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sábado, septiembre 7

El origen del velo



(Extraído de un artículo de A.S.M. en el suplemento dominical de El Mundo del 16 de mayo de 2010)

[…] El origen está en el Corán. […] en el Corán hay pautas sobre cómo debe ir vestida la mujer […].
"Profeta: di a tus mujeres y a tus hijas y a las mujeres creyentes que se ciñan los velos. Ése es el modo más sencillo de que sean  y no sean molestadas. Dios es indulgente y remisorio" (Corán, azora 33, 59). Así reza uno de los versículos sagrado de los musulmanes que hace referencia a cómo debe ser el atuendo de las mujeres  cuando pasean por la calle o están con personas desconocidas (pueden  con la cabeza descubierta cuando estén con la familia o el marido). 

Sin embargo, no se trata de una orden arbitraria, sino que responde al momento que vivía la cultura islámica en el siglo VII, cuando fue escrito el Corán. Alrededor de 620, cuando Mahoma llevaba más de 10 años predicando, el profeta y sus seguidores de La Meca, decidieron emigrar a la ciudad de Medina, en la región árabe de Hiyaz, para huir de la persecución a la que estaban sometidos. 

"Allí se forma la primera comunidad musulmana importante. Las mujeres eran minoría y, cuando tenían que salir por la noche a la mezquita [los musulmanes rezan cinco veces al día], a veces eran acosadas y molestadas por hombres. Por eso se recomienda en el Corán que lleven la cabeza tapada, para protegerlas", detalla Abdennur Prado, presidente de la Junta Islámica Catalana. Porque el cabello es considerado como uno de los elementos más atrayentes de las mujeres. “Sí acudes a las fuentes, compruebas que, en origen, no se trataba de una cuestión sexista y, además, no era una obligación, sino una recomendación", opina. 

En la actualidad, en la mayoría de los países musulmanes, lejos de la opción de escoger que las mujeres tienen en muchos países occidentales (no en todos, en algunos países como Francia o Bélgica su uso está prohibido), llevar la cabeza cubierta -cuando no, el cuerpo entero-, es una imposición.
“En el siglo IX, cuando el Islam se configura como religión en el contexto de sociedades patriarcales y se generan los códigos de familia musulmana, se establece el hiyab como una obligación para la mujer", explica Abdennur Prado. "Se produce así un salto entre el significado inicial de protección a la mujer a una imposición religiosa con un significado de subordinación", añade. 

Esta norma que establece una relación de inferioridad de la mujer con respecto al hombre, "es una mala interpretación del Corán; una lectura totalmente patriarcal", señala el presidente de la Junta Islámica en Cataluña. "Di a las creyentes que bajen sus ojos, oculten sus partes y no muestren sus adornos más que en lo que se ve. ¡Cubran su seno con el velo!”, (Corán, azora 24, 31). Éste es otro de los versículos en los que se basan los códigos de familia para imponer el uso del hiyab en la mayoría de los países islámicos. "Y es a partir de que las niñas se convierten en mujeres, es decir, desde que tienen la menstruación", aclara Abdennur. 

En plena polémica, muy pocos recuerdan que en nuestro país, hasta hace algunos años, era común ver a las señoras en la iglesia con un velo similar al hiyab. Se trataba de una obligación "recogida en la Carta a los Corintios de San Pablo, en el capítulo 11", apunta Antonio Alonso, profesor de Doctrina Social de la Iglesia de la Universidad San Pablo-CEU. "Cuerpo y alma son uno. Lo que se haga con el primero repercute al segundo. Y se entiende que se recibe mejor la Eucaristía cuando cuerpo y alma están en actitud de recogimiento", describe Alonso. Esta norma "desaparece en 1983, en el Código de Derecho Canónico promulgado por Juan Pablo II”, señala Alonso. Poco a poco, las mujeres dejaron de llevarlo.
Las monjas y las novias (aunque éstas, cada vez menos) siguen ocultando su cabello bajo una toca. “Tiene su origen en la religión judía, cuyas mujeres llevaban siempre la cabeza cubierta como signo de distinción y pertenencia al pueblo judío, a Dios. Las religiosas lo lucen con el mismo significado y las novias, en la boda, lo lucen en representación de la Iglesia, que pertenece a Cristo, representado en el marido", concluye.

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