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sábado, julio 20

Hänsel y Gretel: ni más ni menos que un cuento



(Un texto de Pablo Mérida en El Magazine de El Mundo del 10 de julio de 2011)

La historia de Hansel y Gretel quizá sea de las que más impacto produce entre los niños. En parte, por el sugerente poder de algunas de sus imágenes, como la de esa maravillosa casita del bosque construida con todo tipo de dulces. Pero, también, porque se trata de un cuento de terror puro y duro. Eso sí, hoy en día asusta casi más a los padres que a los niños, porque el cuento contiene todo lo que consideramos inadecuado para la infancia: abandono, engaño, maltrato... ¡y hasta canibalismo! No, no estamos hablando de la versión junio de El silencio de los corderos. 

"El terror forma parte necesaria de toda literatura que se precie de comprender el mundo infantil", afirma Blanca Álvarez, autora de La verdadera historia de los cuentos populares (Morata, 201l), para evitar que nadie se alarme en exceso. "Todos los niños viven etapas en las cuales el terror se convierte en un ingrediente necesario, temido y oscuramente deseado, imprescindible para aprender a crecer enfrentándolo", añade. 

Hansel y Gretel contiene momentos de genuino maltrato infantil. Y eso no puede ser bueno, ¿no? "Numerosos cuentos populares describe situaciones de maltrato a la infancia que recuerdan a casos reales que se observan en la práctica clínica", explica Luis Manuel Estalayo Martín, un veterano psicólogo a quien desde siempre le ha atraído el mundo de la literatura infantil, hasta el punto de dedicarle alguna obra, como Psicoanálisis del maltrato a la infancia en cuentos populares (Editorial Personal, 2010). "Pero el sentido de este maltrato es radicalmente puesto en ambos casos. En 'maltrato real', la violencia terna es siempre innecesaria, abusiva y perjudicial para el crecimiento infantil. Por el contrario, el maltrato que representan los cuentos puede interpretarse como 'castración simbólica' en tanto que el hijo maltratado emerge luego como héroe o heroína, pasando de ser un necio vinculado a relaciones familiares a ser un sujeto capaz de desear como adulto y de incluirse en su cultura", asevera Estalayo. 

Con todo lo controvertido que sea, Hansel y Gretel mantiene su popularidad entre los niños. Todos lo conocen, con versiones desde África hasta las Antillas. Es la clásica historia que siglos atrás se contaba a la luz del fuego, entre familiares, vecinos o amigos. Incluso en los comercios. Fue así como, a principios del siglo XIX, Wilhelm Grimm se lo oyó narrar a la hija de un farmacéutico. La joven se llamaba Henrietta Dorotea Wild y poco después se convirtió en la esposa del lingüista y escritor alemán. Wilhelm incorporó Hansel y Gretel a otras narraciones que había recogido junto a su hermano y que publicaron en 1812 bajo el título genérico de Cuentos para la infancia y el hogar

La versión Grimm, que guarda numerosos puntos en común con otros cuentos anteriores, como el Pulgarcito de Charles Perrault o la Finette Cendron de Madame d'Aulnoy, narra la historia de un leñador que vive en el bosque con su mujer y sus dos hijos: los pequeños Hansel y Gretel. Como toda la región, la familia padece una terrible hambruna (como la acaecida realmente en el norte de Europa entre 1315 y 1322), por lo que la madre propone abandonar a los niños en mitad del bosque. El astuto Hansel descubre el plan de sus padres y, antes de partir, se llena los bolsillos de piedras que luego va dejando caer para marcar el camino de regreso. Cuando los niños vuelven a casa, la madre los lleva aún más adentro del bosque. Esta vez, a Hansel no le da tiempo a recoger piedras, por lo que trata de marcar el camino  con migas de pan, pero los pájaros se las comen. 

Abandonados y hambrientos, los hermanos encuentran una casita hecha de chocolate y dulces. Sin saberlo, caen en la trampa de una malvada bruja que pretende comerse a los niños.  Hansel es encerrado en una jaula donde la vieja quiere cebarlo antes del banquete, pero Gretel aprovecha un descuido de la bruja y la tira dentro del horno. Los hermanos logran regresar a su hogar con las joyas que tenía ocultas la hechicera. El padre los recibe con gran alegría y, a pesar del oportuno fallecimiento de la madre, los tres encaran el futuro felices y contentos. 

Inmediatamente después de su publicación, a los Grimm les empezaron a entrar los sudores. Tal vez recibieran críticas o, simplemente, ellos mismos temieron que la historia fuera demasiado terrible. En las sucesivas ediciones, comenzaron a introducir cambios en el argumento. Uno de los más significativos fue el de convertir a la madre biológica de los niños en madrastra. Maria Tatar, profesora de Literatura en Harvard (EEUU), explica en The Hard Facts of the Grimms' Fairy Tales (Las realidades de los cuentos de hadas de los Grimm, Princeton University Press, 1987) cómo "Wilhelm Grimm reconoció que muchos niños veían la figura de una diabólica madrastra más tolerable que la de una madre cruel". A la autora le parece además una licencia que entonces no desentonaba puesto que "considerando el alto índice de mortalidad de las mujeres durante la maternidad en aquella época, la existencia de una madrastra en la casa era algo más próximo a la regla que a la excepción".

Con toda intencionalidad, Jack David Zipes, otra autoridad en el terreno de la literatura infantil, sugiere en Happily Ever After (Felices para siempre, Ed. Routledge, 1997), que la maniobra de la madrastra responde más bien a una sutil forma de potenciar la carga negativa del relato sobre la mujer. "El propio Wilhelm sugirió que el cuento demoniza a la mujer al asociar la madrastra con la bruja". Pero hay quien no está en absoluto de acuerdo con la insistente idea de que los cuentos populares ofrecen una imagen femenina negativa "En los cuentos de hadas se retrataba una sociedad en la que las mujeres eran tan competentes y activas como los hombres, a cualquier edad y dentro de cualquier clase social. Fue Gretel, y no Hansel, la que desafió a la bruja y la venció", recuerda Alison Lurie en No se lo cuentes a los mayores (Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1998). 

La mayoría de las interpretaciones de Hansel y Gretel coinciden al contemplar este cuento como un relato iniciático que simboliza la maduración de los hijos y la necesaria liberación de sus padres. A ver si, al final, a quien de verdad asusta este cuento es a los padres por el miedo a que sus hijos suelten amarras que, como dice Blanca Álvarez, es "algo que los nuevos métodos educativos han relegado al olvido, convirtiendo en permanentes infantes a los hijos; niños, además, con una absoluta desinformación del mundo y sus peligros". 

Maria Tatar apunta que, en su opinión, Hansel y Gretel no sólo escenifica el choque entre el adulto y el niño. "También dramatiza un conflicto entre aristocracia y campesinado, el amo y el esclavo, o entre dos naciones hostiles", opina. Los nuevos tiempos traen nuevas versiones. Como la del escritor Garth Nix en su relato Hansel's Eyes (Simon& Schuster, 2000), en el que dejaba atrapados a lo hermanos en una tienda de videojuegos. O, mejor aún, muestra a los protagonistas transformados en guapos adolescentes Así los veremos en 2012 en Hansel&Gretel: Witch Hunters, una película de Tommy Wirkol que sitúa su acción 15 años después de los hechos que narra e1cuento y que presenta a los heranos convertidos en audaces cazadores de brujas ¿Qué sería de nosotros sin Hollywood?

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