Cuento de Navidad
(Una publicación de "La Casa del Saber" en Facebook el 20 de diciembre)
Cuando empezó a escribir el libro, estaba asfixiado por las deudas. Con un quinto hijo en camino y los gastos familiares en aumento, Dickens se enfrentaba a una crisis financiera muy real.
Fue esa desesperación personal, combinada con una indignación feroz ante las desigualdades sociales de la Inglaterra victoriana, lo que alimentó el delirio de seis semanas en el que escribió Cuento de Navidad.
Cuando publicó Cuento de Navidad el 19 de diciembre de 1843, probablemente no tenía idea de que estaba creando una obra maestra eterna.
Publicado el 19 de diciembre de 1843, el libro fue un éxito inmediato. La primera tirada, de 6.000 ejemplares, se agotó para Nochebuena. Para finales de 1844, ya se habían publicado trece ediciones.
Dickens insistió en una alta calidad de producción, con una lujosa encuadernación de tela roja, páginas con cantos dorados e ilustraciones coloreadas a mano por John Leech, para que fuese un regalo hermoso.
Aunque esos costos elevados al principio redujeron sus ganancias, el impacto cultural del libro fue inmediato e innegable.
Exactamente 180 años después, este “pequeño libro fantasmal” sigue siendo profundamente vigente… e incluso revolucionario. Hoy no es solo un clásico literario; es un imprescindible de los regalos navideños y un pilar de las noches de películas en familia en Nochebuena.
En el fondo, la trama es un mito universal de redención. Acompañamos a Ebenezer Scrooge, un avaro tacaño y solitario que ve la Navidad como una “patraña”. Su transformación comienza en Nochebuena tras la visita inquietante del fantasma de su difunto socio, Jacob Marley, seguida por los tres Espíritus de la Navidad: Pasado, Presente y Por Venir.
A través de los ojos de Scrooge, presenciamos su evolución:
El Pasado: Un niño solitario olvidado por su familia y un joven que cambió su primer amor por un “Ídolo de Oro”.
El Presente: La calidez de quienes tienen tan poco, y aun así dan tanto.
El Futuro: La consecuencia fría y oscura de una vida vivida solo para uno mismo.
Hoy todos somos un poco Scrooge.
En nuestra era moderna, las palabras de Dickens resuenan más hondo que nunca. Vivimos en un mundo cada vez más digitalizado, caótico y mecánicamente frío.
Nuestras calles se llenan de luces al estilo Las Vegas: espectaculares, pero a menudo ocultando a una humanidad frenética que corre para comprar cosas y preparar cenas “perfectas” como si fueran para un público de televisión.
En este clima de ansiedad y estrés consumista, el cinismo inicial de Scrooge se vuelve extrañamente cercano. Cuando pregunta: “¿Por qué estar alegres? ¿Por qué tirar el dinero? ¿Por qué obligarnos a ser ‘buenos’ por un solo día?”… una parte de nosotros lo entiende. Muchos nos sentimos agotados o apagados. Como sugiere Dickens, si no tenemos una luz encendida por dentro, no tenemos nada que ofrecer a los demás.
La historia detrás del libro es tan dramática como la ficción. En 1843, Dickens atravesaba una crisis profesional. A pesar de su fama, sus libros recientes no habían funcionado, su cuenta bancaria se vaciaba y tenía una familia numerosa que mantener.
Como se muestra en la película "El hombre que inventó la Navidad" (donde Dickens es interpretado por Dan Stevens), el autor estaba desesperado por un éxito.
5 de octubre de 1843: Tras un evento de recaudación de fondos en Manchester, Dickens se obsesionó con una historia capaz de exponer la crueldad de la industrialización y la situación de los pobres. De octubre a diciembre de 1843: Dickens escribió febrilmente durante seis semanas. Se dice que caminaba quince o veinte millas por las calles negras de Londres durante la noche, llorando y riendo mientras los personajes tomaban forma en su mente.
Dickens no solo escribió un libro; revitalizó una celebración que, en aquel momento, estaba perdiendo popularidad. Nos recordó que el verdadero calor de la Navidad no viene del hogar, sino de la conexión auténtica.
Ya sea que leas el texto original o veas alguna de las muchas adaptaciones cinematográficas con tu familia esta Nochebuena, el mensaje sigue siendo el mismo. Es una llamada a volver a lo esencial: una sonrisa, una copa compartida, una mirada de amor. Me recuerda la sabiduría de Séneca: “Si vis amari, ama” (Si deseas ser amado, ama).
Este año, mientras buscamos esa luz interior, ojalá todos encontremos un poco de la alegría final de Scrooge: brindando por la vida y mirando el mundo con bondad una vez más.
Etiquetas: libros y escritores
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