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viernes, agosto 10

Venenos, una historia que viene de lejos II


(En el mismo artículo que ayer, completado con unas notas encontradas en el XLSemanal del 5 de agosto)

1. Cicuta. En el 399 a.C., Sócrates la tomó tras ser condenado a muerte por impiedad y por corromper a los jóvenes. Escribe Platón en Fedón que Sócrates continuó paseándose hasta que el veneno hizo efecto y se le durmieron las piernas. En la Atenas posterior a Pericles (399 a.C.), la cicuta era la pócima de la ejecución. Los griegos la llamaban "la muerte dulce". Sin embargo, los toxicólogos describen una terrible agonía de entre tres y seis horas, razón por la cual se supone que el veneno debía de estar mezclado con opio y vino. Curiosamente, es una combinación muy similar a la que se utiliza hoy en las ejecuciones por inyección letal en China o EEUU, salvo que se suele administrar por vía intravenosa en vez de oral. Un combinado de drogas muy similar se usa en Holanda, donde está regulada la eutanasia activa. Proviene de la planta del mismo nombre, de la familia de las opiáceas. Procedencia: se extrae de la colina, planta herbácea que huele a orina. Efectos: ataca el sistema nervioso central. Es el veneno más rápido y letal; sólo 0,01 g matan a alguien en 30 segundos. Antídoto: no hay. 

2. Setas venenosas. El veneno fue una constante en la dinastía romana ala que pertenecieron Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, y fue vital (mortal) en el acceso al trono de Nerón. La hechicera Locusta proporcionó el medio que quitó de en medio a Claudio y Británico: la Amanita phalloides. Locusta siguió trabajando tras fallecer Nerón y fue condenada a muerte por causar otros 400 fallecimientos. El archiduque Carlos de Austria -emperador Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico, rey de Hungría, rey de Bohemia y pretendiente al trono de España a la muerte de Carlos II de España, motivo este de la Guerra de Secesión española murió en 1740, 10 días después de comer setas. Todo apunta a la Amanita, que tiene un anillo de color blanco y el sombrero color verde oliváceo, aunque a veces tiende hacia el amarillo. Antídoto: no hay.

3. Cantarella. Con puñales o veneno, César Borgia eliminó al menos a 20 personajes principales de la corte vaticana antes de la muerte de su padre, en 1503. A Lucrecia no le duró vivo ningún novio ni marido (sólo Alfonso del Este logró huir) mientras su hermano anduvo cerca. El tóxico favorito de la familia era la cantarella, un polvo blanco insípido, cuya fórmula fue descrita en Poisons et Sortileges por Cabanés y Nass así: "Sacrificar un cerdo y de él sacar sus entrañas rociándolas con arsénico. Colocarlas en una vasija de cobre durante 30 lunas y 30 soles aguardando su total putrefacción. Sacar la masa putrefacta y recoger los líquidos. Desecar estos para obtener una cristalización, una especie de polvo parecido al azúcar. Guardarlos en una cajita de metal, preferiblemente de oro". Antídoto: dimercaprol. 

4. Acqua Toffana. Los venenos eran tan usados que Luis XIV de Francia tuvo que instaurar un tribunal especial (1679) para investigar su uso con fines criminales. Los rumores incluso llegaron al entorno del rey: su cuñada y ex amante, Enriqueta-Ana, casada con el hermano homosexual del monarca, Felipe de Orleáns, clamó en su lecho de muerte que había sido envenenada. Otra favorita del rey estuvo relacionada con esta sustancia: la marquesa de Montespan fue señalada por las envenenadoras condenadas por el citado tribunal como compradora de este acqua, cuyo destinatario habría sido el rey. Este ordenó quemar los archivos para evitar el escándalo. La pócima, inventada por Tofania d'Adamo, contenía arsénico, plomo, antimonio y belladona. Los Papas Pío II y Clemente XIV están entre sus víctimas. Antídoto: no hay. 

5. Sublimado corrosivo. Robert Carr, consejero del rey Jacobo I, sucesor en el trono inglés de Isabel I, participó en un original y sonado caso de envenenamiento: el del poeta Thomas Overbury, asesinado con un enema que contenía un sublimado corrosivo. Overbury trató de separar a Carr de su enamorada, Frances Howard, pero la pareja, con ayuda del rey, lo encerró en la Torre de Londres y allí lo envenenaron. Tras varias intentonas con arsénico, al final decidieron echar mano del cloruro de mercurio. Primero, en una tarta y después, con la excusa de prevenir el estreñimiento crónico que sufrían los presos, en un enema. Al final, todo se descubrió y la pareja fue hallada culpable, aunque Jacobo les perdonó la vida.Antídoto: la droga del PAN (penicilamina n-acetil), con éxito limitado.

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