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martes, abril 22

Guastavino: los arquitectos que alicataron Nueva York



(Un texto de Irene Crespo en el suplemento DOM del 20 de abril de 2014 con motivo de una exposición de su obra en esa ciudad)

Los arquitectos Rafael Guastavino padre y Rafael Guastavino hijo exportaron la bóveda catalana a EE UU a finales del siglo XIX y la perfeccionaron durante la primera mitad del XX. Los Guastavino se adelantaron al Modernismo usando técnicas que venían del arte islámico del siglo XIV: el clásico alicatado. Hoy, más de mil edificios en EE.UU. llevan su inconfundible firma.

El día que Rafael Guastavino hijo (1872-1950) entró en la sala de registro de inmigrantes de Ellis Island, en Nueva York, con 9 años, acompañado de su padre y una niñera, probablemente no imaginaba que tres décadas después estaría construyendo la nueva bóveda de aquel lugar. En 1881, su padre, el arquitecto Rafael Guastavino (1842-1908) se marchó de España a probar suerte en EE UU. No hablaba inglés, llevaba 40.000 dólares en el bolsillo y la confianza de que gracias a lo que había aprendido en la Escuela Especial de Maestros de Obra en Barcelona sobre una de las técnicas de construcción más antiguas de España, el alicatado, lograría el éxito. No se equivocaba.

En 1889 Guastavino sénior terminó su primera gran obra pública: el techo de la Biblioteca Pública de Boston, con ladrillos vistos y cemento, a prueba de incendios y capaz de soportar más de 5.000 kilos de peso. […]
Sólo en los cinco barrios de esa ciudad, firmaron 250 edificios. Los dos son responsables de gran parte de la identidad de la urbe y un referente en la arquitectura […]. Han abierto una base de datos pública con la finalidad de que la gente les ayude a encontrar las más de mil obras que los valencianos construyeron en todo el país durante los 73 años que su empresa, Guastavino Company, permaneció abierta, hasta 1962, cuando sus herederos no pudieron hacer frente al predominio del acero.

Los Guastavino exportaron a EE UU la llamada bóveda catalana, la patentaron en su nuevo país de residencia como el Guastavino System y vivieron para perfeccionarla. Construida con ladrillo plano y mortero de cemento, las características principales de estos techos abovedados, que se empezaron a hacer en el siglo XIV, son la resistencia, la ligereza y la rapidez con la que se terminaban sin necesidad de andamiaje. “Tienen un espesor de 10 centímetros y son estructuras de gran resistencia a la carga, al viento y a la nieve. Después de tantos años, siguen sin dar problemas”, resalta el profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts John Oschendorf.

Esos factores eran básicos en un país como EE.UU., que en el cambio de siglo vivía un boom urbanístico, en especial de obra pública, y no solo valoraba la ingeniería y eficacia, sino también la belleza. Padre e hijo, “emprendedores y conquistadores”, lo entendieron enseguida y no solo se dedicaron a investigar formas más rápidas de terminar y ladrillos más resistentes, sino que también fueron precursores del Modernismo y se apuntaron al estilo Beaux Arts del momento.

Con su empresa registraron hasta 24 patentes sobre nuevos materiales no inflamables y mejores cementos que secaran más rápido y aligeraran la estructura de varias capas de ladrillos. Por supuesto, siempre decorados. Entre sus obras más conocidas están el zoo del Bronx, la Catedral de San Juan El Divino, la estación de metro hoy abandonada de City Hall, el Hotel Vanderbilt (hoy, el Wolfgang’s Steakhouse, en Park Avenue), el Oyster Bar en Grand Central… Y eso solo en Nueva York. “Descubrí que en 1910 estaban llevando a cabo más de 100 proyectos en todo el país”, dice Oschendorf, que recuerda que entre las innovaciones más importantes que introdujeron, por las que arquitectos tan renombrados como Frank Lloyd Wright les escribían interesados por la técnica, fue la acústica. “Rafael hijo trabajó con un físico de Harvard y estudió los materiales porosos”, añade el profesor. En Penn Station utilizó unos que amortiguaban el sonido de las locomotoras y en la estación de Grand Central diseñó la famosa bóveda de los susurros, en la que el sonido viaja de una punta a otra desvelando secretos de dos arquitectos valencianos que por fin reciben el reconocimiento que merecían de la ciudad que ayudaron a construir y embellecer.

Un rincón secreto de Nueva York: si se queda en la línea 6 de metro cuando da la vuelta en Brooklyn Bridge, puede admirar la antigua parada de City Hall que Guastavino hijo construyó en 1904 y que dejó de usarse en 1945.

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