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domingo, noviembre 10

Roland Garros: una leyenda de lo que no fue



(Un texto de Juan Manuel Bellver en El Mundo del 22 de septiembre de 2013)

Roland Garros, que pone nombre a uno de los templos del tenis, fue en realidad un aviador cuya mayor proeza fue cruzar el Mediterráneo. [El 23 de septiembre] se cumplen 100 años de la  mayor hazaña protagonizada por  Roland Garros: la primera travesía  aérea del Mediterráneo, acometida  por este ídolo de la aviación francesa el 23 de septiembre de 1913 en el  tiempo récord -para la época- de 7  horas y 53 minutos. Eso duró el vuelo entre Marsella y Túnez. 

Muerto cinco años más tarde, a la temprana edad de 29 años, cuando su caza SPAD fue abatido por un Fokker D-VII alemán en Las Ardenas, Roland Eugéne Adrien George Garros pasaría a la historia como un héroe nacional gracias a sus victorias en combates aéreos durante la Primera Guerra Mundial y a su labor como pionero de la aviación civil. Hoy, sin embargo, su nombre es asociado por el gran público al torneo tenístico de los Internacionales de Francia -uno de los cuatro Grand Slam-, que se juega en el estadio parisino erigido en 1927 en su honor.

¿Qué relación tiene con la más importante prueba sobre tierra batida del circuito este piloto del siglo pasado que, según un reciente artículo de L'Equipe, «pasó en cinco años de dandi a arcángel, desafiando las leyes de la gravedad para planear por encima de las contingencias y, de un golpe de hélice, cruzar el Mediterráneo»? Pues más bien poca, aunque se trataba de un deportista reconocido que practicó en su juventud el fútbol, el ciclismo o el rugby.

Cierto es que nuestro hombre jugó alguna vez al tenis, como socio que era del club Stade Français, pero no fue manejando la raqueta como obtuvo su fama. El caso es que hacía falta construir unas instalaciones donde el legendario equipo de Los Cuatro Mosqueteros (Lacoste, Borotra, Brugnon y Cochet), que ganó nada menos que seis veces la Copa Davis, pudiera jugar como local y, con el fallecimiento de Roland Garros todavía reciente, su amigo y ex compañero de estudios en la Escuela de Altos Estudios Comerciales (HEC), Émile Lesieur, antiguo jugador de rugby y entonces presidente del Stade Français, puso como condición para aportar fondos rendir homenaje al héroe bélico difunto.

No era para menos ya que, en plena Belle Epoque, Roland Garros le habla contagiado a sus conciudadanos el sueño de volar al tiempo que había ayudado a desarrollar un ingenio militar de combate que permitía disparar en vuelo a través de la hélice. Pero entonces ni Lesier ni nadie imaginó que el estadio, diseñado para intentar el asalto a la ensaladera de 1928, terminaría convirtiéndose en un templo internacional del tenis.

Oriundo de la isla de la Reunión, territorio francés del océano Índico, Garros se hizo célebre por ganar pruebas aéreas como la del circuito de Anjou y por sus proezas aeronáuticas en Brasil, Argentina o Cuba. Para restituir su memoria, la Asociación Aeronáutica y Astronáutica de Francia (AAAF) organizó en 2010 una Conferencia Internacional: «Roland Garros, un inmenso pionero desconocido». Y tras sus pasos se inauguró poco después el anfiteatro que lleva ahora su nombre en el Museo del Aire y del Espacio de Le Bourget.

Tenía 24 años cuando efectuó la primera travesía sobre el Mediterráneo. Había sufrido una avería en Córcega y no obstante, logró el aterrizaje con apenas cinco litros de gasolina. En febrero, el avión original con el que realizó la travesía Marsella-Túnez, un Morane-Saulnier H, así como su coche personal, un Bugatti, fueron exhibidos en la Feria del Automóvil de Colección. Fue el comienzo de una serie de homenajes que recordarán al pionero del cielo reconvertido, sin quererlo, en nombre y leyenda del tenis.

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