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miércoles, agosto 15

Hemingway y la teoría del iceberg

(Un artículo de Juan Bonilla en El Mundo del 8 de julio, a propósito de la nueva edición de Adios a las armas con los 47 posibles finales.)

Hemingway tenia una teoría, y le dio curso en varias ocasiones -en Muerte en la tarde, en algún articulo,
y sobre todo en una entrevista con George Plimpton-: es la legendaria teoría del iceberg, según la cual lo escrito debe ser sólo una punta, una mínima parte de lo narrado -entendiendo por tallo que en verdad se cuenta, aunque no se exprese-. Un iceberg tiene siete partes invisibles por cada parte visible: así debe ser una narración. Por lo menos una narración de Hemingway (aunque luego no es verdad, y en muchas de las narraciones lo escrito y lo narrado pesaban exactamente lo mismo o incluso se decantaba la balanza por lo primero). La teoria era perfecta para explicar el impacto subterráneo de algunos cuentos de Hemingway, incluso de los cuentos que parecían no tener impacto alguno.

Hemingway eligió como el mejor de sus cuentos uno titulado El gato bajo la lluvia, en el que una mujer, en una habitación de hotel romano en la que su marido lee el periódico, ve a un gatito que se esconde bajo un banco de la lluvia y decide ir a por él. No hay más, salvo un final en el que el botones llama a la habitación, después de la excursión de la mujer a la lluvia y su fracaso con el gatito, para regalarle, de parte del signore, un gato. El lector tiene que poner siete partes del cuento por cada una de las partes escritas. Es evidente el cansancio del matrimonio, es evidente que el gato representa aquello que la mujer desea y no tiene, comó el pelo largo que quiere dejarse o los vestidos que no se ha comprado. Es evidente que se trata de un matrimonio en pura decadencia. Todo eso es evidente, pero ¿es suficiente? Hemingway estaba convencido de que sí: sus cuentos eran haikus.

Otro de sus grandes cuentos, su mejor cuento según la mayoria de críticos, es Los asesinos. Lo escribió
un 16 de mayo, en Madrid. Nevaba. Suspendieron la corrida de San Isidro. Y en la pensión, Hemingway escribió de un tirón esa obra maestra, y otros dos relatos más, poseído por la fiebre. También ahí funciona la teoría del iceberg, pero con qué impacto. La tensión aumenta en cada linea, los diálogos fríos y casi insignificantes, se cargan de significado: Unos hombres buscan a El Sueco para matarlo, y El Sueco se limita a esperarlos en su habitación. Tan evidente es que en Los asesinos sí hay siete partes de narración invisible por cada parte visible que Hollywood decidió sacar el iceberg entero del agua y transformarlo en película para explicar, con la cámara maestra de Robert Siodmak, lo que Hemingway no necesitó explicar acerca de por qué mataron a El Sueco. Por supuesto a Hemingway sólo le gustaba el comienzo de la película -su
cuento-: lo demás, le parecía abominable. Como los chistes, los cuentos que necesitan .explicación, no son buenos.

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