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sábado, abril 5

Inventores olvidados de inventos muy usados

(Un artículo de Rocó P. benavente en elconfidencial.com del 23 de marzo)

Crearon objetos que utilizamos cada día y que hacen nuestra vida más sencilla, más cómoda o más segura. Algunos dieron en el clavo a la primera y en solitario, aunque la mayoría se caracterizan, como lo hace el progreso humano en general, por haber plantado semillas que otros regaron o por haber cosechado el resultado final del trabajo que otros empezaron y fueron perfeccionando.
Y sin embargo muchos de sus nombres no recibieron la fama que merecían, y algunos ni siquiera lograron beneficiarse económicamente de sus inventos. Hacemos un repaso de algunos de estos ingenios a los que estamos acostumbrados y en los que casi no reparamos, pero que supusieron meses de pruebas, desarrollos y mejoras por parte de sus autores, muchos de los cuales han pasado a la historia sin que recordemos sus nombres.

1. Gideon Sundbäck: la cremallera
Gideon Sundbäck, un ingeniero nacido en Suecia en 1880 que emigró a Estados Unidos a los 25 años, ideó un mecanismo que todos sin apenas excepción utilizamos cada día al vestirnos, por ejemplo, y aplicado a muchos otros objetos cotidianos: la cremallera.

Su invento consistía en dos filas enfrentadas de dientes metálicos, que se alineaban en una sola fila al deslizar el pasadorCuando Sundbäck llegó a América, comenzó a trabajar para la Universal Fastener Company, una compañía dedicada a fabricar sacos y otros métodos de embalaje y transporte, en la que pronto ascendió gracias a su innegable habilidad como diseñador (tampoco le perjudicó el hecho de que se casó con la hija del gerente de la fábrica). Logró el cargo de diseñador jefe de la compañía, y se le encomendó la tarea de mejorar los sistemas de cierre de los sacos, que no eran muy seguros.
Por entonces, los productos de la empresa se basaban en el uso de ganchos y agujeros, un sistema que fallaba con frecuencia: los sacos se abrían y el contenido se desparramaba. En 1913 resolvió ese problema. Su invento consistía en dos filas enfrentadas de dientes metálicos, que se alineaban en una sola fila al deslizar el pasador. Con este sistema, en el mismo espacio donde antes había cuatro enganches ahora entraban diez u once. Los cierres eran mucho más seguros.

El año siguiente diseñó una segunda versión de este invento, que ya se puede considerar en esencia una cremallera metálica como las que usamos hoy. En esta versión, los dientes metálicos eran ligeramente más anchos en su parte superior, quedando mejor anclados al enlazarse con la otra hilera. Además, comenzó a engarzarlos en una tira de tela más recia, que era la que se cosía a los sacos, en vez de engarzarlos directamente en los sacos, para hacer el sistema más resistente.

La patente se registró en 1917, y sus primeros usos fueron como cierre para botas y sacos de tabaco. Pasaron dos décadas antes de que la industria de la moda comenzase a utilizar cremalleras, algo que se convirtió en habitual en los años de la Segunda Guerra Mundial.

2. George de Mestral: el velcro
Se trata de otro elemento cotidiano en la ropa que usamos: el vecro cierra prendas allí donde no hay una cremallera o unos botones. Detrás de ese sistema aparentemente sencillo hubo años de desarrollo, pruebas y el ingenio de un inventor, George de Mestral.

Al volver a casa tras la caminata, tuvo que despegar varias semillas de su ropa y del pelo del animal. Intrigado por cómo lograban adherirse con tanta eficacia, observó detenidamente las semillas con un microscopio, y descubrió una maraña de pequeños ganchos que se enganchaban en cualquier cosa con hebras, como la ropaNacido en Suiza en 1907, de Mestral dio señas de talento creador cuando a los 12 años diseñó un avión de juguete de madera que patentó poco después. Estudió en la escuela politécnica de Lausanne y tras su graduación comenzó a trabajar en una fábrica de maquinaria industrial.

Pero la idea de crear este sistema de cierre le vino en 1941 en un momento de ocio, mientras paseaba por el campo con su perro. Al volver a casa tras la caminata, tuvo que despegar varias semillas de su ropa y del pelo del animal. Intrigado por cómo lograban adherirse con tanta eficacia, observó detenidamente las semillas con un microscopio, y descubrió una maraña de pequeños ganchos que se enganchaban en cualquier cosa con hebras, como la ropa.

Esto le dio la inspiración para recrear el mismo sistema de forma artificial, y usarlo para pegar y despegar dos materiales enfrentados. En primer lugar, utilizó algodón, un material que dio buen resultado al principio pero que se desgastaba y estropeaba pronto. Pasó a las fibras sintéticas, decantándose finalmente por el nilon al descubrir que aplicando rayos infrarrojos formaba naturalmente los pequeños ganchos para el cierre.

Determinado el material, tenía que encontrar la forma de mecanizar la producción para que fuese comercialmente viable, algo que le llevó casi diez años. Solicitó la patente en 1951 y le fue concedida en 1955. En pocos años abrió fábricas en varios países de Europa, aunque el éxito tardó en llegar: para la industria de la moda, el velcro era antiestético. Sus primeros usos relevantes se encuadraron dentro de la industria aeroespacial, ya que ayudaba a cerrar los trajes de los astronautas sin añadir aparatosidad al traje.

Las ventajas del invento de de Mestral, sin embargo, terminaron siendo reconocidas y aprovechadas por el sector textil, y se calcula que en sus años de apogeo llegó a vender hasta 55.000 kilómetros de velcro al año, un negocio que le hizo millonario. En 1978 expiró la patente, generalizándose su producción.

3. Nils Bohlin, el cinturón de seguridad
El invento del cinturón de seguridad como tal es anterior a Bohlin, pero fue este ingeniero sueco nacido en 1920 el que desarrolló el modelo universal que todos utilizamos hoy cuando nos subimos al coche.

En un solo año, Bohlin rediseñó el cinturón. En vez de dos, utilizaba tres puntos de anclaje (el hombro y ambos lados de la cadera), de forma que mantenía sujeta la parte superior del cuerpo y reducía las lesionesEn 1958, la Volvo Car Corporation contrató a Nils Bohlin, que trabajaba hasta entonces en la industria de la aviación como primer jefe de seguridad. En este momento, como decimos, ya existían los cinturones de seguridad, pero se utilizaban casi exclusivamente en coches de carreras y su diseño basado en dos piezas de anclaje con una hebilla (como los que existen hoy en los aviones) era poco efectivo en los coches. De hecho, a gran velocidad, podía incluso causar lesiones internas ya que hacía que el cuerpo se doblase por la mitad cuando el coche recibía un impacto.
En un solo año, Bohlin rediseñó el cinturón. En vez de dos, utilizaba tres puntos de anclaje (el hombro y ambos lados de la cadera), de forma que mantenía sujeta la parte superior del cuerpo y reducía las lesiones. Ese mismo año, en 1959, Volvo lo introdujo en sus automóviles.

Bohlin solicitó la patente, que le fue concedida en 1962, pero Volvó liberó el diseño poco después para que otros fabricantes pudiesen utilizarlo y se beneficiasen de él cuantos conductores y pasajeros fuese posible. Por ley, todos los coches fabricados en Estados Unidos a partir de 1968 tuvieron que incluir cinturones de seguridad.

4. Karl Drais: la bicicleta
Al igual que la mayoría de los inventores de esta lista, sería injusto asignar todo el mérito de un objeto tan perfeccionado como la bicicleta a una sola persona, pero sí es cierto que Karl Drais, investigador e inventor alemán nacido en 1785, puso con sus desarrollos la semilla sobre la que trabajaron muchos después de él.

Uno de ellos, presentado alrededor de 1815 fue la máquina andante o dresina, de aspecto más o menos similar a una bicicleta pero que no tenía pedales ni cadena para mover las ruedas. El usuario se sentaba en el sillín y se impulsaba con los pies en el sueloKarl Drais pertenecía a una influyente familia (su padre era juez y su madre baronesa), por lo que pudo estudiar en la universidad: arquitectura, física y agricultura. Se interesó especialmente por los asuntos forestales. En 1818 fue nombrado profesor de mecánica, y pudo dedicarse a sus inventos recibiendo una pensión con la que mantenerse.

Uno de ellos, presentado alrededor de 1815 fue la máquina andante o dresina, de aspecto más o menos similar a una bicicleta pero que no tenía pedales ni cadena para mover las ruedas. El usuario se sentaba en el sillín y se impulsaba con los pies en el suelo (imaginen el sistema de tracción del troncomóvil de Los Picapiedra y se pueden hacer una idea).

Desde luego, era un diseño primitivo y poco cómodo comparado con una bicicleta actual, pero supuso un gran avance para la época, ya que era el primer vehículo que permitía la independencia respecto a los animales de tiro. Décadas después, Pierre Michaux mejoraba el diseño incorporándole unos pedales, convirtiéndolo en lo que hoy llamamos una bicicleta.

5. Eugene Polley: el mando a distancia
Aunque no hace tanto de aquello, la idea de levantarnos del sofá para cambiar el canal de la tele nos suena casi prehistórica. Fue un ingeniero estadounidense, Eugene Polley, el que ideó el pequeño dispositivo que nos hizo alcanzar todos los canales de nuestra televisión sin tener que movernos apenas.

Polley comenzó a trabajar en la compañía de televisores Zenith en 1935 como mozo de almacén, y fue ascendiendo peldaño a peldaño durante casi medio siglo. En 1955, Zenith presentó su diseño de mando a distancia, el Flash-Matic. Unos años antes, la compañía había presentado otro concepto de mando a distancia que estaba unido a la televisión por un cable que cruzaba la estancia.
El de Polley sí era inalámbrico. Tenía forma de pistola, y funcionaba con luz: proyectada hacia un sensor fotoeléctrico situado en la televisión, cambiaba de canal, subía y bajaba el volumen o apagaba el aparato. Su funcionamiento no era perfecto, desde luego. Por ejemplo, existía el problema de que otro rayo de luz (el sol entrando por la ventana) activase el sensor. Sin embargo, sentó las bases para el desarrollo de otros sistemas más desarrollados.

6. Harry Coover: el 'superglue'
Se trata de un adhesivo común que utilizamos para todo tipo de apaños caseros, pero hubo mucho de casualidad en su descubrimiento. De hecho, Harry Coover tuvo que toparse con él no una, sino dos veces, para darse cuenta de su potencial.

Coover era un químico estadounidense que en 1942 trabajaba en Kodak. Por entonces, su trabajo consistía en desarrollar mirillas de plástico adecuadas para usarlas en armas de guerra. Uno de los materiales que su equipo estudió fueron los cianoacrilatos, que descartó por ser demasiado pegajosos. Cuando nueve años después investigaban de nuevo buscando polímeros resistentes al calor, un compañero del laboratorio dio de nuevo con el cianoacrilato de metilo. Pegó con él dos lentes y no pudo separarlas.

Coover nunca se enriqueció con su invento. Kodak vendió esta línea de negocio en 1980, y el producto no se hizo popular hasta después de que expirase la patenteEn esta ocasión, Coover sí fue consciente del potencial de este adhesivo, que no necesitaba calor ni presión para funcionar, solo la presencia de una ligera humedad (como la que hay de forma natural en el aire). En 1958 salía al mercado el primer tubo de superglue.

Pero Coover nunca se enriqueció con su invento. Kodak vendió esta línea de negocio en 1980, y el producto no se hizo popular hasta después de que expirase la patente. Sin embargo, si obtuvo cierto reconocimiento: en 2004 ingresó en el salón de la fama de los inventores de Estados Unidos, y no solo por el superglue. En toda su vida registró casi 500 inventos.

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