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lunes, septiembre 23

Almogávares, ¿aragoneses o catalanes?



(Un artículo de Guillermo Fatás en el Heraldo de Aragón del 8 de septiembre de 2013)

Otro curso más con la cansina anécdota escolar de los reyes 'catalanes' y demás pruritos nacionalistas. Les toca este año la pedrea a los almogávares y sus 'barras de Catalunya'. Los almogávares hacían algaras, incursiones de saqueo en suelo enemigo. No eran específicos de Aragón, aunque los de su Corona cobraron gran fama. Ya antes de la unión de las Casas de Aragón y Barcelona, luchaban para el rey aragonés: Zurita dice que Alfonso I llamó a una «gente plática [práctica] en la guerra y muy ejercitada en ella, que llamaban almogávares, para que estuviesen en frontera contra los moros de Zaragoza».

Acabaron siendo tropas profesionales, mercenarios aguerridos y temibles, sobre todo de infantería ligera. En la conquista de Valencia hay una «cumpanya d'almugavers» al mando del aragonés Guillén de Aguilón, practicando matanzas y pillajes, por lo que Jaime I «foch molt yrat», fue muy airado. Esta conducta bárbara se repitió con Pedro III en tierras gerundenses, pero, como otras veces, su alto valor bélico les valió, finalmente, el perdón regio.

¿Catalanes o aragoneses? La historiografía regional vive disputas sobre la condición aragonesa o catalana de los almogávares en los siglos XIII y XIV. Hubo muchos aragoneses entre esos guerreros y sus caudillos principales eran de variado origen: De Flor, italoalemán; De Lauria, itálico; Entenza, de linaje aragonés; Rocafort, ampurdanés o morellano. El contingente catalán era numeroso y su lengua, la dominante, pero el nombre de Compañía Catalana obedece a una razón de otro tipo: los bizantinos, en la otra punta del Mediterráneo, no conocían a los aragoneses y sí a los catalanes, por su actividad náutica y mercantil, y llamaron al todo por la parte conocida. Algo parecido a lo que sucede en Europa con los 'ingleses', que a menudo resultan ser galeses, escoceses o norirlandeses. Los almogávares se autodesignaban en los documentos como ‘Universitas exercitus Francorum', comunidad del ejército de francos ('francos', además de libres, eran en Oriente los cruzados en general). Había muchos naturales de Aragón, incluidos bastantes jefes (Arenós, Palacín, Abonés, Orós, Bergua...). El cronista almogávar Ramón Muntaner, ampurdanés, cita cómo «los catalans e aragonesos» en la batalla «cridaren Aragó, Aragó»; o que sus embajadas a Constantinopla eran mixtas de catalanes y aragoneses.

Eran «gent del rey d’Aragó». En 1351, Pedro IV escribía a los «nobilibus, dilectis ac fidelibus Aragonensibus et Cathalanis in partibus Romanie» (en tierras de Bizancio). No faltaron en su tropa bizantinos, alanos y aun turcos. La 'Compañía' se rigió por los «foros Aragoniae vel consuetudines Barchinoniae», es decir, por los Fueros aragoneses y los 'Usatges' barceloneses.

Su primera gran participación exterior fue en Sicilia, para defender los intereses de la rama siciliana de la Casa de Aragón frente a la francesa de Anjou y al papado, sus enemigos. Los mandó Roger de Lauria (Lauria es una ciudad de Italia), profesional de la guerra por tierra y mar. El emperador bizantino apoyó a Aragón frente a Francia y el papado, que eran hostiles a su Imperio. Resuelto el caso siciliano en 1302, los almogávares, sin cometido bélico (y sin botín, por lo tanto), eran un serio peligro. Muntaner cuenta lo que pensaba su nuevo caudillo, Roger de Flor (Rutger von Bluro, en su alemán paterno): «Los catalanes y aragoneses que han servido al rey, como no les pueda dar nada, le harán sufrir un gran problema», pues «sens menjar no poden viure».

Al fin, el emperador de Bizancio los contrató para ir contra los fieros turcos. De esto hizo Sender su hermosa novela 'Bizancio'. La expedición requirió 36 naves, cuyos ocupantes «tots eren cathalans e aragonesos». Había otros almogávares (en Sicilia, en el Pirineo, en Algeciras, en Mallorca y en Italia), pero los famosos fueron en la 'Compañía' y eran, como se ve, catalanes y aragoneses. De Flor fue asesinado por los bizantinos que lo habían contratado. Su sucesor, Berenguer de Entenza, era de linaje aragonés (Entenza era un castillo ribagorzano) que se expandió hacia el sur; un Entenza luchó en Teruel en 1171 y otro asistió a las Cortes de Aragón en 1236. Entenza, furioso, atacó Constantinopla y, tras ser descuartizados sus heraldos durante una embajada, las represalias fueron de tal envergadura que se las llamó en Bizancio 'Venganza catalana', por lo dicho: era el modo griego de llamarlos (también los llamaban «turba de ladrones»).

Asesinado Entenza, los mercenarios sirvieron a señores locales en Grecia. El nuevo, competente y despótico caudillo, Bernardo de Rocafort, fue a su vez traicionado. En 1311, los almogávares se volvieron contra su contratante de turno, el duque Gualterio de Atenas, se adueñaron de su ducado y, desde él, del de Neopatria, en el sur de Tesalia; y de Morea, en el Peloponeso. El anómalo estado almogávar de Atenas y Neopatria, puesto bajo la lejana soberanía del rey de Aragón, perduró ocho decenios, hasta 1390. Allí hubo catalanes (muchos) y aragoneses (bastantes). No cuesta tanto saberlo ni debería costar reconocerlo.

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