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domingo, julio 28

Carlos III y su ritual para comer



(Parte de un artículo de Marelis Loreto Amoretti en El Magazine de El Mundo del 3 de marzo de 2013 en relación con un cuadro pintado por Luis Paret)

Carlos III fue un rey temido por aplicar una jerarquía rígida y denigrante hacia los cortesanos, incluso a la hora del almuerzo. El reinado de Carlos III estuvo influenciado por los aires de cambio de la Ilustración. Sin embargo, el rey no consiguió ni el apoyo de nobles y clero ni el del propio pueblo español. 

El miedo hacia su persona aumentó a causa de la férrea etiqueta que impuso a la hora de comer. Historiadores de diversas épocas han señalado que dicho protocolo se debe, en esencia, a un intento de conservar el orden y mantener la distancia entre el gobernante y sus súbditos. 

Carlos III (Madrid, 1716-1788) era un hombre sencillo, austero, distante y firme en sus decisiones. Fue, a su vez, el único soberano que mantuvo inalterable la rutina de comer en público una vez al día. Luis Paret y Alcázar (Madrid, 1746-1799), artista español barroco-rococó, pintó […] al rey comiendo ante su corte. Este cuadro fue pintado en 1975, el mismo año en el que el monarca desterró al pintor a Puerto Rico, después de saberse que había sido el alcahuete de su hermano, el infante don Luis de Barbón. En 1776, el artista envió a su majestad un autorretrato en el que es representado vestido de rústico campesino llevando a cuestas un racimo de plátanos. A la pintura le acompañaba una carta de súplica donde rogaba al rey que le permitiera regresar. Esta debió causarle mucha gracia al soberano, pues accedió a su retorno dos años después, eso sí, prohibiéndole acercarse a Madrid a menos de 40 leguas a la redonda. 

La directora y guionista cordobesa Josefina Malina decidió llevar esta escena al cine en 1988, en su película Esquilache, donde aparecen representados cada uno de los personajes del cuadro en una narración detallada de la comida de Carlos III.

1. LA ESTANCIA. El salón representado en la pintura de Paret evoca uno de los salones del Palacio Real de Madrid llamado Pieza de la su Conversación, pero no es tal, sino una estancia fantaseada por el pintor, lo cual la posibilidad de que la pintura sea un documento pictórico, porque no hubo estancia ni corte ni rey posando para la misma. 

2. TAPICES. La presencia de tapices en la estancia indica que la escena se produce en invierno, pues para evitar que los salones se enfriaran demasiado, se sustituían los cuadros por enormes tapices que cubrían los muros desde el techo hasta un metro por encima del suelo, aislando del frío exterior. 

3. ECLESIÁSTICO. Probablemente se trate de Francisco Antonio de Lorenzana y Bitrón quien fuera el arzobispo de Toledo desde 1772 hasta 1800, año en el que renunció por tener desencuentros con Manuel Godoy. De acuerdo a la etiqueta borgoñona, era al primado al que le correspondía bendecir la mesa real. 

4. COPERO. Se trata de un gentilhombre que, bajo la etiqueta que correspondía a la comida de su majestad, se humilla ante es el rey mientras, haciendo una genuflexión, le ofrece el vino y el agua. 

5. LA ETIQUETA. Carlos III comía solo en la mesa y rodeado de cortesanos una vez al día todos los días del año, como correspondía a la etiqueta borgoñona, que indicaba que cada miembro de la familia real debía comer en habitaciones públicas, pero por separado. No estaba permitido compartir la mesa. La comida del monarca, que la hacía en público solo al mediodía, solía durar aproximadamente una hora, a pesar de la pompa que implicaba y los criados y gentilhombres que debían participar en ella. Al parecer, Carlos III disfrutaba cocinando para sus cercanos y eventualmente lo hacía, pero nunca comía de su propia comida, porque debía regresar a Palacio para comer en público. 

6. EL VINO. Carlos III tenía preferencias por dos vinos que tomaba siempre en sus comidas en público: el borgoña, que era el mejor vino francés del siglo XVIII o el vino de Canarias, más dulce y que era muy re conocido en esa época. Bebía en un vaso grande en el que estaban grabadas sus armas, y en el que combinaba un poco de alguno de estos dos vinos con agua, que contra la costumbre de la época, tomaba templada y no fresca. 

7. FRICASÉ. El rey valoraba tanto a sus lebreles y podencos que llegaba al extremo de garantizarles siempre en su mesa un plato de comida que se caracterizaba por un guiso de carne blanca con verduras en salsa blanca, que iba acompañado de suficiente pan y al que se añadía de postre unas rosquillas cubiertas de azúcar. 

8. PANETIER. Cortesano que se encarga de que al monarca no le falte pan mientras dura su comida y por eso permanece de pie frente a la mesa en donde come. 

9. PERROS DE CAZA (LEBRELES y PODENCOS). Carlos III era un hombre sencillo, rutinario, ecuánime e incluso algo aburrido. No tenía pasiones amorosas, o literarias, pictóricas ni musicales. No obstante, era un obseso de la caza. Y los perros formaban parte de esta obsesión, tanto, que para el monarca era fundamental su presencia junto con el resto de la corte mientras él comía. 

10. SAUCIER. El caballero que recibe de un criado el siguiente plato de comida del rey es el saucier, quien se encargará de llevarle el plato fuerte al monarca, caracterizado por algún estofado. 

11. FIRMA. En la parte inferior del cuadro puede leerse la firma del pintor que, desde un ingenio no exento de buen humor y fina ironía, escribe en griego: Luis Paret, hijo de su padre y de su madre, lo hizo".

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