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sábado, enero 24

León, huellas milenarias



(Un reportaje de Mª Ángeles Aragoneses, en la revista Paisajes, de Renfe, de mayo de 2010)

La catedral, la muralla y el Parador protagonizan, junto a legionarios, peregrinos y reyes, las páginas de un libro que empezó a escribirse hace casi dos mil años bajo la luz que reflejan sus piedras. […]

Bajo la omnipresente catedral, sobre los cantos rodados de la plaza del Grano, ante la Casa de Botines o a través del prisma multicolor del MUSAC. Se mire por donde se mire, León rezuma historia, piedra y arte por sus cuatro costados. Perderse por sus calles se convierte en un apasionante viaje a través de un pasado legendario y un presente sugerente. Pero León no es solo piedra e historia. También es arte. Es gastronomía. Es tranquilidad. Sus casi dos mil años de currículum vitae han hecho de esta capital la ciudad que es hoy día: una urbe para ser descubierta, contemplada y saboreada a pie. Pero, como se suele decir, el movimiento se demuestra andando; es hora de ponerse en marcha.

Para adentrarse en la ciudad es recomendable dejar el coche aparcado fuera del casco antiguo, donde abundan las zonas peatonales. Si es la primera visita, nada mejor que tomar como referencia la plaza de Santo Domingo, centro geográfico de las calles con más solera y punto de partida ideal para hacerse una composición de la ciudad. Hacia el rio, la avenida de Ordoño II, eje comercial leonés por excelencia, desemboca en la estatua de Guzmán el Bueno, eterna vigía del Bernesga. Hacia arriba, la calle Ancha, frontera imaginaria que divide dos barrios con galones, el Romántico y el Húmedo, y que desemboca en la plaza de la Regla, primera parada de nuestra ruta y enclave de un edificio emblemático: la catedral.

La Pulchra Leonina se alza majestuosa sobre el punto más alto de la ciudad, a 480 metros sobre el nivel del mar. Bajo sus cimientos se hallan restos de termas romanas, testimonio de la fundación de León en el año 68 por la Legión VII, a quien debe su nombre la urbe (y no al felino rey de la selva, protagonista de excepción, a pesar de ello, de su escudo y su bandera) e, incluso, sus habitantes, también llamados legionenses.

La gran cantidad de retrasos y contratiempos que sufrieron los artesanos durante la construcción de este templo llevaron a los leoneses de entonces a señalar a un topo de oscuras intenciones como el máximo responsable de todos los males: según asegura la leyenda, ahora cuelga sobre la puerta de San Juan.

La espera mereció la pena y, casi siete siglos después, vecinos, peregrinos y visitantes continúan rindiéndose ante la magia multicolor de sus 1.900 metros cuadrados de vidrieras. Una obra de arte que hace que el interior de esta delicia arquitectónica del gótico francés se inunde cada amanecer con una luz que bien podría ser calificada como celestial hasta por los no creyentes. No es de extrañar que en 1844 el templo fuera declarado el primer monumento nacional de España. Aunque no hay quórum sobre la hora ideal para admirar el destello que desprenden sus 737 vidrieras - al amanecer, cuando la luz penetra a través del rosetón frontal, al mediodía o al anochecer, cuando la iluminación interior colorea la plaza-, los lugareños dicen que no hay nada como una soleada mañana de primavera para disfrutar de la experiencia.

Pero para percibir el espectáculo de luz y color en todo su esplendor se impone decir adiós al vértigo y subir a la plataforma situada en el interior de la catedral: a 14 metros sobre el suelo, permite contemplar una panorámica privilegiada de la mejor colección de vidrieras de España. La iniciativa El sueño de La luz organiza visitas guiadas, diurnas y nocturnas, con grupos de 20 personas (www.catedraldeleon.org/proyectocultural). Al lado de la catedral, está la oficina de Turismo de León.

Entre la de la RegIa y la de Santo Domingo destaca otro enclave de buen gusto probado, donde antiguamente se celebraban ferias y teatrillos y en la actualidad se dan cita varios edificios con solera: la plaza de San Marcelo, con la iglesia del mismo nombre, el viejo consistorio (también se la conoce como plaza del Ayuntamiento o las Palomas), el palacio de los Guzmanes y la Casa Botines. Esta última, obra modernista de Antonio Gaudí, es la actual sede de Caja España. No lamentará el visitante detener sus pasos un instante y sentarse en el banco, junto a la estatua que recuerda al genial artista catalán. Allí puede dejar volar la imaginación mientras contempla con calma su estética de cuento de hadas, en la que destaca la imagen de un San Jorge triunfante sobre su correspondiente dragón vencido (y donde en 1950 se hallaron los planos del edificio). Una prueba más del hermoso catálogo de palacios, iglesias y monumentos que forman parle del casco histórico leonés.

Desde la misma plaza de la RegIa parte hacia la Izquierda la avenida de los Cubos. Cubos que conforman los vestigios de la muralla romana y que delimitan la zona más antigua de la ciudad, allí donde se estableció la Legión VII hace veinte siglos: es el barrio Romántico. Guiarse a través de este entramado de calles y plazas es fácil, basta seguir el trazado de la antigua fortificación. Así, en seguida se llega a la plaza del Espolón, donde aún se conserva una de las puertas de la muralla, el llamado arco de la Cárcel, flanqueado por el edificio que funcionó como prisión hace siglos y que ahora alberga en su interior el Archivo Histórico. La muralla tiene que girar a la izquierda dos veces, y el viajero con ella, antes de alcanzar la plaza de San Isidoro, donde se encuentra la mundialmente conocida como "Capilla Sixtina del románico", la basílica de San Isidoro. El panteón de los reyes leoneses (a excepción de Ordoño I, que permanece en la catedral) tiene otro mérito más democrático: el de haber albergado en 1188 las primeras cortes parlamentarias europeas con participación del pueblo. Por otra parte, tiene el privilegio de contar con una puerta del Perdón, punto final del trayecto para peregrinos enfermos que no pueden completar el viaje. Y es que no hay que olvidar que León es la provincia con más kilómetros del Camino de Santiago. Al lado de la colegiata, se puede contemplar la escultura de las tres benefactoras del edificio, las hermanas doña Urraca, doña Elvira y doña Sancha, nombres castellanos donde los haya, hijas de los primeros reyes de Castilla y León. Algo más adelante, nace la Avenida del Cid, que da paso a los impresionantes jardines del mismo nombre y donde, si hacemos caso a la leyenda, vivió el mismísimo Campeador.

Pasado legendario aparte, el barrio Romántico esconde también una realidad mucho más tangible y agradable para el paladar: esta es una de las dos zonas de tapeo de la ciudad, ideal para parar a tomar un vino y charlar con los amigos. Porque si de algo puede presumir León, además de su abundancia en piedra e historia, es de tener una gastronomía rica en platos tradicionales. ¡Por no hablar de sus caldos! Aunque si hay una zona de tapeo por excelencia, esa es el barrio Húmedo. Su nombre se explica en una sola frase que asegura que los leoneses se mojan por dentro, no por fuera. A buen entendedor...

El antiguamente conocido corno barrio de San Martín cambió de nombre para hacer honor al gran número de mesones que se concentran en sus calles y plazas. Para llegar hasta sus intricadas callejuelas, debemos volver sobre nuestros pasos y cruzar la animada calle Ancha. Aquí se puede disfrutar de productos típicos, como la cecina, el jamón, el chorizo y la morcilla, sin olvidar los callos y las mollejas. […] con tanta oferta en restauración resulta imposible fallar (www.barriohumedo.net). En León es tradición obsequiar al cliente con una tapa por cada consumición, lo que convierte el picoteo en una deliciosa costumbre de la que disfrutar al mediodía y por la noche (de hecho, es común que los establecimientos cierren entre horas). En cuanto a los vinos de la tierra, destacan los de Mencía, del Bierzo, y Prieto Picudo, de Valdevimbre-Los Oteros.

Calmada la sed y saciado el apetito, resulta casi obligado reanudar el paseo para bajar el almuerzo. El viajero puede elegir entre diferentes callejuelas con nombres que recuerdan a los gremios que allí se instalaron; muchas de ellas, además, dejan entrever la catedral al fondo. Sea cual sea la dirección que elija, sus pasos le llevarán por plazas y calles con un marcado sabor medieval. Es el caso de la plaza de San Martín, centro del barrio Húmedo, hasta donde llegó en su día la judería, la calle Matasiete o la plaza del Conde Luna, que debe su nombre al palacio homónimo, donde [está situada] la delegación de la Universidad de Washington en España. Aquí está también uno de los mercados cubiertos más activos de La ciudad, el mercado del Conde, donde los leoneses acuden a comprar fruta y verdura. Sin embargo, las mañanas de los miércoles y de los sábados es el colorido mercadillo de herencia medieval que se celebra en la porticada y señorial plaza Mayor quien congrega la mayor parte de las cestas de la compra leonesas. En esta plaza se puede contemplar también la fachada (y solo la fachada) de un falso ayuntamiento que se construyó para "cumplir" y que nunca funcionó como tal. Al margen de los días de mercado, para visitar la plaza en su esplendor es recomendable visitarla al caer el sol, cuando los bares que pueblan sus pórticos abren sus puertas al público. A partir de primavera, además, multitud de terrazas invaden la plaza.

Una visita especial merece la plaza de Santa María del Camino o plaza del Grano, llamada así porque aquí se celebraba antaño el mercado de los cereales. Se trata, sin duda, del enclave favorito de los leoneses: de hecho, es considerado el sitio más bonito de la ciudad por aclamación popular. De traza y aspecto medieval, casi rural, parece detenida en el tiempo. Domina el centro una gran fuente, donde dos angelotes se funden en un abrazo eterno que simboliza los dos ríos que rodean la ciudad, que aparece, por su parte, representada en la cabeza de un león. En uno de los laterales se encuentra el convento de Carbajalas, albergue del Camino de Santiago, y es que esta es la vía de entrada por la que llegaban, y llegan, los peregrinos a la ciudad.

El devenir del camino está íntimamente ligado a la historia de esta ciudad. Desde la plaza de Santo Domingo, la Gran Vía de San Marcos baja hasta la plaza del mismo nombre, donde recibe al visitante la fabulosa fachada plateresca del Parador de León, el Hostal de San Marcos. Aquí estuvo encerrado durante tres años el escritor Francisco de Quevedo tras perder los favores reales. Alojarse en este fabuloso y antiguo monasterio-hospital del siglo XVI equivale a obtener un pasaporte a épocas pretéritas (www.parador.es). Una opción excelente para festejar el paladar es almorzar en su restaurante y disfrutar del ambiente de su terraza en verano.

Y es que en ningún otro lugar de la dudad se dan la mano de una forma tan evidente clasicismo y modernidad. Justo enfrente del parador, en la avenida de los Reyes Católicos, se levanta el moderno edificio que alberga el auditorio de León. Unos metros más adelante, los multicoloridos rectángulos del MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León) reclaman la atención del visitante (www.musac.es).

No se puede dejar la ciudad sin acercarse a la ribera del río, zona de paseo de los leoneses, donde el viajero descubrirá que aquí las bicicletas no son solo para el verano. Al llegar a la estatua de Guzmán el Bueno, héroe medieval que sacrificó a su hijo para salvar la ciudad, vislumbrará a la derecha las vías del tren, quién sabe si por última vez. Y es que esta imagen tiene fecha de caducidad, ya que está en marcha un ambicioso proyecto que planea soterrar dichas vías para construir el nuevo Palacio de Congresos (que recupera una antigua fábrica azucarera) y la nueva estación del AVE.

En definitiva, una muestra más de cómo esta dudad fusiona pasado y futuro en un presente sorprendente, [más de 1.100 años después de la fundación] del Reino de León (fue en el año 910 cuando García I se ciñó la corona de Pelayo). […]

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