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martes, enero 6

Se acercan, se acercan

(La columna de Alberto Serrano Dolador en el Heraldo de Aragón del 3 de enero de 2016)

«Hoy tres reyes salen del oriente/ en busca del niño nacido en Belén,/ y una estrella muy resplandeciente/ le sirve de guía hasta dar con él», cantaban en la Epifanía los de Malón.

Ya se acercan, ya se acercan... aunque, a lo mejor, han pasado por aquí y no nos hemos enterado: hubo territorios de la Corona de Aragón en los que se pensó que Melchor, Gaspar y Baltasar realizaban una visita previa y secreta a nuestros lares algunos días antes, para observar qué es lo que hacían los pequeños y ajustar el reparto de regalos (fecha sensible: la Purísima, 8 de diciembre).

Sepa el que no haya tenido suficiente con las comilonas de estos días que todavía quedan algunas gollerías y rituales gastronómicos propios de la jornada de Reyes. El roscón puede anclar sus antecedentes en unas tortas redondas de miel que los romanos clásicos gustaban decorar con frutos secos. Las anguilas de mazapán (¡cuántas hicieron mi abuelo y mi padre en su confitería de Caspe!) era el regalo que los mozos del Buste entregaban a las mozas el día 6; en Huérmeda (Calatayud) las llamaban ‘quesillos'. Supongo que tampoco faltarían en casa del juez de paz de Sisamón, que el día de Reyes invitaba a turrón a las fuerzas vivas del pueblo.

Como cualquier fecha especial, la de la venida de Sus Majestades fue propicia para rituales senadores de corte mágico. En 1992 el profesor Beltrán Martínez anotaba éste en las páginas del HERALDO: «Cuando un enfermo no lograba saber el mal que le aquejaba ni los médicos daban con la causa, se situaba en víspera de Reyes en un plato hondo una hoja de laurel por cada uno de los órganos personales, corazón, intestinos, hígado, riñones, etcétera, asignando a cada hoja el nombre de cada una de las vísceras posiblemente dañadas; encima de las hojas se disponía una cuchara de madera con la que el paciente había comido, naturalmente sin lavarla previamente; se llenaba el plato de agua, se rezaban unas oraciones a los Reyes pidiéndoles que declarasen el mal; se dejaba el plato al sereno toda la noche y a la mañana siguiente las hojas que se habían manchado con la suciedad de la cuchara indicaran el mal, y si la mancha era grande, grave, y si pequeña, leve».

Desde la Baja Edad Media, la jornada fue también propicia para el teatro: «A través de los monjes de Cluny la liturgia romana se impuso en España a la mozárabe y llegaron de Francia los primeros dramas litúrgicos, como el ‘Officium Stellae', que en el siglo XI desarrolla el tema de la estrella, los magos y su adoración», leo en un trabajo del antropólogo Demetrio E. Brisset. Otros tratadistas han señalado que los autos de epifanía arraigados en Toledo hasta pudieron tener procedencia aragonesa..

 

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