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sábado, enero 8

Una redada de gitanos

(Extraído de un artículo de Alfredo Amestoy en el suplemento dominical de El Mundo del 29 de agosto)

Un 30 de agosto de 1749, el marqués de la Ensenada, de acuerdo con el rey Fernando VI, apresó a 12.000 gitanos en 24 horas con la excusa de censarlos. Su destino: trabajos forzados para la Armada. Un día posiblemente escogido ex profeso para sorprender a la población gitana donde siempre mora, y más en verano: a la intemperie, en campo abierto, en la calle.

Sabemos algo más: que el día 30 de agosto de 1749 cayó en miércoles. Tampoco sería casual esa elección, ya que martes y viernes solía ser día de mercado, y la aglomeración de gente en torno a los puestos de venta en las plazas de pueblos y ciudades hubiera dificultado la detención de los gitanos y favorecido su huida.

[...]

Primera consideración: para realizar tal acción en 24 horas, hace más de 250 años, Ensenada demostró que era, ya no un estadista de primera, comparable a Talleyrand, sino un ministro del interior superior a Fouché, por no abandonar las comparaciones con Francia. [...] La operación de Ensenada era secreta y triunfó porque fue perfectamente sincronizada y, podríamos añadir, porque contó con la colaboración y delación de los payos.

Detrás de esta gran redada [...] estaba el fracaso de las medidas adoptadas años antes por Felipe V, al ver que Madrid se había llenado de gitanos y las ordenanzas de 1707 eran ineficaces. Otra razón era el catastro -el primero serio- que estaba realizando el marqués: no podía admitir que un número tan elevado de habitantes no estuvieran censados. Y otra, más perversa, era que España necesitaba mano de obra para la realización simultánea de tres grandes puertos y arsenales que han sido y son el orgullo de la Armada: Ferrol, Cádiz y Cartagena. Los tres fueron construidos con sudor y sangre gitanos.

Los gitanos varones fueron internados en los arsenales y las mujeres y los niños, en cárceles y fábricas. Si la operación se prolongó durante una década, es de sospechar que afectaría a cerca de 100.000.

¿Cuál es el periodo histórico en el que hubo más población gitana en nuestro país? Se reconoce que el censo de Floridablanca, de finales del siglo XVIII, fue el primero y el último que se ha hecho en España de los gitanos. Está claro que esta sumisión era secuela de la disciplina impuesta por Ensenada 30 años antes en su gran redada. También a la mano tendida de Carlos III.

Sin datos del siglo XIX, tenemos otros fiables de comienzos del siglo XX, antes de la Primera Gran Guerra. Desde entonces hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, años 50, con persecuciones y dispersiones, las cifras son disparatadas. Los gitanos, confundiéndose en el Holocausto, se han atribuido cifras desorbitadas para equipararse a la raza judía en el genocidio.

Las cifras con que se contaba hace cien años sobre la población gitana en Europa eran de 280.000 en Hungría, 250.000 en Rumanía, 30.000 en Bulgaria, 2.000 en Alemania, 2.000 en Francia, 32.000 en Italia y 50.000 en España. Multiplíquese por dos -o tres como mucho- y obtendremos la población actual. Veremos que en Hungría y Rumanía la cifra sí es escandalosamente alta, pero no en España, donde no superaría los 200.000. Los 300.000 gitanos andaluces que reconoce la junta de Andalucía son un brindis al sol. [...]

La ley franquista que perseguía a vagos y maleantes se refería no sólo a los perezosos, sino a los que vagaban, como una herencia de las pragmáticas de los Reyes Católicos, de Carlos II y de Carlos III, siempre obsesionados con el vano propósito de que los gitanos fuesen sedentarios. Si Carlos II insiste en que "la tercera vez que se hallasen vagando sean cautivos por toda su vida", Carlos III, que tan bien se porta cuando reconoce que no son una raza maldita y que pueden dedicarse a cualquier oficio mientras sanciona a quienes les niegan la admisión en sitio alguno, sigue tratando como vagos a quienes continúen "vagando por los caminos, aunque sea con el pretexto de ferias y mercados".

Esta animadversión a los que vagan también afectaba a los frailes que, cuando eran giróvagos con el pretexto de mendicar o visitar, eran castigados severamente por sus superiores. [...]

Como ellos se definen, "por cama tienen el suelo, por techo tienen el cielo, tienen por lindes...la mar".

[...]

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