(Un reportaje de Carlos Peribañez
en El Heraldo de Aragón del 1 de marzo de 2020, sobre un tema muy pascual)
Nuevas investigaciones
documentales y paleográficas refrendan que el Santo Cáliz de Valencia que
durante siglos se custodió en Aragón es el que más visos tiene de ser
auténtico.
Es un documento del siglo XI el
que se esgrime como prueba. Un manuscrito, a buen recaudo, en el relicario del monasterio de San Juan de la Peña de Huesca.
Este texto tiene la referencia más antigua que
se conoce al Santo Cáliz que se conserva en la catedral de Valencia y
que durante siglos se guardó en Aragón. Esta copa sagrada es la que los
expertos consideran que tiene más posibilidades de ser la que utilizó
Jesucristo en la Última Cena y un estudio recién publicado por el investigador Gabriel Songel así
lo refrenda. El catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia ha pasado
seis años analizando las inscripciones en el cáliz que llegó a Huesca en el año
258 gracias a la intercesión de San Lorenzo. En el libro ‘El cáliz revelado’
(editorial Tirant lo Blanc, 2020), Songel explica que en la base de la copa hay
un pequeño texto en escritura árabe cúfica que en su día se tradujo por "resplandeciente". Sin
embargo, si se considera que puede tener un patrón de diseño especular, también
se leería a la inversa en hebreo "Dios, el
Salvador". Además, el profesor relaciona también las
monedas acuñadas en la época de Sancho Ramírez con la escritura del cáliz y
adelanta la primera referencia al mismo en unos 300 años. Con estos
descubrimientos, el estudio no hace sino dar la razón a lo que el profesor
Antonio Beltrán ya publicó hace 60 años: el cáliz de la catedral de Valencia
–que se custodió en San Pedro de Siresa, San Adrián
de Sasabe, San Pedro de Jaca y la Aljafería de Zaragoza, entre
otras localizaciones aragonesas– es el más verosímil de todos los que se
disputan el título de ser el auténtico. Al menos, no existen evidencias contra
la posibilidad de que esta copa de ágata cornalina no la usara Jesucristo poco
antes de despedirse de sus apóstoles.
"Lo que está claro y nadie
ha podido rebatir hasta ahora es que la copa superior del cáliz de Valencia es
una piedra ágata que solamente se localiza en el entorno de Palestina. Además,
fue tallada de una forma muy especial en torno al siglo primero de nuestra
época", apunta el catedrático levantino, que presentó el pasado
lunes las conclusiones de un estudio que "confirma
los datos que aparecen en la tradición oral de San Lorenzo".
Los demás cálices que
reivindicaban ser los usados por Jesucristo "han ido cayendo porque no
han pasado el filtro arqueológico: o eran muy posteriores o
tenían otra finalidad", añade el especialista, que explica que la copa
original se fue adornando durante la Edad Media –con las asas de oro y la base
de cuenco invertido– "para realzar lo que significaba". "En
el siglo XI todavía no se daba el fenómeno de la ostentación de las reliquias.
Era algo íntimo que pertenecía a las familias", comenta, al tiempo
que explica que fue más avanzada la Edad Media cuando se comenzó a mercadear
con sudarios, astillas de la cruz y otros ‘recuerdos’ de la Pasión.
Las nuevas indagaciones
El primer hallazgo
"sorprendente" de Songel fue comprobar que la composición del cáliz,
tal cual lo conocemos actualmente, sigue un patrón estilístico relacionado con
las marcas de los canteros: la minúscula inscripción de 17 milímetros
de su base se hizo con el mismo patrón de retículas compositivas.
Posteriormente, la investigación le permitió vincular la reliquia con la Corona
de Aragón al descubrir la coincidencia de la moneda acuñada por el rey Sancho
Ramírez con la estructura del cáliz, ya que sus asas "son la
curva de la planta del tronco de Jesé que aparece en la moneda",
si bien en lugar de la copa lo que se acuñó en la parte de arriba es una cruz.
Mediante un análisis de la
paleografía, la numismática y los códices antiguos, Songel cribó los iconos del
grial y ahondó sobre el fenómeno de la transliteración entre el árabe y el
hebreo medieval. La citada interpretación de una misteriosa inscripción como
"Dios, el Salvador" le hace pensar que el posible autor fuese
el judío converso Pedro Alfonso, conocedor del hebreo y el
árabe, y con acceso al cáliz y a los reyes aragoneses.
Hasta la fecha, las menciones al
cáliz se remontan al primer canon romano de misa del siglo II y, muy
posteriormente, al documento de 1399 por el que Martín el Humano reclama la
reliquia a los monjes de San Juan de la Peña. Songel, sin embargo, asegura que
en un relicario del monasterio hay un documento que debió confeccionarse en el
siglo XI con motivo de la coronación de Pedro I de Aragón y en el que unos
acrósticos (la imagen de la derecha) mencionan –indirectamente– el cáliz.
¿Sirven todos estos datos para
corroborar que el santo cáliz de Valencia es el auténtico? Realmente no. Y es
poco probable que en el futuro se encuentre una prueba rotunda y definitiva que
así lo diga. "Nunca se podrá saber si este cáliz
estuvo en las manos de Jesús, pero sí tiene todas las características",
afirmaba recientemente Jaime Sancho, canónigo de la catedral de Valencia, si
bien el arzobispado nunca ha permitido que "se manipule" el vaso para
hacer una serie de pruebas científicas que hubieran ayudado a acotar mejor su
datación. Tampoco el Vaticano se ha pronunciado nunca sobre la supuesta
autenticidad de la reliquia, si bien el hecho de que el papa Benedicto XVI la
utilizara durante su visita a España en 2006 lo interpretan algunos como
un "gesto de reconocimiento".
El minucioso profesor Beltrán
El autor del más exhaustivo
estudio arqueológico –el primero realmente serio– del Santo Grial que se guarda
en Valencia fue el profesor Antonio Beltrán Martínez (Sariñena,
1916Zaragoza, 2006). El sabio, que durante décadas colaboró en HERALDO, analizó
en 1960 pormenorizadamente el cáliz y concluyó que está formado por tres partes
distintas, todas de diferente época. Según su estudio, la copa superior de
ágata "pudo estar en la mesa de la Santa Cena" y
"pudo ser la que Jesucristo utilizó para beber, consagrar o ambas
cosas". Beltrán considera que cabe dentro de la lógica que
Jesús usara en la cena pascual de los judíos un vaso de uso común que el
anfitrión de la cena ofrecería. Según su hipótesis, se trataría de la mejor
vajilla que poseyese y por eso encaja que fuera de piedra fina. Deduce también
que Pedro u otro apóstol debieron de guardar el vaso, dado lo trascendental del
momento.
El catedrático Manuel
Martín-Bueno, que participó hace unos años en un congreso internacional
sobre el Santo Cáliz, intentó que el Arzobispado de Valencia permitiera hacer
un muestreo rápido e inocuo a la pieza, pero la Iglesia se negó a que la copa
fuera trasladada a los laboratorios. El resultado –de todas formas– tampoco
hubiera sido concluyente porque al tratarse de una roca no
se puede echar mano de las técnicas que se utilizan con la materia orgánica:
esto imposibilita que se puedan aplicar las fórmulas del carbono 14, el
potasio-argón o el uranio-plomo.
La datación de la
piedra serviría para saber el origen del mineral, pero no
revelaría si pudo usarse o no hace dos mil años. "Lo que se podía hacer ya
lo investigó Beltrán, como la tipología, la técnica de trabajo empleada para
tallarlo, la zona de distribución de este tipo de vasos, el estudio comparativo
de otras piezas similares... En definitiva, su contexto arqueológico",
opina Martín-Bueno. Él y otros exégetas son partidarios de someter al cáliz a
algunos estudios de difractograma o de fluorescencica de rayos X para conocer
qué concentración de metales tiene el ágata cornalina, pero la
negativa arzobispal persiste.
Así, a falta de un análisis
científico riguroso, hay que continuar ahondando en la veta de la documentación
histórica y el discernimiento entre la realidad y la leyenda. La mayoría de
expertos mundiales coinciden en que –de todas las historias que corren en
paralelo a los posibles cálices de Cristo– la más fiable desde el punto de
vista documental es la española. El resto (y en parte también la autóctona)
están contaminadas por narraciones medievales y un abundante esoterismo que las
siembra de dudas. En el siglo XV ya había referencias a
veinte copas que reclamaban el honor de ser la auténtica, entre otras, la que
presuntamente llegó a Inglaterra de manos de José de Arimatea, o la que se dice
que llevó a Francia María Magdalena.
La tradición pía se entremezcla
con la leyenda medieval, como probó en 2002 el historiador alemán Michael
Hesemann en un libro en el que situaba el origen de todas las leyendas
griálicas en Guiot de Provins, un trovador que estuvo al servicio de Alfonso II
de Aragón. Por su parte, el escritor turolense Javier Sierra pone
el acento en que "hasta el siglo XII nadie se interesó por el Grial".
"Es una opinión personal, pero creo que la leyenda se acuñó durante
la formación del Reino de Aragón para dar coraje a los Reyes de lo que entonces
era el fin del mundo cristiano en su lucha con los musulmanes", dice el
autor de ‘El fuego invisible’.
El periplo aragonés
Pero, ¿cómo y por qué llegó el
vaso sagrado a Aragón? La investigadora estadounidense Janice Bennett,
periodista y doctora en Literatura Española por la Universidad de Colorado,
también persiguió las huellas de la copa repasando los estudios de Antonio Beltrán.
Aunque no se puede saber con certeza cómo llegó el cáliz de
Jerusalén a Roma, Bennet explica que Valeriano fue el emperador
romano más violento con las persecuciones cristianas y que el
papa Sixto II confió la reliquia a uno de sus diáconos, que no era otro que San
Lorenzo. Este, poco antes de morir también martirizado, lo
mandó a su tierra natal, donde se cree que se guardó en su antiguo hogar
oscense hasta el año 553, cuando pasó a la catedral de Huesca recién
construida. En el 711, con la invasión musulmana, el Santo Grial se
llevó a los escondidos cenobios en las montañas de los Pirineos, concretamente
a la cueva de Yebra, San Pedro de Siresa, San Adrián de Sasabe y San Pedro de
Jaca. En 1071 fue llevado a San Juan de la Peña –supuestamente– con
motivo de la visita del legado del papa Alejandro II. Allí está documentado que
se guardó hasta 1399, cuando lo reclamó el rey Martín I el Humano y fue llevado
al palacio de la Aljafería de Zaragoza. Fue el rey Alfonso V
quien lo envió a Valencia y el grial se conserva en la capital del Turia desde
1424. Por cierto, aunque el Grial salió de lo que hoy es Aragón
hace cinco siglos, en un par de recientes ocasiones ha vuelto a la Comunidad:
en 1959 fue prestado para la conmemoración del martirio de San Lorenzo, y en
1994 también repitió visita con motivo de los nueve siglos de la muerte del rey
Sancho Ramírez.
Además, aún hoy hay jinetes y
peregrinos que, durante la primavera, recorren los 550 kilómetros del llamado
'Camino del Santo Grial' entre San Juan de la Peña y la catedral de Valencia
con la única misión
de revivir la leyenda gríálica.
Superposición de diseños
Uno de los primeros pasos en la investigación del catedrático de la UPV fue
identificar la coincidencia de la moneda acuñada por el rey aragonés Sancho
Ramírez con la estructura del cáliz. Ambas usan el salmo del tronco de Jesé y
el nudo de Salomón. Songel cree que así se da a entender la correlación de
formas y símbolos, «demostrando un cuidado extraordinario en la elección de
elementos decorativos hasta configurar un programa iconográfico muy
particular». Los ideogramas comparten lacerías enlazadas, cruces, lirios y
rotas papales.
Un misterioso juego de letras
Hasta ahora la primera referencia a la existencia del cáliz era el
documento por el que en 1399 el rey Martín I el Humano reclamaba a los monjes
de San Juan de la Peña su entrega. Gabriel Songel afirma que ha hallado unos
acrósticos que adelantan 300 años la mención al vaso sagrado. El juego de
letras está en el relicario del monasterio, escrito en el siglo XI con motivo
de la coronación de Pedro I. Siguiendo un esquema geométrico se menciona ‘Calis
Lapsis Exilis Domini’ (‘el cáliz de piedra preciosa del Señor’) junto a la relación
de reliquias que se guardaban en San Juan de la Peña. El esquema, según Songel,
responde a las composiciones de las marcas de los reyes de la época y corrobora
la tradición laurentina. De hecho, otro de los acrósticos relaciona al papa
Sixto II con San Lorenzo, Huesca y personajes como Donato Abad.
Una réplica en el Alma Mater
La exposición que esta misma
semana abrió sus puertas en el Alma Mater Museum de Zaragoza (el Diocesano)
incluye una réplica del Santo Cáliz de Valencia. La muestra, titulada
‘La Pasión a través de los sentidos’, reúne lo más granado del patrimonio de
las cofradías zaragozanas, así como los fondos permanentes del Diocesano que
tienen que ver con la Semana Santa. Hasta el próximo 3 de abril se puede
disfrutar –en visitas guiadas que duran una hora– de medio centenar de obras
que van desde el gótico hasta el siglo XXI. Entre otras piezas, se exhibe la
Dolorosa de Palao, el Cristo Yacente del Seminario de San Carlos o el paso de
la Muerte de la Sangre de Cristo. La copia del cáliz pertenece
a la colección de Fernando Piró y es un bronce dorado con perlas cultivadas y
cristales de cabujón. La copa y el pie son de piedra de ágata. En la exposición
se muestra en la misma vitrina que un interesante sagrario de la Última Cena,
en madera policromada, procedente de la parroquia de la Asunción de Longares.
También comparte espacio con jarras de plata de lavatorio de la parroquia de
San Felipe y Santiago el Menor. Por otro lado, las copias de la Sábana
Santa proliferaron en el siglo XVI y XVII. El sudario que se
conserva en Campillo (en la comarca de Comunidad de Calatayud) está
considerado por los expertos como una de las mejores réplicas del mundo. El
próximo 18 de abril el profesor Juan Manuel Miñarro dará una charla en el Alma
Mater Musem sobre ‘El misterio de la Sábana Santa de Turín y el Santo Sudario
de Oviedo’.
En la literatura y la ficción
Que tos expertos no se pongan de
acuerdo en definir qué fue el Grial (algunos lo consideran el linaje de
Jesucristo, otros un arca, una mesa, una copa…) ha azuzado la imaginación de
los escritores para idear una y mil historias. El poema 'Parsifal’ del germano
Wolfram de Eschenbach es una de las referencias clave, que inspiraría después
la ópera de Wagner. Más cercana y moderna un salto acrobático de tres siglos es
la referencia al turolense Javier Sierra, que en 2017 ganó el premio Planeta
con la novela 'El fuego invisible'. El escritor reivindicaba entonces que,
contrariamente a. lo que muchos creían, el Santo Cáliz aún no había aparecido
en sus novelas. «‘La cena secreta' giraba en torno a la pintura mural de la
Santa Cena, en Milán, pero en ella Leonardo no pintó el grial», decía Sierra,
quien recorrió para documentarse los lugares en los que se dice que hubo otros
cálices desde Glastonbury hasta Valencia. El hecho de que los nazis (el propio
Himmler) también buscaran reliquias en España y acudieran a Montserrat atraídos
por el cáliz ha dado para muchas fabulaciones como 'La abadía profanada', de
Montserrat Rico Góngora, o 'El informe ahnenerbe', de Santiago Baró.
Otras reliquias aragonesas
Aragón conserva en muchas de sus
parroquias relicarios con piezas relacionadas con la muerte de Cristo, que se
han convertido en auténticos símbolos de devoción, Entre las más veneradas está
la Vera Cruz de Cospe, una de las supuestas astillas de la cruz de Cristo más
grandes que se conservan en el planeta. La reliquia, de 19,5 centímetros de
altura, está documentada desde 1396. De estos 'lignum crucis’ se conservan
muchos más en la Comunidad como en la Colegiata del Santo Sepulcro de Calatayud
o, incluso, en la sacristía mayor de la catedral de la Seo. También en San
salvador se guarda una de las santas espinas que, hipotéticamente, formaban
parte de la corona de Jesús. Está documentada en un inventario de 1608 y la
cofradía de la Coronación celebra su fiesta en torno al 10 de mayo.
Hay otra de estas espinas en la
iglesia de la Asunción de Calaceite se dice que un peregrino la dejó sobre el
altar en el siglo XIII, donde antaño se sacaba en procesión para pedir quo
lloviera en épocas de sequía. También se conserva en una urnarelicario de la
parroquia de San Felipe el que pudiera haber sido uno de los clavos de la
crucifixión del Señor.
La Sábana Santa de Campillo. Las
copias de la Sábana Santa proliferaron en el siglo XVI y XVII. El sudario que
se conserva en la comarca de Comunidad de Calatayud está considerado por los
expertos como una de las mejores réplicas del mundo.
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