confidencias cara a cara, pero sí lo hemos hecho a través de la pantalla. Ha sido liberador".
La nueva amistad digital ha sido, sin duda, una tabla de salvación. "Es precisamente en las catástrofes y desgracias cuando se pone de manifiesto la amistad auténtica —asegura Torralba—. Cuando todo te va bien, los amigos se multiplican, pero es una amistad útil, instrumental, que desaparece". ¿La pandemia nos ha permitido depurar? "Hemos visto quiénes han estado ahí, quiénes se han acordado de nosotros y quiénes no —añade Silvia Congost—. Eso nos ayuda a ver a quién tenemos que dejar, para dejar espacio a otros que encajen más con lo que somos y lo que buscamos".
Además de sanar emociones, la amistad es vital porque sana el cuerpo, literalmente. Un reciente estudio, dirigido por William Bukowski, investigador del Comportamiento Humano de la Universidad de Concordia (Montreal, Canadá), muestra que las amistades forjadas en la infancia tienen beneficios que se prolongan en la edad adulta. "Proporcionan mayor estabilidad emocional y minimizan el impacto de las experiencias negativas", dice Bukowski. Además, tener un buen amigo en la infancia tiene respuesta directa en la producción de cortisol, la hormona del estrés: cuando los niños están junto a sus amigos, su nivel de cortisol es menor en situaciones estresantes.
Otra investigación de la Universidad de Brigham Young (EE.UU.) ya había dejado constancia de la poderosa influencia de la amistad en la fisiología. Tras examinar 148 estudios a lo largo de siete años, obtuvo resultados impactantes: la amistad aumenta en un 50% las posibilidades de supervivencia. Por el contrario, una interacción social pobre es tan dañina como fumar 15 cigarrillos al día, ser alcohólico o llevar una vida sedentaria, y es dos veces más dañina que la obesidad. "Cuando alguien está conectado a un grupo y siente que es responsable de otras personas, se cuida más y se arriesga menos", concluían los investigadores. Las relaciones de intimidad como la amistad influyen, además, en presión sanguínea más baja, menor circunferencia abdominal, menor masa corporal y menor índice de inflamación, según la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.), que concluye que unas buenas relaciones en la adolescencia suponen mejor salud adulta.
Pero, ¿por qué una persona no tiene amigos? "La amistad es cosa de dos: no puedo ser amigo de alguien si no quiere ser amigo mío. Otra cosa es la caridad o la compasión, pero eso no es amistad", responde Torralba. Hay personas cuyo mundo social es muy limitado, que viven en pueblos pequeños o trabajan en un entorno aislado. Son las circunstancias, pero también está el carácter, que tiene que ver con la amabilidad, con ser agradable y generar una corriente de simpatía.
Forjar vínculos implica un talento que no tiene todo el mundo y uno de los elementos que precisa ese talento es no ser exigente, ególatra, narcisista. "Esto mata cualquier amistad. Nadie quiere ser el instrumento de nadie, queremos ser escuchados y reconocidos", señala Torralba. La amistad implica descubrirse, quitase la máscara, saber escuchar, aprender a ser vulnerable y a cuidar la vulnerabilidad del otro. Deseas su éxito, no juzgas, ni esperas que el otro sea diferente. "Para que una relación entre dos personas funcione —concluye Congost—, debemos sentir que hay equilibrio entre el dar y el recibir. Si se descompensa, la relación acabará siendo tóxica". ¿Estamos preparados para ser buenos amigos? ¿Para entender, acompañar, consolar? Si hemos madurado lo suficiente, la respuesta probablemente es sí.
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