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lunes, febrero 28

Juan de la Cosa, un hombre de mar II

(Y seguimos)

A finales de 1500, el navegante Rodrigo de Bastidas, que había conseguido licencia para explorar el nuevo continente, acude a Juan De la Cosa para pedirle consejo sobre la ruta a seguir. Finalmente, decide que El Vizcaíno sea el primer piloto de su flota, que partirá en 1501 para Tierra Firme -es decir, para el territorio continental situado al sur de Las Antillas-. En este cuarto viaje exploraron las costas del sur de Panamá, Colombia y Venezuela y tuvieron su más y sus menos con las tribus indígenas, que salían literalmente huyendo al ver las poderosas herramientas de los españoles: los caballos y las armaduras donde rebotaban las lanzas. Las amenazas de naufragio de las naves por culpa de la broma (un molusco que perforaba las cuadernas de roble de las quillas) y la detención de Bastidas -acusado de negociar oro con los indígenas- hicieron que De la Cosa regresara a Cáiz en 1502.

Los cargos contra Bastidas no hicieron mella en el respaldo de los Reyes Católicos a Juan De la Cosa. De hecho, a los cuatro meses de volver es nombrado alguacil mayor de Urabá (Colombia) y es enviado a Portugal a una arriesgada misión política: descubrir qué había de cierto en la sospecha de que varias naves lusas estaban explorando, sin permiso ni abono de tasas, los territorios españoles del Nuevo Mundo. No saldrá muy bien parado de este trabajo puesto que será encarcelado por el rey Manuel I el Afortunado e Isabel La Católica tendrá que intervenir para conseguir su libertad.

No obstante, su experiencia en estos asuntos le hará liderar la expedición que ordenó la Corona de Castilla: bajo su mando, cuatro naves patrullaron entre 1504 y 1506 las costas americanas entre la isla Margarita y el golfo de Urabá para impedir posibles incursiones portuguesas. Tras este quinto viaje, tomó parte en la Junta de Burgos, en la que la Monarquía convocó a los cuatro mejores navegantes del momento (Americo Vespucci, Vicente Yañez Pinzón, Juan Díez de Solís y De la Cosa) para que opinaran sobre cómo se debían administrar los territorios descubiertos. Asimismo, su tarea de vigilante de los portugueses parecía no tener fin, pues fue solicitado por la Casa de Contratación para capitanear una flotilla de barcos que vigilaría la costa entre Cádiz y el Cabo de San Vicente para impedir la llegada de naves lusas. Una misión que fracasó y tras la cual se volvió a embarcar con Rodrigo de Bastidas en su sexto viaje (1507-1508) a América, con el fin de obtener beneficios económicos.

En noviembre de 1509 emprendería su séptimo y último viaje. La misión encargada por la Corona era mediar entre Alonso de Ojeda y Diego Nicuesa, los dos gobernadores de Tierra Firme, que no se ponían de acuerdo en ubicar los límites de sus respectivos territorios. De la Cosa propuso el río Grande del Darién (Panamá) como frontera, y Ojeda decidió tomar posesión de sus tierras, Nueva Andalucía, desembarcando en la actual bahía de Cartagena de Indias y desoyendo el consejo de De la Cosa, que le había propuesto atracar lejos de una agresiva tribu que habitaba en la zona. El 28 de febrero de 1510, en el transcurso de uno de los enfrentamientos con los indígenas, De la Cosa falleció atravesado por decenas de flechas bañadas en veneno. En Turbaco (Colombia), la población donde murió, se levanta hoy un pequeño monumento que recuerda su figura y su legado: el del cartógrafo que hace cinco siglos supo dibujar, de una vez y para siempre, el mapa del mundo en el que vivimos.

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