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lunes, agosto 5

Saul Bass



(Un artículo de Manuel Hidalgo en El Mundo del 16 de noviembre de 2012)

Otto Preminger ordenó que las latas de su película El hombre del brazo de oro (1955) llegaran a las cabinas de proyección con unas instrucciones escritas en las que se pedía a los proyeccionistas que abrieran las cortinas de las pantallas antes del inicio de la proyección. En muchos cines, las películas comenzaban a proyectarse con las cortinas echadas o en trance de irse abriendo, pues los proyeccionistas no concedían ningún valor a los títulos de crédito iniciales. 

Esos títulos, con las debidas excepciones, se colocaban sobre cartones que iban sucediéndose o, como mucho, sobre imágenes fijas, tenían una tipografía convencional y permanecían estáticos. 

Con la irrupción del diseñador Saul Bass, los títulos de crédito se convierten en una mini película, un prólogo u obertura que sintetizan el núcleo de la historia que viene después e inducen el clima emocional para verla. Bass, creando una pieza artística autónoma, aunque fiel a la película que le sigue, introduce en los créditos el dibujo o la animación abstractos que concretan el sentido de la historia, el grafismo y la tipografía variados, el movimiento y un ritmo ligado a la composición musical que los acompañan.
Los pósters de las películas eran, por lo general, ilustraciones pictóricas y realistas de uno o varios momentos de la acción del filme, que situaban en primer plano a los intérpretes, a las estrellas que los estudios deseaban vender. En El hombre del brazo de oro -una película sobre un músico de jazz adicto a la heroína- el icono primordial del póster, en el centro de varias manchas rectangulares, es un brazo dibujado y fracturado de resonancias picassianas, y se prescinde de vender el rostro de la estrella, Frank Sinatra.
El trabajo de Saul Bass como diseñador de títulos de crédito y carteles de películas fue, sencillamente, una revolución, un choque, una ruptura total, tanto que -en España, por ejemplo- a veces no se utilizaban sus pósters, se supone que por temor a que resultaran fríos, demasiado conceptuales e intelectuales. ¿Elitistas? 

Nacido en 1920 en el Bronx neoyorkino, hijo de inmigrantes judíos, Saul Bass estudió con Howard Trafton y, especialmente, con György Kepes, un diseñador y teórico húngaro partícipe de la Bauhaus. La salida profesional de Bass fue el diseño publicitario y, tras su paso por varias agencias, fundó la suya propia en Los Ángeles, colaborando estrechamente siempre con su luego esposa, la diseñadora Elaine Makatura. El matrimonio tuvo dos hijos. Jennifer Bass, también diseñadora, es coautora, con Pat Kirkham, de A Life on Film and Design, el libro más completo -1.400 ilustraciones- que se ha escrito sobre su padre. 

Saul Bass nunca abandonó el diseño, como creador de logos e imágenes corporativas grandes empresas -tenemos en la retina sus creaciones para United Airlines, Warner o Kleenex, entre muchas otras- , y fue reclamado para tareas tan importantes como el diseño del cartel de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1984. [En 2011] se editó en España su único libro como ilustrador infantil, de 1962, Henri viaja a París (Gustavo Gili), escrito por Leonore KIein. 

Multifacético e inquieto, Saul Bass dirigió media docena de cortometrajes y por uno de ellos, Why man creates (1968), ganó el Oscar al mejor corto documental del año. En 1974, se aventuró en la dirección de largos con una película de Ciencia-Ficción, Sucesos en la N Fase. Fracasó, aunque ahora es un filme de culto. Cuenta la historia de unos científicos que se enfrentan a unas hormigas que han hecho de su colmena una especie de inteligencia colectiva, un cerebro avanzadísimo que amenaza la seguridad de la Humanidad. Se editó en VHS en España, pero creo que ahora no está en DVD. […] 

Cuatro décadas, decenas de creaciones en títulos de crédito y pósters, que han influido en el estilo y, sobre todo, la actitud de otros grandes diseñadores del mismo campo, antes inexistente. Desde Maurice Binder -el creador de los créditos de las 14 primeras películas de James Bond- hasta Juan Gatti -y sus trabajos para Pedro Almodóvar-, pasando por Pablo Ferro o Kyle Cooper. […] 

Con Otto Preminger hizo 12 películas (recordemos Anatomía de un asesinato, 1959); con Alfred Hitchcock, tres, y con Martin Scorsese, que lo recuperó en los años 90, cuatro: Uno de los nuestros (1990), El cabo del miedo (1991), La edad de la inocencia, (1993) y Casino (1995), que fue su último trabajo. Saul Bass falleció en Los Ángeles en abril de 1996. 

Con harto dolor, y antes de hablar del caso Hitchcock, citaré solamente unas pocas películas con el sello Bass: La tentación vive arriba (Wilder, 55), Espartaco (Kubrick, 59), Grand Prix, (Frankenheimer, 66), La guerra de los Rose (De Vito, 1989)... y ya.
Hitchcock, el mito: las espirales de Vértigo (1958), los cristales del edificio de la ONU de Con la muerte en los talones (1959) y Psicosis (1960), donde se estropeó el idilio. Bass había hecho, además, el story-board de la legendaria secuencia de la ducha, el dibujo de los planos uno por uno. Trascendió que se atribuía el mérito, Hitchcock se picó y hasta le negó a Truffaut el valor de otra contribución de Bass: la escena del asesinato del inspector que cae por la escalera. Nunca más trabajaron juntos.

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