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miércoles, noviembre 27

Las casualidades que cambiaron el mundo



(Un texto de Gonzalo Ugidos publicado en el suplemento dominical de El Mundo del 27 de octubre de 2013)

El nuevo libro de Gonzalo Ugidos, Chiripas le la historia (La Esfera de los Libros), es una antología de los imprevistos que han forjado el destino de la Humanidad. El autor repasa […] las curiosas biografías de los personajes que cambiaron el mundo y las chambas más relevantes de la ciencia.

Lo previsible es que no pase lo que habíamos previsto, que lo que esperarnos no sea lo que nos espera. El origen de la vida es la Gran Casualidad, la madre de todas las casualidades, que ha determinado la Historia de los hombres. Esta fue la secuencia de chiripas que nos trajeron al mundo: algunas moléculas caídas del cielo se instalaron en las lagunas primigenias e inventaron la vida. Aquella Tierra primitiva se benefició de la cercanía del Sol. Estaba a la distancia adecuada, lo bastante cerca para recibir los rayos infrarrojos y ultravioletas capaces de provocar reacciones químicas, aunque lo bastante lejos para que no ardiera todo. Esta distancia adecuada es una manera de hablar de la absoluta casualidad.

Estimulo para el progreso. Martín Lutero padecía estreñimiento crónico y estaba convencido de que el demonio se alojaba en sus intestinos. En cada evacuación realizaba una especie de exorcismo en el que echaba mano de toda su energía para expeler al maligno. La astricción del monje alemán lo convirtió en un joven airado que veía al diablo por todos lados. Si Lutero hubiera tomado más fibra y le hubieran funcionado los intestinos como Dios manda, las guerras de religión no habrían perturbado Europa. Pero también la Humanidad habría perdido un decisivo estímulo para su progreso. Satanás en el vientre de Lutero le inspiró la Reforma que incubó la ética protestante que, a su vez, fue el motor del capitalismo.

Destino real. La casualidad es como un pato nadando: lo que ves es aparente inmovilidad, pero debajo del agua no para de mover las patas. La reina Victoria reinó durante 63 años, siete meses y dos días. Ni su reinado ni sus descendientes habrían existido si, cuando tenía siete meses, su cuna hubiera estado dos centímetros más cerca de la ventana. Era el día de Navidad de 1819 y la bebé Victoria estaba en una mansión llamada Woolbrook Cottage. Un chico estaba cazando pájaros y uno de sus disparos rompió la ventana de la habitación donde dormía la princesa. La bala silbó tan cerca de su cabeza que levantó la colcha de la cuna. En su larga vida como reina, Victoria sufrió siete atentados. De todos salió ilesa. Unos nacen estrellados y otros con estrella. La reina Victoria nació con un firmamento entero. Era hija del príncipe Eduardo, cuarto hijo de Jorge III. Tanto el príncipe como el rey murieron en 1820. Tras la muerte sin descendencia legítima de los tíos, Victoria heredó el trono a los 18 años. De chamba, vaya.

Grandes errores. El escritor Horace Walpole acuñó la palabra serendipia para referirse a los descubrimientos por accidente. La serendipia es la madre de cientos de descubrimientos. Colón, por ejemplo, descubrió un nuevo continente por un error que se convirtió en bendito azar, su valoración incorrecta del tamaño del mundo le permitió desembarcar en América. La casualidad dibuja a veces resplandores paradójicos. Un día, un estudiante de Harvard debía tomar el tren para viajar hasta la ciudad donde vivían sus padres. Cuando llegó a la estación, tropezó y cayó a las vías. Fue rescatado por un actor que iba camino de Filadelfia para visitar a su hermana. El estudiante se llamaba Robert Lincoln, y el actor era Edwin Booth, el hermano de John Wilkes Booth, quien en 1865 asesinaría al padre del estudiante, el presidente Abraham Lincoln.

Hitos científicos. Por casualidad descubrió Arquímedes su Principio y Fleming la penicilina; pero en la colección de hitos científicos casuales hay otros descubrimientos colosales como el estetoscopio. En 1816 el médico francés René Laennec se encontró ante una paciente que sufría una afección cardiaca, era joven y estaba de toma pan y moja. Por pudor, Laennec no podía recurrir al sistema habitual de exploración; o sea, pegar su oreja al pecho desnudo de la mujer. Y menos aún palparlo con sus manos. Improvisó un canutillo con un periódico y se quedó atónito al comprobar que amplificaba el sonido.

La vida es una concatenación de azares y uno de sus más fascinantes misterios es el éxito. Hablamos de las circunstancias, de la suerte, del talento, de la astucia, pero a menudo se trata de chiripa. Hollywood es la Meca del cine por una moneda lanzada al aire. Rock Hudson era cartero cuando lo descubrió un agente al entregarle una carta. Si el destino existe, solo puede ser un nido al que vuelan las casualidades.

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