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sábado, marzo 27

Matar a la vieja

(Leído en Ambista, una revista sobre el patrimonio cultural aragonés que he encontrado una vez que las cenas de Gozarte me despertaran la curiosidad)

Tradicionalmente, la Cuaresma ha significado un periodo de ayuno y sacrificio. Con mayor o menor intensidad según las épocas, la lista de prohibiciones ha incluido desde el comer carne o beber vino hasta la celebración de bailes, comedias y otras diversiones públicas. Tales privaciones eran imperativas para mayores y chicos, aunque para éstos fuera más difícil sobrellevarlas al carecer de la capacidad necesaria para comprender su sentido religioso.

De ahí que en muchos lugares se adquiriera la costumbre de que durante un día los más pequeños pudieran saltarse las proscripciones cuaresmales y les estuviera permitido recorrer las casas del pueblo pidiendo comida y bebida para hacer una merienda. Ésta es la fiesta que los chavales solían celebrar aproximadamente a mitad de la Cuaresma y que recibía nombres como matar la vieja o la vieja remolona, en una alusión clara a la representación habitual de la Cuaresma como una vieja arrugada y escuálida.

Habitualmente recogían frutos secos: almendras, castañas… y también frutas. Los más mayores podían recibir vino, huevos, longanizas y filetes de carne de cerdo (las populares chullas). Era costumbre que se acompañaran de algún muñeco o algún objeto que representara la Cuaresma: por ejemplo la escoba vestida como una vieja que portan los chavales de Alcubierre, a la que llaman la vieja remolona, o el muñeco de paja y cañas vestido con ropas viejas y boina al que los chicos de Torres de Montes bautizaron o viejo remolón (el viejo remolón) y que pasean clavado en una horca. Al terminar la fiesta el muñeco solía ser colgado de un árbol y apedreado, y después quemado en una hoguera, lo que para los muchachos era una forma inocente de vengarse de las privaciones sufridas por su causa.

Los niños recorrían el pueblo deteniéndose ante las casas y cantando una canción con la que invitaban a sus dueños a darles los alimentos que pedían. No era frecuente que se les negara, y si en alguna casa se hacía era probable que sus habitantes fueran abucheados, e incluso los chavales podían lanzar objetos contra las ventanas.
El hecho de que la celebración tenga lugar justo en mitad de la Cuaresma ha sido motivo de que en algunos lugares en vez de un muñeco se porte un grueso palo que se simula serrar mientras se entona la copla petitoria, simbolizando la ruptura de la Cuaresma (en Cataluña los muchachos dicen salir a serrar la vella).

Torres de Montes es uno de los lugares de Aragón donde desde más antiguo se recuerda esta fiesta. Antiguamente se celebraba en miércoles, y sólo participaban chicos (precisamente una de sus diversiones favoritas de ese día era ir a la escuela de las chicas a burlarse de ellas). Para la petición cantaban una coplilla que dice así:

O viejo remolón
Que no quié comer pan,
Sólo chulleta y huevos
Y chocolate si le dan

En la actualidad, al haberse relajado las costumbres relativas a la abstinencia cuaresmal, la fiesta ha perdido su sentido original, aunque se sigue celebrando en muchos lugares por tradición y por simple diversión. Lo normal es que a los niños en lugar de comida se les dé caramelos, golosinas o dinero. Sigue siendo una celebración infantil, aunque a veces los más pequeños vayan acompañados de sus padres.

En algunos lugares participa todo el pueblo, aprovechando para celebrar una merienda colectiva al final de la fiesta. Incluso se ha trasladado al sábado más próximo con el fin de facilitar la asistencia a todos los vecinos. Una muestra más de cómo algunas tradiciones se adaptan a los tiempos, resistiéndose a desaparecer junto con los motivos originales por los que surgieron, especialmente sus aspectos más lúdicos.

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