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miércoles, marzo 4

La leyenda de Aracne

(Extraído de un texto de Pedro Pérez en la página observandoalbosque.com publicado el 5 de diciembre de 2022)

Conocido como la fábula o mito de Aracne, será la primera historia que abordaremos sobre el castigo que dejaron caer los dioses sobre quienes se atrevieron a ofenderlos. Lo primero es saber ¿quién es Aracne? Su nombre viene del griego “ἀράχνη”, que significa araña. Aracne vivía en Lidia, donde era muy famosa por su habilidad para tejer y bordar. Era hija de Idmón de Colofón, quien era conocido por ser un tejedor de lana con púrpura de tiro. Sobre su madre, Ovidio solo menciona que “era plebeya”.

Desde su más temprana edad, Aracne mostró una habilidad excepcional como tejedora. Su habilidad era el orgullo de toda Jonia y sus admiradores solían apiñarse alrededor de su pequeña cabaña para verla trabajar. Incluso las ninfas se sentían atraídas a salir de sus moradas situadas en el río Pactolo y en el monte Tmolos para ir a observar su talento (…)”

Pero ¿qué hizo Aracne y a quién ofendió? Por su gran habilidad y destreza al tejer, se le consideraba bendecida con un don dado por Atenea, o su equivalente romano, Minerva; diosa de la guerra, la sabiduría, la artesanía. Sin embargo, Aracne dejando de lado la humildad, lo negaba. El problema es que eso no fue todo, sino que también se atrevió a decir que era incluso mejor que la diosa de la artesanía y la retó a una competencia para demostrarlo.

“Palas [otro nombre para Atenea] tomó el cuerpo de una vieja, con sus canas y su debilidad, y, apoyada en su bastón, llegó hasta la artífice y le habló: entre los males que acarrea la senectud, hay algunos bienes, el conocimiento entre ellos; fiada en éste, le aconseja que se contente con ser la mejor lanificadora entre las mortales, pero que ceda ante Palas y le pida perdón; la diosa se lo concedería, de seguro (…)” Ovidio. Metamorfosis. Libro sexto (26-52)

Se dice que aquella advertencia de la anciana, a quien claro está, no reconoció como la diosa Atenea no fue suficiente para disuadir a la joven Aracne. Así que esta simplemente siguió con su reto hacia la diosa y llamó por ella para que se presentara. Acto seguido y según Ovidiola diosa se dio a conocer sorprendiendo a todos los presentes, menos a Aracne, quien solo se ruborizó un poco. Y sin vacilar sigue con su idea, por lo que Atenea acepta el reto y empieza la competencia”.

Para darle una enseñanza a Aracne, tejió en cada esquina la representación de; Rodope y Hemo; la pigmeo Énoe; Antígona; y Ciniras junto con los castigos que habían recibido por retar a los dioses. Al final, la diosa Minerva adornó su tapiz con el árbol, símbolo de la paz.

“Palas figura la roca de Marte en la ciudadela de Atenas, y el litigio a propósito del nombre que se daría a esa ciudad. Con seis dioses a cada lado, Júpiter se sienta. El rostro de cada uno de ellos está representado intachablemente. En seguida, figura a Neptuno que golpea con su tridente una peña de la cual brota el mar, y con esá prenda reclama la urbe para sí. Luego se representa a sí misma, con escudo y lanza y yelmo y protegida con la égida; finge que, golpeada por su lanza, la tierra produce el olivo con sus frutos, y que los dioses lo admiran. La imagen de una Victoria culmina su obra.” Ovidio. Metamorfosis. Libro sexto (71-102)

Aunque fue una verdadera obra de arte la hecha por la diosa, Aracne no se quedó atrás. Sin embargo, la joven escogió un tema que enfadaría a Atenea. En su tapiz, esta representó la historia de las mujeres que habían sido engañadas y burladas por los dioses en busca de satisfacer sus deseos lujuriosos.

“Por su parte, Aracne dibuja a Europa burlada por el toro, cuando éste comenzaba a llevársela por el mar; luego, a Asterie tenida por el águila, a Leda por el cisne; también queda allí Júpiter alcanzando a Antíope en figura de sátiro, a Alcmena como Anfitrión, a Dánae como lluvia de oro, y a la Asopida en cuerpo de fuego; a Mnemosina como pastor y a la Deoida en figura de serpiente. Representa asimismo a Neptuno como novillo, sobre la Eolia; como Enipeo, engendrando a los Aloidas; como carnero, burlando a la Bisáltida; como caballo, a Ceres, y el modo en que, alado, se llegó a Medusa, y en cuerpo de delfín, a Melanto. Luego representa a Febo vistiéndose de labriego o de halcón o de león para cumplir sus deseos, y a Baco en apariencia de pastor, para poseer a Ise, y de uva, para burlar a Erígone, y a Saturno en cuerpo de caballo para engendrar a Quirón (…)” Ovidio. Metamorfosis. Libro sexto (103-128)

Es cierto que ni la diosa de la artesanía pudo negar la obra que estaba ante sus ojos. Sin embargo, debido al tema escogido por Aracne, la diosa se molesta mucho por lo que destruye el tapiz de la mortal y la ataca.

En este momento, es cuando Aracne toma conciencia del grave error que cometió y decide suicidarse por la vergüenza tratando de ahorcarse. Ovidio relata como “la diosa Palas siente pena por Aracne y decide salvarla, por lo que le rocía un jugo con hierbas mágicas, lo que hace que su cuerpo tome la forma de una araña, de cuyo vientre saldría hilo con el que seguiría tejiendo”. Se dice que como castigo, Aracne en su nueva forma, sería obligada a seguir tejiendo por toda la eternidad. Sin embargo, ya no crearía obras tan bellas como otrora, sino piezas horribles y sin sentido.

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lunes, febrero 16

El mito de Sísifo

(Un texto de Edith Sánchez en lamenteesmaravillosa.com leído el 28 de mayo de 2016 -aunque parece que lo actualizaron en agosto de 2023)

El mito de Sísifo desarrolla ideas asociadas con el concepto de lo absurdo y la inutilidad de la vida. Veámoslo en detalle. 

Sísifo fue un personaje de la mitología griega que fundó el reino de Corinto. Era tan astuto que había conseguido engañar a los dioses. Ambicionaba el dinero y para conseguirlo recurría a cualquier forma de engaño. También se dice de él que fomentó la navegación y el comercio.

La leyenda cuenta que fue testigo del secuestro de Egina, una ninfa, por parte del dios Zeus. Decide guardar silencio frente al hecho hasta que su padre, Asopo, dios de los ríos, llega a Corinto y pregunta por ella. Es cuando Sísifo encuentra su oportunidad para proponerle un intercambio: el secreto por una fuente de agua dulce para Corinto. Asopo acepta.

Al enterarse, Zeus entra en cólera y envía a Tánatos, dios de la muerte, para que dé muerte a Sísifo. La apariencia de Tánatos era terrorífica, pero Sísifo no se inmuta. Lo recibe con amabilidad y lo invita a comer en una celda. Allí le sorprende al hacerle prisionero de un momento a otro.

Por un tiempo prolongado, nadie murió, y el que ahora entra en cólera es Hades, dios del inframundo. Este último exige a Zeus (su hermano) que resuelva la situación. Zeus decide enviar a Ares, dios de la guerra, para que libere a Tánatos y conduzca a Sísifo al inframundo.

Sin embargo, con anticipación, Sísifo había pedido a su esposa que, cuando muriera, no le rindiera honras fúnebres. La mujer cumplió con el compromiso.

Una vez que Sísifo llegó al inframundo, empezó a quejarse con Hades. Le dijo que su esposa no cumplía con el deber sagrado de rendirle honra fúnebre alguna. Hades lo ignoró en principio, pero debido a su insistencia le otorgó el favor de volver a la vida para reprender a su esposa por tal ofensa.

Por supuesto, Sísifo tenía planeado de antemano no regresar al inframundo. Y así vivió por muchos años hasta que accedió a ser enviado de vuelta por Tánatos.

Allí, Zeus y Hades, que para nada estaban contentos con las tretas de Sísifo, deciden imponerle un castigo ejemplar. Dicho castigo consistió en subir una pesada piedra por la ladera de una montaña empinada. Y cuando estuviera a punto de llegar a la cima, la gran roca caería hacia el valle, para que él de nuevo volviera a subirla. Esto tendría que repetirse, una y otra vez, por toda la eternidad.

La interpretación de Camus

Albert Camus parte de este mito griego para elaborar un ensayo filosófico que tituló justo igual, El mito de Sísifo, publicado en francés en 1942. En él desarrolla un conjunto de ideas asociadas con el concepto de lo absurdo y de la inutilidad de la vida. Aspectos determinantes en el destino de Sísifo y tan característicos del hombre de hoy.

Camus se refiere al absurdo como la esperanza que fundamenta el mañana, como si no existiera la certeza de la muerte. El mundo, despojado de los romanticismos, es un territorio extraño e inhumano.

Un conocimiento verdadero no es posible, ni la razón ni la ciencia pueden revelar la realidad del universo: sus intentos yacen como abstracciones sin sentido. El absurdo es la más desgarradora de las pasiones.

«Los dioses habían condenado a Sísifo a transportar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Pensaron, con algún fundamento, que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza». —Albert Camus—

Para Camus, tomarse con seriedad el absurdo significa aceptar la contradicción entre razón y deseo en un mundo irracional. De ahí que deba ser rechazado el suicidio, pues el absurdo no existe sin el hombre.

La contradicción debe ser vivida y los límites de la razón deben ser aceptados sin falsas esperanzas. El absurdo jamás debe ser aceptado con plenitud; por el contrario, demanda ser confrontado con constante rebeldía. Así, gana siempre la libertad.

La vida del absurdo

Camus ve en Sísifo al héroe del absurdo que vive la vida con plenitud, aborrece la muerte y es condenado a realizar una tarea inútil. El autor muestra la inacabable e inservible labor de Sísifo como una metáfora presente en la vida moderna. El trabajo en una fábrica u oficina es una tarea repetitiva. Dicho trabajo es absurdo, pero no trágico, excepto en las raras ocasiones en que existe consciencia de ello.

Camus se muestra, sobre todo, interesado en lo que piensa Sísifo mientras camina de regreso a la parte baja de la colina para comenzar de nuevo. Este es el instante trágico, cuando aquel hombre se hace consciente de lo miserable de su condición. Sin esperanza, el destino solo se vence con desprecio.

Reconocer la verdad es la forma de conquistarla. Sísifo, al igual que un hombre absurdo, mantiene la tarea de empujar. Cuando Sísifo es capaz de reconocer la inutilidad de su labor, y tiene la certeza de cuál es su destino, se libera para notar lo absurdo de su condición. Así llega al estado de aceptación. Camus finaliza con la frase «todo está bien y hay que imaginarse a Sísifo feliz».

El mito de Sísifo y el sentido de la vida

Para Camus, la pregunta fundamental de la filosofía es responder a la siguiente duda: ¿vale la pena vivir la vida, o no? En otras palabras, el autor plantea que la principal cuestión filosófica que debe ser abordada es: ¿qué hace que el suicidio no sea la primera opción?

Para Camus, el placer circunstancial puede reconfortar la conciencia en un momento dado, pero eso no hace que las vidas merezcan la pena. En su lugar, lo que sí que puede hacer que valga la pena es que las acciones de cada uno se enmarquen en un proyecto de vida que tenga sentido.

Pero, como todo filósofo existencialista, Camus afirma que la vida en sí misma no tiene sentido. Asumirlo implica entonces aceptar que existen cosas más allá que estructuran la realidad, pero para él esto no ocurre. La realidad existe y nada más. En este sentido, afirma que es uno mismo el que debe darle sentido a la vida, por más absurda que esta sea.

«Lo absurdo es el pecado sin Dios».

—Albert Camus—

Una inspiración de teorías y obras artísticas

El mito de Sísifo ha inspirado durante generaciones en el mundo del arte, la cultura y, en general, ha servido para dar explicación a diferentes teorías relacionadas con las cosas que rodeaban al hombre.

Así, en relación con la teoría solar (inspirada también en el mito del dios Helios), Sísifo con su esfuerzo también representaba al sol que sale cada mañana y después se hunde al atardecer. Al igual que era metáfora de las olas que subían y bajaban con las mareas.

En cuanto a las representaciones artísticas, vale la pena destacar las siguientes obras pictóricas y literarias más relevantes sobre el mito de Sísifo.

  • Tiziano en el siglo XVI plasmó su castigo en una pintura encargada por la reina Margarita de Hungría, que hoy se puede visitar en el Museo del Prado (Madrid).  
  • Gutierre de Cetina escribió el poema «De la pena de Sísifo se da cuenta», que entremezcla versos de pena y amor.
  • Baudelaire se valió de la experiencia de este personaje para inspirar su poema «La mala suerte», el cual se encuentra en su famosa obra Las flores del mar.

Al igual que otras figuras de la mitología griega, como Prometeo o Autólico, Sísifo ha pasado a la historia como un prototipo de embaucador o maestro del engaño de los dioses. En el entorno de salud (también en otros trabajos), el mito ha inspirado a lo que algunos denominan síndrome de Sísifo. Una muestra más del impacto que ha tenido en la historia de la humanidad.


 

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lunes, agosto 18

Eresictón de Tesalia

(Extraído de un texto de Pedro Pérez en la página observandoalbosque.com publicado el 5 de diciembre de 2022)

Eresictón o Erisictón, rey de Tesalia e hijo de Tríopas. Este personaje de quien hablaremos a continuación, a diferencia de Aracne, no tenía ningún don. Pero, lo que si tenía era un gran desprecio por los dioses, tanto así, que no les rendía culto, cosa que terminaría siendo su condena. Su ofensa a los dioses no se hizo esperar cuando fue a talar una encina (árbol) sagrada en los bosques consagrados como santuario a la diosa de la agricultura Deméter, o su equivalente romano, Ceres. En dicho bosque habitaban ninfas y dríadas, las cuales trataron de detener al rey. Sin embargo, no hubo manera, llegando incluso a amenazar con matarlas a ellas y a la misma Deméter con el hacha que utilizaba para talar la gran encina.

“Las dríadas se duelen y piden a Ceres que castigue al autor de daño tan grande. Asiente la diosa, y luego de meditar la clase de pena que le infligiría, decide agobiarlo con el hambre. Ya que los hados prohíben que Ceres y el Hambre se junten, ordena aquélla que una de las oréadas busque a ésta en su morada de Escitia, triste tierra sin frutos ni árboles donde habita junto con el Frío, el Palor y el Temblor (…)” Ovidio. Metamorfosis. Libro octavo (777- 795)

Luego de recibir el mensaje de la diosa Deméter, el hambre o Limos, entra al estómago del rey mientras duerme. Con esto, dice Ovidio “la comida le daría más hambre, y al comer, su estómago de igual manera quedaría vacío”. Es a partir de este momento, que la venganza de la diosa cae sobre Eresictón, ya que, padecería de hambre sin importar cuanto comiese.

Otro nombre con el que se le conoció fue el de Etón debido a su “hambre voraz”. Es aquí cuando producto del hambre insaciable causada por Limos, termina perdiendo toda su riqueza. Todos sus bienes se destinan inútilmente a saciar su hambre, terminando el rey como un vagabundo. Incluso vende a su hija Mestra o Metra, con el fin de saciar su hambre.

“(…) Ella recusa a su nuevo dueño, y va al mar a rogar a Neptuno, quien había tomado su virginidad, que la libre de aquél. El dios no desprecia la súplica, y cuando el dueño se acerca, da a la joven la figura de un pescador. Aquél, sin reconocerla, le pregunta por ella misma, diciendo que la acababa de ver en la playa. (…)” Ovidio. Metamorfosis. Libro octavo (843- 868)

Sin embargo, al enterarse Eresictón de que su hija había adquirido el poder de cambiar de forma, solo se le ocurrió venderla por comida repetidas veces. Y así sucedía, nos cuenta Ovidio que Mestra “al ser vendida una y otra vez, solo escapaba convirtiéndose en diferentes animales, y siempre volvía con su padre”. Sin embargo, ni siquiera esto sería suficiente para contrarrestar el castigo que le había dado la diosa Ceres a Eresictón, pues se cuenta que al final, con un hambre cada vez mayor, Eresictón se comió a sí mismo.

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viernes, abril 18

El Santo Grial más verosímil es el que llegó a Huesca

(Un reportaje de Carlos Peribañez en El Heraldo de Aragón del 1 de marzo de 2020, sobre un tema muy pascual)

Nuevas investigaciones documentales y paleográficas refrendan que el Santo Cáliz de Valencia que durante siglos se custodió en Aragón es el que más visos tiene de ser auténtico.

Es un documento del siglo XI el que se esgrime como prueba. Un manuscrito, a buen recaudo, en el relicario del monasterio de San Juan de la Peña de Huesca. Este texto tiene la referencia más antigua que se conoce al Santo Cáliz que se conserva en la catedral de Valencia y que durante siglos se guardó en Aragón. Esta copa sagrada es la que los expertos consideran que tiene más posibilidades de ser la que utilizó Jesucristo en la Última Cena y un estudio recién publicado por el investigador Gabriel Songel así lo refrenda. El catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia ha pasado seis años analizando las inscripciones en el cáliz que llegó a Huesca en el año 258 gracias a la intercesión de San Lorenzo. En el libro ‘El cáliz revelado’ (editorial Tirant lo Blanc, 2020), Songel explica que en la base de la copa hay un pequeño texto en escritura árabe cúfica que en su día se tradujo por "resplandeciente". Sin embargo, si se considera que puede tener un patrón de diseño especular, también se leería a la inversa en hebreo "Dios, el Salvador". Además, el profesor relaciona también las monedas acuñadas en la época de Sancho Ramírez con la escritura del cáliz y adelanta la primera referencia al mismo en unos 300 años. Con estos descubrimientos, el estudio no hace sino dar la razón a lo que el profesor Antonio Beltrán ya publicó hace 60 años: el cáliz de la catedral de Valencia –que se custodió en San Pedro de Siresa, San Adrián de Sasabe, San Pedro de Jaca y la Aljafería de Zaragoza, entre otras localizaciones aragonesas– es el más verosímil de todos los que se disputan el título de ser el auténtico. Al menos, no existen evidencias contra la posibilidad de que esta copa de ágata cornalina no la usara Jesucristo poco antes de despedirse de sus apóstoles.

"Lo que está claro y nadie ha podido rebatir hasta ahora es que la copa superior del cáliz de Valencia es una piedra ágata que solamente se localiza en el entorno de Palestina. Además, fue tallada de una forma muy especial en torno al siglo primero de nuestra época", apunta el catedrático levantino, que presentó el pasado lunes las conclusiones de un estudio que "confirma los datos que aparecen en la tradición oral de San Lorenzo".

Los demás cálices que reivindicaban ser los usados por Jesucristo "han ido cayendo porque no han pasado el filtro arqueológico: o eran muy posteriores o tenían otra finalidad", añade el especialista, que explica que la copa original se fue adornando durante la Edad Media –con las asas de oro y la base de cuenco invertido– "para realzar lo que significaba". "En el siglo XI todavía no se daba el fenómeno de la ostentación de las reliquias. Era algo íntimo que pertenecía a las familias", comenta, al tiempo que explica que fue más avanzada la Edad Media cuando se comenzó a mercadear con sudarios, astillas de la cruz y otros ‘recuerdos’ de la Pasión.

Las nuevas indagaciones

El primer hallazgo "sorprendente" de Songel fue comprobar que la composición del cáliz, tal cual lo conocemos actualmente, sigue un patrón estilístico relacionado con las marcas de los canteros: la minúscula inscripción de 17 milímetros de su base se hizo con el mismo patrón de retículas compositivas. Posteriormente, la investigación le permitió vincular la reliquia con la Corona de Aragón al descubrir la coincidencia de la moneda acuñada por el rey Sancho Ramírez con la estructura del cáliz, ya que sus asas "son la curva de la planta del tronco de Jesé que aparece en la moneda", si bien en lugar de la copa lo que se acuñó en la parte de arriba es una cruz.

Mediante un análisis de la paleografía, la numismática y los códices antiguos, Songel cribó los iconos del grial y ahondó sobre el fenómeno de la transliteración entre el árabe y el hebreo medieval. La citada interpretación de una misteriosa inscripción como "Dios, el Salvador" le hace pensar que el posible autor fuese el judío converso Pedro Alfonso, conocedor del hebreo y el árabe, y con acceso al cáliz y a los reyes aragoneses.

Hasta la fecha, las menciones al cáliz se remontan al primer canon romano de misa del siglo II y, muy posteriormente, al documento de 1399 por el que Martín el Humano reclama la reliquia a los monjes de San Juan de la Peña. Songel, sin embargo, asegura que en un relicario del monasterio hay un documento que debió confeccionarse en el siglo XI con motivo de la coronación de Pedro I de Aragón y en el que unos acrósticos (la imagen de la derecha) mencionan –indirectamente– el cáliz.

¿Sirven todos estos datos para corroborar que el santo cáliz de Valencia es el auténtico? Realmente no. Y es poco probable que en el futuro se encuentre una prueba rotunda y definitiva que así lo diga. "Nunca se podrá saber si este cáliz estuvo en las manos de Jesús, pero sí tiene todas las características", afirmaba recientemente Jaime Sancho, canónigo de la catedral de Valencia, si bien el arzobispado nunca ha permitido que "se manipule" el vaso para hacer una serie de pruebas científicas que hubieran ayudado a acotar mejor su datación. Tampoco el Vaticano se ha pronunciado nunca sobre la supuesta autenticidad de la reliquia, si bien el hecho de que el papa Benedicto XVI la utilizara durante su visita a España en 2006 lo interpretan algunos como un "gesto de reconocimiento".

El minucioso profesor Beltrán

El autor del más exhaustivo estudio arqueológico –el primero realmente serio– del Santo Grial que se guarda en Valencia fue el profesor Antonio Beltrán Martínez (Sariñena, 1916Zaragoza, 2006). El sabio, que durante décadas colaboró en HERALDO, analizó en 1960 pormenorizadamente el cáliz y concluyó que está formado por tres partes distintas, todas de diferente época. Según su estudio, la copa superior de ágata "pudo estar en la mesa de la Santa Cena" y "pudo ser la que Jesucristo utilizó para beber, consagrar o ambas cosas". Beltrán considera que cabe dentro de la lógica que Jesús usara en la cena pascual de los judíos un vaso de uso común que el anfitrión de la cena ofrecería. Según su hipótesis, se trataría de la mejor vajilla que poseyese y por eso encaja que fuera de piedra fina. Deduce también que Pedro u otro apóstol debieron de guardar el vaso, dado lo trascendental del momento.

El catedrático Manuel Martín-Bueno, que participó hace unos años en un congreso internacional sobre el Santo Cáliz, intentó que el Arzobispado de Valencia permitiera hacer un muestreo rápido e inocuo a la pieza, pero la Iglesia se negó a que la copa fuera trasladada a los laboratorios. El resultado –de todas formas– tampoco hubiera sido concluyente porque al tratarse de una roca no se puede echar mano de las técnicas que se utilizan con la materia orgánica: esto imposibilita que se puedan aplicar las fórmulas del carbono 14, el potasio-argón o el uranio-plomo.

La datación de la piedra serviría para saber el origen del mineral, pero no revelaría si pudo usarse o no hace dos mil años. "Lo que se podía hacer ya lo investigó Beltrán, como la tipología, la técnica de trabajo empleada para tallarlo, la zona de distribución de este tipo de vasos, el estudio comparativo de otras piezas similares... En definitiva, su contexto arqueológico", opina Martín-Bueno. Él y otros exégetas son partidarios de someter al cáliz a algunos estudios de difractograma o de fluorescencica de rayos X para conocer qué concentración de metales tiene el ágata cornalina, pero la negativa arzobispal persiste.

Así, a falta de un análisis científico riguroso, hay que continuar ahondando en la veta de la documentación histórica y el discernimiento entre la realidad y la leyenda. La mayoría de expertos mundiales coinciden en que –de todas las historias que corren en paralelo a los posibles cálices de Cristo– la más fiable desde el punto de vista documental es la española. El resto (y en parte también la autóctona) están contaminadas por narraciones medievales y un abundante esoterismo que las siembra de dudas. En el siglo XV ya había referencias a veinte copas que reclamaban el honor de ser la auténtica, entre otras, la que presuntamente llegó a Inglaterra de manos de José de Arimatea, o la que se dice que llevó a Francia María Magdalena.

La tradición pía se entremezcla con la leyenda medieval, como probó en 2002 el historiador alemán Michael Hesemann en un libro en el que situaba el origen de todas las leyendas griálicas en Guiot de Provins, un trovador que estuvo al servicio de Alfonso II de Aragón. Por su parte, el escritor turolense Javier Sierra pone el acento en que "hasta el siglo XII nadie se interesó por el Grial". "Es una opinión personal, pero creo que la leyenda se acuñó durante la formación del Reino de Aragón para dar coraje a los Reyes de lo que entonces era el fin del mundo cristiano en su lucha con los musulmanes", dice el autor de ‘El fuego invisible’.

El periplo aragonés

Pero, ¿cómo y por qué llegó el vaso sagrado a Aragón? La investigadora estadounidense Janice Bennett, periodista y doctora en Literatura Española por la Universidad de Colorado, también persiguió las huellas de la copa repasando los estudios de Antonio Beltrán. Aunque no se puede saber con certeza cómo llegó el cáliz de Jerusalén a Roma, Bennet explica que Valeriano fue el emperador romano más violento con las persecuciones cristianas y que el papa Sixto II confió la reliquia a uno de sus diáconos, que no era otro que San Lorenzo. Este, poco antes de morir también martirizado, lo mandó a su tierra natal, donde se cree que se guardó en su antiguo hogar oscense hasta el año 553, cuando pasó a la catedral de Huesca recién construida. En el 711, con la invasión musulmana, el Santo Grial se llevó a los escondidos cenobios en las montañas de los Pirineos, concretamente a la cueva de Yebra, San Pedro de Siresa, San Adrián de Sasabe y San Pedro de Jaca. En 1071 fue llevado a San Juan de la Peña –supuestamente– con motivo de la visita del legado del papa Alejandro II. Allí está documentado que se guardó hasta 1399, cuando lo reclamó el rey Martín I el Humano y fue llevado al palacio de la Aljafería de Zaragoza. Fue el rey Alfonso V quien lo envió a Valencia y el grial se conserva en la capital del Turia desde 1424. Por cierto, aunque el Grial salió de lo que hoy es Aragón hace cinco siglos, en un par de recientes ocasiones ha vuelto a la Comunidad: en 1959 fue prestado para la conmemoración del martirio de San Lorenzo, y en 1994 también repitió visita con motivo de los nueve siglos de la muerte del rey Sancho Ramírez.

Además, aún hoy hay jinetes y peregrinos que, durante la primavera, recorren los 550 kilómetros del llamado 'Camino del Santo Grial' entre San Juan de la Peña y la catedral de Valencia con la única misión de revivir la leyenda gríálica.

Superposición de diseños

Uno de los primeros pasos en la investigación del catedrático de la UPV fue identificar la coincidencia de la moneda acuñada por el rey aragonés Sancho Ramírez con la estructura del cáliz. Ambas usan el salmo del tronco de Jesé y el nudo de Salomón. Songel cree que así se da a entender la correlación de formas y símbolos, «demostrando un cuidado extraordinario en la elección de elementos decorativos hasta configurar un programa iconográfico muy particular». Los ideogramas comparten lacerías enlazadas, cruces, lirios y rotas papales.

Un misterioso juego de letras

Hasta ahora la primera referencia a la existencia del cáliz era el documento por el que en 1399 el rey Martín I el Humano reclamaba a los monjes de San Juan de la Peña su entrega. Gabriel Songel afirma que ha hallado unos acrósticos que adelantan 300 años la mención al vaso sagrado. El juego de letras está en el relicario del monasterio, escrito en el siglo XI con motivo de la coronación de Pedro I. Siguiendo un esquema geométrico se menciona ‘Calis Lapsis Exilis Domini’ (‘el cáliz de piedra preciosa del Señor’) junto a la relación de reliquias que se guardaban en San Juan de la Peña. El esquema, según Songel, responde a las composiciones de las marcas de los reyes de la época y corrobora la tradición laurentina. De hecho, otro de los acrósticos relaciona al papa Sixto II con San Lorenzo, Huesca y personajes como Donato Abad.

Una réplica en el Alma Mater

La exposición que esta misma semana abrió sus puertas en el Alma Mater Museum de Zaragoza (el Diocesano) incluye una réplica del Santo Cáliz de Valencia. La muestra, titulada ‘La Pasión a través de los sentidos’, reúne lo más granado del patrimonio de las cofradías zaragozanas, así como los fondos permanentes del Diocesano que tienen que ver con la Semana Santa. Hasta el próximo 3 de abril se puede disfrutar –en visitas guiadas que duran una hora– de medio centenar de obras que van desde el gótico hasta el siglo XXI. Entre otras piezas, se exhibe la Dolorosa de Palao, el Cristo Yacente del Seminario de San Carlos o el paso de la Muerte de la Sangre de Cristo. La copia del cáliz pertenece a la colección de Fernando Piró y es un bronce dorado con perlas cultivadas y cristales de cabujón. La copa y el pie son de piedra de ágata. En la exposición se muestra en la misma vitrina que un interesante sagrario de la Última Cena, en madera policromada, procedente de la parroquia de la Asunción de Longares. También comparte espacio con jarras de plata de lavatorio de la parroquia de San Felipe y Santiago el Menor. Por otro lado, las copias de la Sábana Santa proliferaron en el siglo XVI y XVII. El sudario que se conserva en Campillo (en la comarca de Comunidad de Calatayud) está considerado por los expertos como una de las mejores réplicas del mundo. El próximo 18 de abril el profesor Juan Manuel Miñarro dará una charla en el Alma Mater Musem sobre ‘El misterio de la Sábana Santa de Turín y el Santo Sudario de Oviedo’.

En la literatura y la ficción

Que tos expertos no se pongan de acuerdo en definir qué fue el Grial (algunos lo consideran el linaje de Jesucristo, otros un arca, una mesa, una copa…) ha azuzado la imaginación de los escritores para idear una y mil historias. El poema 'Parsifal’ del germano Wolfram de Eschenbach es una de las referencias clave, que inspiraría después la ópera de Wagner. Más cercana y moderna un salto acrobático de tres siglos es la referencia al turolense Javier Sierra, que en 2017 ganó el premio Planeta con la novela 'El fuego invisible'. El escritor reivindicaba entonces que, contrariamente a. lo que muchos creían, el Santo Cáliz aún no había aparecido en sus novelas. «‘La cena secreta' giraba en torno a la pintura mural de la Santa Cena, en Milán, pero en ella Leonardo no pintó el grial», decía Sierra, quien recorrió para documentarse los lugares en los que se dice que hubo otros cálices desde Glastonbury hasta Valencia. El hecho de que los nazis (el propio Himmler) también buscaran reliquias en España y acudieran a Montserrat atraídos por el cáliz ha dado para muchas fabulaciones como 'La abadía profanada', de Montserrat Rico Góngora, o 'El informe ahnenerbe', de Santiago Baró.

Otras reliquias aragonesas

Aragón conserva en muchas de sus parroquias relicarios con piezas relacionadas con la muerte de Cristo, que se han convertido en auténticos símbolos de devoción, Entre las más veneradas está la Vera Cruz de Cospe, una de las supuestas astillas de la cruz de Cristo más grandes que se conservan en el planeta. La reliquia, de 19,5 centímetros de altura, está documentada desde 1396. De estos 'lignum crucis’ se conservan muchos más en la Comunidad como en la Colegiata del Santo Sepulcro de Calatayud o, incluso, en la sacristía mayor de la catedral de la Seo. También en San salvador se guarda una de las santas espinas que, hipotéticamente, formaban parte de la corona de Jesús. Está documentada en un inventario de 1608 y la cofradía de la Coronación celebra su fiesta en torno al 10 de mayo.

Hay otra de estas espinas en la iglesia de la Asunción de Calaceite se dice que un peregrino la dejó sobre el altar en el siglo XIII, donde antaño se sacaba en procesión para pedir quo lloviera en épocas de sequía. También se conserva en una urnarelicario de la parroquia de San Felipe el que pudiera haber sido uno de los clavos de la crucifixión del Señor.

La Sábana Santa de Campillo. Las copias de la Sábana Santa proliferaron en el siglo XVI y XVII. El sudario que se conserva en la comarca de Comunidad de Calatayud está considerado por los expertos como una de las mejores réplicas del mundo.

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