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martes, abril 8

Lucha de elefantes

(Un texto de Javier Salas leído el 24 de enero en el blog de Madri+d - http://esmateria.com/ -)

El 22 de junio del 217 antes de Cristo, la tierra tembló como no lo había hecho nunca. Dos ejércitos se dieron cita en el campo de batalla, cerca de la actual ciudad palestina de Rafah, enfrentando por primera y única vez en la historia a elefantes africanos y elefantes asiáticos.

Las tropas de Ptolomeo IV de Egipto, que contaban con 73 de estos gigantescos animales, frente a los 102 que puso en liza Antíoco III el Grande, rey del Imperio seléucida, peleaban por el control de buena parte de lo que hoy es Siria, uno de los pedazos que había dejado el desmembramiento del imperio de Alejandro Magno.

Casi todo lo que sabemos de aquella contienda, conocida como la Batalla de Rafia, en la que murieron más de 10.000 soldados, es gracias a Polibio -uno de los grandes historiadores clásicos- por lo que contó en sus Historias. En esa obra monumental, narra con gran épica aquella confrontación encarnizada entre especies tan distintas de elefantes, los tanques de la antigüedad, especializados en desarmar con sus acometidas las líneas enemigas, tanto la infantería como la caballería:

Antíoco dio la señal de acometer y los elefantes dieron principio a la acción. Algunos de los de Ptolomeo hicieron resistencia a los de Antíoco; sobre cuyas torres era de ver el vivo choque de los combatientes, disparando lanzas, e hiriéndose mutuamente tan de cerca. Pero aún admiraba más ver batirse y herirse de frente los mismos elefantes; porque el reñir de estos animales es de este modo: se enredan, se tiran dentelladas haciendo hincapié con todas sus fuerzas para no perder el terreno, hasta que el más poderoso aparta a un lado la trompa de su antagonista. Una vez está torcida, le coge por el flanco y le hiere a mordiscos, al modo que hacen los toros con las astas.

A pesar de estas escaramuzas, Polibio nos cuenta un detalle muy interesante sobre estos elefantes: los elefantes de Ptolomeo se acobardaron ante los de Antíoco, lo que no deja de sorprender dado que los egipcios contaban con elefantes africanos, notablemente más grandes que los asiáticos que formaban las filas de los seléucidas:

La mayor parte de los elefantes de Ptolomeo temieron el combate. Esto es muy ordinario en los elefantes de África. A mi entender, consiste en que no pueden sufrir el olfato y bramido de los de la India, y asustados de su magnitud y fuerza, emprenden la huida antes que aquellos se acerquen, como efectivamente sucedió entonces. Porque alborotadas las bestias, desordenaron las líneas que tenían al frente, y oprimiendo a la guardia real de Ptolomeo la hicieron volver la espalda.

A lo largo de siglos y siglos, no fue nada fácil que una persona pudiera comparar animales de semejantes dimensiones procedentes de regiones tan distantes por lo que se dio por bueno durante mucho tiempo que los elefantes africanos eran de menor tamaño que las temibles bestias de la India. Ahora sabemos que es precisamente al contrario, lo que plantea una gran pregunta al regresar a lo ocurrido en la batalla: ¿cómo es posible que los elefantes africanos, que alcanzan con facilidad los cuatro metros de altura y las siete toneladas, se asustaran frente a los asiáticos, que no suelen superar en mucho los tres metros?

Hasta bien entrado el siglo XIX, este relato se tomó como un hecho por todos los historiadores y especialistas en ciencias naturales, pero cuando se abrió el melón de la colonización de África por las naciones europeas quedó claro que los africanos eran en su mayoría más grandes que los elefantes asiáticos. A partir de ahí, se comenzó a especular para explicar el motivo por el que los elefantes africanos eran inferiores en el relato de Polibio. Ya en el siglo XX, se llegó a sugerir que se trató de una subespecie de elefante africano más pequeña ya extinguida.

ELEFANTE GRANDE, ELEFANTE PEQUEÑO

Comenzaba a formarse la teoría que ha llegado hasta nuestros días. A mediados del siglo pasado, se propuso una solución intermedia: Ptolomeo armó sus huestes con lo que entonces se consideraba una subespecie del elefante africano: el elefante de bosque, de apenas 2,5 metros de alto, lo que explicaría su temor frente a sus primos lejanos de la India. Un estudio de su genoma, realizado en 2010, reveló que el elefante de bosque y el elefante africano de la sabana son dos especies distintas.

Uno de los autores de aquel estudio, el genetista Alfred Roca, de la Universidad de Illinois, ha seguido indagando hasta desmontar la teoría de que fueron elefantes de bosque los que Ptolomeo puso en el campo de batalla. Diversas fuentes históricas localizan en Eritrea el lugar en el que el faraón obtuvo estos animales. Y hasta allí se desplazó Roca con su equipo para trazar el linaje de esos elefantes. Estudiando esa herencia genética, señalan que en Eritrea no hubo más que elefantes de la sabana.

"La prueba más convincente es la ausencia de ADN de elefantes de bosque en Eritrea", zanja Roca consultado por Materia. A partir de tres marcadores diferentes, establecen que los elefantes de Eritrea son elefantes de la sabana: "Su ADN es muy similar a las poblaciones vecinas de elefantes de la sabana del África Oriental", apunta Roca, cuyo trabajo en el fondo pretende llamar la atención sobre el riesgo de desaparición de los elefantes de Eritrea, que apenas suman un centenar en la actualidad.

LA LEYENDA DE LOS ELEFANTES DE LA INDIA

Entonces, ¿qué hizo sentirse inferiores a los elefantes de Ptolomeo frente a los de su rival? "Es una buena pregunta... que no tiene respuesta. Puede que los elefantes estuvieran peor entrenados o que fueran más jóvenes", aventura el genetista. Que los elefantes africanos son mucho más difíciles de domesticar es algo que ya sabían guerreros de la época como los cartaginenses. Pero, probablemente, el historiador simplemente compró las leyendas que ya entonces circulaban acerca de la ferocidad de los proboscídeos asiáticos.

Roca especula: "En el mundo antiguo, se popularizaron relatos semimíticos acerca del enorme tamaño de los elefantes de la India, y probablemente esa es la razón por la que Polibio atribuyó mayores dimensiones a los elefantes asiáticos". El historiador describió los hechos unos 70 años después de que esta batalla tuviese lugar. En ella, según su relato, murieron 16 elefantes africanos y cinco asiáticos. Y a pesar del mal desempeño de los gigantes de Ptolomeo, fue el egipcio el que ganó el combate a Antíoco entre los dos reyes más poderosos de Asia y África, a lomos de los animales más fuertes de sus continentes.

Casualmente, sólo un día antes de que tuviera lugar la Batalla de Rafia, Aníbal había arrasado a lomos de su elefante Suros a las tropas Cayo Flaminio Nepote en la Batalla del lago Trasimeno. Tras esa dolorosa derrota, sin embargo, Roma comenzó a tomarse en serio a Aníbal y sus elefantes, por lo que decidió idear un plan para tumbar el poderío que los animales le proporcionaban a los cartaginenses. Quince años después, en la Batalla de Zama, las máquinas de guerra de Aníbal quedaron ridiculizadas por Escipión usando cornetas y tambores que asustaron a los elefantes y creando pasillos entre su infantería para reducir notablemente el impacto de sus acometidas.

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