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sábado, abril 26

Origen de la expresión “No se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos”



(Un artículo de Héctor G. Barnés en elconfidencial.com del 7 de enero de 2013)

Aunque todos conozcamos a la perfección determinados dichos o refranes del castellano, en muy contadas ocasiones somos capaces de referir el auténtico origen de los mismos. Resulta incluso difícil atribuir determinadas locuciones a un idioma u otro, puesto que todas las lenguas gustan de presumir de haber sido las primeras en las que ciertos aforismos fueron pronunciados por primera vez.
Es lo que ocurre, por ejemplo, con la frase proverbial “no se puede hacer una tortilla sin romper algunos nuevos”, que según el Instituto Cervantes, “alude al esfuerzo que se requiere para alcanzar lo que se desea”. Pero, por mucho que el organismo dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores vincule el dicho con el esfuerzo, este ha sido empleado con relativa frecuencia por políticos que exigían sacrificios a sus ciudadanos, cuando no directamente dictadores o figuras históricas sanguinarias. ¿Por qué?

Cuando los huevos a romper son ciudadanos
Una rápida búsqueda en Google nos descubre algunas de las atribuciones más repetidas de dicha frase. Por ejemplo, WikiQuote une la sentencia a Maximilien Robespierre, el líder jacobino que instauró el periodo conocido como el Reino del Terror tras la Revolución Francesa; una referencia histórica que, como veremos, no está tan lejos de la realidad.

Charette fue uno de los protagonistas de las revueltas que dieron lugar a la guerra de la VendéeOtro autor apócrifo de dicha frase es el dictador soviético Joseph Stalin que, según un artículo publicado en 1932 por la revista Time, señaló en una ocasión a su mano derecha Lázar Kaganóvich, Primer Secretario del Partido por aquel entonces, que era necesario “romper algunos huevos para hacer una tortilla”, en referencia al fin que justifica los medios que guió al dictador durante sus purgas y que, en opinión de Álvaro Lozano Cutanda en el libro Stalin, el tirano rojo (Nowtilus), señalaba implícitamente que “no se podía construir el socialismo sin romper cabezas”.

Aunque haya incluso quien la atribuya al general y presidente argentino Juan Domingo Perón, parece ser que la frase fue popularizada por el contrarrevolucionario François-Athanase Charette de la Contrie, o al menos eso sugiere el diccionario de Oxford. Charette fue uno de los protagonistas de las revueltas que dieron lugar a la guerra de la Vendée, que enfrentó a los partidarios de la Revolución Francesa con sus contrarrevolucionarios.

Una justificación de la sangre
El católico Charette fue uno de los nobles fieles al rey que permanecieron impasibles ante las matanzas que se produjeron durante la primera mitad de 1793, y que comandó uno de los ejércitos insurgentes populares que se propuso detener la tendencia revolucionaria durante aquella última década del siglo XVIII.

La expresión fue utilizada en Francia desde 1740Según cuenta el diccionario de Oxford, Charette fue apresado en marzo de 1796 en Nantes y puesto a disposición de la justicia republicana, donde fue acusado de causar la muerte de miles de personas en su fervor contrarrevolucionario. La historia señala que el noble se encogió de hombros y recordó a la acusación que “no se pueden hacer tortillas sin romper huevos”. O, en el francés en el que fue pronunciada por primera vez, on ne saurait faire d’omelette san casser des oefs. Oxford no tiene duda en señalar el origen francés de la expresión e indica que pudo ser empleada desde 1740, cuando se tiene constancia de sus primeros usos.

Una afirmación que llevó a Charette a morir frente a un pelotón de ajusticiamiento pocos días después de pronunciarla, y que desde entonces ha sido utilizada no tanto como una defensa del esfuerzo personal sino como una justificación del sacrificio, tristemente, ajeno. Por eso aparece con tanta frecuencia en el repertorio lingüístico de los dictadores, ya que sirve a la perfección como coartada en esos momentos en los que se ven en la necesidad (o, mejor dicho, el deseo) de eliminar a unos cuantos de sus enemigos en pos de, se supone, el bien común.

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