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martes, enero 13

Grasa parda: a ellos los deja flacos y a ellas esbeltas



(Un texto leído en el suplemento Crónica de El Mundo del 16 de febrero de 2014)

¿Tiritar para adelgazar? No es, como pudiera parecer, la última terapia milagrosa de un centro de pérdida de peso, sino la hipótesis desarrollada por el endocrinólogo Paul Lee, del Instituto Gravan de Investigación Médica de Sydney, que sugiere que los escalofríos son tan eficaces como el ejercicio a la hora de quemar calorías. El estudio, publicado en Cell Metabolism, trabaja sobre una de las líneas de investigación en obesidad más fascinantes de los últimos años: la de que en nuestro organismo tenemos tres tipos de grasa - la blanca, la parda y la beige- que funcionan de modo muy distinto.

Habitualmente, cuando nos referimos a la grasa corporal pensamos en la grasa blanca, responsable de que acumulemos el exceso de calorías en forma de michelines. Pero desde hace tiempo se conocía que los humanos nacemos con otra grasa, la parda, que ayuda a que los bebés mantengan su temperatura corporal. La primera sorpresa llegó cuando, hace unos años, se descubrió que, contrariamente a lo que se creía hasta entonces, esta grasa -que ayuda a quemar calorías- no se perdía en la primera infancia, sino que en la edad adulta aún se conservan ciertas reservas. A partir de ahí, se observó que, cuanto mayor es el depósito de esta grasa, más delgada es la persona.

Surgió así una primera explicación al porqué determinadas personas son capaces de mantenerse delgadas coman lo que coman. «La delgadez congénita es una rareza», señala el doctor José Ordovás, director del Laboratorio de Genómica y Nutrición de la Universidad de Tufts (Boston) y coordinador del libro Obesity. «Pensemos en nuestros ancestros y en las épocas de hambrunas; en aquel momento, que una persona fuera capaz de almacenar alimento en forma de grasa era una ventaja evolutiva, mientras que quienes no tenían de dónde tirar en momentos de escasez se encontraban con un problema La evolución primó a los primeros, y probablemente por ello en la raza humana haya más propensión al sobrepeso que a la delgadez».

El descubrimiento de la grasa parda, en este sentido, se entendió como un filón para investigar: «Hay personas que no almacenan la energía, sino que la disipan en forma de calor», explica la nutricionista Marta Aranzadi. «La grasa parda es un tejido cuya finalidad es quemar energía para dársela al organismo elevando su temperatura cuando hace frío. Y los estudios sugieren que, en algunos casos, podría haber personas capaces de conservar más cantidad de ese tejido en la edad adulta, lo que les haría más propensos a la delgadez».

Pese a un punto de partida tan atractivo, el problema surgió en la dificultad para conseguir transformar la grasa blanca en grasa parda o, al menos, activar los depósitos de esta última. Y viene aquí la tercera pata del asunto: recientemente, el investigador Bruce Spielgeman ha sugerido que, en realidad, la grasa parda de los adultos es grasa beige, y consistiría en células de grasa blanca que pueden adquirir esa propiedad de quemar calorías y, por tanto, adelgazar.

Es decir, en la propia grasa mala tendríamos los precursores de la grasa beige. Su gran ventaja es que reacciona con relativa facilidad ante determinadas hormonas y, también, ante el frío. De ahí las ventajas de las tiritonas y los escalofríos…

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