Cuéntame un cuento...

...o una historia, o una anécdota... Simplemente algo que me haga reir, pensar, soñar o todo a la vez, si cabe ..Si quereis mandarme alguna de estas, hacedlo a pues80@hotmail.com..

miércoles, junio 3

Costumbres sociales: Finlandia

(Leído en el muro de Cienciatum de Facebook. Y sí, esto ocurre; yo viví allí y doy fé) 

En Finlandia, a diferencia de otras culturas europeas, la conversación trivial o el "small talk" son casi inexistentes. En este país, no solo no se fomenta, sino que ni siquiera existe un concepto de ello en el idioma finlandés. Muchos niños, al aprender inglés, descubren este tipo de interacción como algo esperado cuando hablan con extranjeros. 

En reuniones sociales, los finlandeses no sienten la necesidad de llenar los silencios; a menudo, estos pueden durar minutos sin causar incomodidad. Esta preferencia por el silencio se extiende a otras partes de los países nórdicos, como Trondheim o Tromsø. La cultura finlandesa valora las conversaciones significativas y, en lugar de llenar cada pausa con palabras vacías, prefieren la calma. Así, si alguna vez te encuentras en una situación social en Finlandia, recuerda que el silencio no es algo negativo, sino un espacio para la reflexión, y mejor evitar iniciar conversaciones sobre el clima.

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martes, junio 2

Tu perro sabe lo que se hace cuando te mira con esos ojitos…

(Un texto de Carlos Manuel Sánchez en el XLSEMANAL del 24 de abril de 2022)

La evolución ha favorecido la expresividad. Y tu perro finge. A esa conclusión ha llegado una investigación que compara los gestos de perros, lobos y humanos.

Cuando tu perro te pone ojitos de cachorro, puede que esté triste, pero lo más probable es que te esté manipulando. Tu perro finge, un rasgo de inteligencia. Y no solo lo hace adrede, también sabe que es irresistible.

Es un actor consumado que ha perfeccionado su repertorio de gestos, miradas y sonidos durante milenios. Y logra transmitir emoción, dramatismo o urgencia a cambio de una recompensa: comida, un paseo, juego, caricias. Esta es la conclusión de un equipo internacional de antropólogos y biólogos evolutivos de la Universidad de Duquesne (Estados Unidos), dirigido por Anne Burrows, que ha estudiado secciones transversales de los músculos faciales de perros, lobos y humanos. Y ha comprobado que los perros tienen más fibras de contracción rápida. Más incluso que los humanos, lo cual es sorprendente porque los humanos tenemos muchas en torno a los labios y las mejillas que nos permiten sonreír y hacer mohínes... Y, desde luego, muchas más que los adustos lobos. Esto dota a las expresiones caninas de una gran espontaneidad.

ROMPER EL HIELO

No siempre fue así. Las razas más antiguas, como los huskys, mastines y show shows, son menos expresivas. Pero la evolución ha favorecido ese rasgo. Por una buena razón: romper el hielo entre especies cuyos intereses podían entrar en conflicto. «Los perros son nuestros compañeros más cercanos. Investigar las sutilezas de ese vínculo también nos ayuda a entender nuestra evolución como seres humanos», explica Burrows. El grupo de investigación ha estudiado cómo la anatomía de los perros se ha ido modificando a lo largo de la historia (no tanto la de los lobos) y cómo estos cambios han tenido consecuencias.

ELLOS TE DOMESTICAN

Todavía es objeto de debate dónde, cuándo y cómo los seres humanos y algunos lobos empezaron a cooperar. Hace entre 15.000 y 35.000 años, en regiones de Europa y Asia, tribus de Horno sapiens y algunos Canis lupus, los menos ariscos de la manada, estrecharon lazos, seguramente porque a ambos les convenía. Juntos cazaban, comían y se protegían de los depredadores. Algunos nos miraron a los ojos (los lobos no lo hacen) y a partir de ese momento empezaron a descifrar nuestros rostros y fueron adoptando expresiones que provocaban reacciones en sus dueños. Con el tiempo, y mediante ensayo y error, lograron obtener la reacción deseada. «La comunicación gestual es un rasgo muy infrecuente entre especies no emparentadas. Los perros obtienen pistas de nuestras caras y, a su vez, son capaces de darnos pistas a nosotros. Para ello han tenido que modificar su musculatura facial», explica la antropóloga. Finalmente, con una convivencia tan estrecha y prolongada, la domesticación se convierte en un proceso dual. Por eso el perro consigue, con sus artes escénicas, que te levantes de la cama y lo saques a pasear.

LA SEDUCCIÓN CANINA EN TRES PASOS

LA MIRADA DEL 'CHICO MARTINI': EL PODER DE LEVANTAR LAS CEJAS

Burrows y su equipo han descubierto que una gran variedad de razas de perros tiene un conjunto de fibras musculares en torno a los ojos que les permiten levantar las cejas. Los lobos no tienen ese atributo. Esto sugiere que, durante el proceso de domesticación, los humanos seleccionaron a individuos con rasgos más amistosos, como el simpático enarcamiento de las cejas, así como dientes y hocicos más pequeños,

ESA SONRISA LADEADA: FIBRAS RÁPIDAS PARA LA ESPONTANEIDAD

Estudiando las secciones transversales de los músculos faciales, los investigadores han descubierto que los perros tienen una gran cantidad de músculos de contracción rápida en la cara. Las fibras rápidas permiten una mayor espontaneidad, pero también causan una mayor fatiga. Pruebe a mantener la sonrisa un minuto y lo comprobará. En los humanos también abundan las fibras rápidas, pero se privilegia el uso de fibras lentas. Esto tiene una explicación: «Los humanos utilizamos el habla, y eso significa que tenemos que ralentizar los labios para poder articular claramente los sonidos».

Y LA VOZ IRRESISTIBLE: LADRIDOS EN VEZ DE AULLIDOS

Los antropólogos sospechan que les humanos favorecieron para la domesticación a los lobos que tenían vocalizaciones más cortas. La razón es que buscaban animales que pudieran avisarlos de cualquier amenaza repentina. El aullido corto pasó a convertirse en un ladrido. Los ladridos caninos componen un lenguaje de gran sofisticación en comparación con la pobreza semántica de los lobos, que solo ladran en contadas ocasiones (para alertar a una manada cercana).

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lunes, junio 1

24 horas en Vejer de la frontera

(Un texto de Carmen Gómez-Cotta en el suplemento El Viajero de El País del 30 de octubre de 2021)

Casitas bajas y blancas, calles empedradas y empinadas, recónditos patios nazaríes, panorámicas que alcanzan el mar. Vejer de la Frontera seduce a primera vista. En su carácter se aprecian restos romanos, cartagineses y fenicios (quienes implantaron la pesca del atún de la almadraba), aunque más notable es la impronta árabe, porque durante 540 años los musulmanes dominaron este estratégico enclave gaditano. En 1250, Fernando III el Santo lo recuperó para la Corona española; pero no fue hasta 1285, con Sancho IV, cuando pasó definitivamente a manos cristianas. El resultado de estas conquistas es una amalgama que se aprecia en su arquitectura, diseño urbano y gastronomía; y para descubrirla, lo mejor es recorrerla en otoño, cuando el calor amaina y sus callejuelas se vuelven más tranquilas.

9.30 - Coger fuerzas

Para zambullirse en la cultura vejeriega nada mejor que empezar el día desayunando una tostada de manteca colorá en la Venta Pinto (ventapinto.com), un lugar con más de 400 años de historia, a los pies de la montaña, que servía de alto en el camino para los viajeros. Si prefiere arrancar con algo más dulce, el tocino de cielo no se puede obviar. Y si lo suyo son los desayunos tradicionales, decántese por el clásico andaluz de pan con aceite, tomate y jamón; añada queso payoyo (de cabra payoya, autóctona de la sierra de Cádiz) y disfrute del bocado más gaditano. Pida lo que pida, tómelo en la terraza disfrutando de las vistas.

10.30 - Cinco puertas

El casco histórico queda dentro de las murallas, levantadas en el siglo XV, y su centro neurálgico es la plaza de España, con su colorida fuente de azulejos, sus grandes palmeras y sus buganvillas. A un lado, el Arco de Sancho IV, la puerta más antigua (XIII) y mejor conservada, da a la Casa del Mayorazgo, donde recrear cómo era vivir en comunidad (compartiendo aseos, cocinas y patios) y contemplar una buena panorámica de la ciudad, el campo y la costa desde su torre medieval. Al otro lado, el Arco de la Villa lleva a la iglesia del Divino Salvador, pegada al Arco de la Segur, que se reconoce por su torre del campanario, construida sobre un antiguo minarete.

Bajando esa misma calle aparece el convento de los Concepcionistas adherido al callejón más emblemático; el Arco de las Monjas: una sucesión de contrafuertes construidos para sujetar uno de los lados de la capilla del convento y que da paso al barrio de la Judería, repleto de tiendas artesanales y pequeñas galerías. Al final de la calle se alza el castillo de los siglos IX y X, que hoy es un edificio residencial cuyo patio nazarí, lleno de jazmines, está abierto al público. Y tras el castillo, el Arco de Puerta Cerrada conduce al mirador de la cobijada vejeriega, donde se alza la escultura de una mujer vestida de negro, que solo deja al descubierto su ojo izquierdo y es el símbolo de esta ciudad.

Hay quien cree que el traje de cobijada de Vejer es herencia de su pasado islámico, pero este se remonta a los siglos XVII y XVIII y sigue el modelo castellano de manto y saya.

13.00 - Aperitivo en el mercado

La antigua plaza de Abastos dio paso hace unos años al mercado gastronómico San Francisco (calle de San Francisco, 3), donde los tenderetes tradicionales comparten cartel con puestos de productos gourmet. Lo mejor es pasear por todos (sin perderse los azulejos del techo), seleccionar varias cosas y comerlas en las mesas del centro. ¿Sugerencias oriundas? Lomo en manteca, almuerzo campero (guiso de cerdo), carne de retinto (ternera de Cádiz), atún rojo de la almadraba o algún queso. Eso sí, deje hueco para el almuerzo; el lugar lo merece.

15.00 - Huevos fritos con historia

Los huevos fritos con papas y jamón de Antonio Esquivel y su cuñada Maruja Gallardo en la Venta El Toro, a las afueras de Vejer, son conocidos en toda España. Abierto desde los años cuarenta, por aquí han desfilado figuras emblemáticas de la política y la cultura, como los toreros Dominguín y Paquirri, cuyas historias, contadas con la gracia de un orador de pro como es don Antonio, amenizan la comida. El almuerzo campero y los guisos del día son otros hitos. Parada obligatoria para la que es necesario reservar (956 45 14 07). En otoño e invierno solo abre a mediodía.

17.00 - Entre molinos

¿Quién dijo que solo hay molinos de viento en La Mancha? Vejer cuenta también con molinos construidos en el siglo XIX para moler el trigo. Ya no se usan, pero son parte de su legado histórico cultural. En el parque Hazas de Suerte se pueden apreciar varios. Después, en un paseo de 10 minutos, disfrute de un buen café en El Poniente (avenida de Buenavista), con una terraza fabulosa desde donde gozará de unas vistas con la playa de El Palmar de fondo. Las puestas de sol aquí son legendarias.

20.00 - Un clásico

Un aperitivo antes de la cena en La Casa del Vino (plaza de España) es un clásico. Rodeado de barricas, es el lugar perfecto para degustar algún vino de la zona. Si los sabores dulzones le atraen, pruebe una copita de cream, o vino de los ingleses, un tipo de jerez que resulta de una mezcla (cabeceo) de vinos secos con una base de oloroso, que le da esa intensidad y textura aterciopelada. La Taberna La Judería es otra buena opción por sus tapas y las vistas de la ciudad.

21.00 - Cena en un granero del XVI

¿Le apetece un viaje gastronómico? Reserve entonces en El Jardín del Califa (califavejer.com) y prepare el paladar para saborear Marruecos, Turquía, Líbano. Este antiguo granero del siglo XVI cuenta con un enorme jardín para cenar entre palmeras, dos comedores y un reservado en lo que antaño fue un aljibe de la época musulmana. El restaurante forma parte de La Casa del Califa (14), un hotel construido sobre un edificio del siglo X que conserva la esencia andalusí. Si le apetece algo más español, vaya a Casa Varo (casavaro.com) a homenajearse con atún rojo de almadraba o a Las Delicias (lasdeliciasvejer.com), un antiguo teatro con conciertos en directo. Y si todavía tiene ganas de más, tómese la última en La Bodeguita (Marqués de Tamarón, 1) o La Central (Teniente Castrillón, 5).

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