El rey que se quedó sin escudo
(La columna de Guillermo Fatás en el Heraldo de Aragón del 24 de enero de 2016)
Aunque el público no lo advierta, el pedestal del monumento al rey Católico en Zaragoza fue privado subrepticiamente de un gran adorno heráldico.
El 11 de marzo de 1968, el alcalde de Zaragoza, Cesáreo Alierta, escribió a una comisión municipal una nota perentoria: «Opinando que ya es hora de que se levante en esta Ciudad un monumento al gran rey aragonés Fernando el Católico, esta Alcaldía hizo gestiones cerca del escultor D. Juan de Ávalos, fruto de las cuales es la presente propuesta presentada por él y que hago llegar a esa M. I. Comisión con objeto de que la conozca, estudie y resuelva con toda urgencia». El concejo había convocado un concurso de anteproyectos con parecido fin en 1951 y se había dejado pudrir. Como Alierta era hombre resolutivo y de genio vivo, actuó por su cuenta al enterarse de que había un oportuno aniversario histórico-político a punto de caer: en las fiestas del Pilar de 1969 se cumplirían quinientos años del matrimonio de Fernando e Isabel.
Ávalos, escultor del régimen
Ávalos encarna bien el gigantismo escultórico del franquismo. Sin embargo, no le valió luchar en el ejército de Franco y fue depurado en 1942 por haber militado en el PSOE de su Mérida natal. Se mudó por eso a Lisboa y en1950 tuvo la idea de presentarse, con setenta bocetos, al concurso oficial para la erección del templo subterráneo de Cuelgamuros. Lo ganó, no obstante sus antecedentes, y eso cambió su vida.
Teruel, tras hallarse en 1955 los despojos que se supusieron de Isabel y Diego, le encargaría el famoso mausoleo de los Amantes.
Con todo eso, Alierta vio que nadie osaría rechazar a quien fingía ya como protoescultor nacional y eligió la vía directa para tener la obra concluida en octubre del año siguiente. Solo se retrasó el pago de la cantería del pedestal, pues el cantero escurialense Estévez no cobró sus 103.000 pesetas hasta la primavera de 1970.
La comisión municipal fue entusiasta, calificó la decisión de «acertadísima», por el asunto («el gran rey aragonés») y por la elección de Ávalos, que se mostró encantado: tenía «ilusión» en dejar huella «en esa hermosa ciudad» y, más, tratándose de «ensalzar a una figura tan representativa». Propuso una factura de un millón de pesetas y el consistorio reservó millón y cuarto.
El monumento resultante no ha despertado entusiasmos. Es un Fernando en bronce, de cinco metros y pico, sobre pedestal de granito que, por el este, tiene un relieve con la boda de los futuros Reyes Católicos, oficiada por un obispo hoy famoso a causa de una serie televisiva. (Además de la novia, hay otra Isabel en un lugar casi invisible, pues el rey la lleva en el medallón de su collar).
Un borrado subrepticio
El último cambio notable le llegó con el tranvía. Se adecentó sin mucho gasto el entorno del monumento. La alteración más sorprendente, que nunca se hizo oficial, ni fue explicada, es el borrado subrepticio de la ornamentación, diríase que esgrafiada, de la fachada norte del pedestal. El esgrafiado es una técnica barata para lograr dos colores donde solo hay uno. Básicamente, se raspa la superficie para que surja un segundo tono, una bicromía. Ávalos trazó así un gran escudo de los Reyes Católicos que llenaba todo el espacio, y un gran 'Tanto Monta', lema del rey. Donde estuvo ese escudo del 1500 no hay ahora sino una gran nada, artísticamente inexplicable. (No es verosímil que lo borrase el cierzo. La duda es si quien arrasó el blasón lo hizo, como dijo aquel, con los cuernos o con las pezuñas).
Don Fernando no fue franquista
En mayo de 2014, hubo que ilustrar a un diputado batasuno sobre las flechas, el yugo, el aspa de Borgoña y el Toisón como emblemas anteriores en varios siglos al general Franco y a sus preferencias heráldicas. En 2010, un ayuntamiento extremeño había eliminado un escudo de Isabel I y Fernando V (en la numeración castellana) por su sabor franquista. Sería como eliminar las enormes fasces romanas que presiden el Congreso de los EE. UU. por presentar aires 'mussolinianos'.
Fáciles de distinguir
Distinguir entre un escudo de los 'Reyes Católicos y uno del franquismo es sencillo. En el de Franco nunca están el emblema de Sicilia (barras de Aragón y águilas negras germanas, combinadas en un aspa) ni el letrero 'Tanto Monta’. En cambio, lleva las Columnas con el 'Plus Ultra' (que son de Carlos I, nieto de los reyes) y el lema ‘Una, Grande, Libre'. Si se desempeña alguna responsabilidad sobre monumentos, ignorar estas cosas elementales es vergonzoso e injustificable. En Zaragoza, y de tapadillo, se demostró esa ineptitud, agravada por la astucia del sigilo en el obrar.
El episodio recuerda a quienes, en la Transición, rechazaban el ‘señal real’ de los palos como símbolo de Aragón «por ser la bandera catalana». Renuncias así acaban por hacer verdad una mentira. Alguno creerá que los hermosos escudos, lemas y techos heráldicos de la Aljafería los puso un general del siglo XX.Etiquetas: Cosas que hay que saber
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