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martes, julio 31

Qué comer después de los cuarenta I

(Un artículo de María Tapia en el Magazine de El Mundo en abril de este año)

Es posible que la crisis de los 40 ya no exista, que los 40 de ahora ya no sean los de antes, que la juventud se haya prolongado en el tiempo y que sea precisamente en ese momento cuando uno se siente mejor,

más realizado,más segurode sí mismo e, incluso, más guapo. Sin embargo, es también  a partir de esa edad cuando, según  los expertos, el organismo suele empezar  a sufrir algunos deterioros: aumenta el colesterol,  se tienemayorpredisposiciónapadecer  caries, la presión arterial se descompensa,  la piel pierde elasticidad... y, así, muchos otros asuntillos relacionados con la  salud de mayor o menor importancia. 

Ahora bien: aunque no existen pócimas  mágicas que eviten que la naturaleza siga  su curso, sí es posible ponerle algo de  freno y retrasar eso que llamamos envejecimiento. Y no, no hablamos  de hacer ejercicio  ni de practicar yoga,  sino de renovar la  despensa y llenarla con los alimentos  precisos que se conviertan en nuestros aliados para mantener a raya esos males de la edad. Pilar Riobó, jefa asociada del Servicio de  Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz (www.doctorapilarriobo.com) de Madrid, asegura que la alimentación juega  un papel fundamental a partir de los 40 “ya que en función de cómo se coma y de las carencias que tenga la dieta, existen más posibilidades de contraer determinadas enfermedades o tipos de cáncer”. La autora de los libros La dieta inteligente y ¿Por qué no puedo adelgazar?  (Ed. La Esfera de los Libros), asegura que a partir de esta década “se pueden desarrollar factores como la obesidad,  el colesterol o la hipertensión, que favorecen los problemas cardiovasculares”. Riobó hace hincapié en que lo ideal “sería empezar a prevenirlos antes”, ayudados, entre otras herramientas, de la nutrición. Pero, en cualquier caso, sí que es interesante, incluso si  uno no le ha hecho demasiado caso a  su alimentación antes de  llegar a esta edad,  instaurar unas  pautas saludables que nuestro cuerpo, sin  duda alguna, agradecerá.

En cuanto a los trastornos hormonales, hay que saber que aunque la menopausia femenina incide negativamente sobre la salud, los hombres tampoco se libran y, como apunta Riobó, “al igual que les ocurre a las mujeres, sus hormonas van disminuyendo. En  términos médicos esto se conoce como hipogonadismo del varón de edad avanzada, y en términos coloquiales, como andropausia”. 

Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que a partir de los 40 años la necesidad de energía desciende un 5%, por lo que aconseja hacer disminuir el aporte calórico de los alimentos que ingerimos y aumentar aquellos que tienen propiedades antioxidantes. Por si usted se pierde en el supermercado, la nutricionista Pilar Roibó ha elaborado  una selección de 15 productos indispensables para todos los que ya han soplado las 40 velas, o están a punto de hacerlo.

Yogur. Para prevenir la osteoporosis

QUÉ CONTIENE: el yogur es un alimento muy completo, caracterizado por contener proteínas de alta calidad biológica (aquellas que tienen todos los aminoácidos esenciales) y también, por constituir un gran aporte de calcio al organismo. Además, al tener la lactosa fermentada, lo pueden tomar aquellas personas que padecen intolerancia a la misma (y que suponen alrededor del 35% de la población).
ES BENEFICIOSO PARA: entre sus beneficios, destaca por ayudar a reducir el riesgo de osteoporosis y las fracturas derivadas de esta a lo largo de la vida. En la menopausia, que suele empezar normalmente a partir de los 45 años, resulta muy recomendable para ralentizar la pérdida de masa ósea inherente al proceso.
ADEMÁS: los yogures ejercen un efecto protector sobre la flora intestinal. Ayudan a prevenir las diarreas y limitan las infecciones intestinales.
CANTIDAD RECOMENDADA: lo ideal es tomar entre dos y tres al día (también se pueden sustituir por otro alimento con un aporte interesante de calcio, como la leche o el queso).

Tomate. Proteger la próstata

QUÉ CONTIENE: esta hortaliza es uno de los alimentos que posee uno de los carotenoides de mayor potencial antioxidante, el licopeno, también presente en la sandía. El licopeno es el pigmento vegetal que aporta el color rojo característico de este alimento.
ES BENEFICIOSO PARA: según diversos estudios, su ingesta ayuda a reducir hasta en un 35% el riesgo de cáncer de próstata, que empiezan a padecer algunos hombres a partir de los 40 años.
ADEMÁS: es una buena fuente de fibra y favorece la regulación del tránsito intestinal. Ayuda contra el envejecimiento, ya que evita que los radicales libres dañen las articulaciones, los músculos e incluso las células cerebrales.
CANTIDAD RECOMENDADA: los beneficios del tomate son incluso mayores si este se consume cocinado con aceite de oliva al menos dos veces por semana. Un estudio ha demostrado que, por su efecto vasodilatador, mejora la erección en el 50% de los pacientes que padecen disfunción eréctil.

Huevo. Mejorar el estado general del cuerpo

QUÉ CONTIENE: la clara del huevo es una sustancia que está formada por proteínas de alto valor biológico (tienen todos los aminoácidos esenciales) y es fuente de fosfolípidos [una sustancia que, entre otras características, destaca por solubilizar el colesterol]. Las grasas se concentran principalmente en la yema, de modo que esta presenta un alto contenido en ácidos grasos esenciales (linolénico), así como una elevada cantidad de lecitina o fosfatidilcolina.
ES BENEFICIOSO PARA: la fosfatidilcolina aporta colina, una molécula implicada en multitud de procesos metabólicos y de síntesis de componentes celulares nerviosos. Su deficiencia está implicada en la aparición de numerosas dolencias, como la insuficiencia renal o la enfermedad de Parkinson, que sufre un buen número de personas a partir de los 50 años.
ADEMÁS: sus carotenoides (luteína, zeaxantina), sustancias antioxidantes, pueden proteger también de ciertos trastornos oculares, como la degeneración macular, que, aunque suele aparecer a partir de los 60 años, empieza a desarrollarse con anterioridad, aproximadamente en la década de los 40.
CANTIDAD RECOMENDADA: de tres a cuatro a la semana.  

(Mañana sigo)

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