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martes, agosto 21

Sanidad: latrocinios privados, públicos y copago

(Un artículo de Pablo Cerezal, analista económico del think tank Civismo, en El Mundo del 8 de julio)

Hace una semana Pablo Pardo aseguraba en El Mundo que la sanidad estadounidense es «un latrocinio
privado disfrazado de libre mercado», porque los hospitales cargan el coste de unos tratamientos excesivos a las aseguradoras que a su vez exigen unos precios muy elevados a los pacientes. En total, el gasto sanitario asciende al 16% del PIB y, en este sentido, España podría ser un referente (9,6% del PIB), con tal de que los costes dejen de subir.

Entonces, ¿no hay alternativas? Por un lado, se pueden introducir incentivos de mercado en una sanidad publica para regular la demanda. En Singapur, ningún tratamiento es gratuito, todos exigen un copago que aumenta cuanto más prescindibles son. Por esa razón, existen cuentas de ahorro personal para los imprevistos. Además, los ciudadanos son libres de elegir entre todos los hospitales públicos, mientras que los privados toman como referencia a los primeros en precios y compiten por ofrecer servicios adicionales. Como resultado, apenas dedican un 3-4% del PIB a una sanidad que está entre las mejores del mundo.

John C. Goodman, experto en políticas sanitarias de The lndependent lnstitute, trata de recorrer el camino contrario: mejorar la eficiencia de la sanidad privada. En Priceless: Curing the Healthcare Crisis critica que los médicos tienen incentivos perversos al utilizar tratamientos demasiado caros. Su receta, que rebajaría los costes un 30%, consiste en políticas de libre mercado, como evitar los seguros vinculados a la empresa: si la contratación es individual, se estimularía la competencia entre compañías. Además, un medico independiente podría aconsejar a cada paciente sobre los tratamientos que realmente necesita, lo que evitaría que los seguros soporten procedimientos más ineficaces. Así, las aseguradoras cubren los tratamientos necesarios, mientras que los superfluos corren a cargo del paciente. Goodman sugiere que esto sería más fácil si los pacientes dispusieran de una cuenta de ahorro personal. Parece que ambas soluciones
son muy coincidentes.

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