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sábado, junio 23

¿Psicópatas y vanidosos?

(La columna de Pablo Rodriguez Suanzes en El Mundo del 20 de mayo)

En los últimos años nos hemos familiarizado con nombres como los de Jerôme Kerviel (Societé Générale), Kweku Adoboli (USB), corredores de bolsa que perdieron cientos de millones de euros sin que, aparentemente, nadie se diera cuenta. El último en hacerse (todavía más) famoso es Bruno Iksil,, responsable en Londres de J.P. Morgan, conocido como La Ballena Blanca o Voldemort por su agresividad, y culpable en buena medida de la pérdida inesperada de 2.000 millones de dólares por un exceso de exposición a los Credit Default Swaps.

Adam Haslett ha novelado perfectamente en Union Atlantic la posibilidad de que un rogue trader, un egocéntrico solitario pudiera ocasionar pérdidas multimillonarias. De una forma más rudimentaria, Tetsua Ishikawa escribió Cómo provoqué la crisis financiera. Todavía, El poker del mentiroso, de Michael Lewis, sigue siendo el mejor relato para entender la fragilidad de una sala de negociaciones. Wolfe, para La hoguera de las vanidades, se inspiró en los mismos personajes reales.

¿Locura? Recientemente, The New York Times recogía en un artículo muy comentado las conclusiones de un artículo según el cual hasta el 10% de los trabajadores de Wall Street podría ser catalogado como "psicópata clínico". Una imagen a lo American psycho tentadora, pero irreal. El periódico se vio obligado a rectificar señalando que "el estudio encontró que el 4% de una muestra de 203 profesionales superó el umbral clínico para ser señalado como psicópata" y que las conclusiones no podían ser extrapoladas.

Hay sin embargo más literatura al respecto (goo.gl/z5468). Daniel Kahneman, tras algunos experimentos, sostiene que los gestores/brokers no son tanto psicópatas como gente con un irracional exceso de confianza, pues, al fin y al cabo, incluso cuando ganan es sólo por suerte (goo.gl/kYJkv).

Los grandes financieros (y los no tan grandes) tienen un gran ego. Según un reciente estudio de Harvard dirigido por Diana Tamir y Jason Mitchell, algo de sentido tiene, pues "hablar de uno mismo activa los mismos circuitos de gratificación en el cerebro que el sexo y la comida" (goo.gl/ZuQJf). Las opiniones sobre el sistema financiero están ahora más divididas que nunca. Es normal, pero no se engañen ni se preocupen. Los que más se quejan de la polarización son siempre los más polarizados (goo.gl/cWB4e).

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