Sobre el tamaño de Lucifer
(Un texto de Guillermo Fatás en el Heraldo de Aragón del 12
de agosto de 2018)
La ‘Divina Comedia’ impresionó para siempre al Occidente
culto y, en especial, su pavoroso Infierno, cuyas dimensiones exactas quisieron
averiguar famosos sabios.
No se sabe a ciencia cierta cuánto
mida el Maligno, pero, desde hace mucho tiempo hubo quien se
interesó por un Lucifer gigantesco y famoso: el que imaginó, allá por 1307, Dante Alighieri. En la
magnífica y revuelta Florencia nació de su pluma el patrón clásico de la bella
lengua que hoy llamamos italiana. La famosa ‘Commedia’ (lo de ‘Divina’ se lo
añadieron luego, por la materia de que trataba) consistió en un prodigioso viaje en verso por el Más Allá
del cristianismo. Lógicamente, incluía una visita a los siete
niveles del Infierno. Tan aterradora, que hoy, el adjetivo
‘dantesco’ se refiere solo a esa parte del viaje.
Dante llevaba muerto varios siglos y su incomparable
poema-visión era objeto de estudio incluso por los hombres de ciencia. Eso
acometió Galileo Galilei, a los
24 años, cuando aún no se había hecho famoso por sus peligrosas doctrinas
heliocéntricas. Como su formación básica era matemática, se propuso demostrar a una famosa academia
florentina que era capaz de averiguar las medidas del ‘Inferno’ de Dante,
en forma de cono invertido. Su eje va desde Jerusalén hasta el centro de la
Tierra. (Mi amigo Ignacio de Urzaiz prefiere, entre las muchas existentes de
este pavoroso antro, las ilustraciones que Botticelli pintó para los Médici).
Galileo, si bien era de Pisa, estaba afincado en la
capital toscana y dio dos conferencias
sobre el asunto en 1588. Fueron muy bien recibidas, pues Florencia
profesaba amor a la innovación inteligente, y lo pusieron en el camino de la
fama.
Dante no suministra datos suficientes para averiguar
con exactitud las dimensiones de su inmenso Infierno, pues precisarlas no era
relevante para él. Todos sabían eso, pero admiraban los ejercicios de ingenio y disfrutaban viendo cómo una
inteligencia joven y brillante se desenvolvía haciendo frente a un reto así.
El temible señor de ese abismo vive aprisionado en su
fondo. Una mole de hielo implacable lo tiene preso de cintura para abajo. Su
ombligo es el centro del Mundo. Lucifer
mastica sin cesar en sus tres enormes bocas, cada una de un color, a sendos
traidores famosos: Judas, que vendió a Jesús; y Bruto y Casio, asesinos de
César. Pena eterna para los cuatro, que no verán nunca acabado su
padecimiento, lo mismo el Ángel Caído que los tres humanos a quienes Dante
detestaba y proponía como ejemplo mayor de maldad y villanía.
Cómo se mide al
Demonio
Medir el ‘Inferno’ a partir de un texto carente de
especial cuidado por la precisión topográfica era una tentación para estudiosos
y artistas. Galileo no fue el primero que se lo propuso, pues ya lo habían
intentado otros afamados calculistas, como Manetti y Vellutello, y el reto fue
considerado igualmente atractivo por pintores y grabadores. Se trataba, podría
decirse, de un desafío académico, de un
ejercicio más bien artificioso regido por el talento, el ingenio y la
creatividad, a partir de una obra que era un justo blasón para la activa
y cultivada Florencia del Humanismo, la ciudad que hoy sigue mereciendo la
admiración universal por su finura insuperable.
Galileo toma nota de un aserto de Dante: la estatura del poeta, según sus versos,
está más próxima a la de un gigante que la de un gigante a la envergadura del
brazo de Lucifer: "…e piùcon un gigante io mi convegno, / che i
giganti non fan con le sue braccia". A partir de ahí se desarrolla el
silogismo: conocidas la estatura de Dante y la de un gigante, podría deducirse
el tamaño de Lucifer. Se sabe que Dante fue de estatura como de tres brazos (en
Florencia, 0,58 m x 3 = 1,74 m). ¿Qué proporción habría entre esta medida y la
de un gigante? Tómese el caso del enorme Nimrod, condenado en el ‘Inferno’ por
haber querido alzar la Torre de Babel, para que llegase hasta el cielo,
desafiando a Dios. El poeta insinúa su envergadura: "La faccia sua mi
parea lunga e grossa / come la pina di San Pietro a Roma, / e a sua proporzione
eran l’altre ossa" ("Me pareció su cara larga y gruesa como la Piña
de San Pedro en Roma, y en esa proporción los demás huesos", traducción de
Alinovi).
Conocemos esa ‘Piña’, una gran masa de bronce,
arrancada a un monumento del Imperio Romano para ponerla ante San Pedro. La
imponente pieza, del siglo II, se guarda en el Vaticano (en el Cortile della
Pigna) y mide cosa de cuatro metros. De
ahí puede colegirse, dada la proporción de una cabeza con el resto de la anatomía,
la altura aproximada de un gigante; y de esta cantidad, a su vez, la medida de
Lucifer: su brazo mediría más de 645 brazos florentinos; y puesto que el
brazo anatómico equivale a la tercera parte de la altura del cuerpo, el del
Maligno subiría, de pies a cabeza, entre 1100 y 1200 metros: a la misma
conclusión había llegado Antonio Manetti en 1481.
Así concluye (y yo): "Y habiéndolo demostrado,
pongo punto final a mi razonamiento".
Etiquetas: Culturilla general, Mitología de todos los colores
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