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martes, diciembre 22

Carnaval en Aquisgrán

(Un artículo de Eusebio lahoz en El País que me recuerda la minivisita que hice a este carnaval hace unos años aprovechando que Azu estaba por allí)

Existe una expresión en alemán que dice así: "Ich verstehe nur Bahnhof". La traducción literal al castellano sería: "Sólo entiendo estación". Suele usarse cuando uno está en medio de una marabunta, con mucho ruido, y no alcanza a oír lo que su interlocutor desea que escuche. Sucede a menudo con las voces que salen de los megáfonos de las estaciones, que uno no entiende nada, sólo estación. Es la versión alemana del "no entiendo ni papa". Pues bien, si usted aparece por Aquisgrán -Aachen, en alemán- durante los carnavales, en febrero (este año hasta el día 21), corre el riesgo de experimentar esa expresión. Algo placentero, sobre todo si le gusta probar cervezas en ciudades con embrujo.

El temperamento alemán no suele permitirse excesos de expresividad emocional. Eso lo sabe cualquiera. Pero cuando se pone, se pone. Suele pasar, como el que no sale nunca por la noche, pero el día que sale, vuela. Pues lo mismo. Aquisgrán tiene mucho que ver con eso. Es tranquila como un molusco, pero cuando llega el carnaval deja que el tigre que lleva dentro brame y se desmelene.

Aquisgrán tiene una ubicación especial. Se halla al lado de Colonia y de Düsseldorf, y entre Bélgica y Holanda. Es una de esas ciudades cómodas donde todo está a tiro de piedra y cuyo casco viejo es deslumbrante. Su Universidad es una de las más prestigiosas de Alemania (sobre todo la de Ingeniería Técnica). Ello la convierte en una ciudad universitaria en la que se juntan estudiantes de todas partes del país, y también de Europa, los célebres erasmus, que también en Aquisgrán interpretan su habitual cambio de pareja.

Se conoce por ser la ciudad de Carlomagno. Aquí mantuvo su Gobierno y murió en el año 814. Ello convirtió a Aquisgrán, entre los años 813 y 1532, en el centro cultural cristiano más importante del momento. A finales del siglo XVIII fue tomada por el Ejército francés. De ahí data el inicio del carnaval, pues cuenta el mito que los habitantes de Aquisgrán solían disfrazarse con vestidos parecidos a los que llevaban los soldados con ánimo antimilitarista, de burla. Desde 1950, Aquisgrán otorga el Premio Carlomagno, toda una leyenda en Europa, que pretende distinguir a quienes hayan trabajado por la integración de Europa.

Pasear por el centro histórico de la ciudad es una gozada. Conviene no perderse el Ayuntamiento, construido sobre las ruinas del palacio de Carlomagno en 1353. La catedral, la joya gótica de la ciudad, es igual de monumental -conserva un relicario con restos del emperador-, se considera la más antigua del norte de Europa y tiene su origen en la capilla Palatina mandada construir por Carlomagno a finales del siglo VIII. Todo este centro histórico es un imán para la inquietud del viajero. La piedra gris de las fachadas y del suelo empedrado resplandece, a pesar del paso del tiempo, por lo que la belleza de la sede imperial carolingia parece como si fuera un juguete usado por un niño muy pulcro.

Pero un casco viejo sin bares es como un semáforo en Venecia. Los alemanes también se dieron cuenta de eso. Y solucionaron el problema. Cualquier bar cercano a la Markt Platz celebra el carnaval. Pero es preciso tener en cuenta el Domkeller (Hof Strasse, 1), local lleno de buen rollo, amenizado con disc jockeys; y, un poco más abajo -en Kapuzinergraben, 4-, el Stehgraa, un pequeñísimo bar insertado dentro de la antigua cervecería Degraa, de la que aún se conserva el restaurante, en el que, a pesar de sus dimensiones, se instauran unas sesiones de risas trascendentales. Tampoco hay que olvidar que en Katschhof, la plaza que hay entre la catedral y el Ayuntamiento (cuesta, pero acabará encontrándola), se dispone una carpa con música en vivo.

La fiesta empezó oficialmente hace semanas, el día 11 del mes 11 a las 11.11. El 11 es un símbolo del carnaval, el número loco (narrenzahl). Representa la igualdad de '1' frente a '1', pero también las 11 jornadas de diferencia entre el año lunar y el solar, días en los que todo puede cambiar. Y desde 1829, en Aquisgrán, el consejo que preside la sociedad carnavalesca tiene 11 miembros (elferrat).

Pero es ahora, a principios de febrero, cuando realmente estalla la fiesta del carnaval, con varias citas. Mañana, por ejemplo, la orden de los Oecher Penn desfilará por el centro de la ciudad, una cita que cumple 150 años. El jueves 15 de febrero está programada la Weiberfastnacht, el carnaval de las mujeres. Ellas, en señal de su poder, suelen cortar las corbatas a los hombres trajeados (y mejor que sea a partir de las 11.11). Luego todos juntos acaban en los bares. Hay quien busca excusas en ideas inverosímiles. El día 19 tendrá lugar la Rosenmontagsumzug, cabalgata del lunes de carnaval, cuando toda la ciudad se lanza a la calle a ver el desfile y los disfraces durante varias horas.

Si usted prefiere mantenerse al margen del arrebato, podrá visitar el Museo de Arte Contemporáneo, el Forum Ludwig. Es una kunst halle muy sugerente, con fondo permanente y exposiciones temporales. También, relajarse en las Carolus Therme, unas termas muy fashion de las que le costará salir. O visitar bares diferentes, ajenos al ambiente carnavalesco, como el Kittel (Pontstrasse 39), tranquilo y con música exquisita, o el Haupquartier, cuyo ambiente alternativo es de lo mejorcito. También tiene su gracia acudir, de visita, al hospital llamado Klinikum, situado en las afueras de la ciudad, pues su arquitectura (tubos de colores atravesando el edificio...) es verdaderamente original, pero no menos que el interior, lleno de escaleras eléctricas y forrado de moqueta de colores que hacen que se parezca a unos grandes almacenes de suministros industriales.

Sea como sea, si a eso de las siete de la tarde le pica la curiosidad, entrar en el bar Stehgraa es interesante. Si lo consigue descubrirá un mundo raro. Desconocidos que se abrazan, personajes que cantan, jubilados que lloran de alegría, cervezas que se elevan... Cuando por fin llegue a la barra, el camarero le estará esperando con una cerveza, no hace falta que le diga: "Ich verstehe nur Bahnhof", él ya lo sabe.

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