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domingo, mayo 23

Maquillando la historia

(Lo leí hace unas semanas - más bien meses- en un artículo de Álvaro Vinuesa en El Confidencial. Y es que, mal que nos pese, no hemos reinventado la rueda.)

"El otro día el Wall Street Journal se pitorreaba de España, a través de nuestro ínclito presidente Rodríguez Zapatero, con un textual "Spain has come up with an ingenious solution to economic underperformance—make it ilegal", algo así como: España ha llegado con una ingeniosa solución
contra la crisis, hacerla ilegal.

El Wall Street Journal no se da cuenta de que lo que el genial Sr. Rodríguez está proponiendo no es ni más ni menos lo mismo que ellos y sus ancestros ingleses han hecho toda la vida: hacer ilegal la historia que no les ha convenido. No es más que su alumno aventajado. Inglaterra, con un marketing magistral, todo hay que decirlo, ha conseguido modelarla a su antojo, al igual que los diez y siete reinos de taifas en la triste España actual. Lo cual hubiera dado igual si no fuese porque hasta nosotros, y así nos va, nos hemos creído su versión. No estaría de más que en España se enseñase, y de verdad, nuestra apasionante historia común.

La mayor derrota inglesa…

El 13 de marzo de 1741 una invencible armada de 186 barcos, la mayor flota inglesa que jamás surcó los mares –sensiblemente mayor que la Gran Armada, llamada Invencible por el marketing inglés, que con tan solo 126 barcos se embarcó a la conquista de Inglaterra- intentó hacerse con toda la América Española, comenzando por Cartagena de Indias, con el mayor desembarco anfibio jamás conocido hasta entonces. Operación naval de tal calibre que no fue superada hasta 1944, el famoso desembarco de Normandía, esta vez con éxito y esta vez en tierras francesas, a cargo de los mismos invasores.

La impresionante flota inglesa constaba de 36 navíos de línea –los acorazados de la época-, ocho de ellos de tres puentes (del tamaño del Victory, el famoso buque insignia de Nelson); 28 navíos, la mayoría de dos puentes, con entre 50 y 60 cañones; 12 fragatas; 2 bombardas; varios brulotes y 130 buques más que transportaban la fuerza anfibia de 9.000 hombres. En total, cerca de 30.000 marinos y soldados británicos que perdieron su honra, y buena parte de ellos su vida, a manos de tan solo 3.600 españoles: 1.100 soldados veteranos; 400 reclutas sin experiencia en
combate; 600 milicianos criollos y mulatos; más 600 indios, negros libres y mestizos. Durante el sitio se incorporaron algunos centenares de guerrilleros nativos. A esto se añadían seis buques junto con sus tripulaciones: el Africa, el Dragón, el Conquistador, el San Felipe, el San Carlos y el Galicia.

…a manos del Almirante Pata Palo…

La flota inglesa estaba al mando del Almirante Vernon el cual, con una soberbia indigna de un caballero inglés, se permitió el lujo de enviar a Londres la noticia de su victoria, después de los avances iniciales y cuando la posición española parecía desesperada, antes de que fuese
humillantemente derrotado, durante la noche del 19 al 20 de abril, a manos de los seiscientos supervivientes que quedaban en el castillo de San Felipe al mando del General de la Armada y Comandante General de Cartagena de Indias, D. Blas de Lezo, llamado Pata Palo.

Más de un mes después, los ingleses por fin se retiraron, dejando más de diez mil muertos en las playas y hundiendo cinco barcos propios para que no cayesen en manos españolas por falta de tripulación que los pudiese llevar de vuelta a casa. Además, durante la batalla, habían perdido 19
navíos de línea, entre ellos seis de tres puentes, lo mejor de la marina inglesa de entonces, además de cuatro fragatas y veintisiete transportes.

…donde Gran Bretaña no mostró precisamente lo mejor de sí misma…

En cuanto llegó a Inglaterra la noticia de la falsa victoria y como parte del indescriptible júbilo que en Londres se desencadenó, se acuñaron inmediatamente monedas conmemorativas del de momento fastuoso triunfo que abría las puertas de todo el Imperio Español a la pérfida Albión.

En ellas Blas de Lezo aparecía, para mayor escarnio, arrodillado y entero, junto con una inscripción que decía: "el orgullo español humillado por Vernon". Pero Blas de Lezo no estaba "entero": le faltaba el ojo junto con la pierna izquierda y tenía la mano derecha lisiada.

… ya que el rey inglés ilegalizó la historia…

Sin embargo, ni en el imaginario inglés, ni en el americano del norte -más adelante veremos por qué- existe constancia de tamaña derrota: ordenó borrarla de la historia Jorge II, Rey de Inglaterra, el cual, cuando por fin se conoció la verdad, prohibió hablar y que se escribiese acerca de semejante humillación.

De hecho hoy en día, cuando se ojean las publicaciones inglesas, se encuentra, si es que de verdad se encuentra algo, una verdad muy edulcorada, jamás puesta a escala y sin ninguna elegancia, de los tremendos acontecimientos que en realidad fueron; echando en todo caso la culpa al empedrado –en este caso a la fiebre amarilla o la malaria, que sabiamente utilizó Blas de Lezo como luego hicieron los rusos con el general invierno contra Napoleón o Hitler- en vez de a su incompetencia naval y militar y mucho menos a la profesionalidad demostrada por España
entonces.

Fue como pretender hundir el desembarco de Normandía en las cloacas de la historia y hacerlo olvidar, cosa que a pesar de todo casi han conseguido. Después de aquel intento de conquista, el imperio español en Sudamérica todavía aguantó casi un siglo más. Si la América Española no llegó a ser conquistada por las potencias de la época, encabezadas por Inglaterra, es porque no pudieron, no porque no lo hubiesen intentado una y mil veces a lo largo de más de 300 años.

Pero eso sí, la Europa de entonces, a pesar de no existir la prensa digital y canalla, se pitorreó de Inglaterra y de la Armada inglesa todo lo que quiso, durante muchos años, por haber sido derrotada por unas fuerzas diez veces inferiores, ayudadas por unos cuantos indios –hoy indígenas, seamos políticamente correctos-, al mando de un cojo, que además estaba tuerto y tenía una mano inútil.

El tiempo, que jamás perdona, acabó borrando su recuerdo, y eso es lo más bochornoso de esta
historia, también para nosotros.

…con la colaboración pre-estadounidense…

Junto con la flota inglesa, querido Wall Street Journal, participaron 4.000 colonos de Virginia que salieron desde Nueva York y Annapolis al mando de Lawrence Washington, medio hermano del general George Washington que, obviamente, también salieron escaldados. Curiosamente, su residencia, hoy objeto de culto y veneración casi religiosa por parte de sus compatriotas, se llama Mount Vernon, en honor del marino –inglés- más innoble e incompetente de todos los tiempos. Puro marketing siniestro.

…lo cual no evitó que los españoles casi colapsaran el naciente imperio inglés.

Durante los años que duró la guerra, llamada de la oreja de Jenkins, otro día diremos por qué, los guardacostas de Patiño –el ministro de la época que rehízo la flota con los primeros Borbones, no pensemos que en España todos los ministros han sido siempre tan cazurros como los de ahora-
capturaron o hundieron, en el plazo de unos tres años, la friolera de 786 barcos ingleses, casi colapsando su comercio, lo que obligó a Inglaterra a pedir la paz a España. A lo largo de todos esos años, el comercio español con América continuó con normalidad.

Pero aquí somos tan bobos que ni siquiera conocemos nuestra propia historia. La aplastante derrota inglesa fue de una escala mucho mayor y más humillante que la franco-española en Trafalgar. En ella perdió Inglaterra lo más granado de su oficialidad de entonces y lo mejor de su flota. Sin embargo, Blas de Lezo, uno de los mejores marinos que han existido jamás, que murió olvidado poco después a consecuencia de las heridas recibidas cuando arengaba sus tropas a caballo, es prácticamente un desconocido para los españoles y casi más en su tierra, un pueblo llamado, en su nombre vasco original, Pasajes de San Juan en Guipúzcoa (así se llamaba en
aquella época lo que hoy se denomina Pasai Donibane, nombre que se mantuvo durante cientos de años, hasta hace poco, porque está de moda ser diferente e inventar palabras para reafirmar las diferencias).

Moraleja

Señores del Wall Street Journal: si Jorge II de Inglaterra pudo ilegalizar la historia y Washington engrandeció la soberbia y la incompetencia, ¿por qué no puede Zapatero hacer ilegal la crisis?"

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