(Un texto de Carmen Gómez-Cotta
en el suplemento El Viajero de El País del 30 de octubre de 2021)
Casitas bajas y blancas, calles
empedradas y empinadas, recónditos patios nazaríes, panorámicas que alcanzan el
mar. Vejer de la Frontera seduce a primera vista. En su carácter se aprecian
restos romanos, cartagineses y fenicios (quienes implantaron la pesca del atún
de la almadraba), aunque más notable es la impronta árabe, porque durante 540
años los musulmanes dominaron este estratégico enclave gaditano. En 1250,
Fernando III el Santo lo recuperó para la Corona española; pero no fue hasta
1285, con Sancho IV, cuando pasó definitivamente a manos cristianas. El
resultado de estas conquistas es una amalgama que se aprecia en su
arquitectura, diseño urbano y gastronomía; y para descubrirla, lo mejor es
recorrerla en otoño, cuando el calor amaina y sus callejuelas se vuelven más
tranquilas.
9.30 - Coger fuerzas
Para zambullirse en la cultura
vejeriega nada mejor que empezar el día desayunando una tostada de manteca
colorá en la Venta Pinto (ventapinto.com), un lugar con más de 400 años de
historia, a los pies de la montaña, que servía de alto en el camino para los
viajeros. Si prefiere arrancar con algo más dulce, el tocino de cielo no se
puede obviar. Y si lo suyo son los desayunos tradicionales, decántese por el
clásico andaluz de pan con aceite, tomate y jamón; añada queso payoyo (de cabra
payoya, autóctona de la sierra de Cádiz) y disfrute del bocado más gaditano.
Pida lo que pida, tómelo en la terraza disfrutando de las vistas.
10.30 - Cinco puertas
El casco histórico queda dentro
de las murallas, levantadas en el siglo XV, y su centro neurálgico es la plaza
de España, con su colorida fuente de azulejos, sus grandes palmeras y sus
buganvillas. A un lado, el Arco de Sancho IV, la puerta más antigua (XIII) y
mejor conservada, da a la Casa del Mayorazgo, donde recrear cómo era vivir en
comunidad (compartiendo aseos, cocinas y patios) y contemplar una buena
panorámica de la ciudad, el campo y la costa desde su torre medieval. Al otro
lado, el Arco de la Villa lleva a la iglesia del Divino Salvador, pegada al
Arco de la Segur, que se reconoce por su torre del campanario, construida sobre
un antiguo minarete.
Bajando esa misma calle aparece
el convento de los Concepcionistas adherido al callejón más emblemático; el
Arco de las Monjas: una sucesión de contrafuertes construidos para sujetar uno
de los lados de la capilla del convento y que da paso al barrio de la Judería,
repleto de tiendas artesanales y pequeñas galerías. Al final de la calle se
alza el castillo de los siglos IX y X, que hoy es un edificio residencial cuyo
patio nazarí, lleno de jazmines, está abierto al público. Y tras el castillo,
el Arco de Puerta Cerrada conduce al mirador de la cobijada vejeriega, donde se
alza la escultura de una mujer vestida de negro, que solo deja al descubierto
su ojo izquierdo y es el símbolo de esta ciudad.
Hay quien cree que el traje de
cobijada de Vejer es herencia de su pasado islámico, pero este se remonta a los
siglos XVII y XVIII y sigue el modelo castellano de manto y saya.
13.00 - Aperitivo en el
mercado
La antigua plaza de Abastos dio
paso hace unos años al mercado gastronómico San Francisco (calle de San
Francisco, 3), donde los tenderetes tradicionales comparten cartel con puestos
de productos gourmet. Lo mejor es pasear por todos (sin perderse los
azulejos del techo), seleccionar varias cosas y comerlas en las mesas del
centro. ¿Sugerencias oriundas? Lomo en manteca, almuerzo campero (guiso de
cerdo), carne de retinto (ternera de Cádiz), atún rojo de la almadraba o algún
queso. Eso sí, deje hueco para el almuerzo; el lugar lo merece.
15.00 - Huevos fritos con
historia
Los huevos fritos con papas y
jamón de Antonio Esquivel y su cuñada Maruja Gallardo en la Venta El Toro, a
las afueras de Vejer, son conocidos en toda España. Abierto desde los años
cuarenta, por aquí han desfilado figuras emblemáticas de la política y la
cultura, como los toreros Dominguín y Paquirri, cuyas historias, contadas con
la gracia de un orador de pro como es don Antonio, amenizan la comida. El
almuerzo campero y los guisos del día son otros hitos. Parada obligatoria para
la que es necesario reservar (956 45 14 07). En otoño e invierno solo abre a
mediodía.
17.00 - Entre molinos
¿Quién dijo que solo hay molinos
de viento en La Mancha? Vejer cuenta también con molinos construidos en el
siglo XIX para moler el trigo. Ya no se usan, pero son parte de su legado
histórico cultural. En el parque Hazas de Suerte se pueden apreciar varios.
Después, en un paseo de 10 minutos, disfrute de un buen café en El Poniente
(avenida de Buenavista), con una terraza fabulosa desde donde gozará de unas
vistas con la playa de El Palmar de fondo. Las puestas de sol aquí son
legendarias.
20.00 - Un clásico
Un aperitivo antes de la cena en
La Casa del Vino (plaza de España) es un clásico. Rodeado de barricas, es el
lugar perfecto para degustar algún vino de la zona. Si los sabores dulzones le
atraen, pruebe una copita de cream, o vino de los ingleses, un tipo de
jerez que resulta de una mezcla (cabeceo) de vinos secos con una base de
oloroso, que le da esa intensidad y textura aterciopelada. La Taberna La
Judería es otra buena opción por sus tapas y las vistas de la ciudad.
21.00 - Cena en un granero
del XVI
¿Le apetece un viaje gastronómico? Reserve entonces en
El Jardín del Califa (califavejer.com) y prepare el paladar para saborear
Marruecos, Turquía, Líbano. Este antiguo granero del siglo XVI cuenta con un
enorme jardín para cenar entre palmeras, dos comedores y un reservado en lo que
antaño fue un aljibe de la época musulmana. El restaurante forma parte de La
Casa del Califa (14), un hotel construido sobre un edificio del siglo X que
conserva la esencia andalusí. Si le apetece algo más español, vaya a Casa Varo
(casavaro.com) a homenajearse con atún rojo de almadraba o a Las Delicias
(lasdeliciasvejer.com), un antiguo teatro con conciertos en directo. Y si
todavía tiene ganas de más, tómese la última en La Bodeguita (Marqués de
Tamarón, 1) o La Central (Teniente Castrillón, 5).Etiquetas: Sitios donde perderse